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sábado, 12 de marzo de 2011

Kant, Ricardito y el Día Internacional de la Mujer



                          
                         









La mediocridad exponencial que reina en los referentes (ver nota del 7/12/10) de la derecha argentina ha superado los límites de la más frondosa imaginación. A tal punto que, diariamente aparece algún hecho que sobrepasa al anterior para ocupar finalmente, éste último, el podio en materia de acontecimientos dignos de ser etiquetados como mediocres.
Si uno observa las actuaciones y declaraciones que realizan  personajes tales como Lilita Carrió, Mauricio Macri, Miguel Del Sel, Ricardo Alfonsín, Francisco De Narváez, Alfredo “Campera Amarilla” Olmedo, etc., podrá corroborar que no estamos exagerando. Sino, por el contrario, estamos siendo extremadamente cautos en lo que estamos aseverando.
Son tan reiterativos en estas actitudes ridículas y/o profusión de declaraciones absurdas que solo una persona absolutamente despistada puede ignorar los hechos que esta triste trouppe de aspirantes al poder suelen ofrecer cotidianamente.
Al principio, Macri y Carrió se disputaban codo a codo el lugar de privilegio en el escenario mediático signado por la ridiculez. Pero paulatinamente se fueron incorporando otros como Alfredo Olmedo que cuenta ahora con la bendición del Rabino Bergman que (entre otras cosas, flaco favor le hace a la reputación intelectual de la colectividad que representa; más allá de que sea solo uno de tantos) enbuenahora, se ha decidido a realizar abiertamente campaña a favor del PRO. Más, posteriormente, se incorporó un habitué de los medios como Miguel Del Sel a realizar temerosas declaraciones con cierto aire de seriedad. Al principio, las disparatadas propuestas del candidato a gobernador, del macrismo santafecino, inevitablemente nos llevaban a asociarlas con su prolongada actuación de comediante; sin embargo, y para acentuar temores, terminaron demostrando que no eran más que el resultado de sus “convicciones (a)ideológicas”.
Pero cuando las luminarias de la comicidad parecían atenuar sus luces, apareció en escena un correligionario de “Nito” Artaza que cuenta con ilimitadas ambiciones y escasísima capacidad cognitiva pero que, disfruta al igual que aquél, del oficio de imitador.
Nos referimos, específicamente, al precandidato del radicalismo “Ricardito” Alfonsín, y aquí -apelando a las enseñanzas del ilustre Inmanuel Kant- podemos aseverar que es perfectamente aplicable el diminutivo a su nombre de pila cual si fuere un infante.
¿Porque manifestamos esto? Sencillamente porque luego de recordar la lectura del célebre Kant en su brillante ensayo que tiene por título: ¿Qué es la ilustración? Nos resulta inevitable asociar lo que el magnánimo filósofo entre otras cosas decía:
“La ilustración es la salida del hombre de la minoría de edad. El mismo es culpable de ella. La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse de su propio entendimiento, sin la dirección de otro. Uno mismo es culpable de ésta minoría de edad cuando la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro. ¡Sapere Aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí la divisa de la ilustración”.

Un hombre que quiere alcanzar la más alta magistratura sobre la base de imitar a su extinto padre, apoyándose sobre su parecido físico, recurriendo a la utilización de los mismos trajes de vestir que correspondieron a su ancestro, y hasta tratando de copiar minuciosamente los habituales gestos del ex presidente; revela una profunda falta de autoestima y peso específico propio. 
No es un ser genuino, es solo una copia, pues, una mala y pésima copia; porqué jamás la copia puede adquirir la entidad del original.
Pero además, y aquí aparecen las edificantes enseñanzas del filósofo prusiano; es un hombre que no ha transpuesto los límites de la minoridad de edad.
Que no ha desarrollado su propio entendimiento –a juzgar con criterios kantianos- y que en su caso se modela en función de “un entendimiento inexistente” como el de su padre o, lo que es más grave, bajo la dirección de otros. Lo que exterioriza un alarmante signo de maleabilidad.
A tal extremo llega su incapacidad de razonamiento que el mismo Día Internacional de la Mujer en un acto conmemorativo que lo tuvo como orador exclusivo ante las representantes de ese género, realizó una representación de la presidente de la república en donde ridiculizaba el entendimiento femenino respecto del masculino.
Lo paradójico de todo esto, es que la capacidad, aptitud, idoneidad y formación de nuestra presidenta supera por innumerables patrones de medición -por varios cientos de kilometros diría la jerga popular- la sombría capacidad de este “mediocre imitador” y aspirante a alcanzar la titularidad del poder ejecutivo.
Pero ahí no se agota la cuestión, lo verdaderamente tragicómico es que las mujeres que concurrieron al acto conmemorativo no percibieran, ni siquiera ellas mismas, las notas de misoginia que encerraba tamaña representación. Por el contrario, hasta festejaron "la parodia" que en los hechos resulto un tiro por elevación sobre la figura de la mujer.
Tal vez, esto solo resulta comprensible si lo encuadramos bajo el marco del antiguo proverbio que los padres de la filosofía occidental –me refiero a los griegos- solían utilizar: “Pájaros del mismo plumaje gustan estar juntos”: Pero recordemos que los pájaros pueden volar muy alto; no obstante, es dable recordar que carecen de entendimiento.
Por suerte, las encuestas añaden un dato alentador, pues, la mayoría de las mujeres no votarían por Ricardito. Eso habla muy bien de la mayoría de las mujeres que, al parecer, todavía optan por encolumnarse junto a la divisa de la ilustración: ¡Sapere Aude!

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