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lunes, 20 de junio de 2011

El periodismo y su relación con el poder


                                                      







Mucho se viene hablando a lo largo de estos últimos tiempos respecto del rol del periodismo en nuestro país. Resulta frecuente escuchar en los diferentes ámbitos comunicacionales, radiales y televisivos (e incluso observar en algunos medios gráficos), plantearse el interrogante respecto de: ¿cual es la función del periodismo en las sociedades modernas? Y la respuesta casi inmediata, que uno escucha en la mayoría de los medios de comunicación privados (es decir, en casi la totalidad de los existentes) es que, la función del periodismo debe consistir: en ser crítico del Poder.
Obviamente, cuando uno escucha semejante premisa, no puede negar que suena auténticamente placentera a los oídos de cualquier oyente que se preocupe por los destinos del país. Ya que si el periodismo cuestiona y critica al “Poder” es porque, sencillamente, no esta subordinado a los dictados de dicho poder. Condición ésta que garantizaría no solo la independencia de análisis en el ejercicio de la profesión; sino que, y esto es lo más significativo, posibilitaría en los hechos, brindar una información fidedigna al conjunto de la ciudadanía para que conozca con certeza lo que viene aconteciendo en su país.
Ahora bien, esta idea de la función del periodismo que, en una primera instancia, nadie puede dejar de compartir oculta en su interior el germen de lo falaz.
En primer lugar, porque al ser “el objeto” el factor determinante de la labor periodística es preciso conocer con precisión las características del mismo.
Es decir, si el objeto de crítica es nada menos que El Poder, pues, debemos saber que entendemos por poder. De lo contrario, las críticas pueden dirigirse a cualquier lado e incluso a aquellos ámbitos donde el poder se encuentra, lisa y llanamente, ausente. Hecho éste que sería verdaderamente gravoso no solo porque la crítica (en el caso, la labor periodística) estaría dirigida hacia un objeto ausente; sino porque se estaría “identificando” al Poder con algo que no lo es, lo que en última instancia, sería facilitar las cosas para que el verdadero poder permanezca oculto, y a salvo, de las eventuales críticas.
Ahora bien, una maniobra de éstas características hecha ex profeso tiene por propósito evitar que la ciudadanía individualice eso que denominamos poder. Pero entonces: ¿Qué es el Poder?
A algunas personas les pasa con el “Poder”, aquello  que le sucedía a San Agustín cuando le preguntaban: ¿Qué es el tiempo? Su respuesta inmediata era: Lo se perfectamente mientras no me lo pregunten. Lo ignoro absolutamente cuando lo hacen. No obstante, y a diferencia del tiempo, el poder es ostensible y, la mayoría de las veces, aparece corporizado en la figura de una o varias personas, sean éstas físicas o jurídicas.
Lo cierto es que la definición habitual de poder es la potestad, facultad o potencia para hacer algo o mandar a hacer algo.
Sabemos que en las sociedades modernas más allá de los poderes establecidos institucionalmente, existen los denominados factores de poder (conjunto de personas o entidades privadas) que utilizan su potencial para incidir sobre las decisiones del Estado orientando las mismas en su beneficio u obstaculizando aquellas que atenten o afecten, en mayor o menor grado, sus intereses.
Precisamente, la existencia de estos factores de poder, pone de manifiesto que eso que denominamos “Poder” se halla distribuido en una pluralidad de grupos que con su accionar terminan condicionando al gobierno de turno. 
 No obstante, y hasta el momento, la única definición que vienen dando aquellos que reivindican esa función del periodismo es la que, deliberadamente, asocia la representación del Poder con la del Poder Político. Cuando el auténtico concepto de Poder es, a todas luces, mucho más amplio y más abarcativo.
Por ejemplo, se podría hablar también del Poder Económico, del Poder Eclesiástico, del Poder de los Gremios, del Poder Judicial y hasta del denominado Cuarto Poder o Poder de los Medios. 
Y si quisiéramos ser más precisos al momento de describir la configuración del Poder, podríamos hablar  del “Poder real” en contraposición al “Poder formal”. 
Y ante tanta variedad de poderes es lógico preguntarse:
¿Por qué se reduce, deliberadamente, la figura del poder a los estrechos límites del poder político? 
¿Por qué la función del periodismo consiste, a juzgar por estos señores, en ser crítico nada más que de ese poder?
¿Será acaso que existe cierta complicidad entre “los periodistas independientes” y los detentadores del poder real? ¿Porqué no se critican los demás poderes?
¿Será tal vez porque debilitando al poder político, se fortalece aún más, el más poderoso de todos ellos? Si, sí, ese que vino rigiendo los destinos de nuestra nación casi desde sus orígenes. Nos referimos concretamente al: Poder Económico.
No hace falta ser muy avezado en historia argentina para saber –por ejemplo- que el, por entonces, Poder Militar conjuntamente con el aún indemne Poder Económico fueron quienes derrocaron a los distintos gobiernos constitucionales (Yrigoyen, Perón, Frondizi, Illia, Isabel Martinez) en el siglo pasado.
Obviamente, previo a la ruptura del orden constitucional, se requería necesariamente generar un clima de descontento o de rechazo que “legitimara”, en buena medida, el proceder de estos grupos. Esa función la cumplía, nada menos que el ya mencionado cuarto poder, es decir: la prensa independiente. Lo que nos conduce a afirmar que no era tan independiente; sino, por el contrario, tomaba partido en función de determinados intereses.
Nadie ignora, entre otras cosas, que durante la presidencia del Dr. Raúl Alfonsín los denominados, en aquellos tiempos, “Capitanes de la Industria” (poder económico) se empeñaron en condicionar sistemáticamente las políticas implementadas por el Estado. A punto tal, que el gobierno terminó resignándose y adoptando por propio el modelo económico que estos señores pretendían. Pero en esa tarea, los mentados “Capitanes” no estuvieron solos; sino que contaron con un aliado fundamental: la prensa gráfica y televisiva. Cualquiera que se tome la molestia de observar las posiciones de los dos diarios “más importantes” de la época, podrá advertir lo que estamos señalando.
Del mismo modo se podrá apreciar como esos dos periódicos que al decir de Elisa Carrió “son la Nación misma” y que cuentan, a su vez, con grandes cadenas de medios audiovisuales apoyaron y “concientizaron” a buena parte de la sociedad argentina para que acompañe el proceso de privatización menemista.
Por eso, suponer que el periodismo persigue la verdad por sobre todas las cosas, es casi igual que suponer que los laboratorios medicinales persiguen erradicar, definitivamente, las enfermedades para bien de toda la humanidad.
¿Si el periodismo persigue la verdad, y su función es ser crítico del poder, porqué no explicita la verdadera configuración del poder? ¿O acaso solo se trata de criticar a una fracción del Poder? Si de eso se trata, es porque ya han tomado posición.
Hay un detalle no menor que no resulta fácil soslayar, pues, los periodistas (A.Leuco, Nelson Castro, Eliaschev, Bonelli, Tenenbaum, Longobardi, Majul, M. Ruiz Guiñazú, Grondona, Lanata, etc.) que adscriben a esta definición del periodismo, vienen monopolizando la presencia mediática desde el advenimiento -y algunos mucho antes- de la democracia hasta la fecha. Lo que manifiesta no solo una ausencia de democratización en los medios; sino, y lo que es más grave aún, un vínculo histórico y material con los propietarios de esos medios. Hecho éste que desacredita su opinión como “objetiva”.
Ya lo decía un reconocido historiador: “la objetividad es para los objetos”.
Y estén por demás seguros que estos autodenominados “periodistas independientes” eso lo tienen muy en claro. Por ello, la definición que brindan de la función del periodismo no es absolutamente "neutra" como quieren hacernos creer. Muy por el contrario, lo único que tiene esta postura es el deliberado propósito de "neutralizar" la reflexión de la ciudadanía respecto de lo que acontece en el país y quien detenta el poder. 

