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domingo, 12 de diciembre de 2010

Pensamiento colonial, xenofobia y Villa Soldati



                                                                          




Siempre recuerdo con afecto una anécdota pedagógica que el propio Arturo Jauretche comentaba en uno de sus imprescindibles –para todos aquellos que quieran comprender la historia argentina- libros. La narración en cuestión se desarrolló por el año 1945, si mal no recuerdo, y lo tenía como protagonista al mismísimo Don Arturo, ya que se trataba de una conferencia que brindaba en un cine-teatro de barrio en la localidad de Avellaneda. 
Al parecer, los asientos del teatro Roma –así se llamaba el mentado lugar- habían quedado exiguos por la cantidad de público asistente; lo cierto es que el Dr. Jauretche comenzó a disertar, como de costumbre, sobre el pensamiento nacional; e inició su charla sugiriéndole al auditorio, allí presente, que se imagine un mapa del mundo.
Los asistentes a la conferencia se sorprendieron, en lo inmediato, ante tamaña solicitud; más luego, y satisfaciendo el pedido del disertante, esbozaron la idea tradicional del planisferio, esa figura cartográfica realizada por los europeos donde nuestro país aparece ubicado al sur del Viejo Continente.
Obviamente, las respuestas fueron coincidentemente unánimes, todos describían el mismo “dibujo del mapamundi”.
Ante este hecho el sabio de Don Arturo respondió: “Eso es lo que yo llamo mentes colonizadas!!”.
Cuanta razón y cuanta simpleza para explicar lo obvio!!
Nadie se atrevió a pensar, asi fuere imaginariamente, un modelo de planisferío donde nuestro continente ocupáse el centro cartográfico!!
Jauretche es uno de esos maestros que uno no pudo conocer por una cuestión cronológica; pero que no puede dejar de “enamorarse de esa brillantez intelectual” que, forjada bajo el emblema nacional, destilan todos y cada uno de sus textos.
Por cierto, pensar “la realidad” con criterios nacionales, no es lo que prevalece -muy especialmente, en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires- en la argentina cotidiana; por el contrario, basta observar cual ha sido el pensamiento predominante a lo largo de los escasos dos siglos de vida de nuestra nación para constatar que lo “antinacional”, ya sea en forma ostensible o encubierta, ha sido lo prevaleciente.
Sin embargo, hay una paulatina y creciente esperanza de ir revirtiendo, nuevamente, la “lógica del pensamiento colonial” desde que Néstor primero y Cristina después, se hicieran cargo de la conducción del gobierno.
No obstante, sería un buen ejercicio analizar, así sea someramente, los contenidos del pensar antinacional que no solo se propone desvalorizar, en líneas generales, todo lo que sea autóctono. Ya se trate: del Estado Nacional, productos nacionales, películas nacionales; hasta la historia nacional, los logros nacionales, los científicos nacionales, la mano de obra nacional o lo que fuere. Sino que a su vez, lleva ínsito el desprecio por “los connacionales” que no responden al patrón europeo físico-mental. 
Las raíces de esta “lógica perversa” de ser argentino pero sentirse europeo tiene sus orígenes desde la conformación de la patria misma.
Esa “admiración” de aquello que no pertenece al país, configura el andamiaje de esta lógica perniciosa.
Es la misma lógica que predominó en los orígenes de la formación de nuestra Nación y, en virtud de la cual, se desató la fuerte disputa entre Buenos Aires y el Interior del país.
No por casualidad la declaración de nuestra independencia tuvo lugar en una provincia; si aquél Congreso de 1816 se hubiere realizado en Buenos Aires, lo más probable que la vocación independentista de muchos de nuestros compatriotas hubiese quedado trunca. Nos basta recordar que en 1819, el representante del gobierno del Dr. Bernardino Rivadavia ya había acordado con el canciller Richelieu la coronación en el Río de la Plata de un príncipe francés; claro que, previamente autorizado por el gabinete británico. 
  
