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domingo, 5 de junio de 2011

La perspectiva de la derecha y sus candidatos




                                      








Es verdaderamente sorprendente observar como las aguas políticas que circulan sobre nuestra geografía se mantienen calmas y estables a pesar de los desesperados intentos de un sector minoritario -pero extremadamente poderoso- en alterar la tranquilidad de las mismas.
Y mucho más nos sorprende, contemplar los vanos intentos de estos profesionales de la convulsión social cuando en otros tiempos, no muy lejanos, consumaban a gusto sus propósitos mientras el resto de la población, sumergido en el mar de la turbación, procuraba alcanzar la orilla para poder sobrevivir. Es como si un embrujo les hubiera arrebatado parte de sus poderes maléficos reduciendo notoriamente su capacidad de engaño colectivo al grado tal que ya, buena parte de sus antiguos creyentes, han dejado de oír sus “cantos de sirena” que no tenían otro designio que arrojarlos a las aguas mientras ellos, cómodamente desde la superficie se adueñaban del país sin reparar en las necesidades del resto.
Macabro proceder por cierto, pero claro está, visto desde la perspectiva popular (o populista como suelen expresar ahora), ya que desde el enfoque de “los detentadores del poder” el país era “digno de elogio”. Pues, aceptaba dócilmente las recetas sugeridas por el FMI, a quienes se les atribuía una suerte de saber universal para promover el desarrollo económico de una nación; si hasta se hacía publicidad, a modo de agradecimiento, cuando algún préstamo de esa “benemérita institución” –cual si se tratase de nuestros salvadores- le era otorgado al país. Basta recordar como se empapelaban las avenidas porteñas con el tristemente famoso afiche “Ya viene el blindaje”, como si se anunciara el fin de todos nuestros males con una medida que, en verdad, tenía por objeto acentuar nuestros padecimientos.
Pero además, y conforme a las políticas impulsadas en aquella época, se achicaban los salarios a escalas sin precedentes en la historia económica argentina. Y, obviamente, los trabajadores mutis por el foro, de lo contrario pasaban a engrosar las extensas filas de desocupados; no por casualidad fue el período donde comenzaron a proliferar los cortes de calles, si el trabajador ya no podía manifestarse en su ámbito natural, la fábrica, porque, precisamente, ella ya no funcionaba. Paralelamente con ello, se transferían los fondos previsionales a las empresas privadas que lejos de realizar inversiones rentables para sus afiliados, terminaban haciendo grandes negocios para las corporaciones (por ej. Clarín) sin que ningún medio comentase la noticia, no sea cosa que los asociados a las AFJP se enterasen que mientras sus fondos decrecían, la plata que, con su esfuerzo, aportaban iba a parar al bolsillo de otros. Se regalaban, a su vez, a los grandes grupos "nacionales" y multinacionales las empresas del Estado configurando un excelente negocio para aquellos y debilitando de ese modo al poder estatal con el propósito de condicionarlo a futuro, de forma tal que le resultase prácticamente imposible reestablecer un orden social más justo y equitativo. 
En última instancia, se desprotegía a los asalariados, al consumidor, a los ciudadanos a punto tal de sentirse impotentes para cambiar la realidad en la que se hallaban inmersos. Como vemos, todo es cuestión de perspectiva. Para los dueños del poder económico, esa era la Argentina próxima al primer mundo, la que brindaba “seguridad jurídica” a los inversores, la que abrevaba de la fuente del saber provista por el FMI y el Banco Mundial, la que posibilitaba que un puñado de economistas –asociados al poder- desfilaran por los medios de comunicación sugiriendo acentuar cada vez más las medidas propuestas por los organismos internacionales de crédito.
Claro que sería una ingenuidad suponer que los beneficiarios directos del país de entonces, hoy con sus poderes menguados al menos en la esfera política, no estén en condiciones de causar daño alguno sobre ésta nueva realidad argentina. En absoluto, pues, aun cuentan con innumerables recursos; entre ellos, sólidas y “representativas” instituciones del poder real en las más variadas áreas: En el sector agropecuario: la Sociedad Rural Argentina, Carbap, Coninagro, etc., en el sector empresarial la Asociación Empresaria Argentina (AEA) que cuenta entre sus miembros a empresas nacionales y multinacionales como Techint, Arcor, Grupo Clarín, etc. , periódicos como Clarín, Nación, Perfil, medios de comunicación audiovisuales –casi todos los que se pueda imaginar-, algunos gremios consustanciados con un modelo de país  para pocos y una clase política entera que los representa bajo el rótulo “la oposición”.
