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domingo, 29 de septiembre de 2013

Macri, Solanas y el proyecto opositor










Un claro indicio de lo que podría suceder en el año 2015, si el kirchnerismo abandona la conducción de la nave del Estado, es lo que en estos días expusieron dos “destacados” dirigentes del arco opositor en las Jornadas de la Asociación Argentina de Televisión por Cable (ATVC). Ambos dirigentes, presuntamente “inconciliables” en el plano ideológico -aunque, si  uno observa sus propuestas y posturas políticas de estos últimos tiempos, tienen muchas más cosas en común de lo que imaginamos- , lanzaron la propuesta de “reformular” la actual ley de medios audiovisuales.
Cualquier ciudadano medianamente informado podría argumentar que la opinión del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, no es motivo de sorpresa debido a que, en virtud de su presunto acuerdo con los grandes medios hegemónicos, goza de una protección inusual ante las cámaras de televisión que suelen no difundir muchas de sus “medidas antipopulares”, ni  los juicios que recaen sobre su persona, ni las denuncias que pesan sobre su altamente ineficaz gestión como mandatario porteño.
Es por ello que bajo el amparo de esa “inmunidad mediática” (e ignorando que el proyecto de ley fue discutido durante largos años en distintos foros comunicacionales) sugirió en dichas jornadas que: “El país se merece un real debate de la ley de medios fuera del contexto de una pugna por el poder”. 
Lo curioso es, no solo que nos proponga debatir una ley que ya fue lo suficientemente debatida en el Congreso de la Nación; sino que además se muestre como un dirigente “imparcial” que promueve la ampliación del debate cuando, desconociendo las atribuciones del Congreso y violentando la Constitución Nacional, sancionó un decreto “ad hoc” (por no decir un mamarracho jurídico) con el propósito de beneficiar al Grupo Clarín. Lo que evidencia una clara toma de posición en favor de la concentración mediática.
Obviamente, más reprobable es la actitud de “Pino” Solanas, quien se arrogaba ser defensor de las mayorías populares y hoy nos habla de “realizar ajustes sobre la ley de medios”.  Sin aclarar por cierto, en qué consisten esos “ajustes” y porqué no los formuló en el momento oportuno; es decir, en la previa discusión parlamentaria. Al parecer, la alianza con “Carrió” selló definitivamente la posición adoptada por las huestes del  “cineasta” que ahora se ha tornado casi un panelista de los programas políticos del “gran multimedio argentino”.  
Por otro lado, un tercer candidato, Hermes Binner, según la página de ATVC  se comprometió a trabajar para cambiar la ley de medios. Ante las últimas posturas políticas del dirigente “socialista” no es complejo deducir la tendencia de esos cambios.
En cuanto a, Sergio Massa (el candidato oficial del “periodismo independiente”), no tiene necesidad de explayarse sobre este tema; pues, ya se sobreentiende su postura y por eso, quizá no haya sido necesario difundir su opinión nuevamente.  
Lo concreto es que no se requiere ser un observador minucioso para verificar las coincidentes posiciones que asumen los distintos referentes opositores en “rever” la mentada ley de medios. De ahí que no resulte descabellado suponer que, en el futuro, la intención de los dirigentes de la oposición sea “reformular” la mayoría de las leyes promulgadas por el actual gobierno.
Es sintomático, por ejemplo, que ningún opositor haya elogiado el discurso de la Presidenta en el foro de la ONU rechazando la pretendida intervención militar en Siria y responsabilizando a las grandes potencias que “abastecieron al gobierno de Siria y a los grupos rebeldes de las armas convencionales que provocaron el 99,99 % de los 150.000 muertos de los últimos dos años”.
Sus palabras configuraron una clara expresión en favor de la Paz y en procura de la democratización de semejante organismo internacional. Particularmente el Consejo de Seguridad que concentra el poder de veto en un número reducidísimo de naciones; quienes disponen en última instancia del “poder decisional” por sobre el resto de los Estados miembros.
Al parecer a nuestros “dirigentes de la oposición” poco les interesan las posturas asumidas por nuestra nación en el terreno de las relaciones internacionales. Es más, desconocen tanto el tema que solo se atreven a señalar, sin fundamento alguno por cierto (o en su defecto ocultando sus propósitos), que “Argentina está aislada del mundo”.
