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lunes, 29 de octubre de 2012

España, sus medios y la Argentina




 






Cuando uno observa la realidad social sobre la que viene desarrollándose el devenir de Europa; no puede dejar de experimentar una agradable sensación por el mero hecho de residir en esta franja de la geografía latinoamericana. Es suficiente con retrotraernos tan solo una década para vislumbrar los perniciosos cambios que fueron ejecutándose en el contexto social de muchas de las naciones que integran la Comunidad Económica Europea; otrora destino anhelado por vastas franjas de ciudadanos sudamericanos.
Una tenue mirada a través del tiempo, nos permitiría recordar como, hace escasos diez años, la embajada española en nuestro país se veía atiborrada de personas dispuestas a tramitar la ciudadanía para poder viajar y asentarse en una nación que, al decir de muchos, “ofrecía excelentes posibilidades” para el desarrollo personal por tratarse de “un país serio”. Como si la seriedad fuese un atributo intrínseco de determinadas naciones y no el resultado de las políticas que se ejecutan.
Lo cierto es que hoy, merced a las políticas neoliberales desarrolladas por los distintos gobiernos de turno, uno de cada cuatro españoles se encuentra bajo la condición de desocupado.
Evidentemente, las voces minoritarias que, durante el reinado de “la burbuja inmobiliaria”, se alzaban cuestionando la ausencia de políticas de estado que fueran más allá de la estrecha visión de una economía de servicios; fueron silenciadas por los grandes medios de comunicación hispanos que, bajo la cobertura neoliberal, fueron afianzando y extendiendo sus negocios. Posteriormente, y ya desatada la crisis financiera internacional, se agudizaron las dificultades y una significativa franja de ciudadanos españoles tuvieron que contemplar como, ante el naufragio, el gobierno salió a socorrer a los grandes representantes del mundillo financiero; dejando librados a su suerte a la gran mayoría de los trabajadores españoles.
Eso sí, para justificar su proceder se apeló al falaz y tradicional discurso, el mismo que en otras épocas solíamos escuchar en la Argentina, que sostiene que “es preciso ordenar la economía”. Sería bueno que algún día nos dijesen quienes -y como- fueron los que la desordenaron; pero claro, si al fin de cuentas son los mismos que después vienen con la receta en mano. Lo cierto es que “la restauración del orden” exige, en función de la perspectiva neoliberal, “achicar los gastos del Estado” con todo los “costos sociales” que esa decisión implica y que ya sabemos quien las paga.
Esto nos trae a colación ese ilustrativo cuento del campesino poseedor de un gallinero que al no tener recursos para adquirir el maíz con que alimentaba a sus gallinas decidió solicitar un préstamo a un usurero y, de ese modo, proveerse del maíz necesario.
El “financista” al enterarse de la escasa suma solicitada por aquél, decidió no auxiliarlo por la poca rentabilidad que ofrecía un negocio de tan escasa magnitud. No obstante, no desestimó la oportunidad para darle un “buen consejo” al acongojado campesino. Pues, le sugirió que achicara los gastos. ¿Y como hacerlo? Preguntó el hombre de campo con tono angustiante.
La respuesta no se hizo esperar, con una sonrisa más que burlona expresó: “Muy fácil amigo, deje que se mueran unas cuantas gallinas y el consumo de maíz será menor. Al fin y al cabo, tendrá muchas menos, pero esas pocas serán más gorditas”.
Palabras más, palabras menos, esa ha sido la lógica  que el neoliberalismo desarrolló a escala universal. El problema es que, a diferencia del campesino, algunos “incautos”, todavía confían en esa clase de afirmaciones.
Claro que esa confianza es artificialmente generada por lo que Noam Chomsky denomina los guardianes del poder: “Los medios de comunicación”. Que no vacilan en apelar a toda clase de recursos para instalar “una opinión generalizada” que les permita, trás una fachada democrática, proteger y promover los negocios de una minoría opulenta. Es decir, son partidarios de una democracia de élite; esto es, de una democracia con alcance restringido y no conciben, como es lógico, una democracia integral ya que ésta, suele ser un férreo obstáculo para el desarrollo de sus negocios.
Lo que acontece hoy en la Argentina con las dificultades que surgen – léase oposición, de distintos sectores y de una franja no menor de representantes del Poder Judicial- para poner en vigor la democrática Ley de Servicios Audiovisuales es un claro ejemplo de lo que estamos aseverando.
Pero volviendo a España, no sería una vacuidad preguntarse: ¿Cual era la información que recibieron los ciudadanos españoles años previos al desenlace de la crisis? ¿Cuales eran los cuestionamientos que la prensa “independiente” realizaba sobre las medidas adoptadas por los distintos gobiernos de turno?  ¿Porqué la prensa no informaba sobre los perniciosos efectos que muchas de esas medidas podían traer aparejadas?
El no hacerlo, manifiesta  a las claras la deliberada intención de no divulgar ese tipo de información. Ya que una sociedad desinformada permite, por el mero desconocimiento, que se adopten medidas económicas que en la inmediatez beneficiaran a unos pocos y, en el mediano y largo plazo, serán la fuente de desdichas de la gran mayoría de la población.
Un rasgo característico de las economías neoliberales ha sido la puesta en ejecución de un patrón común de ocultamiento de la información. De forma tal que, los medios se abocan a la insoslayable tarea de crear “el consenso artificial” en el seno de una sociedad y de esa forma, los ejecutores del modelo neoliberal pueden instrumentar sus propósitos sin cortapisa alguna.
El problema que está surgiendo en estos momentos en Europa es que “el consenso” se ha quebrado ante la dura realidad; y los medios –especialmente los audiovisuales- que hasta ayer eran los constructores de eso que Baudrillard dio en llamar “la hiperrealidad” (esto es, una realidad que es más real que la real) están viendo mermar su capacidad de hipnosis ante la ciudadanía.
El resultado de todo esto es inevitablemente impredecible; aunque, seguramente alentador si los medios (monopólicos u oligopólicos) pierden la posibilidad de controlar el pensamiento generalizado.
La Argentina ha atravesado esa triste experiencia; por ello, sería bueno que nuestros hermanos españoles ahondaran un poco más en nuestra historia reciente y observaran porqué, para nosotros, es tan importante la entrada en vigor de una nueva ley democrática de medios. 