domingo, 12 de junio de 2011

El Ser, la nada y la concepción humanista de la política

                                              



Cualquier figura geométrica tiene sus lados perfectamente definidos y determinados. Pues, sabemos con certeza cuantos lados tiene un triángulo o un hexágono.
Pero cuando se trata de graficar la vida humana, no es posible hallar figura que la represente; cuanto mucho podemos sostener, como diría Dilthey, que: “la vida es multilateral”. No obstante, y si quisiéramos reducir la vida del hombre a una suerte de representación geométrica, diríamos que su vida se compone de infinidad de lados; porque son infinitas las posibilidades que se le presentan a lo largo de la misma. Pues, siempre habrá más lados que añadirle a esa imaginaria figura, siempre habrá un lado más para agregar a su graficada existencia. En verdad, solo con la muerte podríamos dar por acabada la hipotética figura. Hecho éste que tornaría paradójica la mentada representación; ya que a partir de la muerte, solo tendríamos “la representación de lo inexistente”.
Heidegger decía que “el hombre es un ser para la muerte”. Y la muerte es sencillamente dejar de ser. Y dejar de ser es lo mismo que la Nada. Espeluznante, pero al mismo tiempo tranquilizadora fórmula:

                                 Dejar de Ser = Nada

De ahí que, antes de trazar el último lado en el dibujo que grafica nuestras vidas, siempre es menester procurar encontrar un sentido a nuestra exigua existencia. Resulta saludable y, sin lugar a dudas en muchos aspectos compartible, afirmar que el sentido de la vida consiste, esencialmente, en vivirla.
No obstante, y en ese caso, el sentido que le asignamos a la existencia se agota en nosotros mismos; lo que resulta que consumido nuestro tiempo existencial, ese sentido también se consume, es decir, se confunde con la Nada.
Quizá por ello el célebre Voltaire recomendaba aquello de “Gusta la vida, pero la nada no deja algo bueno”.
Por eso, y sin renunciar a nuestra vida, en todo lo particular que ella tenga; es necesario intentar, cuando menos, dotar a nuestra existencia de un cierto sentido comunitario. O mejor aún, de un cierto compromiso para con lo humano.
Indudablemente, y nadie lo ignora que en estos tiempos, se hace extremadamente difícil hacer prevalecer la figura de lo humano por encima de las cosas y, muy especialmente, por encima de esa que identificamos con la palabra dólar. Pues, la entronización de las cosas ha relegado al hombre a un lugar subalterno.
De ahí, el desprecio que se tiene no solo por la vida humana (basta observar el porqué de: los conflictos, las guerras, el hambre, la experimentación nuclear, el desarrollo de agroquímicos tóxicos, etc. etc.) y, mucho más, por el resto de las especies vivientes; sino también, por la vida de las futuras generaciones que recibirán un “habitat natural” incapaz de proveer lo que, hasta el momento, le ha suministrado a todos los seres vivos.
Y aquí aparece como desvinculado –cuando en realidad no lo es- un fenómeno que comienza a darse en la Argentina y se hace extensivo, paulatinamente, a todo el mapa latinoamericano. Nos referimos al reconocimiento del “Otro”, en contraposición, a la exacerbación de la individualidad fomentada por los cultores del libre mercado.
Al fin de cuentas, y conforme al pensamiento de estos últimos: si el mercado resuelve todo, es lógico que prescindamos de la subjetividad humana para ponderar lo que es necesario hacer.
Los voceros del libre mercado, nos dicen:
Dejemos que las decisiones las tome el mercado, si además, es “un buen distribuidor” de recursos. Y si en esa “buena distribución” quedan unos cuantos fuera; no tienes más que ignorarlos. Tú preocúpate solo por acrecentar tu consumo y disfrutar de la vida.
¿Y el poder de construcción social? Déjaselo al Mercado que él sabrá que hacer.
¿Y el Otro? Ese no es problema tuyo; Tú repliégate en tu individualidad. ¿Cómo? ¿Qué te estas preguntando que es el Mercado? Un lugar donde se ofrecen cosas a cambio de otra cosa que se la denomina moneda. De ahí que, el criterio rector para la toma de decisiones sea el criterio mercantil.
¿Pero como, y la sensibilidad para con los otros? La sensibilidad de criterios es un derivado de las concepciones humanísticas  que terminan conduciendo al hombre por el sendero del error. Así, apelan al Estado para subsanar desigualdades sociales que siempre existirán; por ello, decimos no al intervencionismo estatal. Además, ya lo hemos señalado, ignorá a “los otros”, pues, el considerarlos importa una carga de ideologismo, un componente de subjetividad y de lo que se trata es de des-subjetivizar al sujeto. Nuestro lema es:  fija tu atención en la primer persona del singular.

Éste diálogo imaginario representa, muy sucintamente, la sustancia común de los representantes del pensamiento neoliberal que, lejos de retirarse pacíficamente a sus hogares, están intentando retornar al ejercicio del poder político nuevamente. Y aclaramos esto de poder político, pues, porque buena parte "del poder real" aún continúa en manos de sus representados.
Pero como bien lo señalábamos anteriormente, hay un despertar por atender y considerar la situación del “Otro” en la Argentina de hoy. Y eso tiene que ver con un país que reconoce “el ser del otro”.
Que no recurre a criterios economicistas que reducen la figura de "il uomo" a una simple expresión numérica.
Que cuenta con una Presidenta que no solo a dado muestras más que suficientes de racionalidad; sino que ha demostrado un profundo criterio de sensibilidad social.
Que hay un resurgir del compromiso militante que no se ciñe, como quieren hacernos creer algunos, a ser defensores de un partido político; sino a defender un ideario común que pone al hombre por encima de las cosas.
La fecha se acerca, y los que abjuraron de la figura del hombre para entronizar la figura del Mercado están al acecho.
Quieren restablecer el reinado mercantil, quieren evitar que el sujeto juegue un rol preponderante en la construcción del modelo social. Se podrá decir que muchos de ellos ni siquiera son conscientes de lo que pregonan, es posible; pero de todos modos son funcionales al establecimiento de un modelo de país que desprotege y cosifica al hombre. Sí conocen, entre otras cosas, la utilidad que les proporciona reestablecer un modelo de las características del imperante en nuestro país a finales del siglo XX. Y lo saben por experiencia personal; después de todo han sido –con los detentadores del poder real- los beneficiarios directos de sus nefastos frutos. 
El tiempo dirá quien triunfa, si la concepción humanista que se expresa hoy en la figura de nuestra Presidenta o la propuesta deshumanizadora de "la oposición". 
Esto nos trae a la memoria el libro "El abuso de poder en la Argentina" de Elías Neuman, editado, por entonces, en la década donde el mercado reinaba bajo la complicidad de los grandes medios de comunicación.. En uno de sus párrafos decía lo siguiente: "Explicaba André Malraux la dificultad de asir el concepto prístino e íntimo de dignidad humana y que, tal vez, cabría definirlo por su contrario. Nadie sabe muy bien lo que es la dignidad decía, pero si, en cambio, lo que es humillación. No se trata de oponer la verdad a la mentira, sino de enfrentarla a aquello que es su ausencia".
Pues, en este caso no tratamos de atribuirnos la verdad a título de propietarios. Nada más lejos de nuestro proceder. Pero es suficiente, contrastar ambos modelos -que ya han sido experimentados por la mayoría de los argentinos- para percibir cual de las dos propuestas reivindica la dignidad humana por sobre todas las cosas. En cual de los dos modelos se halla ausente la verdad. Y la respuesta es más que evidente.
Por ello, esperamos, y no como meros espectadores, un categórico triunfo de nuestra Presidenta en los próximos comicios nacionales.