La fábula del aislamiento es otra de las definiciones que expresan futuras posturas. Ya que no resulta complejo inferir que, si la pertenencia al Mercosur, Unasur, nuestra alianza estratégica con Brasil, y nuestro papel protagónico en la región implican estar “aislados del mundo”; el camino inverso del “aislamiento” sería la alineación incondicional con la potencia militar más desarrollada del planeta. Algo muy similar a “las relaciones carnales” de los años noventa.
Párrafo aparte, pero que guarda relación con lo que estamos sosteniendo, merece la reciente aprobación del gobierno iraní del Memorándum de Entendimiento por la causa AMIA que tanto criticaron los miembros de la oposición (muchos de ellos funcionarios de gobiernos que demostraron poca o nula voluntad política de profundizar las investigaciones)  aun a sabiendas de la inmovilidad de la causa. Hecho éste que aconteció en simultáneo con el nuevo reclamo que, al respecto, realizaba la Presidente, Cristina Fernández de Kirchner, en el seno de la ONU.
Lo cierto es que, a pesar de “los agoreros” se abre una luz de esperanza en lo que se refiere a poner en movimiento algo que parecía definitivamente paralizado. Quien suponga que esto es poco, esta simplificando en extremo las dificultades del caso; sin embargo, si el gobierno argentino no hubiere mantenido su firme posición de querer ir un paso más en la investigación judicial este acuerdo, que ignoramos en que podrá concluir, no hubiera tenido lugar.
Por cierto, si como resultado del acuerdo en cuestión se llegase a obtener, en el futuro, algún aporte efectivo para el esclarecimiento de los hechos;  los opositores políticos y comunicacionales se encargarán de dejar en el olvido sus tenaces críticas sobre el mismo.
Precisamente, el reciente encuentro entre el presidente estadounidense, Barak Obama, y el presidente iraní, Hassan Rohani, ha dejado en silencio al arco opositor local que solo alza su voz para dejar sentado su absoluta predisposición a congraciarse con la política exterior que despliega la mayor potencia del hemisferio norte.  Y, por lo tanto,  no han salido como en otros momentos, a denunciar la aprobación de “un acuerdo deleznable” entre Argentina y lo que ellos denominaban un “Estado terrorista”.
Como podemos apreciar, y por ahora, el futuro de nuestro país sin la presencia del “kirchnerismo” es fácilmente predecible; lo que no significa, evidentemente, que sea una predicción saludable. Por suerte, el oficialismo todavía tiene mucho para dar y para reivindicar en todos estos años de gestión.  

sábado, 14 de septiembre de 2013

El violador serial, la inseguridad y la mano dura comunicacional






 







Para aquellos que sostienen que la sensación de inseguridad no es una creación mediática sino que se corresponde exactamente con la que acontece en el seno de nuestra sociedad; bueno sería que contrastaran esa línea de pensamiento con lo acaecido en el denominado caso del “violador de Villa Urquiza”.
Durante semanas el género femenino, que mora o desarrolla alguna actividad en esa localidad capitalina, estuvo atemorizado por la existencia de un presunto violador serial que atacaba a sus víctimas bajo la misma modalidad operativa. La misma consistía fundamentalmente -conforme a lo que sostenían “los medios informativos”- en ingresar en aquellos comercios de la zona como un supuesto cliente más y a la espera de ser atendido por la dueña u empleada del lugar. Para esto, y siguiendo el relato televisivo, el hombre se aseguraba, a través de una minuciosa observación, que quien atendía el establecimiento comercial se encontrase sin compañía alguna. Posteriormente, procedía a consumar su deleznable propósito para luego darse a la fuga.  Es interesante observar la nota reproducida en el diario La Nación del 30 de Agosto del corriente año donde se sostiene lo siguiente:
En junio, en un local ubicado sobre la avenida Triunvirato, un hombre de tez blanca, de 1,70, pelo corto gris peinado hacia un costado y bien vestido, ingresó y conversó amablemente con la única empleada presente. Era el mediodía de un día de semana. Hizo varias consultas e incluso habló largamente de su familia. Luego se retiró, volvió a los 20 minutos armado y abusó de la joven en la parte de atrás del comercio, relató a LA NACION la tía de la víctima. Sin embargo, ese no fue el único caso. Un hombre con idénticas características atacó el jueves de la semana pasada a una mujer en otro comercio, ubicado a sólo 40 metros del anterior. Mismo modus operandi. A plena luz del día entró al comercio, se aseguró de que la empleada se encontrara sola, cercioró que no haya demasiado movimiento en la cuadra y atacó. Desde entonces, el comercio se encuentra cerrado.
