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martes, 20 de agosto de 2013

Voltaire, las elecciones legislativas y la ley de medios







             





“La idiotez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás”

Menuda reflexión la del célebre Voltaire; y quien puede negar haber padecido, alguna vez,  las consecuencias de un acto estúpido cometido por otro.  Sin ignorar que en ocasiones, a lo largo de la vida, también nosotros hemos actuado quizá estúpidamente. Ahora bien, es preciso diferenciar un “acto estúpido” cometido por motu proprio; de aquél que se comete por incitación de un “vivo” o de un sujeto que actúa de mala fe. Es éste último caso el que nos preocupa ya que por un menguado conocimiento, o ignorancia del receptor del mensaje, uno puede ser inducido a actuar “estúpidamente”.   
Sin duda, el problema se agiganta cuando el mensaje del “vivo” -es decir, el que saca provecho de la ingenuidad de las personas- se transmite, como sucede en estos tiempos,  en forma masiva a través de los medios de comunicación. Pues, lo más probable es que un número considerable de incautos termine incorporando “el incitante mensaje” y luego “razone” con el esquema proporcionado por los cultores de la “viveza”.  Viveza que, al igual que la mala fe, es invisible a los ojos; pues, generalmente para detectarla se requiere de un mínimo esfuerzo analítico; “esfuerzo”, por otra parte,  imposible de hacer si se cree a rajatablas en lo que dicen los medios.
Por cierto, la cosa se agrava en una sociedad donde los medios comunicacionales se encuentran, en su gran mayoría, concentrados en poquísimas manos; como es el caso de la Argentina.
Pero tratemos de hacer memoria para corroborar que lo que estamos diciendo tiene ciertas dosis de veracidad. Para ello citaremos sucintamente algunos ejemplos:

