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martes, 20 de octubre de 2015

La Argentina que vendrá: ¿Requiere de ballotage?





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Analizar la campaña electoral a solo horas de las elecciones presidenciales es un ejercicio habitual para quienes estamos pendientes del futuro que se avecina en nuestro país. Por cierto, eso no significa que estemos en condiciones de predecir, con cierto grado de certeza, lo porvenir. Maravilloso sería contar con ese tipo de “dones”, pero ya sabemos que los humanos, en el mejor de los casos, solo podemos guiarnos por la razón qué, por otra parte, no siempre está en condiciones de efectuar un diagnóstico preciso. Sin embargo, tampoco es cuestión de menoscabar el ejercicio reflexivo como método eficaz para llevar destellos de luz ante la oscuridad que suele envolver al incierto futuro.
Evidentemente, un atisbo de lo que podrá suceder nos lo brinda, en ciertos aspectos, la trayectoria de los candidatos, sus propuestas -cuando las hay obviamente-, los pensamientos esbozados o materializados durante su condición de funcionarios y sus conductas en relación con lo público. Es precisamente en base a estas condiciones que resulta casi incomprensible que los ciudadanos de la Ciudad de Buenos Aires hayan erigido, a lo largo de estos últimos años, como  líder político a, nada menos que, Mauricio Macri. Hecho que por cierto ha posibilitado que hoy aspire a ocupar el cargo de presidente de la república. No obstante, esas son las reglas de la democracia y todos, sin excepción, debemos someternos a sus dictados, más allá de nuestras simpatías o atributos que supongamos deba poseer quien aspire a semejante función.  
Lo concreto es que, aun soslayando los más de 200 procesamientos judiciales que pesan sobre el mentado Jefe de Gobierno, las notorias sub-ejecuciones presupuestarias que caracterizan a toda su gestión, los magros presupuestos destinados a áreas claves como salud y educación, su reiterada negativa a urbanizar los barrios más precarios de la capital, su política de endeudamiento sistemático, su marcada predisposición al autoritarismo evidenciado a través de los más de un centenar de vetos a las leyes sancionadas por el Parlamento de la Ciudad; sin mencionar el desconocimiento absoluto que manifiesta no ya por el saber político; sino por interiorizarse de lo que acontece en la misma ciudad en que gobierna, causa prima facie un justificado escozor el mero hecho de considerar que estamos hablando de uno de los potenciales presidenciables en la Argentina.
Ahora bien, se podría sostener que es el candidato más representativo de la derecha y por ello lo votan, y sin duda que esto es así. Lo que de todas maneras deja traslucir el grado de decadencia y de mediocridad en que ha caído el conservadurismo político argentino que si bien, siempre supo estar en las antípodas de las necesidades populares, ha tenido otrora dirigentes muchos más hábiles y capaces -obviamente, dentro del marco de su ideario-  de exteriorizar algunas propuestas.
Por suerte, y esperemos que así sea, el porcentaje de votos que podría llegar a obtener, conforme a las encuestas que circulan en la actualidad, resulta insuficiente para que acceda a la “Casa Rosada”; sin embargo el número que se estipula (alrededor del 29%) es demasiado abultado en relación con la “aptitud” y los procesamientos judiciales que recaen sobre la cabeza del candidato. Es verdad que los medios de comunicación dominantes han sabido blindar la figura de Macri para que no decayeran sus posibilidades (ver: nota. Macri su pacto con los medios y las intencionalidades de la oposición. 15/05/2013)); sin embargo, y deducidos aquellos que sufragan con “conciencia de clase”, el porcentaje de sus posibles votantes está indicando que no son pocos los incautos que elegirían al líder del Pro como futuro presidente. Y es ahí, donde se observa cierto déficit en la conciencia ciudadana que no debería traducirse en elegir a tal o cual candidato, sino en emitir un voto que se corresponda con determinados valores: democráticos, sociales, políticos, morales y lo más lógico aun, con sus intereses. Sin embargo, resulta extraño y poco estimulante en realidad, observar como algunos ciudadanos votan a sus representantes prescindiendo de estas consideraciones y luego ni siquiera se interiorizan de cómo llevaron a cabo la función por la cual ellos lo han elegido.
Una muestra de lo que estamos diciendo aconteció en el año 2009 cuando en las elecciones legislativas Francisco De Narváez  derrotó a Néstor Kirchner por una diferencia de dos puntos y posteriormente, una vez consagrado diputado nacional, solo asistió a poco más del 40% de las sesiones. La misma situación se repitió con uno de los actuales presidenciables, nos referimos a Sergio Massa. Calificado por los medios como el gran ganador de las elecciones del año 2013 y una vez electo se encargó de brindar sólidos ejemplos de cómo no concurrir a las sesiones y, no obstante, cobrar la dieta. Lo tragicómico es que ahora en uno de sus spots de campaña se lo escucha decir: “vamos a terminar con los vagos”. Sería más decoroso que primero asista a las sesiones y a trabajar en las comisiones de la Cámara de diputados para, entonces sí, gozar de un mínimo de autoridad moral para realizar esta clase de afirmaciones. Claro que mucho más preocupante es su otro spot de campaña donde al mejor estilo de estrella hollywoodense nos anuncia su declaración de guerra al narcotráfico.
Sin duda las guerras no son el mejor remedio para poner fin a los flagelos y mucho menos cuando el supuesto enemigo no se encuentra específicamente visibilizado. Así nos anticipa que recurrirá a las fuerzas armadas (cosa prohibida por nuestra legislación)  en su propósito de combatir a un presunto enemigo no identificado (esto es, invisible). Colocando, de esa manera, bajo sospecha a todos los habitantes; pues, un enemigo sin rostro puede adoptar el de cualquiera de los transeúntes y dar lugar, de esa forma, a un estado pre-militarizado. Lo que puede derivar en situaciones catastróficas para el país y para la paz de la república. Los ejemplos de México y Colombia son harto suficientes para no intentar emularlos. Sin embargo, con un mero propósito electoralista, y sin reparar en las consecuencias, se agita la consigna de “la mano dura” que ha demostrado ser un categórico fracaso en donde se implementó. Dejando tras de sí un tendal de víctimas y heridos, la ruptura de la cohesión social, el desmembramiento de parcelas de territorios nacionales, el auge de la corrupción y todo ello sin lograr debilitar en lo más mínimo las estructuras delictivas que, por el contrario, incrementaron la rentabilidad de sus negocios.
No es, obviamente, la primera oportunidad en que el candidato en cuestión hace gala de “la política del garrote”; ya en materia de legislación penal realizó una cruzada a favor del aumento de las penas. A pesar que desde el siglo XVIII y gracias a Cesare Beccaria sabemos que la prevención de los delitos no reposa en la severidad de las penas, sino en la certeza e inmediatez con que se actúe y se impongan las mismas. Y esto depende no de la pena en sí; sino de las instituciones que deben velar por la seguridad de las personas (Policías) como de la celeridad de los órganos judiciales al momento de impartir justicia. La ilusoria creencia de que aumentando las penas se terminan los delitos es un fiel reflejo del pensamiento mágico; pensamiento que por otra parte trae como corolario la implementación de políticas erróneas que terminan agravando el estado de cosas dado.
Hasta aquí dos de los candidatos que pugnan por entrar al ballotage; el tercero en cuestión y que encabeza las encuestas, es el candidato del FPV, Daniel Scioli. Poco se puede hablar de lo que hará Scioli de llegar a la presidencia, es cierto que su gestión como gobernador está lejos de ser calificada como brillante. No obstante, todo indica que seguirá los pasos trazados durante estos años por el Frente para la Victoria.
Sin embargo, tiene una ventaja superlativa respecto a los otros candidatos y es que al tratarse del candidato oficial, juega en su beneficio los significativos logros que el kirchnerismo realizó a lo largo de todos estos años. Por ende, más allá de las legítimas dudas que uno puede depositar sobre la figura de Daniel Scioli; no es menos cierto que un voto de apoyo a su candidatura representa esencialmente la aprobación, en términos generales, de lo ejecutado por “el peronismo del siglo XXI”, como gusta llamar Aníbal Fernández a la gestión kirchnerista.
Sin duda que no se trata de un apoyo incondicional, al fin y al cabo “la legitimidad de origen”, no trae necesariamente aparejada la “legitimidad de ejercicio”. Ésta se logra con políticas que satisfagan las necesidades populares, con la defensa de los intereses nacionales, con el fortalecimiento del Mercosur y Unasur herramientas éstas indispensables para proteger los intereses de la región y concomitantemente los intereses de nuestro país. Sintetizando: la legitimidad se obtiene con el respaldo popular; respaldo que, por otra parte, el kirchnerismo supo ganarse durante el ejercicio de sus mandatos.
Así llegamos al 25 de octubre. Las posibilidades están a la vista, el pueblo ha de decidir quién rige los destinos de la Argentina en estos próximos 4 años. Y nada menos que este domingo se develará la incógnita.
   

