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sábado, 16 de febrero de 2013

La insoportable liviandad de ideas




 




El año 2013 presenta la particularidad de que en el mes de octubre se han de desarrollar  elecciones legislativas, hecho éste qué no solo posibilitará la nueva conformación de ambas Cámaras; sino que también perfilará, en mayor o menor medida, los futuros candidatos presidenciales con vistas a los comicios del 2015.
Lo cierto es que a raíz de ello la mirada de la ciudadanía va a estar dirigida sobre quienes encabecen las listas de candidatos y, fundamentalmente, sobre quienes representen a los partidos de la oposición.
Con esto no estamos diciendo que el oficialismo ha perdido protagonismo, en absoluto. Por el contrario, el gobierno continúa ejecutando su programa de gobierno y gozando  -si bien es cierto que debe corregir, entre otras cosas, algunas variables de orden económico, como por ej. el alza de los precios provocado por un mercado esencialmente oligopólico- de un amplio consenso dentro del electorado general.  Guste o no, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (al igual que el de Néstor) ha demostrado un hilo de continuidad en la ejecución de sus políticas: ha sostenido una abierta confrontación con los poderes de facto (Sociedad Rural, Medios dominantes, Iglesia, etc.), ha mejorado notoriamente la calidad de vida de los más desposeídos (Asignación Universal por Hijos, la ley de movilidad de los haberes jubilatorios), ha impulsado leyes que promueven la integración social, ha reactivado la economía y reestructurado la deuda en el marco de políticas intervencionistas, ha liberado al país del sometimiento a las sugerencias del FMI,  ha impulsado medidas contracíclicas en materia económica que posibilitaron atenuar los efectos perniciosos de la peor crisis internacional, ha desarrollado una política de derechos humanos inimaginable hace una década atrás, ha construido un número elevadísimo de escuelas y universidades públicas, ha repatriado casi un millar de científicos y creado el Ministerio de Ciencia y Técnica para dar impulso a la investigación científico-tecnológica, etc., etc., etc. 
Se podrá decir que restan muchas otras cosas por hacer o que algunas de las medidas en cuestión son insuficientes; y es muy probable que así sea. No obstante, es dable recordar que la mirada del hombre siempre está condicionada por la perspectiva en que se encuentra. Lo que lo compele a interpretar la realidad en función de sus necesidades.  
Lo que no se puede decir, si se piensa y obra con honestidad, es que el gobierno no ha hecho nada o, peor aún, ha hecho todo mal. Ya que de ser así, deberíamos concluir que una franja significativa de la sociedad opta por la práctica del  “masoquismo comicial”. Por el contrario, algunas de las puntualizaciones que realizamos anteriormente demuestran irrefutablemente que eso no es así.
Sin embargo, la oposición se rige por el principio de acción y reacción que suele ser aconsejable si se procura comprender las leyes del movimiento de los cuerpos; pero no guarda relación alguna cuando de lo que se trata es comprender las necesidades políticas de una nación.
Lo concreto es que esta postura adoptada, casi en forma unánime, por la oposición devela un peligroso abandono del ejercicio de la razón.
La presunta dicotomía gobierno vs oposición, no tiene su fundamento en el accionar gubernamental; por más que algunos opositores disfracen su discurso, elaborado al parecer conjuntamente con los “cerebros” del poder mediático.
Si hacemos un ejercicio de abstracción, entendimiento mediante, y suprimimos el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner; nos daríamos cuenta que la oposición carece de propuesta, su proyecto de país es absolutamente indefinido; solo por contraste podemos imaginarnos una tenue idea de lo que pretenden: Volver a los 90.
Su accionar solo se despliega en función de oponerse -jamás mejorar o presentar una propuesta alternativa- a las iniciativas de gobierno. Su única consigna es descalificar –al igual que los medios hegemónicos: Clarín y Nación- al gobierno “in totum”; lejos está de aplicar aquella norma que un legendario líder opositor formuló en el siglo pasado: “El que gana gobierna y el que pierde acompaña”.
Para ejemplo basta observar la discusión en esto que se ha llamado Memorándum de Entendimiento Argentino-Iraní con miras a esclarecer las investigaciones sobre la denominada “causa AMIA”. Y aquí vale efectuar una distinción, una cosa es encontrar elementos que aporten al esclarecimiento de los hechos y otra muy distinta es impartir justicia. La posibilidad de que un juez argentino interrogue en territorio iraní a aquellos que se encuentran presuntamente involucrados, directa o indirectamente, en el atentado criminal; en el peor de los casos, no afectará la parálisis de la causa. Puede que de ello nada resulte, pero también puede que el juez descubra algo u obtenga indicios que le posibiliten remover una causa estancada. Puede resultar comprensible la actitud de la DAIA en sintonía con la política exterior israelí. Lo que no resulta comprensible es que la dirigencia local se oponga a las posibilidades mínimas por cierto, pero posibilidad al fin, de poder esclarecer un atentado que conmovió en su momento a todos los argentinos. Con respecto a ello se han escuchado una serie de críticas infundadas –algunas absurdamente descabelladas- hacia la tentativa del gobierno que, paradójicamente, ha sido el que mayor empeño observó para el esclarecimiento de los hechos; por otra parte, no acaecidos durante su gestión. Mientras que muchos de los que hoy critican y se oponen, son los mismos que no se inmutaban con la parálisis de la causa en años anteriores; cuando formaban parte integrante del gobierno de turno.
