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viernes, 14 de noviembre de 2014

Servilismo y desintegración al servicio mediático.Elecciones 2015





 



Si hay un síntoma que se está tornando evidente en la realidad política argentina es “la fatiga informativa” -aunque a decir verdad, más realista sería denominarla “desinformativa”- causada por la exacerbación mediática que no cesa en su empeño en descalificar al gobierno de Cristina Fernández.
Sin duda, los medios han desplegado, a lo largo de los últimos años, todo su potencial para dañar la imagen de la presidenta y es preciso reconocer que, apelando no pocas veces a la descalificación falaz y al engaño, en cierta medida lo han logrado. Ahora bien, ese logro no ha sido total, sino parcial y tampoco los ha dejado indemne; sino por el contrario, han pagado un costo elevadísimo en una amplia franja de la población que comprobó, en los hechos, cuan poco creíbles resultan los medios hegemónicos al momento de difundir noticias.
Pero éste conflicto entre el poder ejecutivo y el poder corporativo, nos ha provisto de un aditamento más que interesante: ya nadie en su sano juicio puede suponer que tales medios actúan desinteresadamente. Obviamente, no estamos en condiciones de discernir quién ha ganado la pulseada si nuestra Presidenta o los “medios dominantes”. En todo caso, el tiempo nos develará quién ha salido airoso de la contienda. El problema finca en que si a futuro descubrimos que los “medios” han de ser los vencedores; no será precisamente la presidenta la derrotada, sino la ciudadanía en su conjunto, si bien es probable que buena parte de ella no se percate de las consecuencias que puede traer aparejada la misma.
Lo que sí es evidente que, si la presidenta no hubiere recibido tamaña agresión mediática su popularidad sería muchísimo mayor de la que cuenta hoy en día y muchas de sus realizaciones serían ponderadas desde una perspectiva más beneficiosa en relación con el desarrollo de nuestro país.
Pero claro, pretender la objetividad mediática es, ni más ni menos, que anhelar un imposible; esto es que los medios no persigan la acumulación de riqueza.
Desde luego, en el sistema en que vivimos no es reprochable pretender acumular riqueza; lo repudiable es hacerlo a expensas de engañar a “la gente” ocultando información, o falseando información para ampliar sus negocios o preservar los que ya se tiene. Y a quedado demostrado que si para ello deben difamar a un gobierno democrático, pues, "bien vale el proceder".
Lo cierto es que en el afán por sembrar el descontento los medios están replanteándose si es suficiente su poder de fuego; no en vano, no se mostraron muy proclives a difundir la marcha del cacerolazo del 13 de noviembre; al fin de cuentas, sus "miedos" se vieron corroborados, pues, la convocatoria no fue para nada relevante y la asistencia se vio escasamente nutrida de gente de los alrededores, en su mayoría de avanzada edad. Difundir la mentada marcha, con el riesgo de quedar asociado a la convocatoria, hubiere debilitado un poco más su declinante imagen.
Por otra parte, si bien es cierto que a los medios hegemónicos les preocupa la concreta posibilidad que el oficialismo obtenga un triunfo en las elecciones del año próximo (la luz de alerta se encendió con el triunfo de Dilma Rousseff , en la república hermana de Brasil quien padeció un proceso similar de agresión mediática), la preocupación está lejos de convertirse en traumática debido a que Cristina Fernández no puede ser reelecta. Por ende, si bien la agresión no ha cesado, hoy en día están más abocados a instalar a solo tres de los eventuales candidatos como posibles presidenciables ignorando de ante mano el resultado de las primarias.
Es lógico que actúen de este modo, después de todo dos de ellos responden directamente a sus intereses (Macri y Massa) y el tercero (Scioli), paradójicamente del Frente para la Victoria (FPV) es alguien que no solo no brinda garantías suficientes para profundizar la política ejecutada por el kirchnerismo, sino que ha mostrado más de una vez estrechos vínculos con los dueños del poder mediático argentino. Así las cosas, el panorama para sus designios no se presenta, en absoluto, amenazador.
