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viernes, 20 de junio de 2014

Griesa, los buitres y algunos argentinos amantes de las aves rapaces






 


 

Extraña manera de expresar su “argentinidad” posee buena parte de los políticos de la oposición; pues, a raíz del reciente fallo a favor de los “fondos buitres” por parte de la Corte Suprema estadounidense, no han tenido mejor respuesta que la de justificar el veredicto en base a las supuestas críticas efectuadas por el gobierno hacia la persona del  juez actuante, Thomas Griesa. Como si la decisión de un juez debiera basarse en los elogios o en el número de alabanzas que se viertan hacia su persona; y no en base a criterios de justicia.
No obstante, sabemos perfectamente que, en más de una ocasión, los “humanos jueces” direccionan su accionar, y con ello el resultado de sus decisiones (bastante conocemos los argentinos al respecto), en función de determinados intereses y/o para satisfacer las exigencias de determinado lobby; cosa por otra parte habitual en los fueros estadounidenses.  
Lo cierto es que, por más que algunos medios locales (TN entre ellos) nos quieran hacer creer que la Justicia en los EEUU es absolutamente independiente; la realidad demuestra absolutamente lo contrario.
Existen sobrados ejemplos de avasallamiento de los derechos individuales en ese país sobre sus ciudadanos; muchos de ellos, amparados en leyes que vulneran principios constitucionales como “el acta patriótica” y donde la justicia no se destaca por poner freno a los mismos.  Bastaría preguntarle a Julian Assange o Edward Snowden, porqué gozando el país del norte de tribunales “absolutamente independientes”, no aceptan ser juzgados en aquellas jurisdicciones. Tal vez,  la vergonzosa situación que todavía vienen atravesando algunos de los denominados “cinco héroes cubanos” que a raíz de un sistema de justicia que convalidó una causa fraudulenta y notoriamente armada, por la cual todavía persisten encarcelados, pueda demostrar lo fabulesco que resulta hablar de justicia independiente por aquellos lares.
 Y no hablemos del fallo a favor de Shell que la Corte Suprema de los Estados Unidos dictó el año pasado a pesar de las excesivas pruebas aportadas por los damnificados (la comunidad Ogoní del delta nigeriano) no solo en materia de destrucción del medio ambiente; sino también demostrando el grado de complicidad que la empresa tuvo con la violación sistemática de los derechos humanos en aquella región africana.
Lo concreto es que la mentada “independencia” del poder judicial, es un cuento para incautos que quedan maravillados con un modelo de “democracia” absolutamente desnaturalizado y que tiene por propósito garantizar el dominio de las corporaciones.
Pero bien, en lo que a nosotros respecta, y siguiendo con el fallo, la versión taquigráfica de la última audiencia convocada, precisamente, por el juez Griesa, habla por sí sola. En ella puede observarse el estrecho vínculo que el magistrado establece con los demandantes (los houldouts) y el escaso lugar que les otorga a los representantes legales de la Argentina. Si hasta sin reparar en su condición de juez, ante el planteó del representante de los “fondos buitres” que expresaba su preocupación por las medidas que podría adoptar nuestro país para pagar a los tenedores de deuda reestructurada y no a los houldouts, el “independiente” juez Griesa respondió: Y no pagarnos a nosotros. ¿Dijeron eso? Y luego continuó, como un político opositor local, cuestionando el discurso de la presidenta.
Mientras tanto, en nuestro país, la mayoría de los opositores (obviamente, incluimos en esto a los medios de comunicación hegemónicos)  cargó las tintas sobre los aspectos formales -esto es, los modos de defender públicamente la postura argentina antes del fallo-, que sobre la inequidad de una sentencia que reafirma el predominio del capital financiero-especulativo por sobre los intereses de una nación.
Repugna observar ciertos titulares que se publicaron a raíz del fallo, como los del diario “La Nación”: “Duro revés para el gobierno”; como si la medida afectase la imagen de un gobierno y no el devenir económico de nuestro país y con ello la situación de quienes habitan el mismo. Ni hablar de los comentarios de sus columnistas, al igual que los de su aliado el Grupo “Clarín” (que sin lugar a dudas, nada tiene de “gran diario”; pero mucho menos de “argentino”) o los mediáticos periodistas de TN y canal 13. Ninguno se atrevió a cuestionar una sentencia que sienta el terrible precedente de poner por encima del interés de una nación, los intereses de los depredadores financieros. Sin embargo, se mostraron dispuestos a criticar la supuesta falta de vocación negociadora de nuestro gobierno. Eso sí, evitando difundir como se gestó la presente deuda y en qué condiciones; no sea cosa los argentinos recuerden repentinamente el apoyo brindado por los medios a la firma de un endeudamiento leonino.   