1-      En el año 1982 y luego de la decisión de la dictadura de “recuperar” las Malvinas por la fuerza se encargó, a través de los medios de comunicación, de difundir los pormenores del combate. Mediante su periodista estrella, José Gómez Fuentes, se nos “comunicaba” que estábamos ganando la guerra; motivo por el cual una gran franja de argentinos se mostraban exultantes. Lo que no reparó esa “franja” era que solo se estaba manipulando la información para ocultar lo que realmente sucedía. El tiempo reveló posteriormente los hechos.
2-      En la década del 90, y democracia mediante, otros dos periodistas estrellas, Bernardo Neustad y Mariano Grondona (seguidos por otros de menor entidad, por ej. Lomgobardi, Hadad, Ruiz Guiñazú, Bonelli,  etc.), se encargaron de difundir sistemáticamente las bondades de la ola privatizadora  y la necesidad de reducir el Estado a la mínima expresión. Acompañando y elogiando todo el proceso privatizador en la Argentina y catapultando al señor, Domingo Felipe Cavallo, como la figura más “relevante de la patria”. Los mentados periodistas lograron “convencer” a un amplísimo arco de la ciudadanía de que “el neoliberalismo” era la receta infalible para proyectarnos al primer mundo. Lo cierto es que se nos terminó proyectando al “submundo” y empobreciendo a la gran mayoría de los argentinos. Y la privatización culmino siendo un negocio para pocos. No es un dato menor, reparar que lo primero que se privatizó, en aquél entonces, fue nada menos que el Canal 13 de televisión. Transfiriendo de ese modo su propiedad al “Grupo Clarín” que, como es obvio inferir, aplaudió y defendió el proceso privatizador hasta el momento en que comenzó a hacer implosión.
3-       Hoy en cambio tenemos, y siguiendo con los periodistas estrellas (que como podemos apreciar, tanto “bien” le han hecho a nuestro querido país) otro que facilita “esquemas de razonamiento para incautos”. Es dable recordar que el señor Lanata, a él nos estamos refiriendo, antes de su “pacto” con Clarín, realizaba programas televisivos (sin olvidar el periódico que fundó y fundió,  dejando a cientos de trabajadores en la calle esperando cobrar la indemnización: “Crítica”) orientados a denostar la existencia del grupo monopólico en cuestión.  Casi repentinamente, y haciendo un giro de 180º optó, luego de su crítica exacerbada,  por trabajar para el grupo a cambio de una “módica” suma dineraria. A partir de allí, su “visión” sobre los grupos monopólicos ha cambiado considerablemente; llegando a sostener que los monopolios comunicacionales son “la garantía de la libertad de expresión”.  Desde entonces, se ha empeñado en armar  todos sus show televisivos con la finalidad de deteriorar la imagen de un gobierno y sus hombres que, con sus políticas, son un obstáculo para la voracidad monopólica. Todo ello a los efectos de sacar provecho de la ingenuidad, no ya de sus televidentes que en definitiva es un número reducido, sino de la repercusión que su “montaje operativo” tiene en el resto de los medios audiovisuales (o casualidad, en su mayoría todos propietarios del mismo dueño) conquistando así, el apoyo de ciudadanos desinformados. Uno no puede pretender que esta clase de “periodistas” se rija o adopte comportamientos morales; al fin y al cabo, la moral es una cuestión de conciencia. Y cuando alguien gira de un extremo a otro sin solución de continuidad, generalmente, no lo hace sobre la base de “una conciencia moral”, sino sobre la base de un interés personal. Interés éste tan significativo desde la perspectiva patrimonial que le garantiza sueños “sin perturbabilidad de conciencia” por lo que hace.
Como vemos, lo mismo aconteció, en su momento, con los otros periodistas mencionados y, el tiempo, terminó desnudando la verdad. Lástima que en estos casos, la verdad siempre es póstuma.
Por cierto, la solución del problema no consiste en reprimir o recriminar la voluntad de “las estrellas mediáticas” en acumular dinero, pues, están en todo su derecho, más allá que sería “saludable” que lo hicieran sin apelar a la falsedad; sino en suponer que esas personas rinden culto a la verdad.
La verdad periodística en los grandes medios está condicionada por los intereses de sus propietarios; y si bien es cierto que existen profesionales que honran al periodismo, no es menos cierto (yo diría casi imposible) que es muy difícil hallarlos en los grupos mediáticos concentrados.
De ahí que sea preocupante “la dubitación” que hoy manifiesta la Corte Suprema de Justicia respecto de su resolución a favor de la ley de medios. Al parecer, postergaron la decisión en principio para la realización de las PASO, ahora se dilata nuevamente y, es muy probable que la decisión se adopte con posterioridad a las elecciones legislativas de octubre. Lo que induce a imaginar que los resultados de los comicios han de jugar un papel preponderante en la decisión que adoptarán los ministros de la Corte. Por eso decíamos que en estas elecciones se juega algo más que una simple configuración parlamentaria. Tal vez lo que esté en juego sea un eterno padecimiento, o no, de la idiotez.

lunes, 12 de agosto de 2013

Las Paso, el Martin Fierro y el florecer de octubre.





 








