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domingo, 11 de enero de 2015

¡¡Je suis Charlie!! en un contexto inapropiado










 







Es inevitable no experimentar un profundo dolor espiritual cuando uno se detiene a observar lo que sucedió en Paris en la masacre de Charlie Hebdo.
Situaciones como éstas no solo despiertan nuestro rechazo visceral; sino que ponen en duda la posibilidad de suponer que los seres humanos puedan conducirse definitivamente de manera racional.
Ortega decía que “el tigre no puede dejar de ser tigre. Es decir, no puede destigrarse; en cambio, el hombre vive en riesgo permanente de deshumanizarse”. Y por cierto, el proceso de deshumanización parece cada vez más acentuado.
Son múltiples los factores y circunstancias que inducen al hombre a “deshumanizarse”, si bien es cierto que es muy discutible partir del principio que asocia “lo humano” a un conjunto de virtudes, ya que los hechos demuestran a diario la incongruencia de esa asociación.
Lo cierto es que el mundo patentiza la creciente irracionalidad humana en absoluto contraste con aquella “visión humanista” que supo despertar el interés por nuestro género.
Es bueno preguntarnos: ¿Qué ha pasado con el hombre? ¿Por qué es cada vez más “inhumano”?  Y quizá una de las tantas respuestas que podríamos encontrar nos diría: porque en la estructura en la que se desarrolla el individuo contemporáneo es mucho más fácil despojarse de la racionalidad que conservarla.
Indudablemente el antídoto contra la “sin razón” es la duda, si el hombre dudase más, se interrogase más respecto de ciertas cuestiones y no solo religiosas, la posibilidad de caer en el “enceguecimiento mental” -con las gravosas consecuencias que ello trae aparejado- sería mucho menor.
Se podrá aducir que la barbarie existió siempre y por cierto la historia así lo demuestra; el problema radica en que con el transcurso de los siglos la humanidad parece haber aprendido poco. Decía el célebre Voltaire ya en el siglo XVIII: “La civilización no suprimió la barbarie, la perfeccionó, por ende, la hizo más cruel y bárbara”. Y sin lugar a dudas que semejante juicio, y a pesar de los años, sigue teniendo validez.
Lo concreto es que “la vía de la irracionalidad”, en la mayoría de las veces, no es frecuentada espontáneamente; por el contrario, en innumerables ocasiones existe un encadenamiento de hechos que terminan convirtiendo a aquella en el camino que prefieren transitar “los enceguecidos cerebralmente”.
Y aquí debemos detenernos un momento a pensar cuál es el grado de responsabilidad que les corresponde a “los arquitectos” que diseñan el sendero internacional vigente bajo los trazos del poder mundial. Y evidentemente no es menor.
Pero volvamos a París, no se puede analizar un hecho de estas características en forma aislada, sino correríamos el riesgo de caer en la incomprensión. ¿O acaso alguien puede pensar seriamente que esta tragedia es fruto del anunciado “choque de civilizaciones”? Nadie puede ignorar las diferencias que subsisten entre la cultura occidental y la cultura islámica, pero de ahí a suponer que la espiral de violencia que se desata en el plano internacional es consecuencia del antagonismo entre ambas civilizaciones es incursionar en el terreno de lo fabulesco.
Bien destacaba en una de sus tradicionales notas el politólogo Atilio Borón: “No fue la obra de un grupo de fanáticos que, en un inexplicable rapto de locura religiosa, decidieron aplicar un escarmiento ejemplar a un semanario que se permitía criticar ciertas manifestaciones del Islam. Esta conducta debe ser interpretada en un contexto más amplio: el impulso que la Casa Blanca le dio al radicalismo islámico desde el momento en que, producida la invasión soviética en Afganistán, la CIA determinó que la mejor manera de repelerla era estigmatizando a los soviéticos por su ateísmo y potenciando los valores religiosos del Islam….. Cuando en 2011 se consumó el fracaso de la ocupación norteamericana en Irak, Washington intensificó sus esfuerzos para estimular las guerras sectarias dentro del país, con el objeto de debilitar a los chiítas, aliados de Irán, y que controlaban el gobierno iraquí” (1). La resultante de todos estos actos, dio lugar al desarrollo de una suerte de "Frankestein"  que hoy acecha a la paz mundial.
Obviamente, no solo es cuestión de responsabilizar a Washington por semejante proceder, los gobiernos europeos también efectuaron su significativo aporte para incrementar la violencia en el plano internacional.
El derrocamiento del dictador Gadafi en Libia (quien por otra parte financió parte de la campaña presidencial de Sarkozy), la guerra desatada contra el país Sirio estimulando la formación de mercenarios ajenos a la realidad local, la escasa predisposición a poner freno a los bombardeos que padece periódicamente el pueblo Palestino por parte del gobierno israelí, son algunas de las escasas y más recientes muestras que evidencian la responsabilidad de “Occidente” en este tipo de situaciones.
Puede que el atentado a Charlie Hebdo no haya sido programado por organización alguna y haya sido consecuencia de la determinación personal de un grupo de fanáticos dispuestos a inmolarse por sus creencias; pero no podemos ignorar que hechos como los mencionados coadyuvan a promover actos de esta naturaleza. Tampoco es cuestión de descartar un movil oculto con la intención de precipitar una suerte de "caos" que no sabemos a quien pueda beneficiar. Hoy son todas meras hipótesis.
Por eso siempre es menester formularse una serie de interrogantes para intentar comprender  lo que verdaderamente acontece. De lo contrario, estaríamos focalizando nuestra atención en un hecho aislado y absolutamente descontextualizado. Formularnos interrogantes como:
¿Quiénes alentaron por ejemplo el desarrollo del fanatismo religioso, y paralelamente la formación de milicias armadas, con el propósito de debilitar gobiernos que no les resultaban absolutamente afines a sus intereses? ¿Quiénes en el afán de acumular dinero y recursos estratégicos  invadieron determinados Estados so pretexto de instaurar la democracia?, nos permitirá comprender lo que pasa en el mundo.
Indudablemente, la comprensibilidad es insuficiente para poder torcer el rumbo de la historia; pero en la medida que la humanidad se involucre en descifrar lo que sucede, pues, será mucho más difícil para “los grandes arquitectos” del escenario internacional  diseñar puentes que desemboquen en la vía de la irracionalidad.
Y que nadie se equivoque, no se trata aquí de aligerar la responsabilidad de quienes ejecutaron la matanza de seres inocentes, pues, no nos confundamos se trata de indagar en las causas que generan este tipo de procederes que ponen en riesgo la vida de la población mundial a expensas de unos pocos empeñados en desconocer la soberanía de los pueblos.  
Sentimos un profundo dolor por lo que sucedió y también nos preocupa sobremanera lo que pueda suceder. Sería un verdadero peligro para la paz mundial que el virus de la “islamofobia” se reproduzca a niveles exorbitantes y que culmine configurando una caza indiscriminada de musulmanes. El desgraciado hecho cometido por tres personas de origen musulmán no da lugar a poner en vilo a seis millones de musulmanes que viven pacíficamente dentro de las fronteras galas.
 Esperemos que la dirigencia política europea, y la francesa en especial, no exacerben los ánimos de la ciudadanía con el afán de utilizar esta tragedia para conquistar voluntades desde el plano de la sensibilidad. No es momento de especulaciones, es momento de racionalidad. El futuro de la humanidad depende de ello.


(1) Pagina 12, Genesis del terror, Atilio Borón.

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