domingo, 5 de junio de 2011

La perspectiva de la derecha y sus candidatos




                                      








Es verdaderamente sorprendente observar como las aguas políticas que circulan sobre nuestra geografía se mantienen calmas y estables a pesar de los desesperados intentos de un sector minoritario -pero extremadamente poderoso- en alterar la tranquilidad de las mismas.
Y mucho más nos sorprende, contemplar los vanos intentos de estos profesionales de la convulsión social cuando en otros tiempos, no muy lejanos, consumaban a gusto sus propósitos mientras el resto de la población, sumergido en el mar de la turbación, procuraba alcanzar la orilla para poder sobrevivir. Es como si un embrujo les hubiera arrebatado parte de sus poderes maléficos reduciendo notoriamente su capacidad de engaño colectivo al grado tal que ya, buena parte de sus antiguos creyentes, han dejado de oír sus “cantos de sirena” que no tenían otro designio que arrojarlos a las aguas mientras ellos, cómodamente desde la superficie se adueñaban del país sin reparar en las necesidades del resto.
Macabro proceder por cierto, pero claro está, visto desde la perspectiva popular (o populista como suelen expresar ahora), ya que desde el enfoque de “los detentadores del poder” el país era “digno de elogio”. Pues, aceptaba dócilmente las recetas sugeridas por el FMI, a quienes se les atribuía una suerte de saber universal para promover el desarrollo económico de una nación; si hasta se hacía publicidad, a modo de agradecimiento, cuando algún préstamo de esa “benemérita institución” –cual si se tratase de nuestros salvadores- le era otorgado al país. Basta recordar como se empapelaban las avenidas porteñas con el tristemente famoso afiche “Ya viene el blindaje”, como si se anunciara el fin de todos nuestros males con una medida que, en verdad, tenía por objeto acentuar nuestros padecimientos.
Pero además, y conforme a las políticas impulsadas en aquella época, se achicaban los salarios a escalas sin precedentes en la historia económica argentina. Y, obviamente, los trabajadores mutis por el foro, de lo contrario pasaban a engrosar las extensas filas de desocupados; no por casualidad fue el período donde comenzaron a proliferar los cortes de calles, si el trabajador ya no podía manifestarse en su ámbito natural, la fábrica, porque, precisamente, ella ya no funcionaba. Paralelamente con ello, se transferían los fondos previsionales a las empresas privadas que lejos de realizar inversiones rentables para sus afiliados, terminaban haciendo grandes negocios para las corporaciones (por ej. Clarín) sin que ningún medio comentase la noticia, no sea cosa que los asociados a las AFJP se enterasen que mientras sus fondos decrecían, la plata que, con su esfuerzo, aportaban iba a parar al bolsillo de otros. Se regalaban, a su vez, a los grandes grupos "nacionales" y multinacionales las empresas del Estado configurando un excelente negocio para aquellos y debilitando de ese modo al poder estatal con el propósito de condicionarlo a futuro, de forma tal que le resultase prácticamente imposible reestablecer un orden social más justo y equitativo. 
En última instancia, se desprotegía a los asalariados, al consumidor, a los ciudadanos a punto tal de sentirse impotentes para cambiar la realidad en la que se hallaban inmersos. Como vemos, todo es cuestión de perspectiva. Para los dueños del poder económico, esa era la Argentina próxima al primer mundo, la que brindaba “seguridad jurídica” a los inversores, la que abrevaba de la fuente del saber provista por el FMI y el Banco Mundial, la que posibilitaba que un puñado de economistas –asociados al poder- desfilaran por los medios de comunicación sugiriendo acentuar cada vez más las medidas propuestas por los organismos internacionales de crédito.
Claro que sería una ingenuidad suponer que los beneficiarios directos del país de entonces, hoy con sus poderes menguados al menos en la esfera política, no estén en condiciones de causar daño alguno sobre ésta nueva realidad argentina. En absoluto, pues, aun cuentan con innumerables recursos; entre ellos, sólidas y “representativas” instituciones del poder real en las más variadas áreas: En el sector agropecuario: la Sociedad Rural Argentina, Carbap, Coninagro, etc., en el sector empresarial la Asociación Empresaria Argentina (AEA) que cuenta entre sus miembros a empresas nacionales y multinacionales como Techint, Arcor, Grupo Clarín, etc. , periódicos como Clarín, Nación, Perfil, medios de comunicación audiovisuales –casi todos los que se pueda imaginar-, algunos gremios consustanciados con un modelo de país  para pocos y una clase política entera que los representa bajo el rótulo “la oposición”.
Todos y cada uno de ellos trabajan sigilosamente en desmedro de la equidad social y con el propósito de retrotraer la situación argentina a las épocas de la euforia privatizadora y de la convertibilidad. Pero esa es la cara invisible que se opone al modelo vigente en la Argentina de hoy; ahora bien, observemos detenidamente la otra cara. Aquella que sale a la superficie, es decir, la cara visible de este conglomerado opositor en el terreno político-institucional. Son, precisamente, quienes aspiran a derrotar a la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner en las próximas elecciones y que se presentan, al parecer, como candidatos sin historia. De lo contrario, no se atreverían ni siquiera a intentarlo, pues, la mismísima historia los condena.
Veamos algunos nombres para entender lo que estamos diciendo:
-Luis E. Duhalde: no hace falta aclararlo, Vicepresidente de Menem, Gobernador de la Pcia. De Bs As. Y ex-Presidente de la República. Que venga a ofrecer sus servicios después de haber desarrollado un rol preponderante en la construcción de la Argentina decadente es casi subestimar la inteligencia de los argentinos. No obstante, es dable reconocer que sigue realizando interesantes aportes a la política nacional. Pues, ahora elige como compañero de fórmula a nada menos que Mario “fraudulento” Das Neves. En verdad, quien se precie de respetar las instituciones y el ejercicio de la democracia no puede elegir incorporar entre sus filas a alguien que posibilitó (como titular del Poder Ejecutivo Provincial) la realización de un conjunto de irregularidades electorales.
"Dime a quien eliges y te diré como procedes”. Al fin de cuentas, si uno elige algo es porque a ese “algo” le asigna un valor; en éste caso, y por tratárse de una persona, debería ser un valor moral. Pues, después de todo, si no le asignáse valor alguno no lo eligiría. Sería bueno preguntarnos que valor le atribuye éste candidato a su compañero de fórmula. Como así también, a tener entre sus filas figuras como  Barrionuevo, Rico, etc. ,etc.
-Ricardo Alfonsín: Su único antecedente es ser hijo del ex presidente de la República. Aquel que quiera ahondar un poco en las propuestas de éste dirigente político podrá observar que nada dice. Y no estamos pretendiendo que su discurso despierte cierto atractivo intelectual, que para el caso en cuestión sería mucho pedir; por el contrario, pretendemos que se cifre en propuestas concretas. Excepto la de eliminar las retenciones, no se le han escuchado muchas.
Lo peligroso de no decir nada es que al momento de hacer, se puede hacer cualquier cosa. Como por ejemplo, la designación que ha realizado en estos días. Específicamente: optó por conformar su fórmula con Javier González Fraga hombre que, en su oportunidad, no simpatizó con las políticas de su padre; sobre todo ante los esporádicos intentos de recortar mínimamente beneficios a los grupos de poder que el mismo Fraga representa.
Los antecedentes de González Fraga son bien conocidos: funcionario menemista, de fuertes vínculos con De Narváez, panegirista del modelo de los noventa, columnista de La Nación. En fin, toda una expresión ideológica definida.
Lo paradójico de todo esto, es que hasta hace unos escasos días el señor Alfonsín procuraba constituir un acuerdo con Hermes Binner miembro del Partido Socialista –un socialismo extremadamente light, pero socialismo al fin- y ahora termina consagrando su fórmula con una de las figuras mas conservadoras de nuestro país. Eso si, para no desentonar su candidato a gobernador por la Pcia. de Buenos Aires, Francisco de Narvaéz, es un pur-sang conservadora.