Al parecer la oposición está empeñada en desjerarquizar “la política” con el propósito de desnaturalizar su función y sembrar, de ese modo, el rechazo hacia ella de buena parte de la ciudadanía. Una vez logrado este objetivo -esto es, la apatía de la ciudadanía- el terreno quedaría lo suficentemente fértil para que los tecnócratas con sus formulas ininteligibles accedan nuevamente al podio de la estructura estatal y desde allí despliegen la bandera del “Libre Mercado”. No por casualidad, los gurúes libremercadistas se están enrolando en los partidos de la oposición; si hasta Domingo “Terminator” Cavallo  -delfín de otro aspirante a la presidencia en el 2015, José M. De la Sota y emblema del neoliberalismo argentino- está pidiendo pista para integrar la lista de candidatos.
Por otra lado, y continuando con el propósito de devaluar la política, uno de los partidos que pretende convertirse en el eje convocante de la oposición al gobierno, nos referimos al PRO, está intentando disuadir a distintas personalidades del mundo mediático para que se incorporen a sus listas. Lo peor del caso es que no tienen reparo en reconocerlo; por el contrario, se dan el lujo de invitar a un locutor radial (González Oro) para integrar los primeros lugares de su lista de senadores merced a que indagando, a través del sistema de encuestas, comprobaron que tenía “buena imagen”. Claro la imagen es de radio; pero eso es solo un detalle. El conductor radial descartó la oferta por ahora; pero entre quienes ya dieron el sí, se encuentran el ex jugador de básquet  Leandro Ginóbili (hermano del afamado basquetbolista), el ex árbitro de fútbol Héctor Baldassi. Queda en suspenso todavía el ofrecimiento realizado a Carlos “el colorado” Mac Allister, ex jugador de Boca y la intención por el momento negada de sumar a Marcelo Tinelli. Lo verdadero es que, cuando el líder de esa agrupación, Mauricio Macri, sostiene “estamos armando un gran equipo” no sabemos si se refiere a la práctica deportiva o a un futuro equipo de gobierno. Ahora bien: ¿Cuales son las ideas de este equipo de rejuntados? Creo que ni el propio Mauricio las conoce.
En fin, es evidente que es un partido muy contradictorio el Pro, su nombre completo es Propuesta Republicana, pero conciben a la república de una manera muy singular, a tal punto que en su carácter de Jefe de Gobierno, su dirigente máximo, ha vetado con creces más de un centenar de leyes propuestas por los legisladores.  Menuda república, al parecer, ofrece la Propuesta Republicana.
No hablemos de los otros protagonistas del entramado opositor, por ejemplo: el ex ministro de economía Roberto Lavagna que se encuentra en intensas conversaciones con el PRO para llegar a un entendimiento, o el lider del FAP de H. Binner que elogia la República de Ghana y cuestiona al gobierno de populista, o Francisco de De Narváez  (diputado y opulento empresario) que dice no asistir a las reuniones del Congreso porque no es buen orador. Tal vez este hombre desconocía  que la Cámara es, esencialmente, un órgano deliberativo y, por ende, en su recinto se discuten los distintos proyectos de ley.
Lo cierto es que infunde temor esta dirigencia opositora, algunos parecen remixar la política de los noventa; otros sin farandulizar sus listas siguen la misma línea en lo que respecta a vaciar la política de contenido; pero todos coinciden en oponerse, sin preocuparse por los argumentos, a la actual gestión de gobierno.  
Esto nos trae a la memoria aquella conocida anécdota comentada por aquél líder político argentino, militar e historiador, que tuvo el privilegio de ser electo presidente en tres ocasiones.  En una entrevista (que sorpresas de la vida, le realizó uno de los actuales miembros de “la oposición”) comentaba:
 “Decía el mariscal de Sajonia que él tenía una mula que lo había acompañado en más de diez campañas; pero decía también, la pobre mula no sabe nada de estrategia. Lo peor es que, al mismo tiempo, pensaba que muchos de los generales que lo habían acompañado sabían lo mismo que la mula”. Para luego añadir: “En política sucede lo mismo”.
Y vaya si sucede, podríamos afirmar con un mínimo margen de error qué, el grado de comprensión de lo que se conoce como “la oposición política” en Argentina es muy similar al de los generales que acompañaban aquel viejo mariscal sajón.

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