Como se puede extraer de la nota hay una denuncia realizada y otra “no declarada” sin identificar a la presunta víctima, y donde tampoco se hace mención de cómo se accedió a esa información (imaginamos que a través de un anónimo), atendiendo al hecho de que la mujer ultrajada no quiso efectuar la correspondiente denuncia. Lo cierto es que, cuando menos corresponde no dar absoluta verosimilitud a hechos no denunciados por la víctima u damnificado. Sin embargo, la nota en cuestión se tituló “Preocupación en Villa Urquiza por un violador serial”.
La sensación de zozobra y de temor que se vivió en la zona, solo se vio atenuada con la "captura" del presunto violador. Hecho que, en apariencia, ocurrió el 1 de setiembre en un boliche ubicado en Av. Córdoba al 4000 cuando una mujer, a la que supuestamente intentó atacar dentro de un cajero automático instalado en Villa Urquiza, alcanzó a identificarlo.
Lo cierto, es que el detenido y condenado mediáticamente no resulto ser el mentado violador. Por el contrario, el juez de instrucción, Ricardo Farías, ordenó su inmediata liberación por ausencia de pruebas que lo relacionaran con el hecho delictivo. Pues, ni el ADN, ni las huellas dactilares, ni los elementos sustraídos en el allanamiento realizado en su vivienda, coincidieron con los hechos descriptos en la causa. Ni siquiera se lo identificó en la rueda de reconocimiento por las eventuales víctimas; donde, inclusive,  la misma mujer que provocó su detención no pudo individualizarlo.
No obstante,  el detenido que, entre otras cosas se hallaba de licencia laboral por padecer problemas psicológicos -que probablemente se agravarán luego de vivir esta odisea-, se vio inculpado públicamente y expuesto a través de los medios masivos quienes de antemano lo condenaron sin sentencia judicial de por medio. Para peor el mismo secretario de Seguridad de la Nación, se encargó de resaltar que el detenido era la persona que “estábamos buscando”.
Este hecho pone de manifiesto, por un lado, el estado de desprotección en que se encuentra cualquier persona a padecer los efectos nocivos de un periodismo irresponsable que, sin reparar en las garantías individuales y, bajo “el fundamentalismo del rating” procura captar la atención del público televidente; mientras que por el otro, promueven una suerte de “paranoia de inseguridad” a los efectos de generar una sensación sobredimensionada del proceder delictivo en la Argentina.
Nadie es tan necio como para negar que los delitos existen y es un problema que aqueja a todas las ciudades del mundo; sin embargo una cosa es “lo real” y otra “lo aparente” o "la sensación de inseguridad" que se transmite mediáticamente. Lo que no se circunscribe estrictamente al fenómeno en cuestión; sino que por el contrario, motoriza a la vez el desarrollo de “ideas” erróneas que siempre culminan en el discurso de la “demagogia punitiva”. Creando la ilusión de que el problema de la seguridad (entendida ésta en su concepción más restringida) se resuelve con un aumento de las penas establecidas en el código penal y/o bajando la edad de imputabilidad de los menores o siendo más laxos con el proceder de las fuerzas de seguridad.
Es notable observar como a lo largo de décadas “el discurso de mano” dura se continúa invocando a pesar de haber dado muestras más que suficientes de ser absolutamente estéril. No hay correspondencia entre la mano dura y la disminución de los delitos en una sociedad. Sin embargo podríamos decir que es un mito que suena agradable a los oídos de una significativa franja de la ciudadanía que al escucharlo, y con el acompañamiento y refuerzo del “coro mediático”, supone que semejante recurso es la solución aplicable.
Tanto incide este discurso en la sociedad que hasta aquellos dirigentes políticos conocedores del tema, en no pocas ocasiones, aceptan, o consienten con su silencio, esta falsa línea argumental para congraciarse con la creencia generalizada  -fomentada desde los medios- de un vasto sector de la ciudadanía.
Como vemos, el tema de la seguridad es un buen latiguillo utilizado por los medios para condicionar las posturas de los dirigentes políticos en períodos electorales y, paralelamente, para violentar las garantías individuales, entre ellas el derecho a la intimidad, como aconteció con el presunto “violador de Villa Urquiza”.
Un síntoma que demuestra a las claras como predomina la sensación por sobre “la realidad”, es el hecho de que una vez detenido “el supuesto violador”, los vecinos de Villa Urquiza entrevistados por los medios expresaban su “retorno a la tranquilidad”. Bastó que esa información se diera a la luz para que la zozobra desapareciera.