Podríamos añadir otras figuras que también integran el conglomerado opositor visible: Macri, Cobos, Carrio, Prat Gay, Patricia Bullrich, etc., etc.. Hombres y mujeres  representativos de la Argentina reducida y decadente, pero para que más.
Por suerte, todo indica que las aguas se mantendrán tranquilas y la Presidenta renovará su mandato.   

domingo, 22 de mayo de 2011

Europa, España, el FMI y los gobiernos populistas


                                 






La crisis internacional que lejos de disminuir sus efectos continúa avanzando en la Vieja Europa pone de manifiesto un hecho francamente revelador y, tal vez, no ponderado por algunos argentinos. Concretamente: que nuestro querido país salió de su crisis no porque soplaran vientos benéficos (como algún análisis mendaz pueda sugerir) en estos lares; sino por la firme decisión gubernamental de implementar políticas de Estado tendientes a garantizar el desarrollo económico y soberano de nuestra nación.
Basta echar una simple mirada sobre lo que acontece en España, Portugal, Irlanda y Grecia para detectar un factor determinante (específicamente, el mismo que azotó oportunamente nuestra economía) en la generación de las respectivas crisis, a saber: las políticas de ajuste sugeridas por el FMI.
Lo peor del caso es que cada uno de éstos países ignora la experiencia histórica proporcionada por la Argentina cuando merced a la servil subordinación de sus gobernantes y afines (Menem, De la Rua, con el inconfundible aporte de Domingo F. Cavallo, más un sinnúmero de economistas, corporaciones y medios de comunicación) lograron hacer creer a la población local que el Estado nacional se hallaba hipertrofiado, lo que sugería inexorablemente reducir el gasto público, desprenderse de las empresas estatales y continuar con el pago de una deuda externa que, entre otras cosas, asfixiaba nuestra economía de manera recurrente.
Lo cierto es que fueron esas políticas neoliberales las que condujeron a nuestro país al abismo y a la implosión producida en el año 2001.
Cualquier argentino recordará que la única salida que tenía para evitar la crisis era, nada menos que, la de viajar y radicarse en el exterior. Claro que esa “supuesta” única salida estaba al alcance de quienes podían costearse el respectivo pasaje y viajar rumbo a donde, contacto mediante, pudiesen instalarse "definitivamente" en ese nuevo espacio geografíco.
El peor problema, entonces, recaía sobre aquellos que no disponiendo de contactos, ni dinero para su pasaje, se veían “condenados” a quedarse en el país. Como no recordar, por ejemplo, aquellos amigos que instalados en el Viejo Continente nos incitaban a viajar para escapar de los denominados “males autóctonos”.
Si hasta se nos hacía creer que los males de Argentina eran consecuencia de “los argentinos”; porque, supuestamente, no haciamos bien los deberes exigidos, taxativamente, por el FMI.
Era muy común escuchar aquello de que en Europa (fundamentalmente en España) esas cosas no sucedían. 
Sin embargo, al cabo de dos años la tragedia local comenzó a desvanecerse y no, precisamente, debido a las fuertes corrientes eólicas. Sino a raíz de la llegada al gobierno de un señor flacucho y alto que proveniente de Santa Cruz y con la complicidad de su inseparable compañera de vida, comenzaron a ejecutar políticas públicas diametralmente opuestas a las sugeridas por el FMI.
Lo cierto es que por primera vez en años no se le hacía caso al Fondo y, con el auspicio del matrimonio en cuestión, comenzamos a resolver los problemas con criterios argentinos.
Y resultó que de esa manera, y gracias a Néstor y Cristina Kirchner, la Argentina inició un proceso de recuperación económica y social ininterrumpido. Hecho éste que posibilitó no solo devolverle la sonrisa a buena parte de aquellos que se habían quedado en la Argentina; sino que, a su vez, muchos de quienes habían emigrado oportunamente, ahora pugnaban por retornar a su patria.
Y no solo nuestros connacionales quisieron viajar nuevamente a la Argentina; también los extranjeros, pues, si observamos que solo en los últimos dos años ingresaron 34.000 españoles con el propósito de estudiar o trabajar en Argentina, podemos afirmar –y mal que les pese a los agoreros liberales- que éste es un país con proyección de futuro. Al fín y al cabo, nadie escapa de una crisis en dirección a un país que no ofrezca posibilidades.
Como vemos, es lógico concluir que la salud de una nación no depende de los buenos vientos, ni de su condición genética; sino de la aptitud de sus gobernantes y de las políticas que implementen en el ejercicio de la función pública.
Los Kirchner y los Fernández (no le quitemos mérito al apellido de la presidente, mucho menos teniendo en cuenta que hay otro en la jefatura de gabinete) han dado palmarias muestras de aptitud, criterio y firmes convicciones para conducir la nave del Estado.
Y muchos de los españoles que aquí se encuentran podrán adquirir un verdadero aprendizaje de ésta experiencia y comentarle a sus compatriotas que para salir de un desempleo del orden del 25%, para obtener una balanza comercial acorde a las necesidades de su país, para evitar caídas en las ventas minoristas del 8% interanual –lo que representa una disminución notoria de la capacidad de consumo de los ibéricos-, no es menester reducir el gasto público, ni políticas de austeridad, ni mucho menos subordinarse a las políticas de ajuste y monitoreo del FMI como los medios de comunicación asociados al poder económico le vienen sugiriendo sistemáticamente.
Por el contrario, es preciso comprometerse con la política y brindar un sostenido apoyo a aquellos dirigentes dispuestos a impulsar políticas soberanas orientadas a mejorar la calidad de vida de su pueblo. Eso que los politólogos y comunicadores sociales funcionales al sistema de poder imperante descalifican como populistas.
No es fruto de la casualidad que los gobiernos populistas estén sobrellevando la crisis económica internacional de la mejor manera posible y sin descargar sus perniciosos efectos sobre las espaldas del pueblo.
No es tampoco casualidad que los defensores del status quo internacional procuren descalificar a aquellos gobiernos que con sentido de equidad arbitran los medios necesarios, a través del Estado, para evitar las distorsiones que genera el libre mercado evitando, de ese modo, que la riqueza se concentre en pocas manos.
Por eso, y en virtud de lo que acontece en el mundo actual, debemos señalar que por fortuna, para los habitantes de buena parte de la región latinoamericana, ha llegado el turno de los denominados gobiernos populistas. Esos que al decir de los "politólogos mal intencionados" estan lejos de comportarse como una democracia parlamentaria.
Lo que al parecer "ignoran" estos señores es que la democracia no se legitima, exclusivamente, en base a la observancia de sus procedimientos formales que de hecho son respetados por los, peyorativamente
denominados, "gobiernos populistas". Sino que, y por sobretodo, el principal sostén de legitimación radica en atender los auténticos reclamos populares; eso que en el ámbito del derecho se conoce con el nombre de legitimidad de ejercicio. Cosa que hoy acontece en nuestra querida nación, al igual que en algunos países sudamericanos.
Y decimos por fortuna, porque históricamente durante el ejercicio de los “pocos gobiernos populistas” que tuvimos, no solo se obtuvo como correlato el desarrollo económico-social de nuestra nación; sino lo más importante: la felicidad de la gran mayoría de nuestro pueblo.            