Como vemos, es fácil de descifrar a que responde esta estructura de pensamiento; si partimos de la premisa que el sector que se impuso luego de la batalla de Pavón, procuró delinear un modelo de país agro-exportador que contuviera tan solo a unos pocos millones de personas en detrimento del resto de la población; es más que “razonable” que promoviera por todos los medios a su alcance –pero fundamentalmente a través del área pedagógica: léase educación oficial- la lógica de la exclusión.
Es decir, porqué integrarnos con el resto del país si ese resto “no lo necesitamos”; pues, de integrarlo, a través de una política educativa que refuerce nuestros lazos de pertenencia, lo sentiríamos como uno más de los nuestros y si es uno más “de los nuestros” vamos a bregar porque también se les reconozcan sus derechos.
Y eso atentaba contra la idea de Metrópoli Colonial que impulsaba la clase dominante. Puesto que para incluirlos se requería un modelo de país distinto, esto es, que no solo se limite a exportar materias primas, sino que procure industrializarse.
Y la industrialización, a su vez, requería dejar de ser Colonia y eso conllevaba, inexorablemente, a la ruptura con el Imperio Británico que nos proveía sus manufacturas y era, nada menos que, nuestro  principal importador de materias primas abastecidas éstas por la élite (u oligarquía, como guste Ud. llamarla) de nuestra sociedad,
En síntesis, era preciso romper el círculo, pero porque iban a romperlo aquellos que se beneficiaban sistemáticamente con ese estado de cosas; si además, eran quienes gobernaban merced a la inexistencia del sufragio universal.
De ahí que la élite local se reputara, infundadamente, así misma como una extensión de “la aristocracia europea” en la Argentina.
Y así, se fueron sucediendo los gobiernos oligárquicos, se fueron arraigando “estos prejuicios banales”, se fueron desdibujando nuestras raíces históricas y se fue adoptando como propio un criterio despojado de parámetros de nacionalidad .
Nos convertimos en “la Colonia Europea de Latinoamérica”, una suerte de europeos de espíritu con pasaporte latinoamericano que, por un accidente de la naturaleza, estábamos adheridos a la superficie del Continente Sur por seguir el diseño de la reconocida cartografía colonial.
Obviamente, en los tiempos en que fue consolidándose esta estructura de pensamiento, “la Europa” con la que se identificaba nuestra clase dirigente no era, precisamente, la de los inmigrantes de aquél entonces; por el contrario, los españoles y los italianos –por citar, solo dos nacionalidades- pertenecían al patio “inculto y despreciable” del Viejo Continente.
Es suficiente, auscultar en las opiniones de “nuestros mal llamados próceres”, tal es el caso de Sarmiento (curiosamente, emblema pedagógico argentino) para constatar la desfavorable opinión que tenía sobre los oriundos de esas naciones.
Aquellos que, recientemente, al cumplirse el Bicentenario, nos hablaban de “los maravillosos festejos desarrollados en el Centenario” de nuestra independencia, para contraponerlo al actual, omitían deliberadamente decir que en esa época (1910), muchos de nuestros abuelos y compatriotas eran reprimidos por reclamar mejores condiciones laborales –trabajaban horarios excesivos y sin garantías de ninguna índole-  y eran acosados no solo por las fuerzas del orden conservador –recuérdese la sanción de la ley de residencia-, sino por grupos parapoliciales como “La Liga Patriótica Argentina” que se encargaba de hostigar a los extranjeros bajo el amparo de la protección oficial.
Pero la lógica de la discriminación fue mutando, con el tiempo los hijos de los inmigrantes fueron incorporándose, merced al yrigoyenismo primero y al peronismo después, a la vida político social del país.
No obstante, el “paradigma europeo” siguió vigente, solo que ahora se incorporaba en el mismo a la totalidad de las comunidades del continente, es decir, ya no se marginaba a la española o italiana como en los inicios, sino que se la integraba.
Los “tanos y los gallegos” fueron sustituidos como objeto de rechazo por los “cabecitas negras"en el orden local y por los “sudamericanos” en el internacional.
En síntesis, el desprecio que se siente hacia esos connacionales de tipo no-europeo, se fue extendiendo a nuestros hermanos latinoamericanos que poco tenían que ver con “bella Europa” y, en consecuencia, tampoco con “nosotros”.
Y aquí aparece el germen de la xenofobia de alcance restringido, ya que el mismo tiene por objeto el rechazo de toda inmigración latinoamericana, pero fuertemente afincado en buena parte del pensamiento capitalino.
Como podemos apreciar, quien suponga que la historia no va dejando secuelas en la formación de las subjetividades colectivas está profundamente equivocado.
Sin lugar a dudas, hay otros factores que inciden o promueven el desarrollo del germen xenófobo pero es, específicamente, en el ámbito cultural donde se generan las condiciones para agilizar su desarrollo.


