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lunes, 21 de noviembre de 2011

Cuando el dólar se mueve, es porque algunos "lo empujan"





A menos de un mes de desarrollarse las elecciones nacionales, los opositores al gobierno no han cesado en su afán de cuestionar las políticas oficiales.
Por cierto nadie, excepto un ingenuo, podía esperar que se instrumentara una tregua a la espera de la conformación y difusión del futuro gabinete. Después de todo, la pugna hace rato que se desarrolla y “los opositores”, que solo representan una minoría irrelevante pero con un ostensible poder de fuego; ya que disponen de la mayoría de los medios de comunicación, solo “en apariencia” están dispuestos a tolerar la voluntad mayoritaria de nuestra población.
Evidentemente este proceder no es nuevo, la diferencia radica en que hasta finales del siglo pasado disponían de un factor determinante (las fuerzas armadas) para quebrantar la voluntad popular y entronizar, de ese modo, sus avidos intereses y, en los tiempos que corren carecen del mismo. Sin embargo, poseen otras herramientas capaces de producir daños significativos sobre la esfera institucional que podrían debilitar la imagen y, por ende, la operatividad del gobierno.
Nuestra propia historia nos brinda sobrados ejemplos de lo que estamos aseverando. Cualquiera que indague un poco en ella podrá observar como se debilitó al gobierno de Alfonsín a través de la  instrumentación recurrente de los denominados “golpes de mercado”.
La hiperinflación y la suba del dólar durante la última etapa de la administración alfonsinista no fue consecuencia exclusiva de los desaciertos económicos de aquél gobierno; sino, también y principalmente, la resultante de la manipulación del mercado que hicieron las grandes corporaciones económicas y financieras con la ayuda ineludible de las corporaciones mediáticas. Claro que, la proliferación de este estado de cosas se vio beneficiada por la existencia de un Estado débil que carecía de resortes suficientes para contrarrestar los embates de los sectores del privilegio.
Podemos discutir si el gobierno alfonsinista poseía la voluntad política de confrontar abiertamente contra aquellos sectores. Personalmente, creo que no, pero no se trata de juzgar el pasado, sino de comprenderlo para no reiterar los mismos errores.
Lo que aconteció después ya lo conocemos, Menem acordó con el poder económico y su gestión se enderezó deliberadamente exterminar al Estado.
Recién con la llegada de los Kirchner, el Estado comienza un paulatino proceso de fortalecimiento y, por ende, a recuperar su capacidad de decisión política sobre el conjunto de las áreas, para ir diseñando un modelo de país capaz de dar respuestas a las necesidades del conjunto de la población.
Aunque parezca diferente, “la movida del dólar” de estos últimos días responde a la misma lógica de los sectores financiero-mediáticos de aquél entonces. Solo que ésta vez un gobierno recientemente plebiscitado por su pueblo y con un Estado fuerte ha podido contrarrestar con éxito la intencionalidad de “los opositores”.
Y aquí vale la pena detenernos a resaltar la importancia de contar con un Estado fuerte. La ideología neoliberal (que, por otra parte, abrazan los representantes del poder económico al igual que la mayoría de la oposición política) plantea entre otras cosas la cuasi-desaparición del Estado; de modo tal, que éste no pueda gravitar sobre el modelo económico-social que se va configurando en el país. Dejando así, en manos del “Mercado” la construcción del mismo.
¿Pero quien maneja esa abstracción en apariencia “neutral” que denominamos mercado? La respuesta falaz que nos brindaría un neoliberal sería la ya conocida: “todos y ninguno”. Todos porque “todos” participamos en la formación de él y “ninguno”, porque supuestamente nadie puede tener el poder de controlar al mercado.
Una falacia teórica que queda refutada en la vida práctica. Suponer que la persona que va a comprar 300 dólares altera la cotización de la moneda, igual que el que opta por adquirir ciento de millones de dólares, es mucho más que irrisorio. De ahí que no todos participamos en las decisiones del mercado como pretenden hacernos creer.
¿Que hubiere sucedido, si el Estado actual a través de la autoridad monetaria (Banco Central) no hubiese intervenido para evitar un alza de la moneda estadounidense?
Muy simple, el dólar se hubiere disparado a niveles altos y, por ende, el poder adquisitivo de los asalariados se habría reducido notoriamente. Esto se vería reflejado en los precios internos y con ello hubiéramos entrado en una lógica perversa. Por suerte el Estado estuvo presente y lo seguirá estando durante toda la gestión de la presidenta Cristina Fernández.
Es lícito discutir específicamente el modo de instrumentación de la medida; es decir, si debía alcanzar a todos los compradores o no; o si en primera instancia, se debía restringir la remesa de utilidades de las empresas multinacionales para evitar la fuga de divisas, etc.,etc. Pero nadie puede negar que la fijación del tipo de cambio es una herramienta al servicio del Estado para la ejecución de la política económica. Máxime si comprendemos que una de las funciones del “mercado de divisas”, y esto no es un dato menor, es la transferencia de poder adquisitivo.
Como podemos apreciar, sin Estado –y voluntad política contraria, por cierto- esa transferencia se dirige en beneficio de unos pocos; de ahí que una economía sin intervención estatal es, ni más ni menos, que dejar a la intemperie a los sectores más vulnerables para regocijo de los más codiciosos.
El gobierno ha tomado medidas y sigue marcando su presencia en el devenir económico y, confiamos firmemente que no ha de apartarse del camino trazado para profundizar el modelo.
No obstante, debemos saber perfectamente que quienes vaticinan dificultades en el futuro; no lo hacen con el propósito de mejorar la instrumentación de medidas para el desarrollo económico de nuestra nación. Sino que lo hacen con la solapada intención de torcer el rumbo del gobierno, con la esperanza de hacernos retroceder a aquellos tiempos del Estado prescindente. No lo lograrán por cierto, pero siempre es bueno tenerlo presente.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Cuando los vientos de cola despiertan la conciencia