jueves, 8 de octubre de 2015

Sensaciones infrecuentes a escasos días de la elección presidencial.


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Extraña sensación se vive en la Argentina preelectoral, a diferencia de otras elecciones el clima imperante revela cierta atmosfera de indiferencia que contrasta obviamente con el entusiasmo que supo despertar, por ejemplo, la última elección presidencial. Tal vez, la medianía de los candidatos, que no despiertan demasiado entusiasmo en buena parte de los votantes, sea el leitmotiv de tamaña apatía ciudadana. Por cierto, el cuadro se agrava aún más si tenemos en cuenta la desconfianza que pesa sobre los medios masivos de comunicación que a lo largo de estos últimos años se han especializado en destruir todo vestigio de veracidad en lo que a información política se refiere. Circunstancia nada desdeñable si reparamos en la impostura que ha caracterizado al periodismo de esta última década (especialmente, el perteneciente a los medios hegemónicos) y que tiene como correlato el desinterés ciudadano por los denominados programas políticos.
 A tal punto llegó la desnaturalización de la información y el ocultamiento de lo que acontece en materia de políticas de estado que la presidenta de la república se vio obligada a recurrir a las apariciones por cadena nacional y, de ese modo, anoticiar todas y cada una de las actividades desarrolladas por su gobierno.
Ha sido tan extremo el ocultamiento de la información que hasta los avances científicos y tecnológicos  más destacados de la historia de nuestro país –como por ejemplo: el lanzamiento del Arsat 1 y Arsat 2- pasaron inadvertidos por las pantallas de la televisión privada. Hecho éste que pone de manifiesto el nivel de desinformación ciudadana que propician los grandes medios de televisión.  
Sin duda esto no es una novedad, pues, la desinformación conlleva, entre otras cosas, inexorablemente a disminuir los niveles de politización social. Y la ausencia de una sociedad politizada siempre ha sido el mejor presupuesto para garantizar el dominio de unos pocos.
Una de las grandes virtudes desplegadas por Néstor Kirchner primero y por Cristina Fernández después, ha sido no descuidar los niveles de politización social; de haberlo hecho no solo gran parte de sus logros hubiesen quedado a mitad de camino; sino que los medios hegemónicos -conjuntamente con el resto del establishment- se hubieren fagocitado todas sus iniciativas.
No es un dato menor recordar que Néstor Kirchner llega a la presidencia con el 22,24% de los votos en el año 2003; ni tampoco lo es el rememorar que Cristina Fernández en el año 2011 obtuvo el 54,11% de los votos. Allí se ve claramente como el proceso de politización social fue in crescendo merced a estos dos políticos notables que, paulatinamente, fueron despertando en la conciencia ciudadana la idea de que la política es la única herramienta que el pueblo tiene a su alcance para transformar la realidad.
Y en ello, un papel preponderante jugó el discurso confrontativo que supo mantener el gobierno  con los dueños del poder real -lo que no significa haber ganado la pulseada ni mucho menos- empeñados  en obstaculizar e impedir cualquier tipo de transformación que implique una mejora para los sectores populares.
Se podrá discutir si se hubiese podido avanzar más o menos, pero lo cierto es que se avanzó en muchos aspectos. Y uno de los campos donde más se percibe ese avance es en el plano cultural; quien suponga que la cultura política argentina es la misma que la que existía previamente a la llegada de los Kirchner al poder o está faltando a la verdad en forma deliberada o esta obnubilado por una concepción dogmática.
Todos sabemos que, en la vida de los pueblos, los procesos históricos no son lineales, hay marchas y contramarchas, avances y retrocesos; y los efectos que se desencadenan en determinado momento histórico no mueren ni súbita, ni instantáneamente. Por el contrario, se prolongan en el tiempo y en ocasiones dan lugar a la configuración de un nuevo momento histórico que en apariencia no guarda relación alguna con el período en que se produjeron aquellos efectos. Para ser más explícito: Cualquiera que intente comprender el porqué del reinado del neoliberalismo en la década de los 90, si bien no puede prescindir de los factores internacionales y locales que se desencadenaron en los años 80; mucho menos puede soslayar la existencia, a partir de marzo de 1976, del denominado “Proceso de Reorganización Nacional” que no solo instauró el terror y la desaparición en la Argentina, sino que “inoculó”, en buena parte de “la conciencia colectiva”, los principios del neoliberalismo económico que posibilitaron la disolución del Estado y la destrucción de la economía nacional.
Por suerte los tiempos fueron cambiando y precisamente el kirchnerismo fue quien se encargó de demostrar, contrariamente a lo que pregonaban e inculcaban -si bien lo siguen haciendo- los medios de comunicación “independientes” y el staff permanente de economistas del establishment, que la construcción de otro modelo económico-social era posible.
Así surgió la reivindicación de la política y con ello el despertar de la sociedad. Actualmente, estamos transitando los últimos días de gobierno del denominado “período K”; en este caso de la primer presidente mujer que tuvo nuestra república. Y hasta el más acérrimo adversario -por no decir enemigo, que los hay y en abundancia- debe reconocer que fue el ejercicio presidencial al que más obstáculos y trabas le colocaron tanto los factores de poder como los medios de comunicación nacional e internacional. Abundaron los intentos desestabilizadores, las operaciones de descrédito y aún hoy prosiguen, ininterrumpidamente, las campañas difamatorias. Sin embargo, la Presidente, Cristina Fernández de Hirchner, culmina su mandato con el mayor consenso popular desde el regreso de la democracia en nuestro país. Sin duda se va a extrañar su presencia en la Casa Rosada, sin duda vamos a extrañar su discurso contestatario en los foros internacionales, hasta las cadenas nacionales -una de las pocas fuentes de información fidedignas- vamos a echar de menos.
Y a propósito de “cadenas nacionales” un párrafo aparte merece el Ing. Mauricio Macri quien recientemente sostuvo que de llegar a la presidencia  “vamos a terminar con las cadenas nacionales para que las señoras puedan ver tranquilas las telenovelas”. Más allá de lo desatinado de la expresión que revela una desvalorización absoluta de la conciencia femenina; su propuesta demuestra hasta qué punto el líder del Pro reivindica la despolitización de la sociedad.
Lo cierto es que se acerca la culminación del mandato presidencial y, a fuerza de ser honestos, ninguno de los eventuales presidenciables -incluido el candidato oficial- alcanza la estatura política de esta mujer que, con más aciertos que errores, supo ser un adiestrado piloto de tormentas para conducir la nave del Estado.