Bien lo señaló el actual ministro de economía, Axel Kiciloff, “los buitres son buitres”. Pues, si su metodología es la de adquirir bonos defaulteados  a valores insignificantes, para luego, reclamar en un tribunal internacional el cobro de los mismos a valores nominales más sus intereses; porqué van a sentarse a una negociación. Si precisamente ese es su negocio.
Son estafadores (por no mencionar otro término) natos, se abusan de los tenedores de esos bonos porque se los adquieren a precios irrisorios y luego, se abusan de los Estados endeudados exigiendo el pago de los mismos en forma integral. Su lógica no responde a intenciones negociadoras; por el contrario, su comportamiento se ajusta a tentativas depredadoras. Claro que para que el acto depredador tenga lugar, es preciso que existan cómplices locales que faciliten (o mejor dicho, que hayan facilitado) “acuerdos de endeudamiento” que terminen poniendo de rodillas a nuestra nación.
Eso es lo que hicieron oportunamente los señores que posibilitaron llegar a semejante situación, no solo endeudando al país en condiciones excesivamente perjudiciales; sino posibilitando a su vez que ante un conflicto entre las partes los tribunales ante los que debía dirimirse el mismo, debían ser los de EEUU y no los tribunales nacionales. Lo que implica, lisa y llanamente, un modo de abdicar nuestro poder soberano como nación.
Claro que no podíamos esperar otra cosa de los protagonistas de entonces: Cavallo, Sturzenegger, Redrado -por citar solo unos pocos- qué ahora, encima tienen el tupé de venir a hablar como debe desarrollarse la “negociación” ante el desvaído Juez. Son esas cosas que irritan; pues, los mismos que  convalidaron el despojo cuando eran funcionarios firmando acuerdos desventajosos para nuestro país; nos vienen a dar “cátedra” sobre lo que debemos hacer.
Párrafo aparte merece como de costumbre, Ricardo Alfonsín, quien sostuvo en Infobae TV: "Hicieron todo lo que tuvieron que hacer para no tener un fallo favorable. No sé qué es lo que hay que hacer, pero sí estoy seguro de que lo que hicieron no fue lo más adecuado".
Si uno lee detenidamente  estas expresiones, no sabe si reírse o alarmarse por la clase de miembros que posee la oposición política argentina. Si no sabe lo que hay que hacer, como puede juzgar que lo que se hizo es lo más inadecuado. A esta altura podemos comprender porqué, el radicalismo se ha convertido en un partido mediocre que expresa una suerte de neoliberalismo “atenuado” traicionando los viejos principios yrigoyenistas.
Es mucho más coherente la postura del PRO que no expresa medias tintas en lo que a concepción neoliberal se refiere,  y que a juzgar por su líder, Mauricio Macri, debemos hacer “lo que el Juez Griesa decida”. Bueno, no por casualidad la diputada del Pro, Laura Alonso, es co-fundadora de la filial de la ONG “Vital Voices” en Argentina; cuya sede central está en los Estados Unidos y es financiada por Paul Singer ,propietario de MNL Capital que es el fondo buitre que nos acecha.  
No hablemos de FAUnen, donde tanto Cobos, Margarita Stolbizer,  como “el socialista” Binner cuestionaron la “prepotencia discursiva” del gobierno argentino para con el Juez Griesa. Sin reparar en la inequidad del fallo.
Es curioso, que estos mismos personajes no hayan cuestionado el denominado  “blindaje” o el “megacanje” oportunamente y, en cambio, sí cuestionen las expresiones del gobierno tendientes a reivindicar la soberanía nacional.
También llama la atención que ninguno de los opositores haya cuestionado el accionar de la justicia local que dejó que prescriba recientemente la causa del “megacanje” que tanto daño le ocasionó y, como vemos sigue ocasionando, a nuestra nación. Evidentemente, la cifra del perjuicio parece ser insignificante, pues, apenas rondó en un poco más de 53.000 millones de dólares. Tal vez por eso los medios estén más preocupados en la investigación del “tráfico de influencia” de Boudou que, en ocuparse de una causa que hipotecó el futuro del país y que al parecer algunos dejaron que prescribiera.
 Lo cierto es que, al parecer, a algunos argentinos les resulta simpática la posición adoptada por el juez americano, que no cesa de proteger a los buitres. Tal vez en un futuro no muy lejano, muchos propongan construir una reserva para estas “aves rapaces” que gustan desplegar sus alas bajo los vientos neoliberales.   