Paradójicamente, “lo real” era que el auténtico violador, y conforme a la investigación judicial, no había sido capturado; sin embargo, la calma se adueño de la zona.
¿Quién podría entonces negar la incidencia de los medios en “las sensaciones colectivas”?
Obviamente, "los creadores de sensaciones" ya que con ello disponen de un arma sumamente eficaz para coronar sus oscuros propósitos.

jueves, 5 de septiembre de 2013

El círculo rojo, los diagnosticadores patológicos y el incierto futuro










Extraño fenómeno ha generado el resultado de las primarias (PASO) en la Argentina, como consecuencia de ello una franja importante de los candidatos opositores no solo se encuentran eufóricos por lo que consideran la irreversibilidad de los cómputos en las elecciones legislativas de octubre; sino que a la vez ya se están disputando “la banda presidencial”, que conforme al cronograma electoral tendrá lugar recién dentro de dos años.
Es obvio que si uno analiza, prima facie, la cuestión numérica de lo que sucedió en las PASO,  la euforia opositora parece, cuando menos, excesivamente sobredimensionada; máxime atendiendo a que no hubo un sector que se destacara como predominantemente hegemónico en los comicios de referencia. A tal punto que el propio oficialismo termino convirtiéndose en la primera minoría.
Sin embargo, el grueso de la oposición parece estar dispuesta a “mirar pero no ver” ese, no tan pequeño, detalle. Por el contrario, ya dan por sentado lo que ellos denominan “el agotamiento del ciclo kirchnerista” y el surgimiento de “una nueva forma de hacer política” que, en los hechos, nada tiene de nuevo y mucho de viejo, ya que es una reminiscencia absoluta de los postulados neoliberales que en la década del 90 se presentaba a la sociedad bajo el ropaje de “la modernidad”.
Lo cierto es que los portadores de “lo nuevo, nos referimos  por un lado al “macrismo” y por el otro al “massismo” ya se están tironeando, evidentemente con mucha anticipación,  para ver quien ocupa “la pole position” en las elecciones presidenciales del 2015.
Y es, precisamente, en el marco de ese “tironeo” como salen a relucir aquellas cuestiones que en algún momento los medios no hegemónicos informaron oportunamente y “los medios dominantes” se encargaron de ocultar. Nos referimos a las reuniones secretas que el titular de Clarín (Magneto) mantenía con los dirigentes opositores a los efectos de aunar esfuerzos y unificar criterios para confrontar con el kirchnerismo.
No por casualidad el conglomerado opositor alzó la voz al unísono en rechazo a la democrática ley de medios; contando para ello con toda la estructura mediática que el Grupo Clarín supo poner a disposición de los más enconados opositores. De esta manera, y a cambio de promocionarse, el gran multimedios se encontró con un sinnúmero de voluntades dispuestas a “cuestionar” la ley de medios; algunas de esas voluntades hasta fueron capaces de emitir un decreto (sin el más mínimo sustento legal) para proteger la integridad patrimonial del Grupo. Es dable destacar que, prácticamente todos (los miembros de la oposición) estaban dispuestos a mostrarse públicamente como los defensores incondicionales del monopolio comunicacional; especulando que a futuro el Grupo “apadrinase” su candidatura y los promoviese a través de los distintos canales de su red televisiva, radial y de prensa escrita.
Sin embargo, la bendición recayó sobre el intendente de Tigre, por la simple razón que los otros candidatos no despuntaban con muchas posibilidades de salir airosos.
Hasta ahí la cosa se desarrollaba por los carriles de la “normalidad”, el problema es que luego de realizadas las primarias, el Intendente de Tigre se sintió con firmes posibilidades de aspirar a la presidencia de la república; lo que molestó por demás al jefe del PRO (Macri) quien se arrogaba ser el candidato natural para ocupar semejante puesto en el 2015.  Convengamos que no es lo mismo aspirar a la presidencia y contar con el apoyo absoluto del gran multimedios argentino, que contar con un apoyo fragmentado.
Es por ello que recientemente, el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri en una entrevista realizada por el diario Perfil, reveló  (quizá, dando rienda suelta a su enojo) que “un grupo de personas del hacer y del pensar” a los que identificó como “el Círculo Rojo” lo impulsaron a unirse con Sergio Massa. 