Sabemos que, a diferencia de lo que profesaba Fukuyama, la historia no se detiene y tampoco podemos predecir el curso de sus movimientos. No obstante, si podemos estar seguros que dar marcha atrás no va a ser sencillo para el que llegue a ocupar el Sillón de Rivadavia, y eso, mal que les pese a los encarnizados opositores, se lo debemos a “los K”. De ahí que, quienes ponderamos este momento histórico, también experimentemos esa sensación extraña.    

jueves, 24 de septiembre de 2015

Cuando la ausencia de ideología sepulta el comportamiento moral


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“Dime de qué te jactas y te diré tus defectos”

Sin duda el viejo proverbio árabe está más vigente que nunca en la campaña política argentina. Basta observar lo que viene sucediendo en estos últimos días con buena parte de los candidatos de “Cambiemos” para corroborar que, a pesar de la longevidad de la mentada sentencia, su aplicación sigue teniendo vigor.
Pues, cualquiera que haya observado medianamente la campaña del “PRO” previo al descubrimiento del “affaire Niembro” podrá recordar que en cada una de las apariciones televisivas o radiales por parte de sus representantes, el argumento esbozado para “definir” su propuesta consistía esencialmente en autoadjudicarse ser el partido de la nueva política: desideologizado, de la transparencia, de la moral en el ejercicio de las funciones y del respeto por la independencia de poderes; en fin, una suerte de “republicanismo moral” que se ofrecía (Y aun se ofrece)  a la ciudadanía para terminar con el “infierno kirchnerista” que –según ellos- supo instalar a lo largo de la última década el reinado de la corrupción y del relato.  Expresión ésta (la del relato) que resulta un poco incomprensible; es que imaginar que  la ciudadanía vota conforme a una suerte de “cuento de la realidad” y no inspirada en la realidad misma es, cuando menos, una ingenuidad. Máxime si tenemos en cuenta que el discurso oficial nunca contó con el apoyo de los medios dominantes que, por el contrario, se han empeñado en fabricar toda clase de “operaciones y artilugios mediáticos” para desprestigiar al gobierno. Y si bien no alcanzaron su objetivo (concretamente reducir al mínimo el consenso popular hacia la figura presidencial) ha sido precisamente porque del otro lado, había algo más que un “relato”. No obstante, es válido reconocer que, aun así, han captado la voluntad de una significativa franja de la ciudadanía que se ha dejado enrollar por la telaraña mediática.  
Ahora bien, un vulgar ejercicio reflexivo sobre los últimos acontecimientos políticos locales podrá ayudarnos a discernir hasta donde los referentes de “Cambiemos” –y el periodismo que lo respalda- nos hablan con la más absoluta honestidad y situados desde la tarima de la moral.
Por cierto, no vamos a discutir aquí hasta qué punto los valores morales son fáciles de coronar en un sistema económico  que consagra entre otras cosas el culto al consumo y a la persecución del dinero como únicas fuentes de felicidad. Máxime si entendemos que los valores morales no son necesariamente universales, ni son susceptibles de aplicarse compulsivamente; sino que, en última instancia, no dejan de ser una elección de conciencia. Pues, ajustarse a sus preceptos es una decisión estrictamente personal. De ahí que como decía Alain “la moral nunca es para el prójimo”.
No obstante, y sin adentrarnos en discusiones metafísicas que nos lleven a formularnos preguntas tales como: ¿Es el capitalismo un sistema adecuado para promover valores morales?; es lógico demandar que nuestros mandatarios desarrollen sus funciones atendiendo a los más elementales criterios de honradez. Sin embargo, y aquí viene el interrogante: ¿Puede una fuerza política que se dice “desideologizada” adecuar su conducta a determinados parámetros morales?
Si entendemos por ideología un conjunto de principios, creencias o valores sobre los que se asienta nuestra manera de “ver el mundo” y nuestro modo de actuar en consecuencia; pues, resulta difícil imaginar que alguien que se jacte de carecer de ideología pueda tener en cuenta determinados principios morales.
Un claro ejemplo de ello lo tuvimos en las PASO (Elecciones primarias abiertas simultáneas y  obligatorias) desarrolladas en agosto del corriente año. Luego de salir segundo en dichos comicios el líder del “PRO”, Mauricio Macri, pronunció un discurso diamentralmente opuesto a lo que venía pregonando a lo largo de su campaña electoral. Por cierto, en su intento por captar la simpatía de quienes no lo votaron optó por abandonar -al menos públicamente- las propuestas que impulsaba.
Esa actitud típicamente grouchiana de Macri (“Si no le gustan mis principios tengo otros”) revela a las claras la ausencia de pruritos morales y, por ende, torna evidente que, en el afán de la consecución de sus objetivos, no existen barreras de ninguna índole, y no solo al momento de formular sus propuestas; sino también al tiempo de ejecutar sus acciones. Convengamos que no es muy ético pregonar una cosa y a raíz de un resultado adverso, inmediatamente, proponer otra distinta. 
Pero no carguemos solo las tintas sobre el líder del Pro a quien ya conocemos lo suficiente. Al fin y al cabo, sus acompañantes también tienen lo suyo. Basta recordar la actuación mediática desplegada por la diputada Laura Alonso ante el trágico hecho de la muerte de un fiscal,  donde intentando sacar provecho de esa trágica situación, y procurando responsabilizar a la presidenta de la República de lo ocurrido, sostuvo, a través de los medios, que en un encuentro que mantuvo con el funcionario judicial antes de su deceso: “el fiscal me miró a los ojos y me dijo Cristina ordenó todo” en referencia a la infundada denuncia por encubrimiento de la que resultó falsamente acusada la primer mandataria. Claro que no se hallaba sola en esa cruzada desestabilizadora, pues,  estaba –partidariamente hablando- muy bien acompañada, en sus propósitos amorales, por la saltimbanqui Patricia Bullrich y el no menos acomodaticio rabino Bergman. Finalmente, un juez puso las cosas en su lugar, se desbarató entonces la descabellada demanda y la representación mediática llego a su fin. Sin embargo, el mero hecho de querer sembrar sospechas por simple oportunismo político, nos brinda sólidos indicios del "talante moral" de estos personajes.
O como aconteció recientemente cuando, a través de los medios, el ex candidato a diputado Fernando Niembro se ufanaba de que su partido (el PRO) iba a terminar con la corrupción estatal, a sabiendas de que, por entonces, él mismo –representando a la sociedad que presidía- había firmado más de un centenar de contratos con el estado porteño de manera irregular.
Algo semejante acaba de suceder, con el otro candidato de “Cambiemos”, Eduardo Amadeo, que hace una semana en un programa televisivo alegaba, en su propósito por resguardar la imagen del PRO, que “jamás hubiere hecho lo de Niembro”; afirmando luego enfáticamente: “nunca hice un contrato con el Estado. No tengo nada que ver con el gobierno”. Y resultó ser que el gobierno de la Ciudad le concedió subsidios desde el año 2008 (en verdad, 44 convenios y subsidios, de los cuales solo 4 fueron publicados en el Boletín Oficial)) por más de $ 4.500.000- a su Asociación Civil Observatorio Social y a su Asociación Argentina de Políticas Sociales. Estos mismos personajes, integrantes de la nueva política, son los que veíamos en los medios cuestionar la asignación de subsidios a los sectores más vulnerables y, simultáneamente, los mismos que endilgaban al gobierno nacional la calificación de corrupto. Si bien irrita observar cómo se desentienden de la responsabilidad que les corresponde por los hechos enunciados; lo que más indigna, en realidad, es el ejercicio abusivo que hicieron de su “discurso moralizador” y la negación sistemática de la inmoralidad de sus actos. Así por ejemplo, el candidato a diputado Eduardo Amadeo publico en Twitter “esta es una de las tantas operaciones que van a ser el común denominador de acá a octubre”. Intentando tomar por idiotas a los ciudadanos argentinos: Como si los 44 contratos y subsidios no existiesen.
Pero por más que le disguste al referido candidato, están saliendo a la luz una pluralidad de ilícitos donde muchos de ellos ya no son simples denuncias; sino procesos judiciales en curso con pruebas fehacientes (no invenciones mediáticas) que involucran al Jefe de gobierno y algunos de sus ministros (ver eldestapeweb.com). Es decir que se trata de denuncias fundadas, susceptibles de ser demostradas y corroboradas en el ámbito de la justicia; a diferencia de las que suelen formular los  Lanata, Carrio u Ocaña que, como bien se pudo apreciar, no suelen estar presentes cuando se trata de denunciar hechos reales y concretos. ¿Será porque  en este caso, además de ser reales, afectan a sus aliados? Esto me trae a la memoria una frase muy empleada en la década de los noventa; período  signado por un sinnúmero de “irregularidades”: “Negociados son los que hacen los otros; en cambio, negocios son los nuestros” decían los políticos neoliberales de aquél entonces. En verdad, tamaños procederes no deberían sorprendernos, pues, muchos de los devotos del menemismo y de la UCD -fuerza política de los históricos alzogaray- han recalado en la nave del Pro. Esa gigantesca embarcación que alberga a los despojados de principios y a los nostálgicos del pensamiento único que pugnan por apropiarse nuevamente de las arcas del estado.
Pero más allá del recuerdo, aquí vemos a las claras que alguna utilidad tiene la ideología; no para ser dogmáticos; pero sí para tener parámetros de referencia al momento de desarrollar conductas y adoptar decisiones. No es lo mismo un funcionario que en su escala de valores tenga por principio el bienestar de las personas que no lo tenga. No es igual tener un ministro de economía que priorice por sobre todo la mejora de la condición humana a tener uno que solo tenga en cuenta el “riesgo país” o la libertad de los mercados. Sin dudas, los principios, aunque en apariencia no existan, también juegan un papel importante en la configuración de las sociedades. No por casualidad en la década de los noventa, se nos "vendía" la muerte de las ideologías. 

