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miércoles, 31 de diciembre de 2014

La cabra, Macri y Massa y Felicidades para Ustedes!!!!





  







Un año más que transcurre y, por cierto, no sin sobresaltos; alguien me comentaba que el 2014 como consecuencia de tratarse del año del “caballo” -conforme al horóscopo chino-  mantuvo a la humanidad al trote. Al preguntarle sobre que animal tutelaría el año 2015, su respuesta no fue muy esperanzadora: “la cabra”. Imagínense ustedes la poca gracia que desató semejante información, esto y asociar que el mundo ha de andar “a los saltos” no es muy descabellado.
Lo concreto es que fuera de estas cuestiones, que por otra parte uno las toma burlonamente, la humanidad hace muchísimo tiempo que “anda a los saltos”. Y es imposible acostumbrarse a visualizar la realidad como un escenario no conflictivo; porque “el conflicto”, la disputa, el interés,  la toma de posiciones es inherente a la condición humana.
No hay sociedad en el mundo donde el conflicto no tenga lugar, pues, “la coexistencia” de por sí, siempre es conflictiva; de ahí la necesidad de regularla a través del derecho. Recordemos que nuestro diccionario señala que conflicto “es toda oposición o desacuerdo entre personas” o bien “guerra o combate derivados de una oposición prolongada”.
Ahora bien, “el conflicto” no es ni bueno, ni malo en sí mismo; pues,  será una cosa u otra conforme a como se desencadene el proceso de resolución. En ocasiones se tornará en una auténtica tragedia y, en otras, se convertirá en un verdadero estímulo para el mejoramiento del desarrollo humano.
No existen dudas respecto a que los mejores conflictos son aquellos que se desatan en un marco de racionalidad, no solo porque los canales de resolución estarán dotados del equilibrio necesario, sino porque, además, al confrontar posturas, “la razón” descubrirá nuevos elementos de juicio para encontrar la solución adecuada.
Ahora bien, la cuestión se agrava cuando una de las partes en pugna se niega a deslizarse sobre los iluminados campos de la racionalidad, para situarse deliberadamente en el oscuro terreno del “sin pensar”.
Se llega entonces a la oposición por “la oposición misma”, lo que no solo suprime de cuajo toda tentativa de acuerdo, sino que desestima toda posibilidad de enriquecer una discusión que, de darse, sería muy provechosa para quienes de una forma u otra se hallan relacionados con el conflicto.
En el caso argentino, hace ya varios años que la ciudadanía viene contemplando una suerte de “conflicto irracional” en lo que respecta a los destinos políticos de nuestra Nación. Teniendo como protagonistas, por un lado, un gobierno que, con sus errores, sigue siendo el que mayor propuestas ha realizado para beneficio de una amplia mayoría de la población y que ha posibilitado (por más que “el poder mediático” lo niegue) ubicar a la Argentina dentro de los países dignos de consideración en el plano internacional.
Y por el otro, una “oposición” que lejos de efectuar aportes significativos a la discusión sobre el presente y futuro de nuestro país, se empeña en mantener un férreo enfrentamiento  con el gobierno constitucional, guiados -en la mayoría de los casos- por los principios de “la sin razón”, la ausencia argumental y los medios hegemónicos.
Todo hace suponer que, en el 2015, este “conflicto” en lugar de desacelerarse va a sufrir un proceso de aligeramiento merced a los comicios que se desarrollaran en el curso del año. Lo que acentuará el grado de irreflexión política dominante. De modo que es pasible (y obviamente no es nuestro anhelo) que el grado de irracionalidad adquiera contenidos aun más voluminosos que a los que estamos acostumbrados.
De hecho, las recientes declaraciones desvalorizadoras que hicieron los candidatos opositores (Macri y Massa) respecto a la política en materia de los derechos humanos, es una muestra más que contundente de la simpatía hacia la irracionalidad. Que va en línea con los cuestionamientos que en el orden de la seguridad se hace sobre los denominados “jueces garantistas”.
 El problema finca en que “el ciudadano común” no repara que las garantías constitucionales están consagradas para su beneficio y no para provecho del que delinque.
La institución del principio de inocencia, del derecho de defensa en juicio, el derecho a ser juzgado por jueces naturales, de igualdad procesal, etc. etc., son “herramientas” al servicio de la población a los efectos de evitar ser sometidos a situaciones de injusticia.
Claro que los incautos partidarios de “la mano dura” (que, entre otras cosas, no reparan que es “el remedio” que siempre se ha impulsado en nuestro país y que nunca ha dado resultado; más allá de que para algunos representa un buen negocio) no se han detenido a pensar que esas “garantías” lejos de constituir un perjuicio, como diariamente los medios se encargan de hacerles creer, constituyen una red de protección para su propia persona.
Así se han desarrollado las cosas en el año 2014, muchas veces marcando un “trote” bajo la rienda mediática, esperemos que el 2015 no nos depare andar a los saltos; pero aun así debemos esperar con optimismo el porvenir, más allá de las dificultades que se avecinan.
Para todos aquellos que, de una forma u otra, han tomado contacto con estas páginas les deseo que tengan ustedes un ¡¡¡¡MUY FELIZ AÑO NUEVO !!!!  Y que en el 2015 los abrace a todos la Felicidad!!!

