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lunes, 28 de octubre de 2013

El Gran Ganador





     





Finalizadas las elecciones legislativas de octubre, son variadas las lecturas que se realizan conforme al número de votos obtenido por cada candidato. Sin duda prolifera la interpretación dominante impulsada por los medios hegemónicos de comunicación que vaticina el final del Kirchnerismo. Obviamente esta hipótesis, de cara al 2015, se asienta no solo en el reciente resultado comicial; sino en la antipatía que los medios en cuestión (Clarín, La Nación y en menor grado Perfil) despliegan en relación a esa fuerza política.
Es curioso observar como “la interpretación dominante” ningunea a casi una decena de estados provinciales -más allá de los votos obtenidos en los distritos adversos, donde el FPV igual obtuvo un alto porcentaje de votos- que dieron su respaldo al oficialismo y que, al parecer, no son tenidos en cuenta en las proyecciones futuras. Tal vez porque la lógica de estos medios se entronque con la mirada porteña y del Conurbano bonaerense; una suerte de “revival” del pensamiento unitario en desmedro del federalismo.
Así, poco se habla en estos medios de la gran elección realizada -por solo citar dos ejemplos- de los gobernadores de Chaco o Entre Ríos (Capitanich y Uribarri respectivamente) que, eventualmente, los colocaría en carrera para las presidenciales del 2015. Sin embargo, los analistas del denominado “periodismo independiente” ya preanuncian de antemano, como futuros presidenciables, los nombres de Massa, Macri y hasta del derrotado Scioli; todos ellos funcionales, obviamente, a los intereses del establishment económico-mediático.
Es, precisamente, en función de esta hipótesis que podemos afirmar que el gran ganador en estos comicios legislativos ha sido, por el momento, nada menos que: el poder mediático. Ahora bien, que repercusiones puede traer este “triunfo” de los medios en el escenario político local. No se trata de hacer futurología pero, experiencia mediante, no sería descabellado suponer que a partir de ahora recrudecerán los intentos desestabilizadores nuevamente: las corridas del dólar, la amplificación de la sensación de inseguridad virtual amalgamada con la real, la mentira revestida de información para dinamitar al gobierno, los “tradicionales saqueos” que surgen en las fechas navideñas, etc., etc.
Todo sería válido y necesario para acelerar la retirada de un gobierno que osó poner en jaque el predominio de los sectores dominantes; en consecuencia, sería bueno darle una lección para sentar precedentes. Claro que, por suerte, nuestra presidenta no ha dado muestra de doblegarse y todo hace suponer que continuará en su rumbo; se podrá decir que no se trata de un gobierno revolucionario y, evidentemente, es así. Sin embargo, vale la pena resaltar que, el establishment no le teme a las revoluciones (si así fuere, no hubiere permitido que muchos de los integrantes de izquierda deambularan por los medios para criticar a la actual presidenta. Sería bueno ahora observar a cuántos de ellos van a invitar en el futuro para criticar a “sus candidatos”) porque conocen la escasa o nula probabilidad de materializarse en los tiempos que corren. Sin embargo, sí les temen a los gobiernos populares porque son éstos los que pueden emprender un proceso de transformación social que en lo inmediato suprima sus privilegios y con alcances impredecibles a largo plazo. Lo cierto es que se abre un abanico de interrogantes no solo para nuestro país; sino también para el futuro de la región.
¿Qué pasaría con el Mercosur o Unasur en el 2015 si alguno de los candidatos “bendecidos” por los medios llegara a la máxima magistratura?
Mejor no imaginarlo para no preocupar a nuestros hermanos latinoamericanos.
Otro interrogante a develar es cuál será la actitud de la Corte ante el eternamente postergado fallo sobre la ley de medios. Se habrán percatados los supremos miembros respecto del gran poder de manipulación que ejercen los medios hegemónicos sobre “la conciencia ciudadana”; y el riesgo de caer en una sociedad teledirigida.
Y conste que no estamos hablando de "la derrota electoral" del kirchnerismo que, por otra parte, suficientes errores cometió como para debilitar su posición política. Sino como los medios pueden instalar candidatos que, sin decir nada, terminen cosechando gran parte de los votos de la ciudadanía o como omitiendo brindar información sobre la mala gestión de determinado candidato colaboran, intencionadamente, en preservar su imagen para que el ciudadano común le brinde un respaldo asentado en el desconocimiento. Ni hablar ya de las mentiras editadas para descalificar a los políticos que no les son afines.
¿Estará dispuesta la Corte Suprema a poner fin a estos abusos o preferirá no confrontar con el Poder Mediático y dejar en sus manos la configuración de “la conciencia ciudadana”?
La actitud del Poder Judicial últimamente no nos brinda un panorama alentador para quienes pretendemos la democratización de los medios en nuestro país. Sin embargo, y como diría Spinoza “el hombre es esencialmente deseo”; por ende, no podemos reprimirlo del todo. Así que un mínimo de esperanza estamos dispuestos a conservar, claro que “los ganadores” de los recientes comicios harán lo suyo para disolverla.      

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