Todos y cada uno de ellos trabajan sigilosamente en desmedro de la equidad social y con el propósito de retrotraer la situación argentina a las épocas de la euforia privatizadora y de la convertibilidad. Pero esa es la cara invisible que se opone al modelo vigente en la Argentina de hoy; ahora bien, observemos detenidamente la otra cara. Aquella que sale a la superficie, es decir, la cara visible de este conglomerado opositor en el terreno político-institucional. Son, precisamente, quienes aspiran a derrotar a la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner en las próximas elecciones y que se presentan, al parecer, como candidatos sin historia. De lo contrario, no se atreverían ni siquiera a intentarlo, pues, la mismísima historia los condena.
Veamos algunos nombres para entender lo que estamos diciendo:
-Luis E. Duhalde: no hace falta aclararlo, Vicepresidente de Menem, Gobernador de la Pcia. De Bs As. Y ex-Presidente de la República. Que venga a ofrecer sus servicios después de haber desarrollado un rol preponderante en la construcción de la Argentina decadente es casi subestimar la inteligencia de los argentinos. No obstante, es dable reconocer que sigue realizando interesantes aportes a la política nacional. Pues, ahora elige como compañero de fórmula a nada menos que Mario “fraudulento” Das Neves. En verdad, quien se precie de respetar las instituciones y el ejercicio de la democracia no puede elegir incorporar entre sus filas a alguien que posibilitó (como titular del Poder Ejecutivo Provincial) la realización de un conjunto de irregularidades electorales.
"Dime a quien eliges y te diré como procedes”. Al fin de cuentas, si uno elige algo es porque a ese “algo” le asigna un valor; en éste caso, y por tratárse de una persona, debería ser un valor moral. Pues, después de todo, si no le asignáse valor alguno no lo eligiría. Sería bueno preguntarnos que valor le atribuye éste candidato a su compañero de fórmula. Como así también, a tener entre sus filas figuras como  Barrionuevo, Rico, etc. ,etc.
-Ricardo Alfonsín: Su único antecedente es ser hijo del ex presidente de la República. Aquel que quiera ahondar un poco en las propuestas de éste dirigente político podrá observar que nada dice. Y no estamos pretendiendo que su discurso despierte cierto atractivo intelectual, que para el caso en cuestión sería mucho pedir; por el contrario, pretendemos que se cifre en propuestas concretas. Excepto la de eliminar las retenciones, no se le han escuchado muchas.
Lo peligroso de no decir nada es que al momento de hacer, se puede hacer cualquier cosa. Como por ejemplo, la designación que ha realizado en estos días. Específicamente: optó por conformar su fórmula con Javier González Fraga hombre que, en su oportunidad, no simpatizó con las políticas de su padre; sobre todo ante los esporádicos intentos de recortar mínimamente beneficios a los grupos de poder que el mismo Fraga representa.
Los antecedentes de González Fraga son bien conocidos: funcionario menemista, de fuertes vínculos con De Narváez, panegirista del modelo de los noventa, columnista de La Nación. En fin, toda una expresión ideológica definida.
Lo paradójico de todo esto, es que hasta hace unos escasos días el señor Alfonsín procuraba constituir un acuerdo con Hermes Binner miembro del Partido Socialista –un socialismo extremadamente light, pero socialismo al fin- y ahora termina consagrando su fórmula con una de las figuras mas conservadoras de nuestro país. Eso si, para no desentonar su candidato a gobernador por la Pcia. de Buenos Aires, Francisco de Narvaéz, es un pur-sang conservadora.

Podríamos añadir otras figuras que también integran el conglomerado opositor visible: Macri, Cobos, Carrio, Prat Gay, Patricia Bullrich, etc., etc.. Hombres y mujeres  representativos de la Argentina reducida y decadente, pero para que más.
Por suerte, todo indica que las aguas se mantendrán tranquilas y la Presidenta renovará su mandato.   

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