lunes, 8 de octubre de 2012

El gran triunfo de Chávez, la verguenza de nuestra oposición y los medios independientes.





 








Los resultados electorales en Venezuela,  no solo han puesto de manifiesto el liderazgo arrollador de Hugo Chávez en ese querido país; sino que a la vez, han posibilitado reforzar nuevamente los cimientos sobre los que se erige ese “edificio” que ha de garantizar el desarrollo de nuestros pueblos y que se lo conoce con el nombre de MERCOSUR.
Tal vez si le preguntásemos a aquellos compatriotas que no son muy afectos al acontecer político internacional, sobre cuales serían las implicancias de los comicios venezolanos para nuestro país; es altamente probable que nos respondan: ninguna.
Por el contrario, aquellos que sí nos interesamos en estas cuestiones sabemos perfectamente el grado de vulnerabilidad en que hubiese quedado la región ante una hipotética derrota de Chávez en los recientes comicios.
Y no hablemos de cómo iba a repercutir sobre nuestra balanza comercial el brusco giro de timón que los “disfrazados socialdemócratas” -en verdad, neoliberales-  hubieren proyectado sobre la economía venezolana. Solo en el 2011 el intercambio comercial, entre ambas naciones, rondó en 1.700.000.000 dólares y se estima que este año crecerá en un 50%  más, con un persistente saldo a favor para la economía criolla. Por cierto, lo más gravoso hubiere recaído sobre las espaldas del pueblo caribeño que, al cabo de unos años, habría padecido los nocivos efectos que el neoliberalismo despliega, lenta y solapadamente, sobre los bolsillos y los hogares de millones de familias. Por suerte, ese mismo pueblo ha consagrado, definitivamente, a su líder para que siga comandando la nave venezolana.
Pero más allá de la algarabía que nos produce el contemplar la decisión de los caribeños; los argentinos, no debemos dejar pasar por alto la grotesca y mediocre actuación que los denominados “dirigentes opositores” en la Argentina han desarrollado -en carácter de “veedores” no oficiales- durante su presencia en los mentados comicios.
El proceder de la diputada Patricia “multipartidaria” Bullrich ha sido verdaderamente vergonzante. Solo a un entendimiento producto de una mediocridad extrema, se le puede ocurrir efectuar anuncios de supuestos resultados expresando “ que las encuestas a boca de urna lo dan ganador a Capriles”.
Ésta actitud en flagrante violación con lo dispuesto por la legislación venezolana que establece la prohibición de este tipo de anuncios durante el desarrollo del comicio; no solo implica una falta de respeto al orden jurídico de dicho país; sino que importa, a su vez, una enorme desconsideración hacia pueblo caribeño reproduciendo supuestos no corroborados oficialmente. Máxime si tenemos en cuenta que esas declaraciones fueron reproducidas por cable.
Estamos hablando de una diputada nacional; y es tal la mediocridad de esta legisladora que  ni siquiera es consciente de la investidura que representa. Tal vez no lo sepa, pero habría que explicarle que, lamentablemente, representa al Congreso de la Nación Argentina.  ¡¡Y después los caceroleros que la acompañan en las marchas del odio solicitan el voto calificado!! Menuda paradoja!!!
Otra diputada, Gabriela Michetti, a quien también se le atragantó el festejo, sostenía antes del resultado de los comicios: “Yo encuentro similitudes entre el Kirchnerismo y el chavismo”; es indudable que algunas simetrías hay que, por otra parte, lejos de empañar, resaltan las virtudes de ambos proyectos populares.
La más notoria es la finalidad que persigen; esto es, ambos movimientos procuran la felicidad de nuestros pueblos.
No obstante, si de similitudes se trata, nosotros podríamos encontrar una semejanza extrema “entre las propuestas de Macri y las propuestas de Rajoy”; pues, solo bastaría que su jefe político, Mauricio, se dejase la barba, ahondara un poco más en la oratoria (vacía, por supuesto) y la coincidencia sería plena.
Un párrafo aparte merecen “los periodistas independientes”. Que tres minutos antes de que el Consejo Electoral anunciara los resultados oficiales; seguían engañando a la gente con el anuncio de un “empate técnico”.
Por cierto, el técnico Magnetto, le habrá dado letra a ese cada vez más deteriorado periodista de apellido Lanata; que ni siquiera tuvo la delicadeza de comentar lo erróneo de sus afirmaciones. Ya opina de política como si jugase al Gran DT, pues, días antes de los comicios nos hablaba del eventual triunfo de Capriles, escasos minutos antes de los resultados finales nos hablo del empate; y conocido los mismos sus expresivas palabras fueron: Vamos a una pausa!!
Es maravilloso observar, como un periodista de “esta talla” habiendo viajado a Venezuela y, supuestamente, tomando contacto con la ciudadanía no pudiera percibir el ánimo generalizado de sus habitantes. ¿O será acaso que suponía que con su prédica televisiva podía modificar la realidad? Estos tipos mienten tanto que ya se creen capaces de trastocar hasta la realidad ajena.
No hablemos del resto de los miembros de “la prensa independiente” que se la pasaban anunciando el fin del chavismo. La ciudadanía habló en las urnas y Chávez obtuvo 1.300.000 votos más que el conglomerado opositor.
En fin, como vemos, los muchachos son independientes de la verdad. Pues, ahora se limitarán a seguir falseando la realidad en su propio país; pero eso sí, aquí lo harán coordinadamente con los políticos de la oposición.
Si la suerte nos acompaña, en los próximos comicios electorales ya regirá, plenamente, la nueva ley de medios; y en consecuencia, tendremos una información ajustada a la realidad. Por el momento, solo nos resta esperar y, obviamente, deleitarnos con el triunfo del compañero Hugo Chávez.