Nadie ignora que en la Argentina soplan nuevos vientos en materia política desde mediados  del año 2003 en adelante. Esto que en  principio puede parecer no tan novedoso para cualquier persona que habita este suelo –después de todo estamos hablando de 8 años- ; sí lo es, en cambio, para la vida de una nación. Pero más allá de las mediciones temporales, lo cierto es que los argentinos venimos respirando, desde entonces, “un aire” mucho más placentero y más sano en lo que hace a las cuestiones político-sociales.
Y un indicador de lo que estamos viviendo lo muestra la reciente encuesta realizada por la consultora Ibarómetro. De la misma se concluye que el 52% de la población argentina se interesa por la política y, alrededor de un 67% suele hablar de ella periódicamente. Los datos obtenidos por la encuestadora son verdaderamente promisorios con referencia al porvenir de la Argentina y contrastan notoriamente con la situación reinante en nuestro país con anterioridad a la llegada de los Kirchner al poder. Basta realizar un breve ejercicio memorístico para tener una idea del cuadro social existente en aquel entonces.
Si uno observa, la reacción de la ciudadanía desde el advenimiento de la democracia en adelante, va a detectar un entusiasmo esperanzador a partir de 1983 que, con el transcurso del tiempo, se fue desgastando paulatinamente hasta caer en el descrédito absoluto de lo político como herramienta al servicio de la ciudadanía.
No obstante, sería ingenuo suponer que ese estado cosas fue fruto exclusivo de “la incapacidad” de los políticos o bien, porque toda “una generación de ciudadanos” era renuente a interiorizarse de aquello que tenía que ver con su país.
Muy por el contrario, el desapego a la actividad política reflejado en nuestra ciudadanía por aquel entonces; obedecía a un plan premeditado donde los grupos económicos concentrados habían subordinado la política a ser un simple instrumento al servicio de sus codiciosos intereses. Así terminaba siendo más relevante la designación de quien fuera a ocupar la cartera del ministerio de economía, que la figura del propio presidente de la república.
Claro que esto no se hubiere podido llevar a cabo sin la colaboración manifiesta de buena parte de los medios de comunicación (recordemos las estrellas mediáticas de entonces: “el matrimonio” Neustad-Grondona predicando el evangelio liberal durante más de 20 años y, por cierto, el supérstite todavía lo sigue haciendo) y una “clase política” proclive a pactar con los detentadores del poder económico a cambio de recibir sus migajas una vez finalizado el tan apetecido “banquete nacional”.
De ese modo se fue configurando un clima de indiferencia social por la cuestión política, lo que permitió, a su vez, que nada obstaculice que unos pocos se apropiaran de la mayor parte la renta nacional, que se profundizaran las desigualdades sociales, que se corporizara una injusta redistribución de la riqueza y que el Estado se convirtiese en una suerte de “donante” de las empresas públicas en beneficio de los inversores privados, mayoritariamente de capital extranjero.
Como vemos, la historia de la vida de los pueblos no es tan azarosa como uno supone.