domingo, 15 de mayo de 2011

Las interpretaciones de Joaquin revelan su deseo







“No existen los hechos, solo interpretaciones” solía expresar genialmente el denominado “loco de Turín”. Y, obviamente, adhiriendo a esa premisa podríamos señalar que dentro de la diversidad de interpretaciones posibles; es factible  encontrarnos con aquellas que expresan un elevado grado de racionalidad y de verosimilitud con los hechos que mencionan y/o analizan. Como, también, hallarnos con otras que, no solo, no se aproximan ni remotamente a la descripción de los mismos; sino que rayan con la estupidez, si uno presumiera que son realizadas sin intencionalidad.
Esto último es, precisamente, lo que acontece con la nota publicada en el día de hoy en el periódico La Nación por el inefable, y cada vez más mediocre editorialista, Joaquín Morales Sola  intitulada: “Cristina ante la encrucijada de decidir sola”.
La misma comienza diciendo: 
                                                 El calendario electoral está acorralando a la Presidenta en un lugar desconocido para ella: el de la soledad para tomar decisiones políticas. En sus seis meses de viuda nunca debió resolver cuestiones de magnitud ni cambió nada de lo que ya existía en los buenos tiempos”.

Al parecer, y conforme a lo que menciona este sombrío periodista, ejercer el gobierno de una nación “no requiere resolver cuestiones de magnitud” cada uno de los 360 días del año. La pobre visión que este señor tiene del ejercicio de la más alta magistratura lo lleva a mencionar disparates de éste calibre; excepto que, malintencionadamente, quiera desvalorizar el rol de la presidencia de la república. 
Si bien es cierto que, por otro lado, algo reconoce: “...no cambio en nada lo que ya existía en los buenos tiempos”. Pues, destacar que la cosa no empeoró implica indudablemente un reconocimiento (menor, pero reconocimiento al fin) de que el país no se apartó de los  "buenos tiempos" ;situación digna de ser ponderada -aunque en este caso se trate de un fallido- por cualquiera. Y máxime en un país donde lo habitual -hasta la llegada de los Kirchner- era que los cambios tenían por característica empeorar las cosas. 
Esto, inevitablemente, me trae a la memoria la respuesta que Albert Camus sostuvo luego de hacerse la pregunta: ¿Que has hecho Tú para evitar los terribles dramas del mundo? “Pues, para empezar no agravarlos”, adujo el filósofo francés.
Y como bien lo señala Savater: si esto os parece poco, estamos en un verdadero problema.
Pero retomando nuestro tema, la Presidenta ha tomado un elevado cúmulo de acertadas decisiones desde la lamentable pérdida de su compañero de vida. No solo ha impulsado un número significativo de leyes (que curiosamente ignora el "informado y objetivo" periodista), sino que además, estuvo representando a nuestro país en los distintos Foros Internacionales (MERCOSUR, Grupo de los 77 más China, encabezando la exitosa misión a Corea y desarrollando una sólida intervención en la reunión del grupo de los 20, por citar algunos ejemplos) y asumiendo con absoluta firmeza el ejercicio de su cargo frente a los distintos hechos que se produjeron en el país (recordemos Villa Soldati, la creación del Ministerio de Seguridad, etc., etc.). Y por cierto, cargando sobre sus espaldas todo el inconmesurable dolor que implica la prematura muerte de un ser querido.
Pero continuemos con el mediocre artículo de Morales Sola, que en otro de los párrafos sostiene:
          "La repentina cancelación del viaje a Paraguay, donde debía participar ayer de los festejos del bicentenario de ese país, por inexplicadas razones climáticas, está mostrando un cuerpo muy frágil o un espíritu sin empeño".

Que la Presidenta atienda a las sugerencias vertidas por su médico para superar, definitivamente, un cuadro de neumonía y evite estar presente en los festejos del bicentenario de un país hermano; no da lugar, al menos para una mente inteligente, a inducir que eso “está mostrando un cuerpo muy frágil y un espíritu sin empeño”.
Y apelando nuevamente a los apotegmas filosóficos podemos recordar aquél que dice:
“El hombre no yerra por ignorancia sino por deseo” y no hace falta ser muy avezado en lógica para develar el deseo “oculto” de este periodista que observa la realidad a través de los cristales construidos por sus inconfesables intereses.
A tal punto llega su interpretación desiderativa que, en otro párrafo del mentado artículo -confesando inconscientemente su incomprensión-, expresa: .
 Hace un par de semanas dijo un discurso que se consideró la antesala del anuncio sobre su candidatura a la reelección. No quiero que un enorme esfuerzo personal y familiar caiga en saco roto , proclamó, entusiasmada. El jueves dijo otro discurso, en medio de sus habituales enojos con Moyano, que se asemejó a una despedida. No me muero por ser presidenta; ya di todo lo que puedo dar , cambió entonces, con los viejos bríos muy abajo, cerca del zócalo. ¿Cuál es la Cristina verdadera?
Es obvio que no comprende Morales Sola que el discurso de la Presidenta tiene por propósito abroquelar sus filas detrás de su proyecto, suprimiendo, de ese modo, todo intento de condicionar su candidatura. El único condicionamiento que la Presidenta esta dispuesto a aceptar es el que ella misma se impuso y que consiste en gobernar para beneficio de la Nación y felicidad de Nuestro Pueblo.
Por eso este abanderado de la deliberada "incomprensión política” y defensor de las corporaciones -de ahí que no haya emitido párrafo alguno en referencia a esas puntualizaciones presidenciales- no se de cuenta que existe una sola y auténtica Cristina.
Esa misma que dijo: “Este gobierno no es neutral porque esta del lado de los trabajadores”. 
Notable contraste!! Por un lado, estos dichos revelan la pura autenticidad del “Ser” de Cristina Fernández de Kirchner. Por el otro, la postura de periodistas que como Joaquín Morales Solá cubren su verdadero “ser” bajo la apariencia de neutralidad cuando en verdad trabajan para preservar el poder de las corporaciones.
“Pobre Joaquinito” su deseo y remota esperanza se han ensimismado, pues, es evidente que le agrada imaginarse que hay dos Cristinas. Sobre todo esa que, en su éxtasis imaginativo, estaría dispuesta a abandonar la conducción de la nave del Estado.
Su deseo lo obnubila, no se da cuenta que Cristina hay una sola. Aquella que diariamente toma las decisiones, la misma que ha medida que transcurren los días va reafirmando su liderazgo y resolviendo las cuestiones de magnitud con la sencillez de los grandes conductores.
Como vemos y parafraseando a Nietzsche podemos decir que “para Joaquín Morales Sola no existen los hechos, solo sus interpretaciones”. Que, por cierto, no solo estan teñidas de subjetividad; sino también de grandes intereses corporativos. 
 

sábado, 7 de mayo de 2011

La moral de las encuestas y la fidelidad de las convicciones.