viernes, 6 de junio de 2014

Una Secretaría que desató el encono






 



La flamante designación de Ricardo Forster  al frente de la novel secretaria de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, dependiente del Ministerio de Cultura de la Nación, ha despertado la ira y la descalificación de los voceros de los medios hegemónicos.
Nadie que se precie de un mínimo de conocimiento puede ignorar que una de las funciones que le corresponde a un Ministerio de Cultura, sea la de organizar y difundir las distintas vertientes que configuran la historia del pensamiento de una nación. Sin embargo, y a juzgar por las reacciones de la pluralidad de los medios privados, esa no es una facultad que deba corresponder  al organismo cultural. Por el contrario, muchos de los “voceros” (que se hacen llamar periodistas) mediáticos tienen una visión tan estrecha del verdadero significado de la palabra “cultura” que hasta se vanagloriaron de preguntar: ¿Qué es eso del “pensamiento nacional”?
Uno de ellos, hasta llegó llego a decir: ¿acaso nos van a enseñar a pensar? Al momento de escucharlo uno tenía sobradas ganas de responderle que, si bien es cierto que el designado secretario Ricardo Forster tiene excesivos atributos pedagógicos para dictar ese tipo de enseñanza, tampoco es cuestión de encomendarle lo imposible.
Lo concreto es que  ni siquiera minimizaron el rol que le correspondería desarrollar a semejante secretaría; pues, directamente arguyeron que es un sinsentido, una simple vacuidad asociada a “oscuros propósitos” propios de un régimen dictatorial.
Al escucharlos resultó inevitable no traer a la memoria aquella célebre frase que reza: “Cuando el sabio señala la luna, el necio concentra su vista en el dedo”.
Merced a esa necedad propia de la ignorancia, de la cual algunos hasta se jactan de poseerla, hemos podido contemplar como los representantes de “la trilogía del desánimo” (prensa escrita, televisiva y radial; eso sí, “saludablemente independiente”) se empeñaron más en hablar del aspecto formal (entiéndase: nombre de la secretaria) que del contenido en sí que ha de llevar a cabo la misma. Lógicamente, el nombre de la secretaría ya  prima facie les genera urticaria a estos “aspirantes a escuderos” del establishment.   
El primero de los términos que les provoca la erupción de la piel, es que se hable de “lo nacional” concepto que menosprecian  -al igual que el de “Estado”- porque adhieren al viejo prejuicio de desdeñar lo nuestro. No obstante y más allá de eso, no tienen porqué inquietarse ya que la persona designada para el “cuestionado cargo” ha dado muestras más que suficientes de gozar de una elevada amplitud de criterios que posibilitará debatir “lo nacional” desde una variada pluralidad de perspectivas.   
Claro que la única condición que se requerirá, y conforme a las expresiones del nuevo funcionario, será la discusión fundamentada que posibilite el enriquecimiento de las ideas nacionales:   “Vamos a intentar armar una secretaría que sea capaz de articular la complejidad de la historia intelectual argentina, la historia política e ideológica, y que sea capaz de discutir los temas del presente y del futuro, ése es el objetivo”.