Es notable contemplar cómo, a pesar de que el grado de subordinación del conglomerado político opositor ha sido unánime, algunos no han obtenido la aprobación para seguir en carrera. De esta forma observamos cómo, a pesar de la profesión de fe realizada por este “voluntariado servil” al poder mediático, algunos están al borde de ser excluidos. Y esto a raíz de una estrategia que, al momento de ser adoptada, no repara en el exceso de servilismo para premiar a los voluntarios, sino en los intereses de la corporación.
Así por ejemplo, ante la eventualidad de que las primarias modifiquen la situación dentro del oficialismo y surja otro candidato que no sea el gobernador de la provincia de Buenos Aires, la presión mediática procura reducir al máximo la cantidad de aspirantes a la más alta magistratura.
Es una manera “apropiada” de evitar que los votos se dispersen entre los distintos candidatos, eliminando de ese modo (al menos en teoría) la posibilidad de que el oficialismo obtenga un triunfo en primera vuelta. En relación a esto, no resultaría extraño que la principal aliada del grupo Clarín, la diputada Elisa Carrió, haya trabajado fructuosamente en dinamitar la estructura de Frente Amplio Unen (FAUnen) a los efectos de reducir la oferta electoral con vistas al 2015. Obviamente, los “conductores” de FAUnen han dado muestras más que suficientes de su incapacidad política para fortalecerse, quizá por la mediocridad que reina entre los integrantes de su agrupación que, en el afán de satisfacer los reclamos de los medios, fueron capaces de juntar “salames con zapallos” y los resultados están a la vista.
Se podrá argüir que nadie concienzudamente podía esperar algo serio de una agrupación que sumaba a un “desertor oportunista”, con un “peronista renegado” y un “socialista” que confunde el ideario de Marx con el de Adam Smith. Aunque a decir verdad, Binner está más cerca de Von Hayek que del respetable Smith; si bien, observando al candidato, siempre cabe la posibilidad de que no haya leído a ninguno de los tres. Pero lecturas aparte, podríamos decir que FAUnen está más cerca de la “nada” que del “ser”. Obviamente, la disgregación de este grupo nada cambia en términos sustanciales; después de todo repartirán sus simpatías entre el PRO (Macri) y el Frente Renovador (Massa) lo que pone al desnudo que se trata de una expresión más “moderada” de la derecha.
Si bien todavía “resta fluir mucha más agua bajo el puente”, lo cierto es que recién a fines de marzo podremos vislumbrar las distintas posibilidades que se le ofrecerá a la ciudadanía ante las eventuales primarias. Hoy, con diferencias de grados, solo conocemos los candidatos de “la derecha”; y si bien izquierda y derecha son posiciones antropocéntricas (pues, no se está a la izquierda si no se tiene a alguien a la derecha) no deja de preocuparnos la situación futura.
Algunos amigos, me dicen que el gobernador de la provincia de Buenos Aires (sin olvidar que existen otros dentro del oficialismo más afines al "modelo", entre ellos: Taiana, Uribarri, Randazzo, Aníbal Fernández) ha de estar controlado por el partido y será imposible cambiar el rumbo, al menos en materia de ampliación de derechos. Tal vez tengan razón, sin embargo no dejo de recordarles que en 1999 lo mismo decían los “alfonsinistas” de De La Rúa y la historia me exime de comentarios. Puede que sean situaciones incomparables, pero alguna vez alguien dijo que “sabio es quien sabe sacar provecho de las experiencias ajenas”.
Por lo pronto, a la ciudadanía solo cabe esperar la realización de las primarias bajo la esperanza de que, a través de ella,  surja un candidato de convicción firme; capaz de no abandonar la pulseada hasta saber que los medios desistan definitivamente de su inveterada idea de controlar la política para beneficio propio.

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