Bien lo expresaba un pensador alemán del siglo XIX, “los valores no son, sino que valen”; y por cierto, valen en tanto le asignemos valor.  Y si en alguna medida como destaca un profesor argentino “entendemos por valor aquello que en una sociedad determinada se valora”, es tiempo entonces de desvalorar a los pro-motores de la nueva política. Para dar lugar a los verdaderos principios que deben orientar todo accionar político.       

jueves, 17 de septiembre de 2015

La ilimitada competencia tucumana y el adalid de la libertad de prensa



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“Muchos jueces son absolutamente incorruptibles, nadie puede inducirles a hacer justicia”.



Pues, la conocida frase de Bertold Brecht parece cobrar vigencia conforme a lo que viene sucediendo en la República Argentina. Cualquiera podría argumentar que ese ha sido el comportamiento histórico de buena parte del poder judicial en nuestro país y, seguramente, no le faltarían motivos (entiéndase fallos) para fundamentar semejante afirmación. Claro que, como todos sabemos, las generalizaciones son arbitrarias y existe, bueno es reconocerlo, un número importante de jueces que a diario procuran administrar justicia de la mejor manera.
No es precisamente el caso de la Cámara Contencioso-Administrativo de la provincia de Tucumán que acaba de declarar la nulidad de los comicios llevado a cabo en dicho estado provincial el día 23 de agosto próximo pasado. Es real, aunque usted se sorprenda no es este un artículo de ciencia ficción, pues, no se trata de la Cámara Electoral; sino de la Cámara contencioso administrativo que por cierto no es competente para entender en este tipo de casos pero al parecer eso no es impedimento para que se autodeclare competente. Así que toda aquella persona que habite suelo tucumano y se encuentre ante un problema judicial, a partir de ahora, sabe que si el juez correspondiente no le resulta de su agrado, puede probar suerte en la Cámara Contencioso Administrativo que quizá, y prescindiendo de la materia en cuestión, le dé curso a su demanda.
Esto que suena irrisorio, es gravísimo para el normal funcionamiento de las instituciones pero parece ser que algunos opositores –republicanos segun ellos- no se han enterado de la gravedad institucional que esto implica. No obstante, mejor no hablar de los que si se enteraron, como ha sido el caso del republicano Macri, que salió a elogiar a través de sus tuits la decisión adoptada por estos increíbles “jueces”. Quienes por otra parte –y para tornar el hecho más turbio todavía- fundamentaron la sentencia en base  a los argumentos citados en un programa “periodístico” de muy escasa (a mi juicio nula) credibilidad. Ya de por sí, que la decisión de un tribunal de justicia se funde en base a artículos periodísticos (aun de aquellos suscriptos por periodistas serios, que no es este el caso) y no en base a la investigación de los hechos, ni a las pruebas presentadas; lejos de administrar justicia es dejar en manos del poder mediático el fundamento de los fallos judiciales. Es algo así como depositar en los medios la función del ministerio público fiscal, hecho que atenta contra el verdadero espíritu republicano.
Lo concreto es que entre los “fundamentos” utilizados para justificar el fallo del que estamos hablando se encuentran, ni más ni menos que: un informe periodístico de Jorge Lanata, un artículo publicado días previos al acto eleccionario por el diario La Gaceta de dicha provincia y la agresión sufrida por un camarógrafo de un canal de cable en un local partidario del FPV. Sin dudas, si esta es la tarea que deben desarrollar los jueces para elaborar una sentencia, entonces suprimamos definitivamente la palabra justicia de nuestro acerbo lingüístico. 
Lisa y llanamente se ignoró de manera burda e inescrupulosa la voluntad ciudadana de quienes viven en el denominado “Jardín de la república”. Pues ha quedado demostrado que obtener 110.000 votos de diferencia por sobre su adversario más cercano es insuficiente para que la “Justicia provincial” reconozca el triunfo del candidato del Frente para la Victoria. Hecho éste que revela a las claras el elitismo reinante en amplias franjas del poder judicial que hasta se arrogan la facultad de no aceptar la voluntad mayoritaria de la población. Sin duda es preciso rever este funcionamiento que no solo no administra justicia, ni se circunscribe a una provincia determinada; sino que, además, consagra la irracionalidad y la injusticia.
Lo mismo estará pensando Víctor Hugo Morales a quien recientemente la Corte Suprema de Justicia le rechazo un recurso de queja presentado por su defensa en virtud de un juicio que le inició el grupo Clarín por haber transmitido en el año 2000 los goles de Boca frente al Real Madrid en su programa “Desayuno” que se emitía en la por entonces Argentina Televisora Color (ATC). Es dable recordar que en esa época los partidos de futbol se veían en diferido y solo podían visualizarse en directo si uno estaba abonado al cable. En pleno período de crisis Víctor Hugo se atrevió a proyectar los goles de Boca donde la mayoría de sus simpatizantes estaban imposibilitados de verlos. La osadía de desafiar a los “cultores del libre mercado” y otorgar, de ese modo, una alegría a la gente, le costó conforme a la sentencia definitiva más de 300.000 dólares que deberá abonarle a Cablevisión. 
Cuesta comprender –excepto que uno analice el tema con mayor detenimiento-  como el grupo mediático que demandó a Morales puede darse el lujo de no ajustarse a derecho (teniendo en cuenta que la ley de medios fue sancionada hace 6 años y declarada hace 2 años su constitucionalidad) y la Justicia contemple ese comportamiento como si nada. Para ser luego tan estricta con Victor Hugo y rechazar su recurso de queja por cuestiones de forma.  
Por cierto, si Víctor Hugo hubiere conversado, en aquel momento, con el comentarista deportivo Fernando Niembro se habría enterado que para ver no ya fútbol en su plenitud, sino simplemente los goles gratis tendría que haber viajado a Cuba. Claro que, en verdad, en Cuba no gustan demasiado del futbol, por ende no se ha de ver en la televisión cubana, ni proliferarían  "los niembros" en la pantalla; aunque por cierto mucho menos los Macri. Lo que quiso decir el ex candidato a diputado por el Pro es “anda a vivir a un país comunista”. Argumento por demás anacrónico, pero que sigue formando parte de "la estructura lógica" que emplean para descalificar cualquier tentativa o proyecto destinado a ampliar derechos a la ciudadanía. 
Y a propósito de Niembro, luego de las denuncias efectuadas a su sociedad comercial por los 190 contratos celebrados, exclusivamente, con distintos organismos del gobierno de la Ciudad no publicados en el Boletín Oficial (curiosamente otra de las características republicanas no practicadas por los opositores: la publicidad de sus actos) por montos superiores a 20 millones de pesos, la cuestión sigue produciendo efectos. Ahora resulta que al medio informativo que se hizo eco de la denuncia del mentado "Affaire" (el Canal C5N) no solo el gobierno de la Ciudad le canceló las pautas publicitarias sino que, además, le clausuraron el galpón de móviles de dicho canal. Si eso no es un intento de silenciar al periodismo, no sabemos cómo llamarlo.
Es bueno recordar que el gobierno porteño, en otros tiempos (año 2013), se mostró como adalid de “la libertad de prensa” cuando ante infundados anuncios de intervención al Grupo Clarín –denunciados por ellos mismos- emitió un decreto absurdo e inconstitucional para proteger a la prensa. En verdad se trato de una fantochada que posibilitó al grupo mediático victimizarse ante sus seguidores y agitar la bandera contra el gobierno. Es evidente que C5N  compite fuertemente con Todo Noticias (TN), y a diferencia de éste no se ocupa de revestir de impunidad al candidato de “Cambiemos”. De ahí que ahora procura acallar a la prensa que ventila todas sus irregularidades y que, a su vez, le resta demasiada audiencia a su socio –o peor aun mandante- “Clarin”. Así actúan estos "adalides" disfrazándose de lo que no son. 
No obstante, todo esto no deja de ser un buen estímulo para imaginarnos cómo será nuestra república si gobernara Mauricio Macri ya despojado del disfraz.     

Menudo republicanismo tendría que padecer nuestro pueblo si estos “republicanos” triunfaran en las elecciones de octubre. Por suerte la voluntad popular parece decir otra cosa; claro que nunca se sabe como procederá el inefable Poder Judicial. 