lunes, 22 de diciembre de 2014

El debate en Intratables, la descontextualización y el "vocero" de los ex secretarios de energía






  






La década del 90 constituyó un período muy particular en lo que respecta al desmoronamiento de los valores colectivos, pues, precisamente ensalzó hasta el paroxismo la necesidad de “pensar” en primera persona (el culto al “Yo”) y bajo un ropaje de eficientismo, que consistía esencialmente en multiplicar riquezas, promovió la competencia de unos contra otros disolviendo, de ese modo, todo lazo de solidaridad comunitaria. Por cierto, mientras unos  pocos “multiplicaban” sus riquezas, una gran mayoría “dividía” sus ingresos hasta tornarlos casi irrelevantes. Lo cierto fue que eso no resultó objeto de preocupación alguna, tampoco inquietaba el  hecho de saber que unos cuantos desocupados no tenían absolutamente nada para dividir, después de todo el problema “no era de uno” y, por aquél entonces, el principio rector que supo guiar el comportamiento ciudadano se expresaba en el  conocido lema: “sálvese quien pueda”.
De forma tal que, desde aquella perspectiva, se fue legitimando el ejercicio del individualismo sin reparar en la existencia del “otro”; hecho éste que, entre otras cuestiones, posibilitó que una minoría incrementase exponencialmente, y sin el más mínimo escrúpulo, sus recursos patrimoniales. Así, mientras tanto, se configuró la falaz creencia de que el individuo, en forma aislada, era el responsable exclusivo de sus fracasos o de sus eventuales logros.
No por azar, fue una etapa signada por la proliferación de los libros de autoayuda donde la referencia sistemática estribó en poner el acento en el “Tú puedes” o en el “solo de ti depende”; como si  la sociedad donde desarrollamos nuestra existencia no incidiera en lo más mínimo sobre nuestro destino.
Lo concreto es que focalizando en el “Yo” la responsabilidad directa de todo lo que nos acontecía, no solo se disolvía todo compromiso social sino que, a su vez, se aventaba toda posibilidad de reclamar al Estado su necesaria intervención para promover el bienestar generalizado de los miembros de la comunidad.
De ese modo, la visión de la existencia terminó siendo absolutamente “descontextualizada”, pues, el individuo ya no debía reparar en el contexto en el que se desenvolvía, ni esperar nada de él; pues, simplemente debía centrarse únicamente en sí mismo o en su relato unipersonal como diría un declarado partidario del posmodernismo.
Paralelamente, y ya incursionando en el plano tecnológico -faceta que, por otra parte, no solo genera modalidades de comportamiento, sino que condiciona la manera de “ver” las cosas-,  la aparición de la televisión por cable instaló, control remoto mediante, una cultura muy particular en la mayoría de los televidentes que, curiosamente, terminó reforzando la visión descontextualizada de la realidad. 
Nos referimos a “la cultura del zapping” que no es otra cosa que una sucesión de saltos sin rumbo que nos permite consumir imágenes aisladamente, forjándonos, de ese modo, una idea distorsionada de lo que estamos viendo por no estar enmarcada dentro de un contexto.
La incidencia de esta cultura induce, si bien no en términos absolutos, al televidente a deslizarse sobre “las delgadas superficies” sin reparar en las profundidades. Posibilitando con ello un “pensamiento” despojado de análisis y comparaciones que, lejos de facilitar la comprensión, conduce a oscurecer la facultad interpretativa.
Evidentemente esta práctica que se catapultó a finales del siglo XX fue modelando, a su vez, la estructura de una pluralidad de programas “periodísticos” que bajo la ausencia de rigor informativo procuraron no solo captar la atención de los televidentes; sino que lograron instalar “creencias” que de ser examinadas con un mínimo de rigurosidad no hubieren llegado a convertirse en “las verdades” del momento.
Lo curioso es que actualmente, y habiendo transcurrido más de una década de este nuevo siglo, todavía persistan en el escenario televisivo un cúmulo de programas de ese tenor que, deslizándose a los saltos sobre “distintas superficies”, terminan negando al televidente la posibilidad de informarse en forma seria sobre lo que acontece, suprimiendo, en consecuencia, toda expectativa de análisis reflexivo. Lo peor del caso es que, y ante la proximidad de las elecciones presidenciales del año entrante, dichos programas se autocalifiquen como promotores del  “debate” para el esclarecimiento ciudadano; cuando en los hechos lo que hacen es negarlo, obstaculizando la discusión seria, promoviendo la “opinión ligera” y carente de los más elementales argumentos.  
En uno de estos programas, “Intratables”, que se emite por América TV -emisora que, por otra parte, apoya deliberadamente las aspiraciones del líder del “Frente Renovador”, Sergio Massa- y que cuenta con un abundante panel de opinadores, más empeñados en hablar de lo que desconocen que en esforzarse por interiorizarse del tema sobre el que opinan, se viene desarrollando la “sutil” tarea de cuestionar al gobierno desde “el no saber”. Sentando, de ese modo, apreciaciones que, al no corresponderse con la realidad, terminan desinformando al espectador que confía en ellas.