El otro término que provoca una fuerte reacción sobre la epidermis, en buena parte de los integrantes de la cofradía de los medios; es  el que hace referencia al pensamiento. Obviamente, los partidarios de la opinión ligera; esto es, aquella realizada sin reflexión, sin fundamento o sobre la base de presupuestos falsos - y a la que nos tienen tan acostumbrados “los opinadores mediáticos”- no podrá encontrar lugar dentro del objetivo de esta secretaría. Por el contrario, la labor que desarrolle esta flamante dependencia del Ministerio de Cultura atenta, entre otras cosas, contra el desconocimiento y  la “hegemonía de la opinión” instalada por los medios.
 Hecho que, por cierto, incomoda  a “los opinadores”, puesto que si hay algo que los descoloca y les genera rechazo es, evidentemente, la posibilidad de pensar, ya que esto implica buscar posturas fundamentadas, esforzarse por conocer, prepararse, aprehender,  y no opinar ligera e irresponsablemente.
Por otro lado, es preciso reconocer que seríamos injustos si negásemos que una buena parte de la “oposición política” (que ha dado muestras más que suficientes de defender los intereses mediáticos; prestándose a fortalecer los dominios de la opinión, inclusive la de mala fe) se ha sumado al rechazo injustificado de la mentada secretaría. 
Algunos como Laura Alonso del PRO adujeron que la creación de una “Secretaría del Pensamiento Nacional” atenta contra la democracia. No en vano, es dable recordar que su partido propició la supresión de la enseñanza de la Historia Nacional en los establecimientos educativos.  A juzgar por la legisladora, todo lo nacional es antidemocrático; tal vez por ello no se ha tomado la molestia de conocer un poco de historia argentina. Sin embargo, y al parecer, eso no resulta un impedimento para que opine sobre un tema que desconoce: “el pensamiento nacional” que, obviamente, ninguna trascendencia le asignan en su partido. 
Más “sutil” estuvo el diputado Ricardo Alfonsín, de la UCR, quién manifestó irónicamente y con cierto temor, “que no se le ocurra -a este gobierno- crear la policía del pensamiento”. Evidentemente es una descalificación gratuita o un alarde de "buen humor" por parte del diputado radical. 
No obstante, podríamos aseverarle al ex candidato presidencial que este gobierno ha dado sobradas muestras de no reprimir ni conductas, ni mucho menos ideas; a pesar de las insinuaciones que vierten mucho dirigentes inescrupulosos.Pero aun así, y siguiendo con su predisposición al humor, debería tranquilizarse ya que de existir (como él señala) una hipotética “policía de pensamiento”; no se vería afectado en lo más mínimo, puesto que se supone que solo censurarían a los que piensan.
Lo concreto es que este gobierno no censuró a nadie, ni va a censurar. Sin embargo, los autodenominados “auténticos representantes de la democracia” se empeñan permanentemente en censurar el debate (es decir, a la razón) y ocultar el pensamiento nacional. De ahi su, a priori, rechazo a la recién creada Secretaría.     