El auténtico pensamiento nacional vs.  Macri




Como podemos deducir, y a diferencia de lo que habitualmente se creé, un verdadero nacionalista, nunca ha sido un individuo apto para la siembra de la xenofobia.
Por el contrario para él, la nación y el pueblo se reputan inescindibles una de otro; y su necesidad interior de indagar en la historia de lo nacional lo conduce inexorablemente a adherir al pensamiento de los auténticos próceres, esto es, de configurar una Patria Grande.
Han pasado muchas décadas y, por primera vez, la región sudamericana viene transitando la senda que conduce a su desarrollo económico y su consolidación política. La herramienta que esencialmente posibilitó –y posibilita- su avance es, entre otras, el denominado MERCOSUR (Mercado Común del Sur) que como ya sabemos integran como miembros o asociados, además de nuestro país, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Venezuela, Chile, Ecuador y Colombia.
Nuestro país junto con Brasil ha sido fundador e impulsor de este importantísimo espacio institucional para el desarrollo de la región, y la idea central consiste en desarrollar estrategias de integración tendientes a consolidar éste bloque común.
De ahí que promover concepciones que discriminen a nuestros hermanos latinoamericanos, más allá de lo deleznable que resulte desde la perspectiva humanista; es, por sobre todas las cosas,  trabajar directamente para evitar que los países de la región fortalezcan vínculos político-comerciales que redunden en beneficio de sus pueblos y robustezcan su capacidad soberana.
Y aquí llegamos a lo que aconteció en Villa Soldati, no es casual que un energúmeno como Macrí procurando deslindar responsabilidades propias en materia habitacional (lo mismo hizo en materia educativa culpando a los maestros y, posteriormente, a los alumnos; en la cuestión de violación de la privacidad por intermedio de las escuchas telefónicas culpando a la víctima; en el derrumbamiento del gimnasio de Villa Urquiza  asignándole la responsabilidad solo al arquitecto de la obra en construcción sin reparar que la ejecución de la misma había sido autorizada por su gobierno, etc. etc.) se despache con un discurso xenófobo.
¿O acaso no es el mismo Macri quien creo la famosa Unidad de Control del Espacio Público (UCEP) que integrada por municipales y un conjunto de barras bravas se dedicaba a desalojar a los golpes, durante la oscuridad de la noche, a los indigentes del suelo metropolitano? Cualquier paralelismo con “la Liga Patriótica” es fruto de la imaginación!!
Pero sigamos con Mauricio, el mismo que muy suelto de cuerpo sostuvo que: la inmigración viene de la mano del crimen y el narcotráfico.
Cuando los datos provistos por el Servicio Penitenciario Federal demuestran que en el año 2009 sobre los 30.100 presos recluidos en cárceles y comisarías de nuestro país, solo 902 presos–pertenecientes a diversas nacionalidades- no son argentinos.
Donde además, de que la mayoría de ellos no tiene residencia fija en nuestro país; se confirma que, según esta mismas fuentes que no pueden ser tildadas de parciales, no existen, prácticamente, presos de origen latinoamericano imputados por causas relativas al negocio de la droga. Si, en cambio, los hay holandeses, españoles o sudafricanos, entre otros. (Ver datos vs. prejuicios http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-158542-2010-12-12.html).
Lo concreto es que los hechos sucedidos, como bien lo expresara la Presidenta , no son fruto de la casualidad, cualquier observador, medianamente avezado, se daría cuenta de que fueron orquestados por aquellos que tienen intenciones de desgastar la imagen  del oficialismo. Ver sino, a quienes respondían esos grupos organizados que se hicieron presentes en las inmediaciones del predio haciéndose pasar por vecinos primero, para despues ordenar la agresión de los ocupantes.
La respuesta, ante lo acontecido, no se hizo esperar y rápida de reflejos Cristina Fernández creó el Ministerio de Seguridad que suprime el autogobierno de las fuerzas que deben garantizar el orden público. Ahora la máxima autoridad no saldrá de sus filas como se acostumbraba, sino que será controlada por un funcionario civil encargado de velar por el cumplimiento de los derechos y garantías constitucionales.
Pero más allá de la maliciosa intencionalidad de quienes “se resisten” a que el pueblo tenga un gobierno representativo de sus intereses; esto también sirve para desenmascarar públicamente a éstos falsos profetas, aspirantes a la presidencia de la República que, por un lado, van a prometer viviendas a los barrios carenciados durante la campaña electoral; mientras que, por el otro, cuando asumen, se encargan de distribuirles palos para que desaparezcan de las calles y del territorio porteño.
Un emblema de la política neoliberal y represora como es Macri, agita la bandera de la nacionalidad para culpabilizar a los inmigrantes de lo que sucede; evadiendo de ese modo su responsabilidad en el ejercicio de la función pública.
Más luego, si lo dejamos serán los jujeños, los salteños, los del Chaco, Formosa o Tucumán. O todo aquello que devele signos de piel oscura.
La única oscuridad que hay que temer es la de los prejuicios y la de la ausencia de razonabilidad.
De ahí que, confiemos que la razón nos ilumine y nos libre de la mediocridad macrista!!