Así, por ejemplo, sus invitados mayoritariamente opositores al gobierno kirchnerista se pueden dar el lujo de manifestar cualquier “disparate” y ver corroborados esos “argumentos” por el panel en cuestión como si fuesen verdades dignas de reconocerse. Ya sea por ignorancia, o por compromiso con la concepción política que expresa la emisora, la casi totalidad de los miembros del panel se aviene a acompañar sin el más mínimo análisis las posturas opositoras. Sea avalando lo que aseveran desde el desconocimiento u omitiendo refutar las imprecisiones del interlocutor de turno.
Una clara demostración de esto que estamos puntualizando ha sido, entre otras, las expresiones vertidas por uno de sus invitados de la semana pasada. Nos referimos a Ernesto Tenembaum, “periodista independiente” -como tantos de los que trabajan para el Grupo “Clarín”, grupo éste que, al parecer, se ha convertido en el “semillero de periodistas independientes”-  quien cuestionó al gobierno por sus “falencias” en política energética.
Pues, sin dar demasiados detalles, adujo que la ineficiencia del gobierno en materia de energía le recordaba la decisión del Gral. Perón de no apostar, en su momento, por la industria pesada privilegiando la industria ligera (tema por demás discutible y máxime cuando, como en este caso, se lo trata descontextualizadamente); para reprochar luego , que nuestro país no ha llegado al “abastecimiento energético”. Por cierto, el pensamiento de Tenembaum no es fruto de su cosecha, sino que es el fiel reflejo de lo que vienen manifestando el grupo de los 8 ex secretarios de energía de Alfonsín, Menem, De la Rúa y Duhalde (período comprendido entre diciembre de 1983 a mayo del 2003) quienes vienen cuestionando las decisiones del gobierno en materia energética.  Lo extraño es que durante esa etapa transcurrieron por la Secretaría de Energía diecinueve (19) secretarios, hecho que de por sí pone en evidencia las innumerables falencias que el país padeció durante las mentadas gestiones. Algunos de ellos, como es el caso de Daniel Montamat  o el Ing. Emilio Apud (éste fue titular por solo un mes) no duraron ni siquiera un año al frente de la secretaría, lo que revela la inoperancia de sus administraciones.
Sin embargo, hoy se arrogan “idoneidad” para cuestionar la gestión kirchnerista. Por cierto, ninguno de estos ex secretarios se opuso a la privatización de YPF; por el contrario, en su momento prácticamente todos justificaron y aplaudieron la medida y fue, precisamente, Daniel Montamat  quien se encargó de hacer lobby en el seno de su partido (UCR) en favor de acompañar la privatización. No olvidemos que justamente la misma tuvo lugar durante la gestión de Luis Prol, primo y socio de Montamat.  
Otro de los enfervorizados críticos es el Ing. Jorge Lapeña quien es pasible de ser recordado por la aplicación de los cortes programados que se extendían entre 6 u 8 horas diarias.
Si, por otra parte, tenemos en consideración que dichas gestiones tuvieron lugar durante el mayor período de achicamiento económico de nuestro país, donde el consumo de la población estaba pauperizado (no podemos dejar pasar que fue, precisamente, en esta última década donde la masiva demanda de electro domésticos, aire acondicionados, y automóviles se multiplicó en forma sustancial), donde la actividad industrial se hallaba en un 50% paralizada; es lógico inferir que se podía alcanzar “el autoabastecimiento” merced a la ausencia de consumo y a la paralización industrial. Evidentemente, para reivindicar el supuesto “autoabastecimiento” de la década del 90 es menester actuar cínicamente y poner la mejor cara de piedra para expresarlo públicamente.
Lo cierto es que como bien lo señaló el subsecretario de Coordinación y Control de Gestión del Ministerio de Planificación, Roberto Baratta,   “El día 11 de Mayo de 2004, Néstor Kirchner anunció el Plan Energético para los siguientes 10 años con medidas y metas concretas. Los resultados son tangibles e incuestionables: 5500 kilómetros de líneas de alta tensión que anillaron el Sistema Eléctrico incorporando a 10 Provincias incluyendo a la Región Cuyo, el Noroeste, el Noreste y la Patagonia que estaban aisladas; 8.700 megavatios; 2.800 kilómetros de gasoductos, incluyendo un segundo cruce al estrecho de Magallanes y el Gasoducto Juana Azurduy, y 292.000 caballos de potencia en Plantas Compresoras; 47 Plantas de Biocombustibles y 29 Centrales de Energías Renovables. Asimismo se terminaron Yacyretá y Atucha II”.
Sin embargo, estas consideraciones son olímpicamente ignoradas por los “periodistas independientes” que alardean de debatir en sus propios programas o en programas como “Intratables”. Así se informa hoy a la ciudadanía, así se discuten las propuestas políticas en los medios dominantes; así se quiere hacer creer que, en la Argentina, nada anda bien. Parafraseando a Oscar Wilde podríamos sostener que: “Hay mucho que decir a favor del periodismo independiente. Al darnos las opiniones de los ignorantes fortalecen la desinformación de  la comunidad”