lunes, 1 de octubre de 2012

Los medios, los hechos y la historia.








“Los hombres agradecen todo, menos lo que se hace por ellos; esta deprimente conclusión nos deja el repaso minucioso de la historia”. (J. Clemente)



En alguna ocasión hemos hablado en alguno de nuestros artículos, de la concepción cíclica de la historia; concepción ésta a la que hacían referencia los griegos de la antigüedad. Si bien, nos hemos manifestado al respecto rechazando semejante hipótesis, sin con esto adherir a la concepción lineal de la misma, existen períodos que nos hacen dudar de la inexactitud de aquél antiguo parecer.
Uno de esos períodos es el que estamos comenzando a atravesar en la Argentina del presente. El enrarecido clima de odio que se viene desarrollando hoy en día en nuestro país, fogoneado por sectores minoritarios, pero de fuerte predicamento comunicacional; nos remonta a épocas que pensábamos ya superadas como consecuencia de la memoria histórica de nuestro pueblo.
Sin embargo, la realidad está desmintiendo semejante afirmación.
En uno de sus notables textos Hernández Arregui recordaba, entre otras cosas, que: “Cicerón escribió una frase tan tediosa como afortunada y vana: La historia es la maestra de la vida. A lo que Hegel, a pesar de su mente genialmente historicista, quizá, en un rapto de malhumor opuso la siguiente: Lo único que enseña la historia es que la gente jamás aprendió nada.
No es cuestión de ser tan absolutamente escéptico, pero tampoco debemos pecar de ingenuidad cuando se trata de comprender el presente.
Al fin de cuentas, si buena parte de la población fuese fiel a los hechos, no se dejaría embaucar, tan fácilmente, ni por los medios, ni por los apóstoles del neoliberalismo que son los mismos que, hace una década, llevaron al país al borde del colapso.
No es casualidad que los medios y los opositores se empeñen en desnaturalizar conceptos o -edición mediante- descontextualizar declaraciones, o poner énfasis en aquellas imágenes de nuestra presidenta que puedan resultar molesta para algunos incautos.
De esa manera se evita discutir respecto de los hechos en sí y, por añadidura, de los efectos que esos hechos despliegan, y/o desplegaron, sobre el conjunto de la sociedad.
Así los verdaderos “arquitectos del país” diseñado en el 2001, continúan hoy ofreciendo sus “gratificantes servicios” como notables matriculados. Y como tales, aparecen hoy -con el más lozano descaro- cuestionando a la presidenta desde diversos medios (en apariencia, porque, a decir verdad, es uno solo) y mostrándose no ya como una alternativa política en la Argentina. Sino como simples cuestionadores que, en forma individualizada, procuran deteriorar la imagen pública de la primer mandataria.
Obvio que, no están dispuestos a debatir sobre las cuestiones sustanciales; por el contrario, reducen su debate a los aspectos formales o centralizan su discusión sobre medidas aisladas desconectadas del contexto general en que se afirman.
Y desde luego, jamás van a echar una mirada retrospectiva; no sea cosa que, en algún momento, alguien recuerde las ruinas que impunemente nos legaron.
La facilidad al olvido de una importante franja de la población es, verdaderamente, inadmisible.     
Por ejemplo, es por demás urticante ver a Prat Gay en el programa de Julio Grondona (otro de los que, si se develara su historia personal, no podría ser sintonizado por televidente alguno) cuestionar a la Presidenta por sus expresiones en lo que calificó como “El templo del Saber”, en alusión a Harvard.
