Páginas vistas en total

jueves, 27 de octubre de 2011

Un año despues y sigue estando entre nosotros!!






Hace un año los argentinos nos acongojábamos por la noticia. Los informativos radiofónicos y televisivos anunciaban la pérdida de quien iba a convertirse, desde entonces, en el político -junto con Cristina- más apreciado de la historia argentina de los últimas décadas.
La noticia era extremadamente cruel para muchos de nosotros. Recuerdo que en lo personal maldecía al destino por interrumpir la existencia de quien, a mi juicio y de muchos otros, iba a sacar al país definitivamente de la senda de las frustraciones.
La tragedia se hizo carne y hasta recuerdo que no cesaba de llorar; era una mezcla de dolor y bronca, de impotencia, de desaliento y sin cesar repetía: ¿Porque tiene que pasarnos ésto en este preciso momento? ¡¡Cuando más lo necesitamos!!! 
La muerte de quien fuere, para los seres verdaderamente "humanos", siempre es motivo de rechazo; pero ésta en partícular, era por demás dolorosa por la supresión de una vida, por de quien se trataba, por las implicancias que semejante pérdida podía tener para nuestro pueblo y para el futuro de la patria y hasta por el futuro de la región.
Otra vez la fortuna abandonaba a nuestra nación, otra vez los buitres iban a estar al acecho, dispuestos a despedazar el cuerpo de la patria e interrumpir el progreso de nuestro pueblo. 
La incognita para muchos de nosotros se cifró en la ineludible pregunta: ¿Como va a reaccionar Cristina? ¿El inmenso dolor llegará a paralizarla? ¿Como procederá ahora en la soledad de las decisiones?
La continuidad de ésta historia ya la conocemos; no poníamos en duda las cualidades de Cristina, todos sabíamos que -al igual que Néstor- era (y lo es) un excelente cuadro político; pero claro, no es fácil sobreponerse a semejante golpe. Ni tampoco creemos que uno pueda sobreponerse definitivamente. 
La profundidad del dolor que la inoportuna desdicha asesto sobre la humanidad de nuestra Presidenta resultó inconmensurable. Sin embargo, su fuerza y su compromiso para con su compañero de vida y, obviamente, para con su pueblo morigeraron el dolor y continuó transitando la senda que conduce al engrandecimiento del país. Y logró, con su accionar, que recordemos a Néstor no con nostalgia; sino con una inmensa alegría. 
Quienes concebimos a la política como aquella herramienta que posibilita la transformación de la sociedad  orientada en sentido de justicia, vamos a estar eternamente agradecidos a Néstor y Cristina.
Somos conscientes de las limitaciones humanas, reconocemos nuestra condición de mortales; pero tambien sabemos que hay ciertas personas que han sido capaces de derrotar esa condicion.
Y Néstor ha sido, sin ninguna duda, uno de esos hombres que derrotó a la muerte!!

Hace un año con lágrimas en los ojos escribíamos la nota siguiente y, en aquel entonces,  algunos de los editorialistas del diario La Nación ya se refregaban las manos a la espera de "un cambio". Un año despues, nos alegra saber que el "cambio" que ellos propiciaban no llegó, ni va a llegar!! Y por cierto, el legado se hizo realidad!!