Los recientes comicios celebrados ponen en evidencia lo difícil que resulta alertar a amplias franjas del electorado para ver más allá de la superficie.  Y no porque uno se arrogue poseer una visión infalible y omnipotente que permita, a primera vista, tomar contacto directo con las profundidades de la realidad. Por el contrario, es precisamente partiendo del presupuesto de la imposibilidad de percibir con minuciosa precisión esa “realidad”, lo que nos impulsa a echar varias miradas sobre la misma para, eventualmente, minimizar los riesgos distorsionadores.
Lo peor del caso es qué, aun así, no estamos exentos de incursionar en el error. Pero mucho menos exentos están aquellos ciudadanos que confunden “lo aparente” con “lo real”. Y esto es tal vez lo que haya acontecido en las recientes elecciones.
Los poderosos medios de comunicación lograron instalar (machacando sistemáticamente con todo su poder manipulador: radios, emisoras de TV, periódicos) la idea de una sociedad dividida que marcha hacia una presunta “ruptura inevitable”. Obviamente, detrás de “lo aparente”, que consiste en suponer que el gobierno agrede a quienes no piensan como él, se encuentra “lo real”, consistente en simular una “división artificial” que permita impedir  que se ejecuten políticas tendientes a limitar la insaciable codicia de los grupos mediáticos concentrados.
Así, los auténticos fomentadores del divisionismo se mostraron, en el escenario virtual, como víctimas de un gobierno que presuntamente pretende acallar sus voces.
Notoria paradoja, mientras el CEO de Clarín, Héctor Magneto, conmina a los periodistas a deambular por tribunales en virtud de sus opiniones vertidas (sucedió con Roberto Caballero, Sandra Russo, Javier Vicente y ahora con Víctor Hugo Morales), el grupo mediático al que representa se suele arrogar ser “el defensor de la libertad de expresión”. Aunque, y a raíz de lo que aconteció con la “inmaculada” entrega de los Martin Fierro donde quedó demostrado la fuerte influencia del Grupo, editando (léase, censurando) algunas de las opiniones de  los galardonados, debería añadirse de “la expresión sesgada”.Impresionante operación montada en el célebre Teatro Colón, si hasta llevaron centenares de extras para aplaudir al "comediante denunciador" y a "las estrellas del periodismo independiente".
Lo cierto es que, y volviendo a los comicios, el poder mediático aun conserva una fuerte ascendencia sobre “el pensar de la ciudadanía”; hecho éste que nos obliga a redoblar esfuerzos para contrarrestar esa perniciosa influencia que “arrastra” la mirada de la gente hacia el terreno de las apariencias.
Es tal la envergadura de ese poderío que en escasos meses lograron imponer un candidato (Sergio Massa) confirmando, de ese modo, aquella expresión de una conocida periodista de Todo Noticias (TN) “para instalar un candidato solo se necesitan  15 minutos”.
Sergio Massa, es un  candidato que practica (como fiel discipulo) la misma metodología; esto es, ocultar deliberadamente cual ha de ser su proyecto político a la mayoría de la población. Si en cambio, es dable reconocer que lo exteriorizó ante un no muy numeroso grupo de empresarios y donde dejo traslucir que su modelo no difería mucho del aplicado en los años noventa.
En trazos generales, reivindicando su militancia juvenil  en la Ucede (partido fundado por Alvaro Alsogaray); de ahí que dejara entrever sus críticas hacia la participación estatal, su simpatía por el restablecimiento de la privatización de los aportes jubilatorios, la eliminación de las retenciones, sus “dudas” respecto de la vigencia del futbol para todos, y su rechazo a la ley de medios, etc. etc. No vaya usted a creer lector que hay un acuerdo entre partes; no, no, en absoluto. Cualquier semejanza con “el ideario” de los grupos mediáticos es, como suele señalar  la pantalla cinematográfica, “mera coincidencia”.
Así vemos como las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias han dado una muestra de la diversidad de ofertas que existirán en los comicios legislativos de octubre. 
También hemos comprobado cómo algunos candidatos opositores, otrora con firmes intenciones de seducir a los poseedorres de los grupos mediáticos, han sido ignorados por éstos una vez que decidieron “su candidato”. Ojalá esos mismos opositores reflexionen y abandonen su ceguera racional y comiencen a visualizar con interés la entrada en vigor de la nueva “ley de medios”.
En cuanto al oficialismo, que haya ratificado su condición de primera fuerza nacional es más que meritorio luego de una década de ejercicio. Hecho éste que no debe conducir a la pasividad; por el contrario, debe perseverar en el esfuerzo de mantener la iniciativa política y expandir los derechos de la ciudadanía. 
Nadie ignora que si preguntamos a un ciudadano medianamente informado, ¿Cuántas leyes conoces que se promulgaron en beneficio de la ciudadanía durante el actual gobierno? La lista sería considerablemente extensa  y, comparándola con los gobiernos anteriores, revelaría la calidad institucional de esta última década. 
Sin embargo, no todos están “medianamente informados”; pues, son precisamente "los medios" quienes más empeño ponen en dejar esas informaciones en el olvido. De ahí que sea necesario mantenerlas frescas en la memoria colectiva; además de continuar promulgando leyes que amplien y refuercen nuestros derechos..
Sabemos qué, como bien hacía referencia un antiguo y conocido texto de sociología, “lo  último que valoraría un habitante de las profundidades del mar sería, precisamente, el agua. Solo si un accidente lo arrojase a la superficie tomaría conocimiento de lo vital que ella resulta para su existencia”.
El acostumbramiento suele ser un terreno fértil para promover el olvido de lo ponderable; lo que nos lleva a correr ciertos riesgos que, en condiciones de previsibilidad, no serían tales.
Tal vez, en esta última década una buena franja de la ciudadanía, y sobre la base de su mejor situación, se ha olvidado de los trastornos que acarrea “en sí” el neoliberalismo para nuestras vidas. Si así no fuese, personajes como Cavallo y de la Sota no tendrían espacio para reaparecer en el escenario político local; ni tampoco “el nuevo” Massa, tendría lugar para ofrecerse como “la Argentina del futuro”.  
Más en fin, todo esta por definirse. Las PASO, han sido una suerte de “sensación térmica”de la atmósfera política nacional; no obstante, la temperatura real la percibiremos en el mes de octubre. Pero eso sí, confiando en que la “insensibilidad neoliberal” será derrotada por un mayor margen con el arribo de la primavera.    