martes, 7 de diciembre de 2010

Buscas mediocridad? Al fondo a la derecha!!


                                                  
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A menos de un año de la realización de los comicios nacionales donde, nada menos, se elegirá el próximo presidente de los argentinos, los eventuales candidatos de la denominada “oposición” no dejan de sorprendernos.
Sin duda, un auténtico republicano, y más allá de los valores o la ideología que profese, pretenderá que exista una oposición política  al gobierno de turno; no solo porque de esa forma se evita el predominio de “un pensamiento único” -que cuando es monopolizador, aun con las mejores intenciones, está más propenso a caer en  el dogmatismo-, sino porque la pluralidad de voces conduce necesariamente a profundizar las ideas, a pulir las propuestas, a elevar la calidad de los proyectos; en síntesis, a jerarquizar la política en aras de la consecución del bienestar general.
Ahora bien, el problema se presenta cuando en un país (por el caso, el nuestro) se cuenta, por un lado, con un gobierno idóneo, coherente, sensato, que supo impulsar y materializar muchas de sus promesas electorales, aun a expensas de la andanada de piedras y "rocas" depositadas sobre su camino; y por el otro, una oposición mediocre, sin propuestas, de vocación mediática, que se pone ridículamente al servicio de las Corporaciones y cuyo exclusivo objeto consiste en obstaculizar todo emprendimiento gubernamental.
Este “conglomerado opositor” que en el espacio geométrico del quehacer político se ubica sobre la derecha y es, evidentemente, la expresión política de los denominados “sectores dominantes”, segrega mediocridad por donde se lo mire.
Históricamente, la derecha argentina viene sufriendo un proceso de “descomposición intelectual” muy notorio, pues, sus actuales miembros están demasiado lejos de rememorar a sus padres ideológicos: “La Generación del 80”; si bien persiguen los mismos nauseabundos fines, podrían pararse frente a un espejo y exclamar aquella frase de Neruda: “Nosotros los de entonces, ya no somos los mismos”.
Una prueba muy concreta de lo que estamos manifestando es la versión circense de lo que venimos observando a diario en la pantallas de televisión. Por ejemplo, nos encontramos con un Mauricio Macri (¡¡Aspirante a ser Presidente de la República!!) que ni siquiera puede elucubrar ideas propias para responder a una serie de preguntas insustanciales respecto de su gestión. Uno observaba esa imagen, donde su asesor más próximo le “soplaba” al oído las respuestas que tenía que expresar ante quienes lo reporteaban, y no podía dejar de reírse asociándolo inevitablemente con las mejores comedias de Hollywood.
Que contraste con la Presidenta Cristina Fernández!! Que habla tres horas en los foros internacionales sin tener necesidad de un mísero papel recordatorio y donde el auditorio a juzgar por lo que mencionan los periódicos internacionales –no por cierto, los locales- permanece atento a sus palabras.
Y no jodamos, acá no se trata de capacidad memorística u oratoria, sino simplemente de aptitudes intelectuales para ejercer no solo la función de Presidente de la República; sino para representar al pueblo argentino ante el mundo.
Me lo imagino a Macri hablando en la Asamblea de la ONU, en UNASUR, en cualquier ámbito internacional en representación de todos nosotros, la pésima imagen que dejaría de nuestro país (como ya lo han hecho Menem o De la Rúa) sería, por demás,  ostensible.
Pero seguramente, ante esa hipótesis, los voceros de la derecha expresarían que Argentina esta inserta en el mundo –como lo hicieron durante la presidencia de Carlos Saúl- cuando la realidad decía, absolutamente, todo lo contrario. Como vemos la penuria intelectual de Macri raya en lo ridículo; no obstante, si sigue persistiendo en la ridiculez sería conveniente que lo haga en forma natural, es decir, que exprese ideas propias, originales, y no la de sus asesores, al menos en público.
Y eso que no estoy hablando de propuestas, si ni siquiera las tiene para el orden capitalino; mal podriámos pretender que las tenga en materia internacional. Tal vez, vaya a consultar a instituciones extranjeras sobre la política exterior o interior que debiera desarrollar; despues de todo, y conforme a sus dichos, si consultó a la CIA y al Mossad para designar al jefe de policia metropolítana, pues, porque no habría de hacerlo al momento de designar nuestro canciller o nuestro ministro de economía, por ejemplo.