jueves, 3 de septiembre de 2015

La Corte de Nueva York a la izquierda del Pro

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La reciente decisión de la Corte de Apelaciones de Nueva York declarando, en una sentencia de 43 páginas, la inmunidad de los activos del Banco central y cuestionando el fallo vertido por el juez Griesa en el año 2013, más allá de ser una gratificante noticia para la mayoría de los argentinos, pone sobre el tapete algunas cuestiones, dignas de ser observadas, en el ámbito interno.
Por ejemplo, la reacción de rechazo visceral que uno de los economistas del PRO, José L. Espert, (el mismo que hace pocos días sostuvo que las paritarias eran producto de la concepción fascista y, por ende, habría que eliminarlas), expresó no bien conocida la mencionada sentencia, es todo un síntoma de la vocación antinacional que anida en algunos dirigentes de “cambiemos”. Por otro lado resulta sorprendente que la decisión de la Corte neoyorkina se ubique a la izquierda del líder de esa fuerza política, nos referimos a Mauricio Macri quien a juzgar por sus anteriores expresiones –“lo que el juez Griesa dice es lo que corresponde hacer”- nuestro país  carece de autonomía para contradecir o cuestionar un fallo de un juez de primera instancia del país del norte.  
Es tal la admiración -o actitud de vasallaje- que este aspirante a la presidencia profesa respecto de la primera potencia militar mundial, que en el año 2010, hasta fue capaz de consultar a la embajada americana según sus propias declaraciones para designar oportunamente al entonces jefe de la policía metropolitana. Demás está decir que si para designar un funcionario de la ciudad se requiere esta clase de consultas; nos podemos imaginar  quienes han de tomar las decisiones que Argentina adopte en el plano internacional de ser electo presidente.
Pues, en virtud de estos antecedentes es lógico inferir que el denominado período (en materia de relaciones internacionales) bautizado bajo el nombre de “relaciones carnales” durante el gobierno menemista sería una simple caricatura en comparación con un eventual gobierno macrista.
La llegada al poder de un gobierno de estas características implicaría dinamitar en el acto, el lento pero eficaz proceso de construcción regional conocido como MERCOSUR. 
Al fin de cuentas fortalecer la integridad latinoamericana jamás formará parte de concepción política de “Cambiemos”; sino por el contrario, su deliberado propósito es debilitar los acuerdos regionales que, de algún modo y conforme a su ideología (a pesar de que aducen no poseerla), obstaculizan el normal desarrollo del mercado internacional. De ahí que esta fuera de sus prioridades hablar del Mercosur.
Otros de los conceptos que desdeñan y que no forma parte del vocabulario de los representantes del “Pro” es el de “soberanía”. Obviamente, si ser soberano, entre otras cosas, requiere asumir una postura independiente en el concierto internacional y, a la vez, desplegar un accionar que no se aparte en lo más mínimo de la defensa de los intereses nacionales; es entonces natural que el Pro  erradique ese vocablo de su patrimonio discursivo.  Obviamente, ello no resulta novedoso, ya en 1997 el ahora candidato de “Cambiemos” en un jugoso reportaje realizado en Pagina 12 sostenía que: “las Islas Malvinas serían un fuerte déficit adicional para la Argentina. Tengo entendido que al tesoro de Inglaterra le cuesta bastante plata por año”.  Sería bueno que se pregunte por qué extraño designio los británicos se mantienen incólumes en apoderarse de las islas y dilapidar sus recursos. Claro que si en el futuro nuestra cancillería no se muestra proclive a no reclamar lo que nos pertenece, será porque en ese entonces la presidencia de república estará ejercida por alguien capaz de decirnos “lo que diga el Foreign Office es lo que hay que hacer”.
Como es factible apreciar el líder del “apoliticista Pro” –menuda contradicción- tiene una marcada predisposición consultiva; pues, no solo consulta a “la embajada”, también consulta a otras personas, entre ellos a Durán Barba, en este caso para desarrollar su campaña política y luego seguir sus consejos a rajatabla. Éste inescrupuloso consultor ecuatoriano, hace escasos meses atrás le profetizó que “Cristina era imbatible en las elecciones”. Y según contó el periodista Roberto Navarro en su último programa televisivo (Política Económica que se transmite por C5N), semejante aseveración causo tanto impacto en el aspirante presidencial que estuvo a punto de abandonar la política. Pero gracias a una nueva consulta, en esta ocasión al CEO de Clarín, desarrollada los primeros días de agosto, pues,  el hombre en cuestión (Héctor Magnetto) lo convenció de seguir adelante con el argumento de que podrá perder en octubre, pero en el 2016 será el presidente. Todos sabemos perfectamente que en el 2016 no hay elecciones presidenciales; resulta entonces, cuando menos, intrigante saber cómo llegará a materializarse la mentada promesa.
Ahora bien, dejando de lado el campo de la futurología, hay que reconocer en los hombres y mujeres de “Cambiemos” cierta coherencia discursiva. Desde las críticas formuladas por la diputada Laura Alonso -de fuertes vínculos con el “buitreman” Paul Singer- al Papa Francisco por mostrarse con un cartel que reclamaba el diálogo por Malvinas; hasta las declaraciones del recién electo diputado del Pro, Fernando Niembro, quien adujo que aquellos que quisiéramos ver el fútbol gratis (en referencia a “fútbol para todos”) nos fuéramos a vivir a Cuba, existe un común denominador: que consiste en cambiar la defensa de lo nacional por el culto al capitalismo salvaje y antinacional.
Demás esta señalar que este último legislador (junto con Laura Alonso) fue de los primeros en denunciar “la inmoralidad” de un presunto fraude –que en los hechos no existió- en las elecciones de Tucumán. Sí, en cambio, supo callar muy bien los provechosos beneficios que obtuvo por intermedio de la contratación directa –esto es, sin licitación- a sus sociedades por parte del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. 
Claro que en la reciente sesión de la legislatura porteña, ante el pedido de tratar estas “irregularidades” la bancada macrista supo abroquelarse para impedir que se discuta el tema en el parlamento de la Ciudad.

Pero no vayamos a creer que se trata de personas amorales. El hecho de que invoquen a la moral cuando les conviene o la arrojen a la bolsa de desechos cuando de ponderar su conducta se trata es, por el contrario, toda una cuestión de principios. 
Solo que sus principios no coinciden con el bienestar de la República; a pesar de que no tengan pruritos de presentarse como republicanos. Como vemos la elección de octubre no es nada menor, de la ciudadanía depende salvar la verdadera salud de la República.