sábado, 3 de agosto de 2013

Argentina, un pais con buena gente. Ma non troppo, siempre hay excepciones.





 






“Argentina un país con buena gente”.

Así reza el eslogan oficial que acompaña la publicidad audiovisual respecto de la realización de una obra pública o cuando se quiere dar a conocer  la sanción de un derecho más amplio para la ciudadanía. Sin embargo, y sin ánimo de pretender cuestionar a los publicistas que apelaron a esa “muletilla”, como todo eslogan es extremadamente simplificador  y su extensión abarcativa tan amplia que cualquier desprevenido podría llegar a creer que la totalidad de nuestra población encuadra en el concepto de “Buena Gente”.
Basta un breve recorrido por el pasado para corroborar que el atributo de “bondad” no es aplicable a la totalidad de los argentinos. Si bien es cierto que -al menos es lo que suponemos- una franja mayoritaria de nuestra población suele ser sensible ante las desgracias ajenas y ama por sobre todas las cosas su país. Pero por fuera de ésta “porción mayoritaria” existe un pequeño pero poderoso sector que no le interesa la situación del prójimo en lo más mínimo, ni tampoco le preocupa el futuro del país al que, esencialmente, solo lo concibe como “un vehículo” de enriquecimiento personal.
Eso sí, muchos de ellos no dejan de ir "a misa" los domingos; pero atención con que se crucen con “un cristiano” mendigando, pues, su primera reacción será llamar a la macrista UCEP (Unidad de Control de Espacios Públicos) para que, palos mediante, los borre de la escena.  
Pero volvamos a la “gente no tan buena”, pues, un número importante de ellos suele elegir un reducto muy particular para congregarse, confirmando aquella máxima de los antiguos griegos: “Pájaros del mismo plumaje gustan estar juntos”.
Y que mejor lugar de encuentro que el gigantesco predio de la Sociedad Rural Argentina (SRA), bajo su tradicional lema de “Cultivar el suelo es servir a la patria”.
Al parecer su “patriotismo” se agota en cultivar el suelo (cosa que en la práctica realizan sus peones) y suficiente con eso; pues, le asignan tanta entidad a esa tarea que suponen que con ello deben estar exentos de impuestos, carecer de obligaciones, disfrutar de quitas en sus hipotecas, y hasta orientar el rumbo económico del país. Además, sus miembros, se arrogan ser “el Campo” en su totalidad, ignorando la existencia de medianos y pequeños productores. En definitiva, y parafraseando a un destacado político de principios del siglo pasado, éste es otro de los conceptos mal distribuidos en la Argentina, algunos se sienten tan satisfechos con su parte que presumen que “el campo” se agota en ellos.
Lo cierto es que en estos días, y desde “el mentado predio sagrado”, asistimos a una clase de moral brindada por el actual Presidente de la SRA , Luis Miguel Etchevehere, quien al parecer no se dio por enterado que la entidad que preside adquirió “ilegalmente” -o para decirlo en términos más sinceros: corruptamente- la propiedad palermitana.
Pero bueno, nuestros lectores ya conocen la diferencia que existe entre “los moralizadores” que se ocupan y juzgan la moral ajena y los “hombres morales” que se abocan a controlar su propia conducta.