A propósito de originalidad

Pero si hablamos de “originalidad” otro que tiene lo suyo es Ricardo Alfonsín, no solo por eso de dejarse el bigote modelo paterno o utilizar los trajes de su progenitor; sino por eso de querer imitar los gestos y las entonaciones discursivas del padre.
Nunca las copias podrán superar a los originales, jamás podrán tener el mismo valor.
Como tampoco lo tienen las propuestas esbozadas por el proyectado candidato de la UCR que aún persiste en hablar de “la ética republicana” o “el libre funcionamiento de las instituciones”, “la independencia de los poderes”, argumentos sólidos y convincentes que, otrora, utilizara su padre en un momento histórico aplicable como lo era la Argentina de 1983, y que estaba reencontrándose con la democracia.
Pero seguir esgrimiendo esos argumentos, cuando desde el punto de vista formal la democracia se ha consolidado, cuando se goza de un Estado de Derecho, cuando los derechos y garantías individuales están consagrados no solo en la Constitución, sino en la práctica cotidiana, cuando reina la independencia de poderes, cuando se cuenta con una Corte Suprema de Justicia jerarquizada y no adicta al gobierno (basta ver la cantidad de fallos adversos al oficialismo) es, sin lugar a dudas, un galimatías.
Sería bueno que la UCR formulara, en todo caso, proyectos que ahonden en mayor contenido social más que un ramillete de enunciados que poco dicen y que luego dan lugar para maniobrar la propuesta en cualquier dirección política.
Si bien es dable reconocer que, el radicalismo, fue una fuerza política que nació en oposición a la mencionada “Generación del 80”; luego de la muerte de Don Hipólito Yrigoyen, definitivamente, fue conquistada por el “Régimen” cuyo exponente más conspicuo fue Marcelo T. de Alvear.
Basta recordar los argumentos vertidos por el periódico de los Mitre, La Nación, el 13/10/1922 cuando Yrigoyen abandonaba la presidencia, resumió su gestión del siguiente modo: “Se entrego en cuerpo y alma a cultivar el favor de las masas menos educadas en la vida democrática, en desmedro y con exclusión deliberada y despectiva de las zonas superiores de la sociedad”.
Tal vez, lo de “zonas superiores” haya calado hondo, oportunamente, en algunos ancestros de los pobladores de buena parte de los distritos porteños y se fueron transmitiendo generacionalmente; sino no se explica que hallan elegido a un tipo como Macri. Personaje superior en cuanto a mediocridad se refiere.
Pero sigamos con el relato, el mismo periódico, añadía: “Debemos felicitarnos por la designación del doctor Alvear, cuyas condiciones personales son una garantía anticipada de un gobierno recto y ecuánime”. Claro que como bien lo destaca el historiador del que extraje estos párrafos: “Por ecuánime y recto debía entenderse un gobierno que no lesionase ningún privilegio oligárquico, y así fue”.
Lo cierto es que salvo algunos plausibles intentos en sentido contrario (sin olvidar, obviamente,el gran flujo de partidarios que en el 45 emigró hacia el peronismo), entre ellos la primera etapa del alfonsinismo, su brújula partidaria ha estado mayoritariamente orientada hacia la derecha. Logrando, lo que podríamos denominar, la desyrigoyenización del radicalismo, lo que los termina ubicando, mal que les pese, en un partido de centro-derecha.
No es fruto de la casualidad que de sus filas hayan surgidos “dirigentes” de la talla de: Lilita Carrió y Cobos por mencionar otros aspirantes presidenciales.
¿Y el justicialismo?
El justicialismo tiene lo suyo, sin lugar a dudas, o acaso Menem, Duhalde, Rodriguez Saá no se sienten extremadamente reconfortados con ubicarse en el mismo espacio geométrico que los mencionados anteriormente.
La diferencia radica en que tanto Néstor Kirchner, en su momento, como la presidenta Cristina Fernández no solo jamás se identificaron con la derecha; sino que, además, frustraron el avanzado intento de consumar "la desperonización" del justicialismo. Por el contrario, ambos reafirmaron sus principios fundacionales, esto es: la revalorización de la cuestión social con fines de justicia, la reafirmación de nuestra voluntad soberana como nación independiente, la integración latinoamericana conformando un bloque regional que procure mayores beneficios político-económicos para nuestros pueblos. En fin, bregando por un proyecto de país integral donde la exclusión social no tenga lugar en la Argentina. 
La tarea es harto difícil, son muchos los escollos pero no existen dudas que sería mucho más fácil, o más alentador al menos, contar no ya con una “oposición” menos mediocre, ni  menos mezquina, dada las circunstancias es demasiado pedir; pero si con mayor sentido de responsabilidad patriótica. ¿Pues, que eso es ilusorio? Tal vez tenga Ud razón.
Por suerte, para el país y su “gente” -como gustan decir ahora- soplan buenos vientos para la “Embarcación Argentina”  que con una Timonel de Lujo – ante la menor duda, contrástelo con la oposición- llegaremos al anhelado puerto a pesar de los obstáculos.
¡¡Chapeau!! Sra. Presidenta!!!