viernes, 28 de agosto de 2015

Macri, Cavallo, la oposición, el fraude y las enseñanzas de la historia




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Lord Byrón gustaba decir que “el mejor profeta del futuro es el pasado” y cuánta razón le asistían a esos dichos. Sin embargo, aunque no lo parezca, existen muchísimas personas que, en la actualidad, desisten conocer el pasado  como si éste no proporcionase utilidad alguna. “El pasado ya fue” se acostumbra a decir, y como tal, forma parte de la historia. Y la historia, según algunos, no resulta demasiado relevante, ni, al parecer, brinda ningún provecho. Claro que “pensar” de esa manera –si bien es una afirmación que tiene sus raíces en lo impensado- es la actitud natural de quienes gustan transitar los caminos de la incomprensión.
Como solía enseñar un filósofo danés:  “La vida tiene que ser comprendida retrospectivamente. En cambio, hay que vivir hacia adelante. Una ley que cuanto más se medite más confirma que la vida nunca puede comprenderse del todo en la temporalidad”. He ahí lo significativo de la historia, pues, nos ayuda a comprender la vida de las sociedades y en cierta forma, como bien lo advierte el poeta inglés, a profetizar el futuro.
Por ejemplo, observemos algunos pequeños detalles del pretérito. Pues, podemos recordar que hace escasos dos años el ministro de Educación porteño presento su proyecto de eliminar la materia Historia Argentina de 5° año del secundario y hacer optativa Historia Latinoamericana en 4°.  Sin duda, semejante propuesta no ha sido fruto de una decisión al azar; por el contrario, si la materia en cuestión no fuese un verdadero estímulo para facilitar la comprensión de la realidad presente, pues el ministro de Macri no hubiera tenido intenciones de suprimirla.
Actitud semejante podemos apreciar en estos días, donde se han alzado algunas voces que, al calor de la llegada de un nuevo mandatario, sugieren dejar atrás el pasado y reclaman una falaz  “reconciliación” entre las víctimas de violaciones a los derechos humanos y los autores de tamañas atrocidades.
Una de las “prestigiosas” instituciones educativas que pugna por esa supuesta “reconciliación”, en la que curiosamente los victimarios no se arrepienten de sus aberrantes vejaciones, es nada menos que la Universidad Católica Argentina (UCA). Que como bien lo expresa Eduardo de la Serna “es, ni más ni menos que, el claustro universitario del Pro” (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-279975-2015-08-23.html, nota de Verbitsky). Más allá de que bajo la fachada reconciliatoria, la idea central consista en aventar el temor de que los procesos por violaciones a los derechos humanos no se circunscriban exclusivamente a los militares involucrados y, por el contrario, se extiendan a los promotores civiles. Lo cierto es que no han sido pocas las veces que desde ese claustro universitario se ha levantado la bandera de la “reconciliación”; eso sí, atendiendo reiteradamente a la opinión de una sola de las partes que, vaya paradoja, nunca se corresponde con el pensar de las víctimas. Como vemos, procederes de esta índole son fáciles de encontrar si se indaga mínimamente en el pasado.
También resulta sencillo descubrir cuál es la ideología dominante en  sus tradicionales y difundidos seminarios económicos. Pues, al parecer, los disertantes más asiduos a las aulas de la UCA  suelen ser los más acérrimos representantes del pensamiento neoliberal. De ahí que los informes que se elaboran -a través de su Observatorio de Deuda Social- o las conclusiones a las que arriban sus encuentros académicos, terminen ineludiblemente cuestionando la política económica desarrollada en esta última década.  
Pero lo bueno de conocer la historia es que desenmascara el rostro oculto de quienes lo encubren para que no lo identifiquen con el pasado. Por ejemplo: ¿Puede alguien ignorar  lo que sostenían los economistas del Pro (entre ellos: Melconian, Sturzenegger, Espert, Broda por citar solo unos pocos) durante el período dictatorial, la fiesta menemista y el gobierno de Fernando de la Rúa? Sin olvidar que muchos de ellos se desempeñaron perniciosamente como funcionarios de alguno de los gobiernos mencionados. Pues, lo cierto es que han demostrado ser  excelentes discípulos de Don José Alfredo Martínez de Hoz y de Domingo Felipe Cavallo, dos de los ministros más devotos a esa mítica y perversa abstracción conocida como “El Mercado”.  Claro que cuando hablamos del “mercado” en concreto, la cuestión se torna por demás visible, ya que en los hechos no solo se materializa reduciendo a la mínima expresión la capacidad del Estado para intervenir en la vida económica; sino que es un excelente constructor de la desigualdad, el desempleo, el empobrecimiento generalizado, la pérdida de soberanía, la desatención social, la marginalidad y la concentración de la riqueza en manos de unos pocos.
Nuestro país tiene sobrados ejemplos de lo que significó la entronización del Mercado y solo quienes ignoren la historia reciente pueden dejarse embaucar por los predicadores de lo abstracto. No obstante, tan poca entidad le atribuimos a la historia que actualmente el nefasto personaje que condujo al país al borde del abismo económico y social, me refiero a Domingo Cavallo, acaba de manifestar, muy suelto de cuerpo, que “estamos peor que el 2001 y que nuestra economía esta desquiciada”. También ha manifestado que “el mejor equipo económico lo posee Mauricio Macri”, lo que revela a las claras cual ha de ser la política económica que impulsará el líder del Pro.