                                               




Falta menos de un semestre para la realización de los comicios nacionales y, la gran mayoría de quienes pretendían participar en la contienda electoral ha declinado su participación por “motu proprio”.
En otras épocas, esto podía considerarse medianamente “lógico” a raíz de la desorientación en que se hallaba inmersa la realidad de nuestra nación que solo disponía de un "Estado raquítico" para hacer frente a las sucesivas crisis que lo azotaban. Sin embargo, por paradójico que pareciere, en esos momentos era donde más abundaban los aspirantes a proyectarse al sillón de Rivadavia.
En cambio, hoy en día, cuando nuestro país atraviesa un período que es sumamente predecible – no obstante, la crisis internacional reinante- en virtud de haber hallado la brújula orientadora del crecimiento económico-social; nos encontramos con que el número de candidatos a la presidencia de la república sufre un paulatino proceso de disminución.
Y aquí vale la pena preguntarnos a que obedece esta merma de aspirantes presidenciables cuando el país transita senderos previsibles y halagüeños con dirección al futuro.
Una primera respuesta a este interrogante (y por cierto, no muy lejana de la realidad) sería sostener que el actual gobierno ha dado muestras, más que suficientes, de aptitud para dirigir la nave del Estado y, en consecuencia, genera un grado de adhesión ciudadana tan arrollador que desanima a eventuales opositores a disputar la más alta magistratura.
Esta hipótesis, que implica un ostensible reconocimiento al gobierno de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner es, paralelamente, un manifiesto reproche  a ese conjunto de personas desprovistas de ideas que se hace llamar “la oposición”.
Pero analicemos con detenimiento esto que estamos manifestando:
El oficialismo posee un marco ideológico determinado e impulsa un proyecto político bien definido que hoy se sintetiza en la expresión: el modelo.
Éste modelo de país no solo se conoce en términos discursivos (es decir, en abstracto); sino, y esta es su fuerza arrolladora, en concreto: mayor equidad social, paulatina redistribución equitativa de la riqueza, acceso a una mejor calidad de vida por parte de los sectores históricamente más postergados, aumento en los niveles de consumo, persistente política de industrialización, defensa y promoción del mercado interno, fomento y desarrollo de la educación, de la ciencia; reconocimiento de derechos de las minorías, notoria predisposición a enfrentar los monopolios en beneficio de la población, etc. etc. Sintetizando, estos son algunos de los rasgos prevalecientes en el modelo impulsado por el oficialismo. 
Ahora bien, procuremos analizar el modelo opositor y, en principio, no podríamos hacerlo. Por la simple y sencilla razón de que no esbozan un proyecto definido de país. En apariencia, carecen de modelo a seguir; por lo tanto, no habría modelo a analizar.
No obstante, si uno observa las expresiones vertidas por alguno de los referentes opositores, todo nos conduce a presumir -y en verdad, esto es así- que el modelo de país que pretenden es el conocido como modelo neoliberal. El mismo que imperó, desde el punto de vista económico-social, casi ininterrumpidamente desde el año 1976 en adelante.
No por casualidad, los señores de la oposición se empeñan en criticar el rol del Estado en el funcionamiento de la economía y reclaman volver a los tiempos donde en la Argentina predominaba la situación de "normalidad institucional". Normalidad ésta que, en aquellos tiempos, estaba signada por la manipulación de la Corte Suprema de Justicia, el exceso de DNU, la aprobación de leyes apelando a la utilización de "dipu-truchos", la inobservancia de los condicionamientos legales existentes como se pudo apreciar en un sinnúmero de privatizaciones, etc.,etc. Es esa "normalidad institucional" la que reclaman al unísono los destacados representantes de la oposición. Claro que esta reivindicación que hacen “por lo bajo” del modelo neoliberal, la silencian cuando están en la superficie para que aquellos ciudadanos desprevenidos, pero con posibilidades de rememorar, no huyan despavoridos al recordar los efectos nefastos que el mentado modelo produjo sobre sus bolsillos y hogares.
Pero dejemos por un momento la ausencia de propuestas de cara a la ciudadanía por parte de la oposición y asignémosle imaginariamente que sí la tienen.
Si uno aspira a la presidencia de la república (como por ej.: Cobos, Sola, Das Neves, Solanas, Macri, Duhalde, etc.) "se supone" que lo hace porque esta convencido de que su propuesta política es "la mejor para el país".
Y como nada debe haber por encima de nuestra nación (aunque los muchachos han dado reiteradas muestras de no adscribir a esta consigna; perdón, las “muchachas” también, no olvidemos a Bullrich y Carrió), es lógico que enarbolen su propuesta en virtud de un compromiso moral con la nación. Por ende, sería esa firmeza de  convicciones la que “verdaderamente empujaría" a dar la batalla en la adversidad. Lo concreto es que, en el caso que nos ocupa, es tal la firmeza de estos señores que ya más de la mitad de los contendientes a decidido retirarse de la disputa.
Lo que nos induce a pensar que ni ellos mismos están convencidos de su propuesta o que, directamente, al no tenerlas anhelaban llegar a la más alta magistratura por pura (y evidentemente desmedida) ambición personal. Motivados, oportunamente, por ciertas encuestas que a partir del look-out agrario comenzaron a presagiar cierto auge de popularidad para algunos de estos mediocres personajes. Los hechos terminaron por poner al descubierto la catadura moral de esos aspirantes que, a través de los medios se regodeaban hablando de "la crisis institucional", no sin antes haberse colocado sobre su indumentaria "la escarapela de la moralidad" que los revestía de cierto aire de probidad. Lo cierto es que, la mentada crisis era inexistente al igual que la atribuída probidad; y lo unico existente resulto ser su ausencia de proyectos y de convicciones.
Un político sin convicciones es un mero oportunista; y un oportunista solo tiene por propósito sacar provecho de la oportunidad. Más cuando ésta le es adversa el oportunista se retira, ya que carece de vocación moral y espíritu de lucha.
Que palmaria diferencia con ese ex gladiador político que dijo: “No voy a dejar mis convicciones en la puerta de la casa rosada”; luego de haber luchado ininterrumpidamente a lo largo de su vida para coronar sus ideas.
Que maravilloso contraste que nos permite a los argentinos visualizar con precisión los auténticos idealistas de los mercaderes de la política.

Pero para hacer más comprensible lo que acabamos de manifestar hagamos un ténue y rápido ejercicio memorístico:

"Tengo la íntima convicción que voy a ser Presidente" (Cobos, 15/7/2010)
"Soy precandidato y voy a ser candidato a presidente. No tenga ninguna duda. No hay vuelta atrás" (Macri en Radio 10. 23/03/2011)
"Soy candidato presidencial por Proyecto Sur" (Pino Solanas. 12/04/2011)

Si son capaces de defraudar a sus propios seguidores, que puede esperar de ellos el resto de la ciudadanía. Tal vez el mismo comportamiento de ese ex-presidente que durante su candidatura  prometió aquello de:"Siganme, no los voy a defraudar".

Y aqui vale la pena recordar también, la expresión de otro de los candidatos que el 7 de mayo de 2010 sostuvo en uno de sus actos en la localidad de Mar del Plata y en referencia a sus eventuales contendientes, por aquél entonces, el querido Néstor y Cristina Kirchner: "esta pelea se la ganamos por nockout o por abandono".
Pobre ingenuo, los presuntos vencedores vienen abandonando uno trás otro la carrera presidencial. Néstor no necesito ni siquiera subirse al ring para ganar la pelea de antemano. Tampoco lo necesito Cristina. Pues, ya las convicciones de ambos lo habían derrotado a él y a los otros desde hace mucho tiempo. Para ser precisos, desde el 25 de mayo del 2003.
Ahora solo resta esperar la llegada de los comicios para presenciar si el Sr. Duhalde decide, al igual que sus colegas, abandonar la contienda o perder por nockout en el primer round.

domingo, 10 de abril de 2011

Cuando la información raya con el racismo y éste con gobernantes afines.