                                       La muerte y el legado de Kirchner








Es inevitable que cuando ocurre un hecho de esta naturaleza aquellos que hemos sido militantes políticos intentemos reflexionar sobre lo acontecido situados desde la perspectiva del pasado con el propósito de comprender, en alguna medida, el rumbo del devenir político de nuestra nación.
Y observando la historia reciente de nuestro país, esto es remontándonos a solo dos o tres décadas atrás, percibimos que la realidad política de la Argentina es susceptible de ser dividida en un antes y un después de la llegada de Néstor Kirchner a la más alta magistratura.
Aquellos que en la década del 80, por primera vez ejercíamos el sufragio universal  fuimos asistiendo, sin solución de continuidad, a una sucesión de frustraciones que socavaron nuestra fe democrática y terminaron haciéndonos creer que en la Argentina solo había lugar para perpetuación de una “democracia formal” valorizada por cierto, pero incapaz de dar respuesta a las demandas populares.
Esto trajo como corolario el paulatino descrédito de la política y el reclamo unánime de la ciudadanía coreando “que se vayan todos, que no quede ni uno solo”.
Corría el año 2001, era la época en que, a pedido de la gente, se debían ir “todos los políticos” de este país porque declamaban una cosa desde la tribuna y desde el gobierno ejecutaban medidas “de ajuste y austeridad” que no tenían otro propósito que restringir el salario, la educación, la salud y los derechos de la mayoría de la población.
La política se había convertido en una suerte de “balsa desideologizada” que, orientada por la brújula provista por el FMI, posibilitaba la cómoda “supervivencia” de unos pocos mientras el resto del país se hundía estrepitosamente en el fondo de las aguas, en lo que podíamos calificar como “el diluvio argentino”.
La “danza de la lluvia” que desencadenó el mentado diluvio fue promovida por los sectores dominantes y tristemente representada  por “destacados” políticos del siglo pasado que al compás de la Orquesta del Liberalismo Económico no cesaban de bailar la Sinfonía del Libre Mercado.
Paradojalmente, y luego de sucederse tres presidentes en un año, en el 2002 uno de los más “sobresalientes danzarines”, el Sr. Eduardo Duhalde, se hizo cargo del gobierno en forma transitoria, específicamente, hasta la convocatoria de un nuevo llamado a elecciones.
Una vez efectivizada la contienda electoral, solo dos contendientes quedaron en carrera para asumir la presidencia de nuestra vapuleada República: uno, quien había sido promovedor directo de la gran catástrofe nacional Eduardo S. Menem y, el otro, era el gobernador de la Provincia de Santa Cruz, Néstor Kirchner, quién no era suficientemente conocido para aquellos desvinculados al ámbito de la militancia política.
Lo cierto, es que la suerte nos jugo a favor en aquel entonces. Y ese hombre flaco de mirada desorientadora y de cuerdas vocales no muy aptas para el ejercicio de la oratoria que, para algunos especialistas en marketing político, no podía llegar a visitar tan siquiera la Casa Rosada; no solo llegó sino que cambió el frustrante curso de la historia nacional para conducirnos por un derrotero promisorio.
Si uno centra la mirada en la Argentina anterior a la asunción de Kirchner y, luego, la compara con la Argentina “ex post” se dará cuenta de lo que estoy hablando.
Y pensar que algunos ilusos por entonces veían a Néstor como la futura marioneta de Duhalde; son los mismos que hoy critican por izquierda a un gobierno que paulatinamente viene recomponiendo el tejido social en la Argentina e integrándola, simultáneamente, a eso que hemos dado en llamar la Patria Grande.
Sin duda, falta mucho por hacer, pero también ha sido mucho lo que se hizo, especialmente, en dotar de contenido a la democracia y romper con el discurso dominante donde nada era posible: ni enjuiciar a los militares por sus crímenes, ni confrontar con el FMI, ni rechazar el ALCA, ni desterrar las políticas monetaristas, ni suprimir las relaciones carnales con USA, etc.,etc.
Kirchner demostró que se podían romper esos límites y en esa tarea no estaba solo, su esposa por aquel entonces legisladora nacional era –y, obviamente, lo es- un cuadro político excepcional que acompañó en todo momento al ya popularizado “Pingüino” e, inexorablemente, incidió en buena parte de la toma de sus decisiones. Contrariamente, a lo que nos quieren hacer creer, deliberadamente, hoy los medios de comunicación en la Argentina.