Hay un detalle que es más que evidente, uno de sus fieles discípulos, Federico Sturzenegger –que hoy pulula por las cámaras de los grandes medios hablando de economía- fue el encargado de acordar (junto a Cavallo)el tristemente célebre “Megacanje” operación que le costó al país más de 50 mil millones de dólares. Precisamente, a raíz de su “eficaz” intervención, en este pernicioso acuerdo, se lo procesó en nuestra querida “Justicia”, esa que se define independiente y que, con el correr del tiempo, posibilitó la prescripción de la causa. Permitiendo con ello no solo eludir la responsabilidad que, eventualmente, podía corresponderle a este personaje por el mal desempeño de su función; sino que, además, tengamos que padecer la probabilidad de que vuelva a convertirse en funcionario nacional. Y digo nacional, porque el gobierno de la ciudad lo habilitó tempranamente para ejercer funciones (en el Banco Ciudad) a pesar de esos penosos antecedentes.
Ahora bien, yo me pregunto: ¿Un gobierno que incorpora en sus propias filas a un funcionario que durante su gestión le ocasionó un daño irreparable a la economía del país, es capaz de defender seriamente los intereses de la nación? Excepto que usted crea en los “reyes magos” estimado lector, la respuesta se cae de madura.
Sin embargo, es patético observarlos, hoy se muestran como “el cambio” y hablan como si recién aparecieran en la vida política, dispuestos a captar la atención de quienes desconocen su pasado. Es evidente que si la mayoría de los argentinos conocieran la historia de estos “señores” no solo no podrían mostrarse a través de los medios -incluso en los medios para los que ellos trabajan; es decir, los pertenecientes a los grupos dominantes- sino que tampoco podrían  brindar conferencia alguna ya que serían objeto de repudio en el lugar donde se encuentren. Lamentablemente, y para desgracia de nuestro país, la historia real se ha ocultado siempre y en ello han jugado un papel preponderante los medios hegemónicos de comunicación. Los mismos medios que hoy desarrollan la campaña sucia y, al mismo tiempo, protegen minuciosamente la figura del jefe de gobierno porteño.
Sin duda, si nos remontásemos más atrás podríamos encontrar cientos de similitudes que podríamos asociar con la actualidad. Desde como los medios promovieron el derrocamiento de Yrigoyen con la complicidad de la Corte Suprema de Justicia; hasta las similitudes que existen entre las críticas a la actual presidencia con las desarrolladas al primer gobierno del Gral. Perón. También podríamos observar como la entonces Unión Democrática era un conjunto de políticos opositores (liderados por el embajador estadounidense) cuyo propósito solapado era transformar al país en una semicolonia. Sí, sí, como se acostumbra a señalar en las proyecciones cinematográficas: “cualquier semejanza con la actualidad es mera coincidencia”.  
Claro que los opositores de hoy son absolutamente “republicanos”, tan republicanos que no soportan perder en los comicios. Pues cuando pierden es porque “existe fraude”. Se diferencian de los republicanos (conservadores) del siglo XX que reivindicaban el fraude como método y hasta se dieron el lujo de pronunciar en el Congreso de la provincia de Buenos Aires la conocida frase: “Bendito sea el fraude”. Frase que no hubieren dejado de utilizar los “republicanos de hoy” de haber tenido eco sus falaces denuncias. Un fraude como el que denuncian en Tucumán con 14 puntos de diferencia es en los hechos difícil de creer. Pero al parecer seguirán agitando el “fantasma del fraude” no solo porque carecen de propuestas -y con algo hay que tapar esa ausencia- sino porque están dispuestos a acompañar toda tentativa deslegitimadora de los gobiernos surgidos por el voto popular.
Y otra vez volvemos a la historia, en las décadas de los 60 y 70 en el mapa sudamericano podíamos observar como los derrocamientos de los gobiernos populares estaban a la orden del día y bendecidos por el Consenso de Washington. El mecanismo utilizado fue “el golpe de estado” y por su intermedio fueron desapareciendo los gobiernos populares. Con la llegada de los 80 y el fin de la “guerra fría”, las democracias fueron ganando su espacio y la política de preservación de los derechos humanos fue tomada como bandera por los países centrales. Claro que este cambio de actitud, internacionalmente hablando, respondió directamente a ciertas necesidades geopolíticas de las naciones dominantes que por otro lado, consiguieron imponer durante esa etapa el pensamiento único (el neoliberal).
Obviamente esto posibilitó que en el ámbito internacional fuesen vistos con cierto rechazo los gobiernos no democráticos instalados en Asia y, muy principalmente en Medio Oriente, lo que en cierto modo brindaba “el pretexto” (o el consenso) necesario para las “expediciones punitivas” que perseguían otra clase de intereses que nada tenían que ver con el fomento de la democracia real . Pues ahora, resulta curioso contemplar el surgimiento de estas “promovidas marchas” tendientes a deslegitimar los denominados gobiernos “populistas”.
Pues lo hemos visto en Ecuador, Brasil, Venezuela, Argentina, y muy probablemente, en cualquier otro país donde las políticas diseñadas contrasten con el neoliberalismo. Esperemos, y como es de desear, que no sigan expandiéndose, aunque si ello ocurre es de esperar que las grandes mayorías nacionales se movilicen para garantizar la auténtica democracia.
Como es dable apreciar siempre es saludable recurrir a la historia; al fin de cuenta los acontecimientos históricos siempre son de mucha utilidad para mejorar nuestra visión de la realidad.

jueves, 13 de agosto de 2015

El nerviosismo de algunos y la especulación de otros.