En nuestro artículo titulado Pensamiento colonial , xenofobia y Villa Soldati del 12/12/2010 hacíamos referencia al modo como fue estructurándose la forma de pensar de buena parte de la ciudadanía porteña desde los tiempos coloniales. Y como, esa estructura de pensamiento se fue configurando al calor de un modelo político-económico que tenía por objeto garantizar la acumulación de riqueza de un círculo pequeño de hacendados en detrimento de una población creciente.
Así, y con el designio de justificar la no inclusión de la mayor parte de nuestros habitantes al modelo económico predominante en aquél entonces, se fue diseñando una "política cultural" para nuestro país cuyo propósito consistía en distorsionar la verdad histórica y manipular la realidad en beneficio de la élite gobernante.
No por casualidad, un destacado militar y profesor de historia sostuvo en cierta ocasión aquello de:
                 Se ha pretendido hacer creer al pueblo que esa logia funesta de demagogos representaba a la clase dirigente del país, su élite, y que como tal estaba formada "por sabios, ricos y buenos". Hay que observar que "los sabios rara vez son ricos y los ricos rara vez han sido buenos"

Lo cierto, es que esa “clase dirigente” instrumentó criterios de “racionalidad” donde los "valores" eran dignos de buscarse en la Vieja Europa y los "disvalores" -conforme a esa concepción- se hallaban intrínsicamente incorporados al territorio americano; con excepción claro está de la América del Norte. 
Nadie reniega como bien nos enseñaba ese gran pensador nacional, Don Arturo Jauretche, de los aportes y valores universales (en este mismo blog -reparen en su nombre- hemos citado las enseñanzas de más de un filósofo europeo); por el contrario, debemos nutrirnos de los mismos, reflexionar sobre ellos, e incorporarlos si es preciso, pero siempre situados desde la perspectiva de nuestra nacionalidad.
La Argentina se debe ver con ojos argentinos y no con las lentes prestadas por el extranjero. Hay que pensar el mundo desde la Argentina y no dejar que el mundo piense por nosotros. 
Pero el reproche, obviamente, no debemos dirigirlo al pensamiento europeo que, en esos tiempos, estaba influenciado por un conjunto de teorías ridículas y absurdas que fueron surgiendo  a posteriori  del descubrimiento de América. Entre ellas, y como bien lo señala un libro de reciente publicación, las obras de Buffon y De Pauw en el siglo XVIII, donde se hizo extensiva “la teoría de la inferioridad biológica de los animales americanos a los habitantes del Nuevo Mundo” (1).
Sería excesivo mencionar aquí las distintas obras que alimentaron esta creencia europea y que abrazaron sin vacilaciones -indudablemente por interés- las supuestas élites latinoamericanas.
Tampoco es el propósito de la presente nota; pero si es menester hacer hincapié en ello, en virtud de  la connotación racista que aun subsiste en cierta población porteña (y en algunas franjas elitistas del interior del país) que no deja de tener relación con la ideología expresada por el pensamiento europeizado impuesto por los círculos gobernantes desde la conformación de nuestra patria. Aquél lema sarmientino de “Civilización o Barbarie” caló hondo en nuestra formación cultural y su impronta no será borrada del todo hasta que no se realice, eso que podríamos denominar: justicia historiográfica.
Claro que, buena parte de los medios de difusión nacional tampoco quieren borrarla. Al fin de cuentas si empezamos a revisar la historia desde nuestros orígenes, no solo descubriremos como se instaló el pensamiento colonial en nuestro país; sino también como los grandes medios colaboraron en su instalación. Pero esa es una cuestión aparte, ahora limitémonos a observar como el virus del racismo todavía subsiste y continua propagándose, directa o  indirectamente, por esos mismos medios.
Si alguna duda le queda, basta con leer la brillante nota que adjuntamos de Mario Wainfeld publicada, en Página 12, en el día de hoy:

 ”Un hombre” sin nombre


Por Mario Wainfeld
Todos conocemos el rostro de José Luis Cabezas. Todos sabemos que el hijo de Juan Carlos Blumberg se llamaba Axel, también recordamos su cara. Los recordatorios que publica Página/12 desde su fundación conjugan la foto y el nombre de los desaparecidos. Cualquier lector atento sabe que la chica inglesa desaparecida en Portugal se llamaba Madeleine. Difundir la imagen de las víctimas, mencionarlas por sus nombres es un recaudo para rescatarlas de la violencia que padecieron, para suscitar empatía con la opinión pública, para subrayar su condición humana, similar a la de las personas que siguen el caso.
Quienes frecuentan este diario saben, merced a las excelentes crónicas del colega Horacio Cecchi, que el ciudadano que falleció por la desaprensión del SAME se llamaba Humberto Ruiz y que lo apodaban Sapito. Que era gordo, que estaba enfermo desde hace años. Los habitués de otros medios no conocen, aún, su identidad.
Lamentable, porque Ruiz era un ciudadano como todos con idénticos derechos, incluidos el de la propia identidad. Ruiz fue desamparado, en flagrante incumplimiento de las leyes y el juramento hipocrático, aunque el SAME contaba con el apoyo de un móvil policial para entrar a la villa.
Cada cual jerarquiza la información como quiere y edita en consecuencia. Los criterios tributan a varios factores, la ideología entre ellos.
El día de la muerte evitable y el piquete, la versión on line de los medios dominantes consagró absoluta hegemonía al “caos” de tránsito.
Sus “encuestas” sondeaban reacciones sobre la validez de la protesta aunque escondían con minucia su causa.
Al día siguiente, jueves, la edición impresa de Clarín puso en la tapa lo sucedido, sin aludir, tan siquiera, a su detonante. En un recuadro de diez líneas de la página 41 se retocaba, apenas, la sustracción. Se contaba que “un hombre” había muerto. Ruiz no sólo fue considerado indigno de cobertura médica por el gobierno porteño, también de identificación por el medio más poderoso de la Argentina.
El viernes, Ruiz seguía innombrado, se lo aludía como “el hombre”.
El episodio, con todas las diferencias atendibles entre ambos casos, evocó al cronista lo que pasó en junio de 2004 cuando un grupo de militantes encabezados por Luis D’Elía tomó una comisaría en el barrio de La Boca. Reclamaban porque uno de sus compañeros, Miguel “El Oso” Cisneros, había sido asesinado y la Federal no buscaba al evidente autor material, un buchón de la policía. La movilización resultó fructuosa, el homicida fue detenido, luego juzgado y condenado. Sin embargo toda la cobertura de esos días y de años posteriores se obsesionó con la medida de acción directa que, a la luz de los acontecimientos, fue lógica y eficaz. El diario La Nación dedicó su tapa a la ocupación de la comisaría, reseñó la existencia del asesinato, pero no juzgó pertinente consignar el nombre de la víctima.
Hay víctimas y víctimas, concluirá quien lee estas líneas. Algunas, por su tez, condición social o ambas, reciben un tratamiento subalterno, lindante con el desprecio. No son parte de “la gente”, ese colectivo tan capcioso como impreciso que pretende describir la unanimidad social cuando en verdad interpela y describe sólo al target del medio. A “la gente” la fastidian los embotellamientos, aunque seguramente están más habituados que los vocingleros cronistas que los cubren. Para “la gente”, ciertas víctimas son exóticas a su interés. Sus derechos no les incumben, para qué referirles cómo se llamaban.