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Fuga de divisas: "El mercado nos ampara" y la oposición también!!!





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Es sorprendente observar cómo, en nuestro país, los portavoces del neoliberalismo cabalgan sobre un discurso de “mano dura” para combatir la inseguridad urbana requiriendo, de las fuerzas del orden, un mayor control de todos los espacios públicos para, supuestamente, prevenir el delito. Mientras que en otras áreas de la vida social, específicamente en la económica, procuran desterrar el ejercicio de cualquier clase de controles por considerarlos atentatorios contra la libertad de iniciativa.
En principio, podríamos manifestar que la aplicación del término (control) responde a dos situaciones disimiles que, en apariencia, no guardan grado de relación alguna. Pues, una cosa es desarrollar “controles” para minimizar la comisión de actos delictivos y, otra muy distinta lo sería para mutilar el libre proceder en el terreno de la economía.
Sin embargo si uno ausculta un poco más allá de la superficie, podrá corroborar que la ausencia de controles sobre el quehacer económico ha dado suficientes muestras de cómo ello facilita la comisión de determinado tipo de delitos que terminan siendo imperceptibles para la gran mayoría de la población pero excesivamente dañosos para el país y la comunidad en su conjunto. Con el añadido de que la mayoría de los mismos terminan siendo protegidos con el manto de la impunidad.
De lo expuesto, no resulta extraño inferir que cuando se alude a la palabra “mercado”, entre otras cosas, se procura circunscribir el accionar punitivo del estado a los delitos de menor cuantía; mientras qué, por otro lado, se garantiza la libertad de cometer ilícitos de mayor envergadura para un sector más especializado de la sociedad. Hecho éste que patentiza la existencia de un sistema punitivo selectivo.
Sin duda esto no es solo privativo de nuestro país, sino que se corresponde con la estructura financiera internacional vigente que, lenta y paulatinamente,  está dando muestras de que ha comenzado su proceso de descomposición. Proceso que, por otra parte, de no haber contado con la complicidad de los medios de comunicación internacionales se hubiese desencadenado con mayor antelación.
Lo cierto es que –sin ánimo de pecar de optimistas- las imputaciones que salieron a la luz merced al informe que elaboró el senado estadounidense sobre las maniobras ilegales del Hong Kong and Shanghai Banking Corporation (HSBC), las denuncias realizadas en Francia por el ingeniero en sistemas que trabajó en el mencionado banco y que dieron lugar a las investigaciones de la inspección fiscal en territorio galo y que, posteriormente, se extendieron a España e Italia ponen en evidencia el accionar “non sancto” de muchas de estas instituciones. Instituciones que, por otra parte, nunca cesan en fomentar la falaz alegoría de “los beneficios del libre mercado”.
En lo que a nuestro país concierne, la AFIP ha realizado una denuncia judicial por la existencia de 4040 cuentas no declaradas de argentinos en la sucursal del HSBC de Ginebra. Hecho que de algún modo revela cuales son los mecanismos que se utilizan para la evasión y fuga de capitales que en absoluto se corresponde con la falsa e ingenua teoría de la “utilización de valijas” que en algún momento popularizó un ridículo “periodista argentino” (y que ahora guarda silencio ante las cifras de la fuga) para descalificar a un funcionario.
Ahora bien, estamos hablando de la sucursal de un banco situada en una localidad de Suiza; si tal como se presume esta práctica es habitual en el “mercado” financiero internacional, solo estamos ante la punta de un iceberg. Si además, conforme a los datos que se vienen difundiendo por especialistas abocados a este tipo de investigación, se supone que existen alrededor de 400.000 millones de dólares de argentinos en el exterior; es lógico imaginar cómo tuvo lugar la descomunal fuga de divisas que tanto daño le ha causado a nuestra economía y a nuestra población en su conjunto. El crecimiento que le hubiere reportado, contar con ese dinero, a nuestro sistema económico y a la mejora de la calidad de vida de nuestros compatriotas es verdaderamente incalculable. Y lo peor del caso es que ese dinero, ha sido obtenido de un cúmulo de actividades desarrolladas en nuestra economía.