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Finalizadas las primarias abiertas y obligatorias (PASO) es notorio observar el grado de nerviosismo que se ha adueñado de los “conspicuos portavoces mediáticos”. La alteración nerviosa bajo la que se encuentran estos “lamentables personajes” –entre otros: Lanata, Longobardi, Nelson Castro, Bonelli, Majul, Morales Solá, y los Leuco; por solo citar a unos pocos integrantes del “periodismo independiente”-defensores a ultranza de los intereses de las grandes corporaciones- obedece directamente al frustrante resultado obtenido por su principal candidato: Mauricio Macri. Es que al parecer, estos  verborrágicos comunicadores solo han tenido oídos para aquellos electores que comulgan con los supremos mandamientos del neoliberalismo ignorando las voces de apoyo a las políticas gubernamentales que, a lo largo de estos últimos doce años, se han ejecutado en la Argentina. De allí su enorme frustración.
Asi observamos que “la gente”, a la que tanto alude la anfitriona de los suculentos almuerzos, brindó un significativo respaldo, a través de los votos, (¡¡Vaya paradoja!!) a los representantes de lo que ella califica como “dictadura”. Seguramente la señora, Mirta Legrand, estará sollozando de angustia merced al resultado de las elecciones primarias, quizá porque todo hace suponer que de ser fiel a su promesa deberá, luego de los comicios de octubre, cruzar el Río de La Plata y establecer su domicilio real en la República Oriental del Uruguay.
Resulta cuando menos curioso el contraste. Cuando en la Argentina la supresión de derechos, la conculcación de las libertades individuales y la desaparición de personas eran moneda corriente en nuestro país, la promotora de los mencionados almuerzos se hallaba fervorosamente a gusto con lo que a su juicio -aunque dudo que lo tenga- era sencillamente un gobierno “de facto”.
 Claro que, con el advenimiento de la democracia, la mentada anfitriona se encargó de descalificar al entonces presidente, Raúl Alfonsín, de haberla proscripto debido a que el canal oficial (en aquel momento ATC) se atrevió a no contratarla para continuar con sus exuberantes reuniones gastronómicas.  La historia de la Sra. Legrand revela su falta de afecto a determinados gobiernos democráticos y su enorme ignorancia en materia de conocimiento político –si bien no es lo único que desconoce- lo que la lleva a verter una serie de disparates en cada una de sus apariciones televisivas; pero eso sí, se expresa con la seguridad propia de los que vociferan desde la perspectiva del no saber.  No obstante, lo concreto es que, a una persona que está a punto de cumplir un centenar de años, no podemos exigirle que se exprese con criterio; máxime considerando que ese no ha sido jamás uno de sus atributos.
Pero no fue  la “célebre” señora la gran perdedora de estas elecciones. A decir verdad, el gran derrotado fue ni más ni menos que “el Gran Fabulador”. Nos referimos a Jorge Lanata que a escasos días de los comicios realizó un espectácular montaje para mancillar la figura de Aníbal Fernández e inducir al electorado bonaerense a votar contra el candidato en cuestión. Los guarismos finales del escrutinio, ponen de manifiesto la escasa credibilidad de la que goza el mentado “periodista” en la ciudadanía bonaerense. Logro por demás significativo si tenemos en cuenta que previamente a la llegada de los Kirchner al gobierno, eran precisamente los medios quienes “programaban y diseñaban” la manera de ver la realidad en vastas franjas de la ciudadanía.
Queda claro que el poder manipulador, ejercido por los autodenominados “periodistas independientes”, ha mermado sustancialmente y los hechos así lo demuestran. Si bien no todo lo deseable, ya que todavía poseen un alto poder de incidencia sobre aquellos incautos que creen a rajatabla todo lo que dicen. Sin embargo, no deja de ser edificante observar el grado de nerviosismo que manifiestan por estos días; pues, basta escuchar a Lanata en su programa radial para contemplar como los nervios lo condujeron a agredir a sus propios oyentes. Pues  una vez conocido el resultado de las elecciones, no reparó en decirle a sus radioescuchas que “no sirven para una mierda” y que “todos los que escuchan su programa jamás hicieron algo políticamente hablando por el país”. Obviamente, el sayo también le corresponde a los políticos de la oposición que no solo escuchan su programa y se prestan a ser entrevistados; sino que además repiten las falacias que semejante comunicador se encarga de propalar.
Otro “independiente” afectado de nerviosismo ha sido Marcelo Longobardi, quien intentando limar diferencias entre el PRO y los partidarios de Masa entrevistó a Felipe Sola, y viendo que el candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires por el Frente Renovador no suscribía esa tentativa, pues, optó por dar por finalizada la entrevista.   El propio Longobardi, entonces, les recriminó a los políticos opositores su ineptitud para oponerse al actual gobierno, aduciendo además que” Jorge Lanata hizo mucho más que toda la oposición junta”.
La pregunta que un observador  neutral debería hacerse ante estos reproches es: ¿Si la oposición es  “tan inepta” como ellos manifiestan, porqué entonces pretenden que alguno de ellos llegue a la presidencia?
La respuesta es muy simple, porque una vez instalado cualquier opositor en el sillón de Rivadavia los que toman las riendas del poder estatal son los dueños de las corporaciones. Es decir, los mismos que les pagan a “los periodistas independientes” suculentas sumas de dinero por defender, a través de los medios, sus espúreos intereses.
Como vemos la hipocresía mediática no es un detalle menor, de ahí que el principal candidato que apoya este conglomerado de farsantes es nada menos que Mauricio Macri. El mismo que hoy aparece en los grandes medios expresando su preocupación ón por “los más vulnerables” , mientras que durante su gestión, como jefe de gobierno de la ciudad, se encargaba de enviarles a los muchachos de la UCEP (Unidad de Control de Espacios Públicos) para que “palos mediante” desocuparan los espacios públicos.
El mismo Mauricio que reivindica en su plenitud la “libertad de mercado”, la misma que rigió dominantemente en los años 90 y que posibilitó la construcción de un elevadísimo número de barrios privados que se instalaron sobre los humedales evitando, de ese modo, el normal escurrimiento de las aguas desbordadas por los ríos con las nefastas consecuencias que esto trajo aparejado  para los habitantes de la periferia. La misma libertad de mercado que no solo prioriza esos desarrollos inmobiliarios sin reparar, como es visible, en las consecuencias futuras; sino que da rienda suelta a quienes en aras de proteger sus cultivos construyen canales clandestinos (sin el correspondiente permiso y control estatal) que terminan facilitando la concentración de agua en determinadas regiones.
Por eso indigna observar como el portavoz oficial de la supresión del Estado, ahora viene a dar consejos de cómo evitar los desbordes hídricos, ocultando no solo cuáles fueron las causas internas que determinaron y multiplicaron  la tragedia de las inundaciones; sino cual ha sido la concepción política (obviamente neoliberal, que él mismo pregona) que dio lugar a que eso suceda.

 Como vemos, en tiempos electorales la hipocresía es un arma a la que suelen apelar los inescrupulosos; pero el problema no son ellos, sino los incautos que caen bajo sus cantos de sirena.