Son los mismos medios que, en vida de Néstor se ensañaban contra su persona diciendo que era un “autoritario”, que “fomentaba el divisionismo social”, que “crispaba a la sociedad”, “que no buscaba el consenso”, etc. etc... Ahora resulta ser, según ellos, que era un estadista y que su ausencia “ha dejado un vacío de poder” que no podrá llenar la Presidenta.  
Lógicamente, la intencionalidad oculta de este discurso es convencer a los distraídos que la Presidenta no esta a la altura de las circunstancias para gobernar; excepto –como lo han manifestado dos deleznables opinólogos del establishment Joaquín M. Solá y Rosendo Fraga- que cambie de orientación política. Es decir que termine con lo que ellos califican como “modelo populista”.
No existen dudas que Néstor Kirchner era lo más cercano a un estadista, forjado al calor de aquella militancia que concebía a la política como una actividad totalizadora; por ende, no podía dejar de contemplar la realidad desde un análisis y una visión ampliamente abarcativa que es lo que caracteriza a un verdadero hombre de estado.
Y, precisamente, un estadista no desconoce que en el desarrollo de su accionar la estrategia y la táctica política son herramientas indispensables al momento de procurar determinados logros para su pueblo.
Y así fue dando las correspondientes batallas oportunamente, tanto durante su gobierno como durante el gobierno de Cristina; al fin de cuentas estamos hablando de un mismo proyecto político corporizado tanto en cabeza de Néstor como en la persona de nuestra Presidenta.
Así se anularon las leyes de obediencia debida y de punto final, se reestructuró la deuda externa, se reestatizaron los fondos del sistema previsional, se sancionó la ley de matrimonio civil igualitario, la asignación universal por hijo, la ley de servicios de comunicación  audiovisual; medidas todas éstas inimaginables si Néstor o Cristina no hubiesen sido nuestros presidentes.  
Por eso, los cuestionamientos que desde ciertos sectores autodenominados “progresistas” se le hicieron a los Kirchner son verdaderamente infantiles; la vida no se constituye merced a un conglomerado de abstracciones, sino en virtud de un conjunto de actos concretos que la van modelando.
Y han sido esos actos concretos lo que posibilitaron durante el gobierno de Néstor y Cristina que, en nuestro país, la política vuelva a ocupar el lugar que le corresponde, que la juventud vuelva a interesarse por lo que acontece, que de a poco el pueblo procure ser protagonista principal de la historia argentina, que los sectores más marginales comiencen a sentir que, por primera vez en años, un gobierno los tiene en cuenta y no, exclusivamente, en el momento de necesitar sus votos.
Sería demasiado extenso enumerar la cantidad de cosas que se fueron haciendo a lo largo de estos últimos años, tanto en materia de derechos sociales y civiles. Y no hace falta hacer mención de los avances obtenidos en materia de derechos humanos.
Muchas veces ingenuamente se concebía a “los procesos sociales como productos inexorables del devenir histórico” minimizando, o en su defecto no ponderando lo suficiente, el papel que podían desarrollar los líderes políticos en la vida de los pueblos.
No hay cambio posible en ausencia de liderazgos, y la actualidad nos demuestra como se vienen realizando grandes cambios en Latinoamérica en virtud de la existencia de líderes sobresalientes en la región.
Los argentinos hemos perdido uno, tal vez el más importante de estos últimos tiempos. Nos queda Cristina que no es poca cosa y, no debería sorprendernos que, con su brillantez, termine demostrándonos que es una estadista más.
La tarea no será fácil, son muchos los condicionantes que en la concreta realidad deberán sortearse, pero el país ya no es el mismo y eso potencia la posibilidad de consumar la obra.
Y ese cambio que hoy experimentamos, nos permite imaginar la construcción de un nuevo país, que no hubiera sido posible sin la llegada de los Kirchner al poder.
Fueron ellos los que edificaron el puente para que la sociedad se reencuentre con la política y, fruto de ese mismo reencuentro, surgió el interés de los jóvenes por el quehacer político. Y eso, el establishment no se lo va a perdonar jamás a los Kirchner; al fin y al cabo, si los jóvenes sienten la política como propia que difícil les resultará preservar a lo largo del tiempo el “Status Quo”.
De ahí, que quienes crean que los Kirchner han hecho poco, revelan un profundo desconocimiento de la experiencia proporcionada por la historia.