sábado, 4 de diciembre de 2010

Wikileaks, El País y la salud de nuestra Presidenta







Desde la semana pasada las noticias internacionales vienen ocupando la primera plana de los diarios del mundo como consecuencia de los informes “confidenciales y secretos” publicados por una página web cuyo propósito es difundir informaciones y videos desconocidos de orden gubernamental y que se conoce como Wikileaks.
El australiano Julián Assange, ex hacker y fundador de la página, se ha ubicado subrepticiamente en el puesto número uno de los enemigos de los EEUU; desplazando cómodamente a Bin Laden y sus acólitos por haber publicado una serie de documentos diplomáticos confidenciales.
Un claro ejemplo de ello fue la expresión vertida por la conocida líder del Partido Republicano, Sarah Palin: “Assange es peor que Al Qaeda”.
Verdadera manifestación de “una defensora a ultranza de la libertad de expresión”. Sería bueno preguntarnos si la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) ha publicado una solicitada en respaldo de Wikileaks ; aunque conociéndolos, seguramente, lo hará en defensa de la censura propiciada por Sarah Palín.
Pero volvamos a lo nuestro, lo cierto es que la publicación no se realizó en forma directa desde la página en cuestión, sino que se promovió un acuerdo con cinco de los principales diarios del mundo (Le Monde, Der Spiegel, The Guardian, The New York Times y el País) a los efectos de dar la correspondiente difusión.
Más allá de los reparos respecto de la veracidad de la información que estos periódicos pueden publicar -no olvidemos que de los diarios mencionados, tal vez el más confiable resulte ser  el británico- , es medianamente comprensible el “mentado acuerdo” para sobredimensionar no solo el contenido de los documentos; sino el papel central que desarrollo Wikileaks en la divulgación de los hechos.
No obstante, el problema radica en que son los dueños de esos mismos diarios quienes se reservan la documentación a publicar; si tenemos en cuenta que la totalidad de los informes superan el orden de los 250.000, es lógico prever hasta que punto “los primeros informes”  que se den a publicidad serán aquellos que respondan a intereses particulares de los diarios en cuestión.
Y aquí aparece un dato no menor, el único diario de habla hispana que forma parte del acuerdo ( pertenece al Grupo Prisa) es nada menos que El País, éste órgano gráfico español expresa intereses concretos de sus accionistas donde algunos de ellos son directores de sociedades de fondos de inversión libre o fondos de capital privado que toman participaciones temporales en otras empresas, con cuentas en distintos “paraísos fiscales” (ver “¿Quiénes son los quince miembros del Consejo de Administración de Prisa” http://www.rebelion.org/ , 29/11/2010 nota de Pascual Serrano) y que tienen fuertes intereses especulativos a escala mundial.
Nadie desconoce que el Grupo Prisa tiene intereses muy particulares en la Argentina; en cambio, sí es posible que algún distraído ignore que en julio de 2009 suscribió un acuerdo con “el periódico argentino” La Nación para la distribución conjunta de la edición global del diario hispano.
Indudablemente, un Grupo que esta presente en más de una veintena de países de Europa y América, que factura miles de millones de euros anuales, ha de tener una línea editorial identificada, en un ciento por ciento, con el pensamiento (neoliberal) que posibilitó su expansión.
