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martes, 7 de febrero de 2012

"El Veto" Macri y los defensores de la institucionalidad





“Dime de que te jactas y te diré tus defectos” reza un antiguo proverbio árabe. Estas expresiones, si bien no gozan del atributo de la infalibilidad; pues, si condensan –como solía decir un querido amigo- siglos de sabiduría popular.
Y vaya que, no son pocas las ocasiones en las que uno puede apelar a los proverbios con relación a la vida diaria; no solo en referencia a cuestiones particulares, sino también con relación a la realidad política. Sino veamos el caso de los dirigentes PRO. Pues, basta observar las recurrentes declamaciones de los miembros de esa fuerza política liderada por el Jefe de Gobierno porteño, el “Veto” Macri,  para corroborar cuan aplicable es –en este caso- el mentado proverbio.
Si, si, son los mismos que con antelación a los comicios desarrollados el año pasado se “auto-asignaban” ser los verdaderos custodios de la institucionalidad. Según ellos, el respeto incondicional a la división de poderes y al fortalecimiento de las instituciones era (y, supuestamente, lo es)  la piedra basal sobre la que se edifica toda "la propuesta" del PRO.
Claro que, si enfocamos la mirada sobre los actos donde se reflejan los diversos procederes del “institucionalista” Macri, podemos percibir un ostensible ejercicio de la hipocresía. Ya que, el tan mentado respeto a las instituciones brilla por su ausencia; y más que respetarlas se las avasalla periódicamente.
Cualquiera podría comprobar que en la realidad, tanto “el Veto” como sus fieles seguidores son: “institucionalistas profesantes pero no practicantes”; o, en su defecto, tienen una concepción muy particular respecto del significado de la institucionalidad.
Lo cierto es que en la práctica no solo no respetan la misma; sino tampoco lo hacen con  la ley, la ética, las personas, ni siquiera con la voluntad de sus propios electores que, en última instancia, han elegido legisladores con el propósito de sancionar leyes para su ciudad que terminan siendo impugnadas por el monarca sin corona.
Ahora se entiende porque cuando Macri fue legislador no asistía, prácticamente, nunca al parlamento. Obviamente, para Mauricio “lo institucional” excluye la legislatura. Pues, por eso profesa un absoluto desprecio por la labor parlamentaria. Y de hecho, eso se percibe más notoriamente desde que se hizo cargo del ejecutivo porteño.
Pero eso sí, en su concepción, “es un defensor a ultranza de la institucionalidad y el Estado de Derecho” y, si alguien lo duda, a las pruebas me remito, a saber: procesado por escuchas “ilegales” con causas fraguadas e iniciadas  en una jurisdicción provincial, procesado por los delitos cometidos (si bien, fue absuelto recientemente) por la conocida Unidad de Control de Espacios Públicos (UCEP) que se encargaba de expulsar (violencia mediante) de las plazas públicas a los “sin techo”, fuerte convicción republicana exteriorizada en la designación de ministros que reivindicaban (y reivindican) gobiernos dictatoriales; inquebrantable respeto a la ley, permitiendo la adjudicación directa a empresas privadas que contraten con la administración porteña evitando los “oscuros procesos licitatorios”, o autorizando aumentos en el transporte urbano de pasajeros sin ajustarse al “engorroso” procedimiento del llamado a la Audiencia Pública requerido por la norma. Y si con lo expuesto, alguien todavía vacila del “vigor institucional” que caracteriza a los hombres y mujeres PRO; observemos la constante utilización de esa herramienta institucional, denominada, Veto. Que como bien lo destacara la Vicejefa de Gobierno, Lic. Vidal, es un atributo del poder ejecutivo previsto en nuestra Constitución. Claro que como atributo de excepción debería utilizarse razonablemente; pero lógico, tampoco vamos a tratar aquí de desmenuzar que entienden los dirigentes del PRO por "razonabilidad". Ya bastante difícil se nos hace el desentrañar su concepto de institucionalidad, como para querer descifrar otro todavía más vasto.   

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