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lunes, 21 de mayo de 2012

Neutralidad y Status Quo



            










En los últimos días, en las pantallas de televisión se ha dado una suerte de discusión en torno a la denominada “neutralidad” que algunos representantes del mundo actoral o periodístico suelen adoptar en la disputa que se viene llevando a cabo entre el gobierno nacional y la más grande corporación mediática (Clarín) del país. Obviamente, quienes aducen no poseer simpatías ni por un bando, ni por el otro; manifiestan, con cierta jactancia, adoptar una posición “imparcial” respecto de la disputa. Asignándole a esa postura equidistante un valor en sí mismo como si se tratase de una expresión de mesura, ajena a la generación de disputas antagónicas, y portadora de un supuesto equilibrio que, al estar despojado de consideraciones ideológicas, permitiría apreciar la realidad en su justa dimensión. 
“Yo lo puedo decir porque no estoy con uno, ni con el otro”, es la premisa mayor a la cual recurren los autodenominados neutrales. Como si bastáse carecer de simpatías o vínculo alguno (sea éste económico, axiológico, político, de parentesco, laboral, etc.) para arrogarse la calidad de arbitro imparcial en una disputa entre distintas partes.
En el terreno jurídico, no existen dudas que la imparcialidad de los jueces es condición necesaria para intervenir en un litigio; pero es dable destacar que, en un conflicto legal el juez interviniente se aboca a un estudio minucioso de los hechos acaecidos, intenta desenmarañar el móvil que determino la conducta de los involucrados, indaga sobre las distintos elementos probatorios que se presentan en la causa, presta oídos a las distintas partes en pugna y luego de verificar y contrastar los hechos con las disposiciones legales vigentes emite la sentencia respectiva.
No es este, precisamente, el proceder de los denominados “jueces de opinión” que vierten lo que “piensan” sobre un conflicto sin reparar en los orígenes de la disputa, los intereses en pugna, la legitimidad para actuar; o como en esta ocasión, si existe (o no) abuso de posición dominante, si se utiliza la cadena de medios para manipular o distorsionar el contenido de la información, etc., etc. Es decir, emiten un parecer sin ahondar en las circunstancias del caso; como si el individuo estuviera facultado para captar, a simple vista, la realidad de manera directa e inmediata.
Ya los antiguos pensadores griegos quinientos siglos antes de Cristo establecían una persistente distinción entre el camino de la verdad y el camino de la creencia u opinión. Pues, éste último no requiere de esfuerzo cognitivo alguno, ni si quiera exige conocer las causas que configuran el entramado de un conflicto; solo se transita vertiendo opiniones ligeras que -con escaso o nulo fundamento reflexivo- podemos exteriorizar desde una visión simplificada de la realidad.
Por supuesto, no faltan aquellos que suponen, que si a una mera opinión le añadimos el calificativo de “neutral” es como si se cerrase el círculo de “la veracidad”. Sin embargo, contrariamente a lo que se cree, nada más lejos de ella.
Tal vez en algo tenía razón Oscar Wilde cuando afirmaba: “Solo se puede dar una opinión imparcial respecto de las cosas que no nos interesan. Por eso las opiniones imparciales carecen de valor”.
Es preciso reconocer que, la neutralidad absoluta solo existe en el terreno de las abstracciones; ni aun aquellos que decidieron transitar “el camino de la verdad” están exentos de incurrir en apreciaciones subjetivas. Nuestra experiencia de vida, nuestra formación, nuestros valores o disvalores, nuestras creencias, nuestra cultura y hasta nuestro lenguaje, inciden en la manera de ver las cosas. Es decir, exigir absoluta objetividad a un Sujeto, es como exigirle un mínimo de reflexión a un Objeto. De ahí que jamás podríamos ser absolutamente neutrales u objetivos; solo quienes carecen de historia podrían asumir esa condición. Y, sin lugar a dudas, los humanos somos sujetos históricos.
A propósito de historia veamos, suscintamente, como se origina la disputa Gobierno vs Clarín. Esta confrontación tuvo lugar a partir de que el gobierno adoptara medidas que atentaban contra el nivel de ingresos del multimedios; que abusando de su posición dominante monopolizaba -y en cierto modo, aun lo sigue haciendo- el mercado de la información política y deportiva.