Magro futuro el de nuestro país con “dirigentes” de estas características; si siendo simplemente candidatos  ya aceptan esta clase de presiones; no es muy difícil imaginar quien gobernaría de llegar ellos a la presidencia.
No obstante, y como para atenuar sus dichos, el líder del PRO, ahora salió a manifestar que se refería a “una minoría que está sumamente politizada”. Lo cierto es que, en la entrevista en cuestión, cuando el cronista le preguntó si entre los que integraban el enigmático “Círculo Rojo” se hallaba Clarín; el jefe de gobierno porteño sin negarlo, solo atinó a decir: “no lo personalizaría en alguien”.
Como vemos las primarias no solo sirvieron para poner eufóricos a los representantes políticos del establishment; sino también para sacar “algunos trapitos” al sol.
Sin embargo, ahí no se agotan los efectos de las primarias, pues, parece ser que las mismas han desatado una suerte de efecto expansivo; ya que además han dado lugar a la aparición de diagnosticadores a distancia de la salud de la presidenta.
El primero de ellos fue el periodista del Grupo Clarín, Nelson Castro, que haciendo gala de su condición de médico le atribuyó a la Presidenta “el síndrome de Hubris”, una “patología” no reconocida por la Organización Mundial de la Salud y que, supuestamente, “hace perder la perspectiva de la realidad” pero solo en aquellos que se encuentran “en el ejercicio del poder”.  Eso sí, solo es pasible de afectar a aquellos mandatarios que encuadran dentro de lo que cientistas políticos liberales (y obviamente, el poder mediático) caracterizan como “gobiernos populistas”.
A decir verdad, la gran mayoría de los especialistas en psiquiatría y psicoanálisis salieron a cuestionar duramente “las fantasías” de Castro y su temerario diagnóstico ha quedado lejos de conservar algún signo de veracidad y mucho de ridiculez. Sin embargo, no conforme con eso, apareció un flamante “discípulo de Castro” que  -aun reconociendo su ignorancia en el tema: “entiendo muy poco de medicina”- se atrevió a diagnosticar que” la Presidenta Cristina Fernández  tiene problemas psicológicos”. Augurando luego que, “tendrá un final de gestión muy malo si no hay cambios”.
 Un desentendido de la política local podría preguntarse si se refiere a un cambio de terapeuta o a un cambio de rumbo político.
Pero quienes estamos inmersos en la realidad cotidiana de nuestro país; sabemos perfectamente de que se tratan estos cuestionamientos. Pues, los resultados de las primarias han aportado un mínimo de “oxigeno” a quienes pretenden retrotraer  la Argentina a los tiempos del neoliberalismo, y que mejor que procurar la desestabilización de un gobierno que ha demostrado que las políticas del libre mercado conducen inexorablemente  al empobrecimiento generalizado. 
No es solo cuestión de que Cristina Fernández de Kirchner se retire sencillamente a su casa después de finalizado su mandato; de lo que se trata es de dejar una “mala impronta” del actual  gobierno a los efectos de que en el futuro nadie se atreva a invocarlo como la contracara del modelo que ellos proponen, es decir, “el modelo neoliberal”.
En consecuencia, no es descabellado pensar que quieren dejar una imagen traumática del actual gobierno; salvando las distancias, como la que dejaron de la gestión alfonsinista en su momento. Una manera también de dejar sentado a los eventuales sucesores de quien manda en este país.
Claro que con los candidatos que se perfilan, al menos por el momento, el establishment vernáculo no tiene necesidad de condicionarlos de antemano.  
En términos sencillos, su función será  “desandar lo andado” para poder volver a instalar un modelo como el de los noventa que se sostuvo a través del engaño y del control mediático de la información.
No es, por lo tanto, fruto de la casualidad que quieran mancillar la figura de la Presidenta atribuyéndole “deficiencias psíquicas”, que brinden el sustento necesario para una futura destitución. Lo que al parecer no tienen en cuenta, es que no estamos en 1989 sino en el 2013; ni Cristina Fernández de Kirchner es, obviamente, Raúl Alfonsín.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Una decisión que condiciona el futuro del país










Luego de finalizadas las audiencias convocadas por la Corte, previo a la decisión de su sentencia respecto a la constitucionalidad de la ley de medios audiovisuales; no son pocos los argentinos que estamos a la espera del respectivo fallo.
Algunos entendimos que el procedimiento requerido por los supremos, en referencia a los “amicus curiae”, tenía por objeto dilatar, un poco más en el tiempo, la materialización del fallo en cuestión. Por cierto que no se encontraban indicios para semejante resolución ya que, a todas luces, la ley no presenta vestigios de inconstitucionalidad.
