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miércoles, 6 de marzo de 2013

La rueda de la historia y el agradecimiento a Chávez






 





No han sido pocas las veces en que, como observador político, me he preguntado si los acontecimientos históricos son la resultante exclusiva de los procesos sociales o, por el contrario, están más influenciados por el quehacer de ciertos hombres que asumen  un rol protagónico en un momento histórico determinado. Sin duda, es mucho más lógico -y por ende, más razonable- suponer que ambos factores se entrelazan con un tercero que, a pesar de no tenerlo demasiado en cuenta en nuestras consideraciones, juega un papel muy importante en esto de poner en movimiento la rueda de la historia. Nos referimos específicamente al azar.
Lo cierto es que no podemos ponderar con exactitud, cuál de estos tres elementos aporta -porcentualmente hablando- la mayor proporción para que el proceso histórico se desarrolle en sentido evolutivo. Ya que tampoco debemos ignorar, que cada uno de estos factores puede operar en sentidos diversos; sea procurando detener el avance, o bien intentando desviar del curso adecuado (esto es, del sendero del bienestar de los pueblos) el movimiento del “rodado histórico”. Obviamente, lo más probable es que las proporciones varíen en función de los tiempos.
No obstante, hay algo que sí es digno de observarse, y es que cuando el proceso social se encuentra en plena madurez pero en ausencia de “hombres protagónicos” (liderazgos), aquél no llega a cristalizarse. Posponiendo, en consecuencia, que la rueda alcance el objetivo trazado, concretamente: el desarrollo y bienestar de los pueblos.
En cuanto al azar, debemos decir que el siglo XXI comenzó siendo favorable para América Latina. “El desierto político” que parecía cubrir la totalidad de la región, no dando lugar a que floreciera la esperanza; casi “milagrosamente” tornóse en una pradera donde la naturaleza autóctona, por motu proprio, comenzó  a “producir” sus más destacados frutos.
Como por arte de magia (algunos dirán no sin razón, que fue la negación del auge del cultivo neoliberal caracterizado por brindar “frutos rancios e inconsistentes”) surgieron líderes de talla en diversos puntos de la geografía sudamericana: Chávez, Lula, Kirchner, Correa, Evo Morales, Cristina Fernández, José Mujica, Dilma Rousseff. Dirigentes estos dispuestos a arrastrar, con férrea voluntad, la rueda de la historia en la misma dirección y en el mismo sentido.
No es cuestión, ni de utilidad, discutir aquí quien la arrastró con mayor o menor intensidad; lo que vale es que todos y cada uno de ellos no vaciló en empujarla de manera mancomunada procurando garantizar la felicidad de nuestros pueblos.
Lamentablemente la alegría no contiene rasgos de eternidad y, para colmo, la suerte suele ser extremadamente volátil; por ende, en ocasiones se invierte y acontecen desgracias como éstas, donde se nos termina despojando de dos de esos “maravillosos frutos humanos” que signaron la región en estos tiempos.
 Así hemos perdido a Néstor Kirchner hace poco más de dos años y, recientemente, al querido líder bolivariano Hugo Chávez Frías. Curiosidades del destino, dos de los referentes políticos que, junto a Lula da Silva, abortaron en la Cumbre de las Américas del año 2005 el propósito de George W. Bush de imponer el ALCA en la región; posibilitando de esa forma la consolidación del Mercosur y sentando las bases para la creación de lo que hoy se conoce como Unasur (Unión de Naciones Suraméricanas).
Seguramente la historia hubiere sido absolutamente adversa para nuestros pueblos de haberse coronado el ALCA, la recuperación económica de la región latinoamericana no hubiese tenido lugar, ni el mejoramiento en la calidad de vida de nuestros compatriotas sudamericanos, la Unasur hubiere tenido existencia solo en el plano de la imaginación, el pujante Mercosur se encontraría agonizando y un extenso manto de sombra hubiere cubierto el hoy soleado y promisorio horizonte latinoamericano. Sin embargo, una buena parte de nuestra población desconoce, y tampoco imagina, aquello que no fue. Es más, algunos ni siquiera se habrán enterado del mencionado “aborto” y sus beneficiosos efectos que tuvo para el porvenir latinoamericano. Como tampoco quizá se hayan enterado de la ayuda brindada, oportunamente, por Chávez (y por su intermedio, del pueblo venezolano) en materia de combustibles o en materia de auxilio financiero para independizarnos del “monitoreo” y condicionamiento del FMI.  
Como no recordar las declaraciones de Henrique Capriles, el candidato de la oposición -y al que segun declaraciones recientes hubiere votado H. Binner-, cuando durante la campaña electoral del año 2012 se quejaba del apoyo brindado por Chávez a la República Argentina (ver Clarín, 02/10/2012). Lo paradójico es que el mentado diario “argentino” realzaba y fogoneaba en sus líneas editoriales y a través de su “periodista estrella” de la televisión, Jorge “el augur de los débiles” Lanata, al candidato opositor en desmedro de la candidatura de Hugo Chávez; tal vez, entre otras cosas, por haber ayudado incondicionalmente a la Argentina a superar los condicionamientos externos.  
Si bien es cierto que, y conforme a un cable de Wikileaks publicado por el libro de Santiago O’Donnel  (ArgenLeaks), ya en el 2007 “el gran diario argentino” hacía saber a las autoridades americanas “su firme oposición a Chávez”, demostrando de esa manera su absoluta “independencia de criterio” informativo.
Lo que no comprendían  -o mejor dicho comprenden y quieren ocultar- es que el líder bolivariano sabía que la única posibilidad de desarrollo político social que tienen nuestros pueblos es, inexorablemente, profundizando la unidad latinoamericana.
De ahí el profundo dolor que, más allá de nuestra concepción humanista, nos embarga a todos aquellos que profesamos el ideario latinoamericano por la pérdida de semejante estadista en la región.
No existen dudas respecto de que Chávez ha sido un líder excepcional, de esos que la vida rara vez nos proporciona; su ausencia física va a ser imposible de reemplazar. No obstante, su impronta y su legado han de ser indelebles en la conciencia de los pueblos.
La rueda de la historia latinoamericana continuará girando aun en ausencia de ese “Titán”, llamado Hugo Chávez Frías, que con su simple figura parecía girarla solo.
Las lágrimas de esos millones y millones de personas de la Patria Grande son un fiel reflejo de que no van a faltar voluntarios para que “la rueda” no se detenga y  siga su curso.
Y todo gracias a su inconmensurable labor: ¡¡¡Hasta siempre Comandante y compañero Chávez !!!  Ha sido todo un orgullo el haber podido contarlo entre los grandes hombres de nuestra región!!

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