En la Argentina, nos basta sintonizar radio Continental (su AM local) para observar  -exceptuando la audición de Víctor Hugo- que el grado de consustanciación  con el liberalismo económico de sus programas es, por demás, ostensible.
Y aquí se nos cierra el círculo, es decir: ¿ Porque tiene una palmaria posición antigubernamental el diario El País con respecto a la Argentina? ¿ Será acaso porque el modelo que hoy impulsa nuestra Presidenta esta en la antítesis del neoliberalismo económico? ¿ O porque además se encarga de difundirlo en todos los foros internacionales? ¿Porqué el diario La Nación se ha hecho eco de la preocupación por “la salud mental” de la Presidenta a la que hacía referencia, supuestamente, uno de los documentos revelados por el diario español?
Más allá de la pobreza intelectual –preocupante por cierto, por tratarse de una potencia mundial- de los autores de los difundidos informes, la inexactitud o irrelevancia de los mismos, la virtual mediocridad o falaz información expresada en ellos; lo cierto es que El País -con su socios locales: Nación y Clarín- han demostrado una vez más como se puede manipular una información para desprestigiar a un mandatario.
Y, por cierto, no cualquier mandatario, no olvidemos que la voz de Cristina Fernandez de Kirchner es -como consecuencia de nuestra recuperación económica- una de las más escuchadas en los Foros Internacionales, por más que les pese a algunos periodistas locales que suponen que estamos aislados del mundo.
Como vemos, El País y sus aliados, ponen el acento en cuestiones insustanciales para procurar beneficiarse con una “información” falaz.
Bien lo señalaba Luis Bruschtein en los comienzos de su nota publicada hoy (4/12/2010) en Página 12:
De los más de 250 mil cables que liberó Wikileaks, 2233 corresponden a la Argentina, o sea menos del uno por ciento. Sin embargo, El País (el único medio de habla hispana de los cinco que tuvieron acceso inicial a los cables) le ha otorgado un centimetraje de nota principal en tres de los cuatro primeros días del wikileaksgate. Una de dos: Argentina es uno de los países más importantes para los Estados Unidos o es uno de los más importantes para El País. Lo primero suena un tanto pretencioso. Argentina no es tan importante en el mundo, aunque así les pueda parecer a los argentinos. Entonces se trata de una decisión editorial del diario español, asociado en la Argentina con el diario La Nación, y dueño o socio en la propiedad de otros medios de comunicación, entre ellos Radio Continental.
No hace falta hablar más al respecto, ya conocemos los propósitos del Grupo Prisa; y también percibimos los propósitos de La Nación y Clarín que están destinados a ser voceros de “El País”. Pero no se confunda estimado lector, no estoy hablando de nuestra querida Argentina que, sin dudas, nos enorgullecería que así sea; sino del periódico español ese que, como es lógico, defiende sus intereses económicos con el servicio incondicional de los cipayos locales.
Ahora se me estan aclarando un poco más las cosas, y comprendo que cuando la diputada Carrió manifestaba a gritos por TN (Todo Noticias) que Clarín y La Nación “son la esencia de nuestro país” evidentemente, se estaba refiriendo al periódico español.