domingo, 1 de junio de 2014

Las operaciones mediáticas y el mensaje mafioso





       







Indudablemente en los tiempos que corren las operaciones mediáticas se han transformado en moneda corriente, y no pensemos exclusivamente en la Argentina; pues, semejante proceder, reñido con los más elementales principios morales, es susceptible de observarse en cualquier rincón de la geografía del planeta. El armado es extremadamente simple, primero se determina el objetivo a alcanzar que, en esencia, consiste en la construcción de una realidad para “consumo” de una franja cuantitativamente importante de inexpertos televidentes (a los que se le suma también un número considerable de confiados oyentes o desprevenidos lectores) que, como es obvio, jamás han desarrollado la práctica de poner en dudas las afirmaciones mediáticas.
Luego se monta la escenografía en cuestión, se difunde “la falaz construcción” (a la que se le atribuye el carácter de noticia) en la tapa de los diarios, se reproduce en los distintos programas de TV y se sobredimensiona, a su vez, en buena parte de los programas radiales.
El concierto tripartito -gráfico, televisivo y radial- tiene lugar, obviamente, merced al nivel de concentración mediática alcanzado, no solo en cuanto a pluralidad de medios en manos de un mismo propietario (cosa particularmente común en buena parte de los países sudamericanos); sino también en orden a la concentración hegemónica de una  ideología (neoliberalismo) a la que la mayoría de los medios  responden. De este modo, medios que en los hechos pertenecen a distintos propietarios, no dejan de expresar un pensamiento (otrora conocido como “pensamiento único”) qué, como es de esperar, es funcional a las necesidades de los sectores dominantes.
Ahora bien, una vez instalado el ficticio tema, se machaca persistentemente con su difusión a los efectos de ampliar la base de los “potenciales creyentes” quienes, ingenuamente, y desprovistos de información auténtica, no advierten que se trata de una operación camuflada. Posteriormente, una vez desplegada la mentada “operación”, se va configurando entre los “creyentes” el consenso necesario para dar por sentado que el hecho en cuestión  tiene visos de veracidad. De este modo, podemos contemplar cómo - y no en pocas ocasiones- hechos inexistentes en el mundo real, creados artificiosamente por los inescrupulosos medios, terminan desplegando efectos sobre la realidad concreta y, muy especialmente, sobre el comportamiento humano y la visión que adoptan de lo que acontece en el mundo.
Así los medios en su gran mayoría, otrora vehículos de información, se han tornado actualmente no solo en herramientas de desinformación y ocultamiento de la verdad; sino lo que es peor aún, en instrumentos de manipulación de conductas colectivas.
Algún incauto podrá preguntarse para que quieran los medios “manipular conductas”; y la respuesta es muy sencilla, pues, para configurar una sociedad al servicio de unos pocos, garantizando, a su vez, la perdurabilidad de la concentración económica y evitando que un pueblo (o una diversidad de comunidades) tome conciencia de la realidad y, consecuentemente, decida cuestionar el estado de cosas dado (Status Quo).  No es producto del azar qué, a escala universal, las grandes corporaciones mediáticas se encuentren, exclusivamente, en manos de los representantes del establishment. No solo es cuestión de hacer grandes negocios; también es preciso evitar que el pueblo los desapruebe. Y para que esto último no suceda, bien vale engañar al conjunto de la población mediante el uso de los medios.
Ahora bien, si el vínculo de los “medios dominantes” con los grandes grupos de poder económico es tan estrecho, ¿quién puede imaginar que la información que proporcionen pueda calificarse de absolutamente desinteresada?    
Por cierto, internacionalmente tenemos sobrados ejemplos de “operaciones mediáticas” montadas a los efectos de invisibilizar oscuros propósitos. Basta recordar las falaces causales que determinaron la conocida invasión a Irak,  o lo que acaeció y acaece (Siria, por ejemplo) en Medio Oriente; o por citar un hecho reciente, la notoria tergiversación que buena parte de la prensa occidental (dominada por las corporaciones) nos ofrece de lo que hoy en día sucede en Ucrania.
¿Acaso no hemos observado cómo con el propósito de legitimar ciertos procederes, las agencias de noticias internacionales, se encargan de difundir noticias falaces que posibiliten crear la aquiescencia necesaria para emprender, ya sea, una operación militar, enviar supuestas “fuerzas pacificadoras” o desprestigiar un gobierno que obstaculice los negociados de las grandes corporaciones?  
Lo concreto es que detrás de las operaciones mediáticas se esconden ingentes intereses que nada tienen que ver con “las apariencias” que nos muestran; sino que responden al firme propósito de engañar a los “consumidores de noticias” para, de esa forma, legitimar ciertos y determinados actos que de otro modo no serían tolerados.  Así, de ese modo,  se evita que el grueso de la humanidad tome contacto con la verdad y reaccione ante los mismos.   
En nuestro país la situación no es muy distinta, por el contrario, la falsificación de la realidad elaborada a través de los medios ha llegado a extremos inimaginables.
