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domingo, 15 de marzo de 2015

La Convención Radical ya tiene candidato: Mauricio Macri





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Es notable observar la facilidad con que ciertos “dirigentes” son capaces de destruir determinadas instituciones -en este caso políticas y centenarias- con el mero afán de satisfacer sus mezquinos intereses personales. Y para peor estos sujetos se autocalifican, sin sonrojarse, de defensores de las instituciones, cuando en los hechos no solo las desprecian sino que son capaces de vaciarlas de contenido en aras de conquistar un reducido número de escaños que les permita conservar ciertas prerrogativas individuales.
La reciente Convención Nacional de la Unión Cívica Radical (UCR) es el paradigma de “la inescrupulosidad ideológica”. Es una muestra cabal de la búsqueda del poder por el poder mismo, en ella no hay parámetros valorativos, no hay correspondencia con su pasado histórico, ni con el ideario fundacional de un partido que cuenta con más de cien años.
Cuando uno observa la historia de ese partido puede, o no, disentir con figuras de la talla de Leandro Alem,  don Hipólito Yrigoyen, Arturo Illia, Moises Lebensohn, Crisólogo Larralde, Raúl Alfonsín y tantos otros; pero lo que no puede, es dejar de reconocer que dentro del ideario que profesaban, jamás se iba a instalar la idea de acompañar al más rancio conservadurismo político de la Argentina.
Sin duda, la UCR también tuvo, entre sus antecedentes, su primer “proceso derechizante” corporizado en la figura de Marcelo T. de Alvear tan pródigamente elogiado por el diario “La Nación”. Pero los herederos del “Peludo”, don Hipólito Yrigoyen (tan reiteradamente denostado por el mismo periódico oligárquico), supieron reivindicar los principios” yrigoyenistas” a través de la conformación de FORJA -Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina-  integrada nada menos que por Don Arturo Jauretche, Homero Manzi, Luis Dellepiane, Darío Alessandro, Gabriel del Mazo y la colaboración de Scalabrini Ortiz entre tantos otros.
Con la entrada en la escena política argentina del Gral. Juan D. Perón, una franja significativa del denominado radicalismo yrigoyenista se cohesionó con el movimiento peronista. Así bajo el rótulo de Junta Renovadora Radical se fueron incorporando figuras como Hortensio Quijano (vicepresidente en la primer presidencia de Perón), Juan Isaac Cooke (representante ante la ONU hasta 1955 y padre de John William), Armando Antille (abogado personal de Yrigoyen y posteriormente delegado de Perón y senador nacional), Alejandro Leloir (diputado nacional hasta 1955) por solo mencionar los más conocidos.
Lo cierto es que el radicalismo otrora un partido (si bien Yrigoyen solía hablar de movimiento) de fuerte raigambre popular fue sufriendo una serie de transformaciones perjudiciales que lo fueron orientando hacia el pensamiento conservador.
Fue la figura de Raúl Alfonsín, a finales del siglo XX, quien intentó reacomodarlo dentro de la concepción nacional y popular; pero los fuertes condicionamientos que los sectores dominantes le fueron imponiendo, como así también algunos de sus errores, a lo largo de su gobierno terminaron frustrando la posibilidad de lograrlo.
Es indudable que la llegada De la Rúa, luego del período menemista, implicó la conjunción de dos factores determinantes: por un lado la ineptitud extrema y por el otro el restablecimiento de la derecha partidaria. Frente a este mix de elementos, el resultado no podía ser otro que el desastre total.
Curiosamente los dos mismos componentes sobre los que se erigió el desastre del centenario partido  acaban de ser reivindicados en la reciente Convención Nacional de la UCR celebrada en la localidad de Gualeguaychú. Por un lado, promover como candidato a presidente a alguien que solo merced al ocultamiento, por parte de los medios hegemónicos, de su pésima gestión todavía puede ilusionarse con la más alta magistratura. Y por el otro, identificarse con la derecha más recalcitrante y antiestatista de la argentina actual.