Tal era el dominio absoluto que este grupo económico poseía sobre la información -y por ende, sobre “los informados”- que los gobiernos, que le precedieron a Néstor kirchner, una vez que accedían al poder político se sentaban con los directivos de la empresa (Clarín) a negociar no solo la millonaria pauta publicitaria oficial; sino a consensuar que beneficios habrían de otorgarle para que el multimedio no comenzará desde sus emisoras de TV, radios y periódicos a "difamar" al gobierno de turno y debilitarlo en el ejercicio de sus funciones. Esto posibilitó que el "Grupo" en cuestión creciera vertiginosamente con el correr de los años y la capacidad de desarrollo se vio promovida por su "poder (des)informativo". Concretamente, al monopolizar la información condicionaban la manera “de ver las cosas” por parte de la opinión pública generando -y esto más allá de los aciertos o ineptitudes de los respectivos gobiernos-, segun se acordase, una posición a favor  o contraria a los gobernantes de turno si éstos accedían, o no, a satisfacer su voracidad mercantil. Nadie desconoce aquel viejo enunciado de hierro: "Ningún gobierno resiste tres tapas adversas de Clarín".
Así el Grupo fue creciendo sistemáticamente con el correr de los años, hasta llegar a constituirse en un imperio mediático con inversiones en diferentes áreas de la estructura económica. 
Con la llegada de Néstor Kirchner al poder tuvieron una primera etapa de ausencia de conflictos; más, posteriormente, con la decisión gubernamental (durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner) de sancionar una nueva “ley de medios” de contenido esencialmente democrático y de establecer la programación masiva y gratuita de “Fútbol para todos” comenzaron las acérrimas disputas. Y era lógico preverlo, esta última decisión le arrancó al multimedio un multimillonario negocio que condenaba a los mas pobres a no poder ver los partidos de fútbol en directo sino estaban asociados a una señal de cable (Cablevisión) que requería el pago de un abono mensual, más un plus por cada partido que se decodificaba. Posteriormente, otra justa decisión del gobierno exasperó aún más los ánimos del Grupo Clarín; concretamente la de investigar "las irregularidades" bajo las cuales se hizo la venta de Papel Prensa durante la dictadura militar.
Claro que, en esa oportunidad no estuvo solo en la denominada "apropiación" de la empresa; por el contrario, fue acompañado por otros significativos socios del mundo comunicacional. Entre ellos los representantes de un centenario periódico argentino “La Nación”, que históricamente ha sido el vocero más enfático del establishment agro-financiero de nuestro país.
Lo cierto es que, en el marco de éste contexto donde la Corporación Mediática monopolizaba la información y ejercía el control del pensamiento ciudadano a través de “la opinión publicada”, condicionando de esa manera a los distintos gobernantes; se dio esta disputa merced a que un gobierno democrático osó, por primera vez en décadas, recortarle el poder a quienes se arrogaban, hasta hace muy poco, de ser “los dueños del país”.
Y aquí viene la pregunta de rigor: ¿Se puede ser “neutral” conociendo estas circunstancias? ¿Acaso la supuesta “neutralidad” no implica una toma de posición por el estado de cosas dado?
Ante una confrontación de estas características donde una Corporación privada se arroga la facultad de desobedecer a un gobierno, de intentar dañarlo recurrentemente con información falsa o distorsionada, de atribuirse estar por encima de los poderes preestablecidos en nuestra Constitución: ¿Se puede ser neutral? Creo, y más allá de la buena fe que puede motivar a quienes deciden no comprometerse en la disputa, el asumir una posición de “neutralidad” equivale a estar a favor del poder corporativo; lo que en última instancia, es estar a favor de la desnaturalización de la democracia.
Por otra parte, si ante una injusticia somos neutrales, nos guste o no, estamos reafirmando la inequidad. Si ante quienes quieren retrotraer la situación del país al momento en que el Poder Mediático manejaba a piacere  los destinos de la nación, manteniendo cautiva a la población con su monopolio informativo, nosotros optamos por permanecer ajenos a la cuestión: ¿Podemos considerarnos auténticamente neutrales?
Evidentemente no. La neutralidad en este caso sería estar a favor del Status Quo; o peor aun, estar del lado de quienes se sienten los dueños del país. Por ende, en esta ocasión no hay lugar para "la neutralidad".       