 Hay un conjunto de periodistas -si se nos permite llamarlos de ese modo- que de la manera más indigna se prestan a configurar una suerte de orquesta que armónicamente procura ejecutar la sinfonía de lo falso presentándola como verdadera.
A lo largo de esta última década las operaciones mediáticas han sido una constante para debilitar al actual gobierno. Entre ellas se encuentran, y solo por citar algunas: el caso Skanska donde quedo demostrado en sede judicial la inexistencia de delito alguno, el caso Sadous que ya no se menciona porque quién terminó procesado fue, precisamente, el ex embajador en Venezuela por falso testimonio. La conocida fábula de la Bóveda kirchnerista donde, supuestamente, se guardaba el dinero obtenido de manera ilegal.
La irrisoria denuncia que se vertió sobre lo que dio en llamarse: “Cristina en Seychelles”. Aprovechando el hecho de que el avión que transportaba a la presidenta hizo escala para descanso de la tripulación y cargar combustible por unas horas en ese país, se sentó la deliberada sospecha de una visita intencional con propósitos “non sanctos” a un paraíso fiscal. Cuando en el propio decreto presidencial  emitido con antelación (es decir, emitido desde Buenos Aires, esto es, antes de iniciada la gira internacional de la presidenta) ya constaba que en el regreso se haría una escala momentánea en ese lugar. Es inimaginable que si se quiere transportar dinero no declarado, se opte por trasladarlo durante toda la gira y, recién al final de la misma, visitar un paraíso fiscal habiéndolo, previamente, anunciado por decreto. 
El famoso “Síndrome de Hubris” popularizado por un mediocre médico devenido a periodista con la intención de hacer creer a la población de que la presidenta se hallaba incapacitada para ejercer sus funciones. Y como no recordar la operación montada y contemplada durante largos días por todos los argentinos; donde, ininterrumpidamente,  determinados canales de televisión anunciaban que con la nueva “ley de medios” se censurarían definitivamente las voces de la prensa opositora. Como no recordar, por ejemplo, la actuación del patético “Showman”, Jorge Lanata, expresando en uno de sus programas que “es muy probable que la semana que viene este programa no salga más al aire” ante la supuesta entrada en vigor de la ley. Todas estas falaces denuncias -y muchas más que sería excesivo mencionar- fueron resultado de “operaciones mediáticas” destinadas a horadar la imagen del “deleznable” (a juicio de los grandes medios) gobierno populista.  
Otra que cada tanto aparece, es la que tiene por destino “ensuciar” la imagen de Boudou. Claro, Amado Boudou, ha sido el autor intelectual de la desaparición de aquella “estafa institucionalizada” y que se conocía como las AFJP (Administradoras de fondos de Jubilación y Pensión) y que permitió que buena parte de la estructura del sistema financiero y que muchas sociedades que cotizaban en bolsa (entre ellas el grupo Clarín) se  apropiasen de grandes volúmenes de dinero a expensas del deterioro de los aportes jubilatorios (léase: empobrecimiento de jubilados y pensionados) y de una merma significativa en el patrimonio líquido del Estado que -sin recibir, ni administrar esos aportes- debía subsidiar el 60% de los montos de todas y cada una de las jubilaciones y pensiones otorgadas. Teniendo en cuenta esta estrechísima historia (que sería extensa de comentar) es fácil inferir porque al Vicepresidente de la República se lo “ensucia” recurrentemente.
En primer lugar, el propósito era convertirlo en un “cadáver político”, cosa de sentar un precedente con miras al porvenir. Al mejor estilo mafioso, el mensaje fue: “quien se meta con nosotros tendrá sus días contados”. No es menos cierto que, en cierta forma, lo lograron a través de las distintas “operaciones mediáticas”. Las aspiraciones de Boudou, si en algún momento las tenía, han quedado guardadas en el cementerio de los recuerdos.
Y, en segundo lugar, es un buen pretexto para seguir “apedreando” a un gobierno que no accede a sus demandas y, que a pesar de todo, todavía conserva fuerte consenso en una importante franja poblacional.
Ahora bien, lo cierto es que Boudou (a diferencia de Macri que acumula varios procesamientos) ni siquiera estaba procesado en una causa donde supuestamente se le imputa una suerte de “tráfico de influencia” para favorecer el levantamiento de una quiebra de una empresa. No obstante, los medios hegemónicos (a la mejor manera inquisitorial) lo estigmatizaron de “hereje” y lo condenaron a “la hoguera” -con el “beneplácito” de los engañados televidentes y los vítores de los políticos opositores que, a sabiendas, se prestan a la difamación mediática- sin el más mínimo elemento probatorio que justifique la condena.
 Seguramente, y nos estamos limitando a hablar sobre éste hecho puntual, si los jueces se abocan a administrar justicia sin someterse a la presión mediática, pues, a futuro, esta falsa imputación quedará en evidencia. Pero aun así, en el mejor de los casos, queda suficientemente cristalizado el abominable mensaje: “Atentos futuros funcionarios, que la llama mediática puede -cuando lo juzgue conveniente- encender la hoguera”.
Por suerte, una buena parte de nuestro pueblo, y merced a gobiernos como el de Cristina y de Néstor, ya sabe como combatir el incendio.