JRC

lunes, 24 de octubre de 2011

La muerte de los agoreros y el resurgir de la esperanza











Y finalmente llego el día esperado. Tras largos anuncios apocalípticos, en los que se presagiaba la catástrofe que iba a azotar al país en virtud de la “mala administración” kirchnerista que conduciría, inevitablemente, al descontento social y con ello al “esperado” derrumbe de su gobierno; el día llegó.
Y para sorpresa de los aprendices de Nostradamus, no solo no hubo catástrofe, ni derrumbe; sino por el contrario, se exteriorizó la alegría de todo un pueblo que salió a la calle a festejar la reelección de un gobierno que, con muchos más logros que carencias, ha puesto de pie a un país que durante décadas tenía por costumbre arrodillarse.
Es curioso, pero los profetas de las tinieblas, ni siquiera repararon que ha quienes iba a envolver la tenebrosa oscuridad era nada menos que a ellos.
Así pudimos contemplar que los pronosticadores de lo irreal -Carrió, Duhalde, De Narváez, en ese orden- que anticipaban “la muerte de un modelo” de conducción política, ignoraban que la Parca Política se dirigía en su búsqueda orientada nada menos que por las voces del pueblo.
Tal vez pensaron que su alianza con los “medios hegemónicos” de comunicación era suficiente como para proveerles de cierta inmunidad y, por ende, iban a perdurar en el escenario político argentino “per secula seculorum”. Pobres ilusos!! Desconocen la infalible regla: Uno puede ignorar la realidad, pero esa ignorancia en algún momento se paga.
Y así fue. Hoy se encuentran frente a la ventanilla de lo real abonando sus letales costos.
Fueron incapaces de percibir que la sociedad argentina no es exactamente la misma desde que los Kirchner llegaron al poder.
No repararon en que los medios -en virtud de su confrontación con el gobierno- ya no modelan “a piacere” el pensamiento de la ciudadanía como solían hacerlo antes del 2003.
Confiaron en que las mentiras, a las cuales nos tienen acostumbrado, iban a ser percibidas como verdades y con ello, podrían debilitar al gobierno más representativo desde el advenimiento de la democracia.
Pero esta vez, la razón se impuso. Y aquí estamos festejando la derrota de los agoreros y el reverdecer de la esperanza.
Pero no esa esperanza vacía, infundada, que tiene por sustento componentes mágicos e ilusorios. No, por el contrario, es la esperanza edificada sobre los hechos, la que tiene su fundamento en la razón, la que nos permite reestablecer el autoestima nacional, la que se exterioriza en la alegría de un pueblo, la que nos permite visualizar la grandeza de nuestro país a una distancia próxima, la que nos posibilita soñar con los pies firmes sobre la tierra.
La esperanza que murmurando a nuestros oídos nos dice: “hemos encontrado el rumbo, no aflojes”. Y como vamos a aflojar, si tanto nos costo hallarlo!!
Dejemos a los agoreros perdidos por la senda de su egoísmo, dejemos que se internen en la oscuridad que ellos pregonan, dejemos que, como ha sucedido, se los devoren sus propias profecías.
Hoy estamos dispuestos a seguir avanzando, bajo la música de esa esperanza que nos devolvieron ellos: Néstor y Cristina.
Y como no hemos de estar felices, si cuando miramos hacia atrás vemos que el odio quedo a lo lejos; y la alegría, la alegría se dispuso a acompañarnos!!!

jueves, 20 de octubre de 2011

Las lágrimas de un cierre de campaña





Los argentinos hemos asistido a un cierre de campaña pocas veces visto. No, no, no estoy hablando en términos genéricos; sino en términos particulares. Concretamente me refiero al acto de cierre de Cristina Fernández de Kirchner.