domingo, 13 de mayo de 2012

Slogan vs Intelligenza





 






"Gli uomini giudicano generalmente piu ad occhio che per l'intelligenza. Tutti possono vedere, ma pochi capiscono quello que vedono". (1)  Maquiavelo

Evidentemente la certera expresión, del destacado pensador italiano, carece de limitaciones temporales; por el contrario, es aplicable a todos los tiempos. Por otra parte, si los sentidos (en este caso específico, el visual) no condicionaran nuestra manera de ver las cosas y la "percepción de la realidad" fuese exclusivamente racional, seríamos cualquier cosa menos humanos. Alguno podrá decir que, en ese supuesto, seríamos: seres superiores. Tal vez, aunque el maestro Francisco de Goya nos advirtió, oportunamente, en una de sus memorables obras sobre las consecuencias indeseables del predominio absoluto de la razón(2).
Ahora bien, no solo los sentidos suelen ser un condicionante para la captación de la realidad tal cual es; sino que también existen los denominados condicionamientos (prejuicios) culturales. Es ilustrativo aquel ejemplo que indagaba respecto del "color de la cebra". Y donde un habitante de determinada región del continente africano sostenía que la cebra era un animal negro de rayas blancas; y un oriundo de nuestro continente afirmaba lo contrario, es decir, un animal blanco de rayas negras.
Lo cierto es que más allá de las disputa estéril en torno a la cuestión del "color de la cebra"; los prejuicios culturales son un verdadero obstáculo para la comprensión de la realidad mundana. 
Claro que, en no pocas ocasiones, muchos de estos prejuicios son creados artificialmente con el deliberado propósito de influir directamente sobre "el modo de pensar" de las personas. Uno de los mecanismos más recurrentes en nuestra era para lograr instalar "prejuicios culturales" en forma masiva, ha sido la utilización de los eslóganes (del inglés slogan).
El slogan o lema (sea éste publicitario o político) no es una expresión neutra a los oídos o a los ojos de las personas; si así fuere no tendría razón de ser su utilización. Sin embargo, contrariamente a lo que se cree, al ser una expresión repetitiva de una idea, termina siendo internalizada -muchas veces inconscientemente- por aquellos que olvidan someter el mensaje al filtro de la inteligencia. Ya que el propósito del slogan (al menos en términos políticos) es "revelarnos una verdad".   
Y la verdad, siempre que es revelada; no requiere del esfuerzo de buscarla, de la exigencia de hallarla. Pues, al fin de cuentas para que hacerlo, si alguien me la esta señalando. El problema radica en que quien la señale puede estar equivocado; o peor aun, no siempre obre de buena fe. Y, en consecuencia, estemos referenciando una "verdad" que no es tal.
Una clara muestra del proceder de mala fe la encontramos en la actitud asumida por los grandes corporaciones mediáticas que no reparan en distorsionar la información u ocultar la realidad a los efectos de preservar el orden económico establecido y, dentro de éste, sus mezquinos intereses. En cierto aspecto, los títulos de las notas de los grandes diarios, hoy en día, se asemejan mucho a los lemas publicitarios cuyo único propósito consiste en lograr determinados efectos sobre la representación de la realidad que puedan hacerse sus respectivos lectores.
Durante los últimos tiempos los grandes fabricantes de sloganes políticos han sido los neoliberales  quienes obtuvieron, mediante el empleo de los mismos, excelentes resultados en lo que a la instalación de prejuicios culturales se refiere.
Basta recordar algunos de sus tradicionales productos: "Achicar el Estado es agrandar la Nación", "Romper con el FMI es condenarnos a quedar fuera del mundo", "El Estado es sinónimo de ineficiencia", etc.,etc. Lo cierto es que cada una de estos lemas encerraba una gran mentira que, al ser repetida incesantemente, terminó haciendo creer a la ciudadanía que detrás de esas expresiones había un componente de veracidad.
Hoy en día su producción es mucho más limitada no solo porque padecen de una menor "capacidad creativa" resultante de la mediocridad de sus dirigentes; sino porque la inteligencia ciudadana contrastó aquellas expresiones con la experiencia vivida y, de ese modo, confirmó las falacias que encerraban cada una de ellas. No obstante, es dable reconocerles su (interesada, por cierto) perseverancia; ya que aun insisten en la reiteración de expresiones falaces.