Sin embargo, aun así en los pasillos tribunalescos, y previo a las audiencias, se comentaba que las opiniones entre los miembros, de nuestro órgano judicial más importante, estaban divididas. Aspiramos a creer que, para la mayoría de los cortesanos,  luego de las presentaciones realizadas por los supuestos ajenos al litigio (amicus curiae) y por los representantes de las partes, quedó francamente evidenciado quienes defendían la libertad de expresión – y por cierto, el derecho a la información- y quienes defendían la libertad de empresa, bajo la égida de la libertad de mercado. No obstante, nuestra aspiración no deja de ser un anhelo y solo se verá corporizada, o no, mediante la decisión del máximo tribunal.
Entre tanto, es importante observar como la estrategia discursiva desarrollada por el monopolio comunicacional, a partir de la sanción en el Congreso de la mentada ley (ley 26522), logró instalar una “visión prejuiciosa”  ante determinados sectores de la opinión pública. Primero, acusando al gobierno de querer “silenciar las voces opositoras” con la nueva ley de servicios audiovisuales. Claro que las supuestas “voces opositoras” todas respondían -y responden aun- al mismo jefe; lo que en verdad suprimiría el uso del plural para hablar estrictamente de “voz opositora”. Y esto independientemente de haberse sumado con posterioridad otros aliados circunstanciales (por ejemplo: La Nación y Perfil) que, mantienen estrechos vínculos ideológicos y comerciales con el Grupo Clarín.  
Lo cierto es que se encargaron, a través de su enorme poderío audiovisual y de prensa escrita de hacer creer que la nueva norma era un atentado a “la libertad de expresión”.  Con el transcurso de los días y al amparo de la resistencia ofrecida por algunos jueces de instancias menores -que tranquilamente podían haber oficiado de amicus del Grupo si no fuese porque están vedados de hacerlo- se fue recrudeciendo la crítica (en muchos casos infundada) del multimedios hacia el gobierno y las respuestas de éste en “legítima defensa” contra el más grande concentrador mediático de nuestro país.   
 De ese modo, se fue configurando la falsa idea de que el conflicto surgía de un choque de intereses entre el gobierno y el Grupo Clarín; soslayando que lo que está en discusión, y en peligro para nuestra sociedad, es “el derecho a la libre información de la ciudadanía”.
La democratización de la información es necesaria para garantizar la veracidad de las noticias. Si se reduce esta cuestión a una mera disputa entre partes, estamos poniendo en riesgo quizá uno de los derechos más significativos de nuestra era: el derecho a una información veraz.  Bien señalaba Gracián: “hombre sin noticias, mundo a oscuras”; de ahí que se torna excesivamente peligroso dejar la información concentrada en pocas manos; máxime cuando esas manos solo procuran “hacer negocios”.
Si se permite la existencia de monopolios de esta naturaleza, estamos posibilitando que a futuro los ciudadanos de éste país lleguen a vivir en un mundo ficticio creado por el poder comunicacional, donde ya no se trataría solo de una mutilación a la libertad de expresión; sino de condicionar definitivamente la propia libertad individual. Casi a la manera de Truman Burbank , el protagonista (Jim Carrey) de la conocida película “The Truman Show”.
De ese modo el porvenir estaría en manos de los poseedores de los medios y solo de su “buena voluntad” dependería la veracidad de la información. La experiencia nos demuestra, al menos en el caso argentino, que no ha sido la buena voluntad lo que caracterizó al proceder de los monopolios locales; sino su avidez mercantil. 
En fin, la decisión ahora depende de siete magistrados; son ellos quienes pueden inclinar “la balanza de la historia” en un sentido u otro.
 Claro que los supremos pueden ofrecer soluciones intermedias que traten de “compatibilizar intereses” en una cuestión donde a decir verdad, y por lo que está en juego, no hay nada que compatibilizar.
Lo peor que puede hacer la Corte es  tratar este litigio como una cuestión entre partes; procurando  hallar el “justo medio”, cuando en esta cuestión no hay medio que pueda asignarse la calidad de justo. 
Por el momento, seguiremos en la incertidumbre y solo nos resta esperar como dice la vieja y no siempre certera frase tribunalicia: “que los jueces hablen a través de su sentencia”. Esperemos que, en esta ocasión, los jueces “hablen” tomando como valor absoluto la libertad y no precisamente la de mercado.