Una verdadera fiesta popular y no solo porque quienes asistieron al acto desbordaban de alegría; sino por lo emotivo del mismo, que termino arrancando lagrimas a todos los presentes e inclusive a aquellos que, cómodamente instalados en sus hogares, observaban las imágenes del televisor.
Como no conmoverse al ver a los protagonistas de los spots publicitarios, contemplarlos allí parados y escuchando atentamente a nuestra Presidenta.
Como no emocionarnos al observar que cada uno de ellos es un representante de la vida real (realidad que la mayoría de los medios de comunicación se empeñan en ocultar) que en la imagen publicitaria esta expresando, nada más ni nada menos, que su propia experiencia de vida.
Ese es el reflejo ineludible de la Patria. Como no reparar en que la joven científica que esta hablando en esas imágenes televisivas, estaba trabajando en Alemania y ahora esta feliz y orgullosa por encontrarse trabajando en nuestro país.
Como ignorar que a ese “flacucho” de lentes –me refiero a Ariel- le temblaban las piernas cuando recibió la medalla en las Olimpíadas Mundiales de Matemáticas sabiendo que estaba representando al país. De la misma forma que seguramente le temblaron ayer cuando los asistentes al teatro Coliseo, y luego de que Cristina hiciera mención de su presencia, comenzaron a corearle un merecido: ¡¡Dale campeón, dale campeón!!
Bastaba ver la cara de Elena, Federico y todos los que allí se hallaban para emocionarse. Esa es la Argentina real, esa es nuestra patria. Porque la patria no se circunscribe a una mera extensión geográfica, ni tiene por contenido una simple expresión simbólica como pudiera ser la bandera, la escarapela, el himno o la camiseta de la selección nacional. La esencia de nuestra patria la constituye nuestro pueblo, con su historia y su cultura. Son nuestros hombres y mujeres quienes configuran el verdadero “ser” de esta nación.
Esos mismos hombres y mujeres que pudimos ver en los spots y que son simplemente “actores” de su propia vida; y que no recibieron “bonificación” alguna por contar públicamente sus propias experiencias.
En ese lugar se construye un país, en el quehacer diario de todos y cada uno de nosotros. Allí se percibe el potencial de un pueblo.
Allí también hallamos la fuente de alimentación de nuestro orgullo. No por casualidad, estamos atravesando una de esas etapas históricas donde nos sentimos orgullosos de nuestro país.
Basta recordar como nos sentíamos cuando gobernaban los que hoy agitan la bandera de “la oposición” para percibir el notorio contraste.
Como no enorgullecernos de la gestión kirchnerista si marco un antes y un después en la historia de nuestro país.
Como no estar orgullosos, entonces, de Cristina y de Néstor si son ellos quienes nos permitieron recuperar el autoestima nacional.
Como ignorar el acto de anoche, si con solo mencionarlo se me caen las lágrimas de alegría mezcladas con el sentimiento de orgullo.
Muchas veces, los hombres y mujeres no ponderamos el momento histórico y trascendente que nos toca vivir.
Hoy los argentinos estamos atravesando uno de esos relevantes tiempos que van a pasar a la posteridad como los del despegue argentino. Hoy estamos haciendo historia, podríamos denominarla la Historia de la consolidación del autoestima argentino y  todos, de una forma u otra, colaboramos para que ello se produzca. Pero el relato de esta historia no hubiere sido lo que es; si Néstor y Cristina no hubieren llegado a la presidencia de la república.
Como no estar orgullosos de nuestra Presidenta!!!
Si cuando decimos: ¡¡¡Fuerza Cristina!!! ¡¡¡Estamos diciendo Fuerza Argentina!!!!