Basta escuchar a uno de sus referentes, Mauricio Macri, anunciando que "Estamos aislados del mundo" o que "Hemos instalado la inseguridad jurídica en nuestro país" y, por ende, "no vendrán capitales externos a invertir a la Argentina". Y desde luego,  mucho menos después de haber impulsado, el gobierno nacional, la expropiación de YPF.
Al respecto es dable tener en cuenta ésta última falacia. Pues, durante muchos años se nos mencionó que la llegada de inversores extranjeros promovería el desarrollo económico del país. Lo cierto es que no fue así, y con esto no estamos negando la importancia de que lleguen inversiones extranjeras a nuestra nación. Lo malo es que arribaron al país sin restricciones de ninguna naturaleza y ya sabemos que cuando al capital no se lo regula, ni se lo limita en su accionar, sus efectos terminan siendo devastadores. Al igual de lo que acontece con la Naturaleza, terminaron devastando la economía de nuestro país. Recordemos algunas de las empresas en manos del sector privado extranjero y a donde nos condujeron: Aguas Argentinas, Repsol, Aerolíneas Argentinas, por citar solo algunas.
Por otro lado, y más allá de la simplicidad embaucadora de determinadas frases o lemas,  hay que destacar que una visión fragmentada de la realidad termina ocultando la realidad misma.  Ya que confundir la parte con el todo nos conduce inexorablemente a realizar interpretaciones erróneas. Bien lo señalaba el magnánimo Hegel cuando sostenía que "La verdad está en la totalidad".
Un caso extremadamente ilustrativo de lo que estamos manifestando es la nota publicada por Alfredo Zaiat titulada "Inversiones Extranjeras" del día 12/05/2012 en Pagina 12. Allí se publica un informe de la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) donde se muestra que la inversion extranjera directa (IED) en la región, durante el año 2011, se incrementó en un 30% con relación al año anterior. Ese 30% representa la cifra de 153.448 millones de dólares para la zona en cuestión, de los cuales solo 7.243 millones recalaron en nuestro pais.
Como bien lo señala el concienzudo periodista la cifra puede resultar irrelevante a los ojos de un simple observador y, por ello, los periódicos tradicionales se forzaron por resaltarla. Ahora bien, si se analiza a su vez otros documentos cepalinos referidos a la inversión extranjera se podrá apreciar que las mismas se enderezaron a la extracción y procesamiento de recursos naturales lo que no redundo en mayores beneficios para las economías que recibieron la tan mentada inversión. Es decir que, no fueron de mucha utilidad para desarrollar sectores estratégicos, modernizar la estructura productiva, aportar mayor conocimiento o expandir y mejorar la calidad del empleo.
En cambio, si fueron de utilidad las ganancias obtenidas por esos inversores extranjeros para sus casas matrices; ya que repatriaron utilidades por sumas cada vez más crecientes. Las estadísticas de la región hablan por si solas: de 20.000 millones que repatriaron en el año 2003, pasaron a 93.000 millones en el 2008.
Como vemos, el flujo de capitales externos puede ser bueno si ingresa en justa medida y bajo ciertas normas regulatorias que lo conminen a reinvertir en el país; de lo contrario, puede ocasionar serias perturbaciones a futuro en lo que a disponibilidad de divisas se refiere. Y ya sabemos que la carencia de divisas, para cualquier economía nacional, genera una serie de trastornos sobre la estructura económica que redundan perniciosamente sobre el conjunto de la población. Si a esto le añadimos que la inversión extranjera directa a la que la Cepal hace referencia se caracterizó por:  el escaso aporte realizado, hasta el momento, en innovación y transformación tecnológica; sería bueno pensar que el criterio de "seguridad jurídica" no debe sustentarse solo atendiendo las necesidades de "los inversores". Por el contrario,  debe tener como referencia ineludible el crecimiento de nuestra economía y el bienestar general de los argentinos. De ahi que debemos precavernos de las intenciones ocultas de los fabricantes de slogan; ya que la única "seguridad jurídica" que debemos ponderar es aquella que garantiza la felicidad y el desarrollo de nuestro pueblo.



(1) En general los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia. Pues, todos pueden ver pero pocos comprender lo que ven.
(2) El sueño de la razón produce monstruos.