Claro que ejecutar un programa de derecha en una coalición con el Frente Grande, no es lo mismo que directamente acompañar al PRO desde el inicio de su propuesta. En el primer caso era factible, si bien remotamente en virtud del escaso cerebro de la “cabeza dirigente”, ilusionarse un poco con la posibilidad de un cambio; no obstante, en el segundo no solo no queda lugar para la “ilusión” de sus eventuales votantes, sino que es la crónica de un final anunciado, concretamente el retorno del ajuste neoliberal.
Indudablemente es la declaración definitiva de tornarse no solo en un partido de ostensible espíritu antipopular; sino en la expresión más acabada de la antipolítica. Pero eso sí, recubierta bajo el ropaje de “republicanismo”.  
Quizá en la profundidad de sus “convicciones” el presidente actual de la UCR, Ernesto Sanz, y sus seguidores se encuentren extremadamente satisfechos con la concepción macrista, principalmente en su marcada tendencia a desatender las necesidades sociales, al fin y al cabo, el propio Sanz renegó oportunamente de la asignación universal por hijo aduciendo que se iba “por la canaleta del juego y de la droga”.
Quizá coincidan con la virtud republicana del PRO de crear instituciones como la UCEP (Unidad de control de espacios públicos) para apalear a los “sin techo”, o tal vez ponderen el ejercicio republicano de Mauricio (alías el Capitán Veto) que consiste en vetar -como lo viene haciendo a lo largo de su jefatura de gobierno- todas aquellas leyes que confieran derechos a la ciudadanía.
Demás está decir que a los “republicanos radicales” no les molesta que su candidato,Mauricio Macri, este procesado por escuchas ilegales y asociación ilícita, por defraudación y violación de los deberes de funcionario público respecto del direccionamiento de la licitación del mobiliario urbano, o por violación a la ley de datos personales intentando mediante ello evitar un aborto no punible de una mujer que había sido violada y  víctima de una red de trata, por irregularidades en las obras del canal aliviador del arroyo Maldonado, por la campaña sucia contra Daniel Filmus, etc., etc. Pero eso sí, el procesamiento de Boudou enerva las entrañas del “republicanismo democrático”.
Como vemos, se trata de un “republicanismo” muy particular, máxime si tenemos en cuenta que el ideal republicano está orientado hacia el imperio de la ley, práctica que el Jefe de Gobierno de la Ciudad no tiene muy en cuenta precisamente, ya que tiene varias causas por incumplir sentencias judiciales. Su proceder se asimila a los republicanos de “Clarín” que se empeñan en no ajustarse a las leyes sancionadas por el Congreso.
Lo cierto es que los “moralistas republicanos”  han decidido guardar silencio respecto de las irregularidades de su flamante aliado y denostar el “populismo democrático”. Notoria paradoja, por un lado se autotitulan “republicanos demócratas” y después se empeñan en manifestar su airada oposición a toda legislación que amplíe los derechos de la ciudadanía (ley de medios, de abastecimiento, etc.), sin olvidar su incondicional apoyo a todo intento desestabilizador del gobierno elegido democráticamente. 
Pero bueno el "republicanismo criollo" es muy particular, ahora auspician la candidatura de Mauricio, quien recientemente  procuró frustrar los acuerdos estratégicos que nuestra Presidenta firmó con la República Popular China.
La intención de boicotear los convenios firmados con la principal potencia económica mundial revela el más espurio de los procederes, ya que no vacila en adoptar decisiones que lesionan notoriamente los intereses de nuestro país en su intento por perjudicar a un gobierno.
Esta actitud perversa y antipatriótica guarda estrecha relación con aquellos deseos del titular de la UCR cuando en abril del 2013 sostuvo: “Ojalá la economía del país no mejore hasta octubre”.
Expresiones y procederes que dejan a las claras cual es el interés por las personas que los señores "republicanos" profesan y su innegable componente antinacional en materia de pensamiento.
Cuan lejos están del viejo y querido Don Hipólito quien solía decir que “cuando un radical es más radical que argentino, en ese mismo instante ha dejado de ser radical”
Sin dudas, no hace falta apelar a la imaginación para deducir que diría Yrigoyen de estos "ilustres" radicales.

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