domingo, 9 de octubre de 2011

La supuesta reelección y el lenguaje opositor


      




Se aproximan las elecciones de octubre y los candidatos despliegan todas “sus destrezas” con el afán de ganar votantes. Claro que muchas de esas destrezas, en vez de lograr sus propósitos, terminan ahuyentando a los ciudadanos que, asombrados por tantos talentos, terminan apresurándose a recoger la boleta de Cristina Fernández (única candidata seria) para, llegado el momento, depositarla definitivamente en la urna.
Más allá de la absoluta carencia de proyectos por parte de la oposición y del incoherente comportamiento desarrollado a lo largo de estos últimos años; si nos limitásemos a observar las expresiones discursivas durante estos días de campaña podríamos calificarla, a riesgo de quedarnos cortos con el apelativo -y como ya lo dijéramos en uno de nuestros antiguos artículos- de verdadero mamarracho.
Pero veamos algunas de éstas expresiones a las que hacemos alusión para sostener lo que estamos diciendo. Comencemos por la devaluada “pitonisa mediática” que ya causa pena en virtud de sus ininterrumpidos desaciertos; pues, ahora ha salido a decir “que se ha cerrado un Pacto de Olivos II entre Binner y la Presidenta con el propósito de garantizar una futura reforma constitucional a los efectos de posibilitar la reelección de Cristina Fernández en el 2015”. Como vemos, la pobreza de su oferta programática la lleva a ofrecer su fuerza partidaria para obstaculizar acontecimientos futuros (que, por otra parte, solo se desarrollan en su torcida imaginación) similares al mencionado “Pacto de Olivos” de Menem-Alfonsín  que, curiosamente, ella respaldo con fuerte énfasis en el seno de la Cámara de Diputados en aquél momento. Tal vez, la ausencia de memoria es lo que motorice su “vocación predictiva”, ya que al no recordar sus propios actos y sus "predicciones anteriores" puede continuar formulando denuncias inverosímiles sin siquiera sonrojarse por lo que expresa.
Pero dejemos de lado los delirios de la pitonisa Carrió y pasemos al aspirante a segundo puesto: Hermes Binner. Éste es otro candidato que comienza a desenfundar discursos de campaña que ponen de manifiesto su verdadera esencia, pues, pregona un “socialismo de derecha” que, en última instancia, poco tiene de socialismo y, por cierto, mucho de derecha. No por casualidad, el monopolio mediático más importante del país bendijo su candidatura.
Sus recientes expresiones confirman lo que estamos diciendo: “El crecimiento del populismo no es bueno para ningún país del mundo. No hay hecho del populismo que haya significado un avance cierto, real y constructivo de un país mejor”.
Este señor no solo ignora la historia de los pueblos latinoamericanos en general; sino también la nuestra en particular y se enrola, automáticamente, en la corriente de opinión de los ultra-conservadores que se empeñan en descalificar a buena parte de los gobiernos latinoamericanos con el apelativo de populismo. Es que en el fondo, expresan un rechazo irreprimible por todo aquello que posea la impronta de lo popular. Lo paradójico de estos "dirigentes lights" es que conciben al término socialismo desvinculado del concepto de pueblo. Y al igual que como acontece con algunas señoras de la pantalla de televisión, prefieren hablar de “la gente”, concepto abstracto que hace referencia a cualquier persona desprovista de identidad y no hablar de “pueblo”, término que se enlaza con un sujeto histórico colectivo con identidad propia.
Lo cierto es que el oficialismo no tiene interés alguno en realizar pactos con el lider del Frente Amplio; tan amplio que alberga en sus filas las más contradictorias posiciones. Hecho que demuestra cuanto valor le dan a sus convicciones; pues, si desde su origen ya conviven ideas inconciliables, que se puede esperar para el futuro. Y respecto de lo señalado cabe formularse el siguiente interrogante: ¿estará dispuesto Hermes Binner a que nuestro país continúe siendo miembro del MERCOSUR o le causará alergia establecer acuerdos con los mandatarios "populistas" latinoamericanos?
Por otro lado, tenemos el nuevo acuerdo del tándem De Narváez-Rodriguez Saá donde juntos tratan de desplegar una estrategia común para conquistar votos.
La actitud del hombre nacido en Colombia y que aspira a la gobernación de la provincia de Buenos Aires es de una versatilidad inaudita. Pues, hace menos de dos meses anunciaba una alianza con la UCR, apareciendo en todos los medios con Alfonsín; ahora y viendo el escaso nivel de adhesión del candidato radical, luego de las elecciones de agosto, se muestra con el gobernador de San Luis para mejorar sus chances electorales.
En cierto modo es comprensible el proceder del "Colorado" De Narváez, si bien reprochable desde el punto de vista ético, que se dio cuenta tarde de que el "lider" radical es más mediocre que él para perfilarse como dirigente. Si hasta por momentos parece inimputable "el lider" de la UCR; recordemos sus declaraciones y sus expresiones gestuales, cuando la Presidenta hablo en la asamblea de la ONU, que solo son imaginables en un ser absolutamente carente de lucidez.  
No obstante, y volviendo a lo que nos ocupa, de acuerdos programáticos o de comunión de ideas mejor ni hablar. Ya que, como se dice en el barrio, a ninguno de los mencionados candidatos se les cae una idea. Excepto la de criticar al gobierno, la mayoría de las veces infundadamente; pero, al parecer y conforme a sus comportamientos, criticar al gobierno es la consigna.
Y sino veamos las declaraciones del candidato a primer diputado de la UCR y, en ciertos aspectos vocero de Alfonsín, Miguel Bazze: “Es malo para la democracia tratar de desgastar a los otros partidos de la oposición” adujo con referencias a las críticas formuladas por Rodríguez Saá al radicalismo. Al parecer y apelando a esta línea argumental no es malo para la democracia  intentar desgastar, mentiras mediante,  al oficialismo durante la gestión de gobierno. Como vemos una concepción de la democracia muy particular.
Concepción muy parecida a la que expresan cuando suelen hablar del ponderado “respeto a las instituciones”; como por ejemplo el “respetuoso” de Eduardo Duhalde cuando dice: “Es un país donde el que gobierna no respeta las leyes, las instituciones y aprieta con miedo a los que piensan diferente”.
Nada menos que Duhalde!! Que fue vicepresidente y gobernador durante el reinado de Menem. Con una Corte Suprema de Justicia subordinada, en aquél entonces, absolutamente a la gestión oficial y con miembros de nula jerarquía respecto de la mayoría de los miembros que hoy honran a la prestigiosa Corte.
Como vemos la mendacidad y la ausencia de ideas abundan en la oposición. Lo único que debemos lamentar esta vez, es que la Presidenta cumplirá su nuevo mandato y retornará a su casa. Porque con opositores como estos, sería necesario no solo que se respeten las instituciones -por otra parte, como se viene haciendo- sino respetar la voluntad mayoritaria del pueblo argentino; cosa que estos opositores no hacen.
Gracias a Dios, al azar o a las circunstancias históricas que todavía tenemos una dirigente de la talla de Cristina Fernández. Esperemos que para el 2015 se supere la mediocridad que anida en la llamada "oposición"; porque con esa clase de dirigentes, necesitaríamos la reeleccion indefinida.