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viernes, 6 de junio de 2014

Una Secretaría que desató el encono






 



La flamante designación de Ricardo Forster  al frente de la novel secretaria de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, dependiente del Ministerio de Cultura de la Nación, ha despertado la ira y la descalificación de los voceros de los medios hegemónicos.
Nadie que se precie de un mínimo de conocimiento puede ignorar que una de las funciones que le corresponde a un Ministerio de Cultura, sea la de organizar y difundir las distintas vertientes que configuran la historia del pensamiento de una nación. Sin embargo, y a juzgar por las reacciones de la pluralidad de los medios privados, esa no es una facultad que deba corresponder  al organismo cultural. Por el contrario, muchos de los “voceros” (que se hacen llamar periodistas) mediáticos tienen una visión tan estrecha del verdadero significado de la palabra “cultura” que hasta se vanagloriaron de preguntar: ¿Qué es eso del “pensamiento nacional”?
Uno de ellos, hasta llegó llego a decir: ¿acaso nos van a enseñar a pensar? Al momento de escucharlo uno tenía sobradas ganas de responderle que, si bien es cierto que el designado secretario Ricardo Forster tiene excesivos atributos pedagógicos para dictar ese tipo de enseñanza, tampoco es cuestión de encomendarle lo imposible.
Lo concreto es que  ni siquiera minimizaron el rol que le correspondería desarrollar a semejante secretaría; pues, directamente arguyeron que es un sinsentido, una simple vacuidad asociada a “oscuros propósitos” propios de un régimen dictatorial.
Al escucharlos resultó inevitable no traer a la memoria aquella célebre frase que reza: “Cuando el sabio señala la luna, el necio concentra su vista en el dedo”.
Merced a esa necedad propia de la ignorancia, de la cual algunos hasta se jactan de poseerla, hemos podido contemplar como los representantes de “la trilogía del desánimo” (prensa escrita, televisiva y radial; eso sí, “saludablemente independiente”) se empeñaron más en hablar del aspecto formal (entiéndase: nombre de la secretaria) que del contenido en sí que ha de llevar a cabo la misma. Lógicamente, el nombre de la secretaría ya  prima facie les genera urticaria a estos “aspirantes a escuderos” del establishment.   
El primero de los términos que les provoca la erupción de la piel, es que se hable de “lo nacional” concepto que menosprecian  -al igual que el de “Estado”- porque adhieren al viejo prejuicio de desdeñar lo nuestro. No obstante y más allá de eso, no tienen porqué inquietarse ya que la persona designada para el “cuestionado cargo” ha dado muestras más que suficientes de gozar de una elevada amplitud de criterios que posibilitará debatir “lo nacional” desde una variada pluralidad de perspectivas.   
Claro que la única condición que se requerirá, y conforme a las expresiones del nuevo funcionario, será la discusión fundamentada que posibilite el enriquecimiento de las ideas nacionales:   “Vamos a intentar armar una secretaría que sea capaz de articular la complejidad de la historia intelectual argentina, la historia política e ideológica, y que sea capaz de discutir los temas del presente y del futuro, ése es el objetivo”.
El otro término que provoca una fuerte reacción sobre la epidermis, en buena parte de los integrantes de la cofradía de los medios; es  el que hace referencia al pensamiento. Obviamente, los partidarios de la opinión ligera; esto es, aquella realizada sin reflexión, sin fundamento o sobre la base de presupuestos falsos - y a la que nos tienen tan acostumbrados “los opinadores mediáticos”- no podrá encontrar lugar dentro del objetivo de esta secretaría. Por el contrario, la labor que desarrolle esta flamante dependencia del Ministerio de Cultura atenta, entre otras cosas, contra el desconocimiento y  la “hegemonía de la opinión” instalada por los medios.
 Hecho que, por cierto, incomoda  a “los opinadores”, puesto que si hay algo que los descoloca y les genera rechazo es, evidentemente, la posibilidad de pensar, ya que esto implica buscar posturas fundamentadas, esforzarse por conocer, prepararse, aprehender,  y no opinar ligera e irresponsablemente.
Por otro lado, es preciso reconocer que seríamos injustos si negásemos que una buena parte de la “oposición política” (que ha dado muestras más que suficientes de defender los intereses mediáticos; prestándose a fortalecer los dominios de la opinión, inclusive la de mala fe) se ha sumado al rechazo injustificado de la mentada secretaría. 
Algunos como Laura Alonso del PRO adujeron que la creación de una “Secretaría del Pensamiento Nacional” atenta contra la democracia. No en vano, es dable recordar que su partido propició la supresión de la enseñanza de la Historia Nacional en los establecimientos educativos.  A juzgar por la legisladora, todo lo nacional es antidemocrático; tal vez por ello no se ha tomado la molestia de conocer un poco de historia argentina. Sin embargo, y al parecer, eso no resulta un impedimento para que opine sobre un tema que desconoce: “el pensamiento nacional” que, obviamente, ninguna trascendencia le asignan en su partido. 
Más “sutil” estuvo el diputado Ricardo Alfonsín, de la UCR, quién manifestó irónicamente y con cierto temor, “que no se le ocurra -a este gobierno- crear la policía del pensamiento”. Evidentemente es una descalificación gratuita o un alarde de "buen humor" por parte del diputado radical. 
No obstante, podríamos aseverarle al ex candidato presidencial que este gobierno ha dado sobradas muestras de no reprimir ni conductas, ni mucho menos ideas; a pesar de las insinuaciones que vierten mucho dirigentes inescrupulosos.Pero aun así, y siguiendo con su predisposición al humor, debería tranquilizarse ya que de existir (como él señala) una hipotética “policía de pensamiento”; no se vería afectado en lo más mínimo, puesto que se supone que solo censurarían a los que piensan.
Lo concreto es que este gobierno no censuró a nadie, ni va a censurar. Sin embargo, los autodenominados “auténticos representantes de la democracia” se empeñan permanentemente en censurar el debate (es decir, a la razón) y ocultar el pensamiento nacional. De ahi su, a priori, rechazo a la recién creada Secretaría.     

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