(1) El paradigma y la disputa. Antonio Annino.

sábado, 2 de abril de 2011

Los infames guardianes de la democracia



 
     



Si nuestro país gozase de una “oposición racional y nacional” – y cuando decimos esto nos estamos refiriendo a todo el arco opositor: dirigentes políticos, eclesiásticos, representantes del agro, de los medios, etc.- el contexto político sobre el que actualmente se desarrolla el devenir cotidiano de nuestra nación sería, obviamente, mucho más sensato. El inconveniente radica en que ese círculo de "insensatez" deliberada, si bien es cada vez más reducido, tiene un enorme poderío económico y comunicacional que puede, y de hecho lo intenta, ocasionar una serie de dificultades a quienes hoy desde el ámbito de la cordura y la argentinidad conducen los destinos del país.
Si uno tuviere que referirse a los, cada vez más frecuentes, actos irracionales promovidos por los distintos representantes del arco opositor podría escribir innumerables páginas puntualizando la pluralidad de los mismos. No obstante, y a modo de muestra podemos señalar algunos de los ejecutados a lo largo de estos últimas dos semanas, por ejemplo:

     1) La nota redactada por “Pepe” Eliaschev para el diario Perfil en referencia a un supuesto “acuerdo secreto” entre nuestro canciller y el presidente sirio a los efectos de suspender definitivamente las investigaciones sobre el atentado a la embajada de Israel y la sede de la AMIA.
Lo que hace más inverosímil este infundado artículo periodístico es que a su vez denuncia que existe “un documento firmado” entre las partes donde se deja sentado el contenido del supuesto acuerdo. Lo cierto es que el propio titular de la AMIA, Guillermo Borger, calificó de falsa la mencionada noticia añadiendo, además, que éste ha sido el gobierno que más contribuyó al esclarecimiento de los hechos. Lo grave de todo esto es que la cancillería israelí, tomando como referencia el mentado artículo solicitó una nota aclaratoria a la cancillería argentina.
Y, vaya casualidad, esto acontece a solo escasos días de la visita programada por el canciller Timerman a Jerusalén. Como podemos apreciar, el propósito deliberado de dificultar el normal desenvolvimiento del gobierno nacional no tiene pruritos, pues, ni siquiera respetan no alterar las armónicas relaciones que el Estado argentino pueda tener con otros Estados. Ya lo intentaron con Brasil, luego sobreexageraron “el conflicto” con el ingreso ilegal de armas e instrumentos de comunicación satelital con los EEUU en menoscabo del legítimo ejercicio de nuestro poder soberano; y ahora entorpeciendo las armónicas relaciones diplomáticas con el gobierno de Israel.
Queda ostensiblemente a las claras que ha sido una operación mediática montada por los tradicionales voceros de la antipatria, auténticos cipayos de pura cepa.

2) Si de opositores agrarios se trata otro que se las trae es Mario Llambias el referente de CRA (Confederaciones Rurales Argentinas) que en un acto realizado por la históricamente desprestigiada Carbap, en la localidad de Junín, en uno de sus habituales discursos sostuvo que el modelo político vigente –y que tanto consenso cosecha en nuestra sociedad- intenta “reemplazar la bandera nacional por el sucio trapo rojo”.
Concepción muy particular la de éste sujeto que invoca los símbolos patrios cuando se trata de defender sus bastardos intereses y no vacila en elevar a la categoría de "próceres" a aquellos ministros de economía (Martinez de Hoz y Cavallo) que, lisa y llanamente, procuraron remplazar la insigna nacional por la bandera de remate a lo largo de toda nuestra geografía.
Al parecer de tanto abrevar en los discursos de la época que añora,  pronunció un discurso típico del mes de marzo..... pero del año 1976. Donde manifestaciones falaces como ésta, eran moneda corriente en aquél entonces y reproducidas, como no podía ser de otra manera. por los autodenominados "periódicos independientes" que apoyaban subrepticiamente a la dictadura . Los mismos que hoy, en cambio,  cuestionan con argumentaciones falaces y operaciones de prensa al gobierno popular.
Pero respecto de las expresiones vertidas por el "amigo Llambias" vale preguntarse: ¿Que dirán  de ellas Pino  Solanas y sus aliados? ¿Acaso ellos no lo vienen acompañando en sus reclamos ultimamente?

3) Obvio que en materia de expresar disparates su amigo Mauricio Macri no se queda atrás. Recientemente calificó lo sucedido en el conflicto laboral que mantienen los trabajadores de Clarín con la empresa y, responsabilizando (como “buen opositor") al gobierno de ser este “el peor momento de la democracia desde 1983”. Más allá, de que lo que se pretende es desdibujar la existencia de un conflicto laboral que tiene su origen hace unos cuantos años en virtud de no reconocer la empresa los derechos de agremiación a sus trabajadores; es notorio como los miembros de la oposición -del sector que fuere- recurren a un método comun, esto es: disfrazar los hechos para transformarlos luego en noticias que puedan ser utilizadas para engañar a la sociedad y predisponerla contra el gobierno. Así un conflicto gremial lo terminan convirtiendo en un supuesto "atentado a la libertad de prensa".
Claro que despues aparecen estos tipos a realizar las (im)pertinentes declaraciones reforzando la mentira a los efectos de hacerla más creible. 
Pero volvamos a las declaraciones de Mauricio. Lo cierto es que el aspirante a la presidencia no solo revela un profundo desconocimiento de nuestra historia; que muchos suponíamos erróneamente referidos a siglos pasados, sino que ahora nos percatamos que hasta ignora la historia reciente de nuestro país.
Sino, no se hubiere atrevido a decir semejante barbaridad ignorando hechos como: la sublevación carapintada, los desbarajustes hiperinflacionarios, los cierres sistemáticos de fuentes de laborales, las muertes de Kosteki y Santillan, los sucesos acaecidos en el 2001, etc. etc.
Un pueblo que desconozca su historia ignora su verdadera identidad; pero un gobernante que ignore la verdadera historia de su patria revela un profundo desprecio por su pueblo.
4) "Por suerte" y como para exteriorizar su predisposición a defender los intereses de las grandes corporaciones mediáticas, ahora la oposición ha firmado un acuerdo donde se proponen “cuidar la democracia”. Como podemos apreciar en estos últimos tiempos, Clarín emite la señal y los dirigentes de la oposición se ajustan a la frecuencia y, en complicidad, salen todos a invocar los mismos postulados.
Ya sucedio con la sanción de la ley de medios audiovisuales donde todos preanunciaban canallescamente la desaparición de TN y varias emisoras de radio que hoy siguen operando y denunciando a diario falaces críticas contra el gobierno. No obstante, en su momento se la presento como la ley mordaza cuyo propósito "supuestamente" era -oh, casualidad- cercenar  la libertad de expresión en la Argentina.
Lo insólito de todo esto, es que quienes se declaman guardianes de las instituciones republicanas no solo se brindan voluntariamente a exteriorizar mentiras reproducidas luego como ciertas por esos mismos medios periodísticos a los que se subordinan; sino que además se guardan a silencio cuando en el comicio electoral recientemente realizado en la provincia de Chubut ha quedado palmariamente demostrado un “conjunto de irregularidades” –antiguamente designadas con el termino de fraude electoral-  que vulneran la libre determinación de la voluntad popular.
Al parecer, la expresión soberana del pueblo es un detalle menor y que no hace a los fundamentos de la democracia conforme al pensamiento opositor. Más aun, hasta se han dado el lujo de acompañar "al gobernador triunfante" en unos festejos cimentados sobre la base de comicios fraudulentos.

Como podemos apreciar, el criterio opositor nos enseña que: cuidar la democracia es sinónimo de cuidar los intereses corporativos de los grandes medios y no los auténticos intereses del pueblo. Cuidar la democracia es camuflar la realidad para convertirla en otra cosa; es, en ultima instancia, ocultar la verdad.
Así contemplamos con asombro que quienes acusan al gobierno de practicas goebbelianas (es decir: miente, miente que algo quedará) son los más destacados discipulos de quien fuera ministro de propaganda nazi; pero eso sí, bajo la sutil apariencia de ser guardianes de la libertad de expresión.

Como vemos si tuviésemos que definir las características del “arco opositor” diríamos que entre sus propiedades más relevantes se destacan: su mediocridad, su mendacidad, su cipayismo y su defensa irrestricta de los grandes intereses corporativos.
Por eso a no dudarlo, con guardianes como éstos la que corre un extremado peligro es la supervivencia de la auténtica Democracia.
Si a esta altura Ud. no sabe a quien votar no quepa duda que estaríamos en un verdadero problema.