No obstante, el señor Etchevehere con su discurso “moralizante” desplegó ciertas dotes demagógicas para “conmover”  a la opinión pública. Así comenzó responsabilizando al Estado por la tragedia ferroviaria, deslizando de ese modo una crítica al intervencionismo estatal, y ocultando que el deterioro del sistema ferroviario in totum, tuvo lugar en el proceso privatizador de los años 90 que él, al igual que sus semejantes, aplaudió oportunamente.
Luego, y como es costumbre en estos tiempos, apeló a la mentira para arrojar cifras inexistentes en materia educacional; como por ejemplo: “que cada vez las escuelas estatales reciben menos chicos”. Cuando la misma UNESCO en su informe respectivo difundió que en Argentina solo el 1% de los chicos no está escolarizado; lo que nos coloca a la altura de los países más desarrollados. Notorio contraste con lo que acaecía en la “era neoliberal” que los miembros de la Sociedad Rural reclaman reinstalar; y que Etchevehere volvió a exhortar en su perseverante discurso “debemos dejar que los mercados funcionen normalmente”.
Tal vez, otra de las cosas, que irrita a la Sociedad Rural sea la tentativa estatal de “blanquear” el elevado número de trabajadores “en negro” que existe en la actividad agraria; por suerte, ellos cuentan, curiosamente, con el apoyo del Secretario General de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales, Gerónimo “Momo” Venegas, quien desde el palco era afectuosamente recibido por el público “ruralista”. Y, en compensación, él aplaudió con fervor cada una de las expresiones del presidente de la SRA.  Especialmente, cuando, éste sostuvo que “el gobierno dilapidó en corrupción las divisas que produjo el campo”; visión muy particular por cierto, puesto que jamás ambos dirigentes se les ocurrió tildar de corrupto al gobierno menemista. Pero Etchevehere insistió con su discurso (una suerte de combo entre datos y falsedades) de hostigamiento al gobierno, sosteniendo en medio de los aplausos de la concurrencia (entre ellos De la Sota y Macrí) que: “el campo aportó -en lo que él denomina la década perdida- en concepto de retenciones 55.000 millones de dólares que no se transformaron en obras”. A lo que el economista Jorge Gaggero, en una sencilla pero fulminante nota (ver Página 12 del 30/7) le contestó:
                                  “Etchevehere no parece que lea los informes que elabora la Universidad Austral (Departamento de Economía, junio de 2013) acerca de la aplicación del gasto público consolidado (Administración Central + Provincias + Municipios) durante el período 2003-2012. Si lo hubiera hecho, se habría enterado de que el aumento del gasto público fue de 210.000 millones de dólares en este lapso (lo “aportado” por las retenciones ha resultado marginal), que el 65 por ciento de este aumento de las erogaciones –unos 136.000 millones de dólares– fue destinado al “gasto social” (salud, educación y previsión social, principalmente) y que unos 21.000 millones de dólares fueron invertidos en la expansión del “capital físico” del país”.
Como podemos apreciar, hay discursos que reflejan la personalidad humana y nos permiten reparar en que “no toda es buena gente en la Argentina”; pues también, mal que nos pese, hay lugar para los que no lo son. Lo importante es saber discernir donde se encuentran; y para ello, podemos recurrir siempre a los sabios consejos de Don Arturo:
“Si en frente está la Sociedad Rural, La Nación (hoy podríamos añadirle “Clarin”) y el Jockey Club, ya sé donde debo estar yo”.
Obviamente, sabemos que esto no es suficiente; pero no deja de ser un buen principio para evitar toparse con “gente mala”.