Por cierto, irradió tanto “saber” que el mundo esta  “embriagado” de felicidad con los significativos aportes al sistema financiero internacional, de muchos de los egresados del Templo. Pues, gracias a lo allí aprendido, han convertido a nuestro planeta en la antesala del paraíso. Ésto es, próximo a ingresar en él, merced a la inanición que padecerán millones de almas.
Curiosamente, en nuestro país, esos mismos adoradores del Templo y en forma conjunta con los sectores privilegiados del agro, el gran multimedio, y algunos otros sectores que se dicen “populares”, están convocando a una nueva marcha para rechazar la figura de la presidenta. Son tan democráticos que se empeñan en desestabilizar diariamente la situación institucional -aunque lo nieguen- para la consecución de sus oscuros anhelos; sin reparar, como es lógico, en el resultado electoral.
Ya sabemos que -y como lo decía el célebre don Arturo Jauretche- “los factores de poder no se hallan, en nuestra sociedad y en todo el mundo occidental, en la misma relación que los aportes electorales”.
Por eso, es de temer cuando los distintos representantes de éstos factores se unifican detrás de sus propósitos aunando esfuerzos con los mercaderes de siempre.
Su objetivo es fácil de determinar si recurrimos a la experiencia histórica. Pues pretenden, sencillamente, convertir a éste país en una republiqueta corporativa, donde los titulares de esas corporaciones digiten a través de las eventuales, y siempre predispuestas, marionetas de turno el futuro destino de millones de conciudadanos.
Nada difícil de descubrir, si acudiésemos a las enseñanzas de la historia; ya qué lo mismo aconteció cada vez que en nuestro país -al igual que en el resto de latinoamérica- un gobierno popular intentó trastocar las relaciones de poder preexistentes.
Se podrá decir que este suceso no es privativo de la Argentina. Y está claro que no lo es, ya que lo mismo acaece en Venezuela, en Ecuador, en Bolivia, es decir, en todas aquellas naciones donde la democracia posibilitó la consagración de gobiernos populares.
Por eso lo que acontece en cada uno de estos países, va más allá de sus respectivas fronteras; apunta a lograr, en última instancia, la ruptura de la alianza regional. Alianza que opera como un obstáculo para la avidez de poder de estos sectores. Vaciar de contenido los vínculos tan estrechos que ha generado el MERCOSUR es un propósito ínsito, si bien no develado, del poder mediático regional. No es casualidad, que los medios privados de nuestras naciones -y un número importante de los que no se asientan en nuestra región- despotriquen a diario contra la mayoría de los gobiernos latinoamericanos.
En nuestro país, hay una fecha crucial para asestar un categórico golpe al poder mediático local, y de esa forma poner fin a sus mentiras. Esa fecha es el 7 de diciembre; día en que, al entrar en vigor la plenitud de la nueva ley de medios, el monopolio informativo verá reducida sustancialmente su capacidad de engañar a la población.
Recién entonces, la totalidad de los argentinos podrá conocer la realidad de nuestra historia y, por ende, comprender lo que acontece en el presente. Tal vez entonces, el recuerdo pasará a formar parte, definitivamente, del patrimonio de la mayoría.