Notable es también que los medios de comunicación hegemónicos de nuestro país se empeñen en desnaturalizar la denuncia judicial de la AFIP so pretexto de caracterizarla como una persecución a los bancos y a los empresarios; y mucho más cuando en la Argentina existía (y aun sigue vigente) una ley de blanqueo de capitales. Lo que demuestra una vez más cuan poco comprometidos se encuentran con las necesidades de nuestro país cierto sector de la “dirigencia empresarial”, entre los que se incluyen los directivos de buena parte de estos medios que, al parecer, integran las listas de titulares de estas cuentas en el exterior.
Otra cosa que es digna de ser observada es el comportamiento del “arco opositor” en el ámbito político, si uno hace memoria recordará qué, cuando se sancionó la “ley de blanqueo de capitales” cuyo propósito se enderezaba a atraer divisas para el mejoramiento de nuestra economía, los políticos opositores la cuestionaban porque “representaba una injusticia dado que se premia a los evasores en detrimento de los contribuyentes que tienen sus impuestos al día” y que se intentaba “garantizar la impunidad de los empresarios cercanos al gobierno involucrados en hechos de corrupción” (1).
Lo cierto es que ahora que el oficialismo impulsó la creación de una comisión para investigar “el lavado de dinero” reparten sus posiciones en oponerse y abstenerse. No querían “el blanqueo” porque se trataba de “premiar a los evasores” pero ahora no quieren que se los investigue, no sea cosa que se los castigue pecuniariamente. Son, verdaderamente, geniales.
Pero eso sí, el senador Gerardo Morales de la UCR ante la posibilidad de investigar la fuga de 400.000 millones de dólares del país se abstiene, pero promueve la creación de una Comisión Investigadora para conocer detalles de “las cuentas de la empresa hotelera Hotesur S.A.”; demostrando con ello que está más interesado en impulsar operaciones mediáticas contra la presidenta que en investigar a aquellos que causan daños exponenciales sobre nuestra economía. Si no fuese porque es un representante de nuestro poder legislativo lo suyo sería un acto de comicidad inigualable; pero lamentablemente es alguien que tiene poder para legislar en nuestro país lo que lo torna extremadamente trágico.
Este es el parlamento opositor que “nos representa” y el que aspira a conquistar el gobierno el año próximo. Esperemos, por la salud de la nación, que no lo logren.
Respecto a las investigaciones financieras es saludable que se profundicen, pues, de ello dependerá atacar las causas de la escasez de divisas o “restricción externa” como gustan llamarla los economistas que tantos impedimentos le ha ocasionado a nuestro crecimiento económico.
Es inevitable que ante situaciones como las descriptas, uno no deje de recordar aquella máxima del célebre Bertolt Brecht. “Más inmoral que robar un banco es fundarlo”.
Por cierto, difícil resulta determinar si “lo moral” es susceptible de grados, tampoco es factible imponer parámetros morales recurriendo a una ley, y mucho menos en el sistema económico vigente donde la moral no tiene posibilidades de instalarse. Pero no es menos cierto qué, estableciendo ciertos controles, los comportamientos se tornen menos lesivos para la gran mayoría de los miembros de una comunidad. De ahí que estos incipientes síntomas nos generen cierto aire de satisfacción. A pesar de que los predicadores de la ética, nos referimos al grueso del “arco opositor”, no se muestren muy propensos en purificar el aire.


(1)    La nación.com  (3/6/2013)