De ahí que cuando uno escucha a ciertos voceros de la oposición (muchos de ellos copartícipes de lo que sucedió en aquel momento), que suelen aparecer en los programas políticos de TN (Todo Noticias), decir que "la Argentina crece en virtud del viento de cola favorable"; no puede más que indignarse en virtud de conocer sus antecedentes de destructores consuetudinarios de “la conciencia nacional” y portavoces incondicionales del modelo neoliberal.
El liberalismo económico ha demostrado ser una excelente ideología para perpetrar una estructura rentística y ganancial en beneficio de unos pocos a expensas del deterioro de la vida de la mayoría de la humanidad. Es innegable que las políticas de este cuño aumentaron la desigualdad a escalas universales. Y no solo lo demuestra la experiencia argentina; es suficiente con detenerse a observar lo que, actualmente, acaece en Europa o EEUU para corroborar el deterioro creciente del nivel de vida de esos pueblos.
Paralelamente, es una ideología que encierra el germen del individualismo; ya que en última instancia, esto evita la conformación de proyectos colectivos conducentes a bregar por la felicidad de los otros o, en su defecto, a evitar la implementación de políticas que perjudiquen al conjunto.
De ahí que tampoco sea accidental que en materia profesional, pregone la formación estrictamente especializada; hecho éste que conduce a analizar la realidad desde una perspectiva sectorial en desmedro de una visión totalizadora.
De ese modo las partes no tienen relación con el todo, lo que posibilita, en consecuencia, el divisionismo y, por ende, la ausencia de integración colectiva.
Como vemos durante décadas, nuestra sociedad se vio bombardeada por los artilleros de esta ideología que, cubriéndose bajo el ropaje del apoliticismo despotricaba contra “lo político”. Un claro ejemplo de esta expresión ideológica es el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que siempre se jactó de ser “apolítico”. Notable paradoja, ejercer un cargo político y declararse apoliticista. Es como declararse “amoral” y, no obstante, presidir un comité de Ética.
Pero bueno, esas son algunas de las secuelas de la etapa pre-kirchnerista; hoy las cosas han cambiado. Y los argentinos se están interiorizando por el acontecer político de nuestro país, lo que nos permite imaginar que el futuro de nuestra nación esta en nuestras manos. Y que maravilloso es saber eso, máxime cuando tenemos una vasta experiencia de saber lo que nos paso cuando el destino de este país estuvo en manos de unos pocos.      

jueves, 27 de octubre de 2011

Un año despues y sigue estando entre nosotros!!






Hace un año los argentinos nos acongojábamos por la noticia. Los informativos radiofónicos y televisivos anunciaban la pérdida de quien iba a convertirse, desde entonces, en el político -junto con Cristina- más apreciado de la historia argentina de los últimas décadas.
La noticia era extremadamente cruel para muchos de nosotros. Recuerdo que en lo personal maldecía al destino por interrumpir la existencia de quien, a mi juicio y de muchos otros, iba a sacar al país definitivamente de la senda de las frustraciones.
La tragedia se hizo carne y hasta recuerdo que no cesaba de llorar; era una mezcla de dolor y bronca, de impotencia, de desaliento y sin cesar repetía: ¿Porque tiene que pasarnos ésto en este preciso momento? ¡¡Cuando más lo necesitamos!!! 
La muerte de quien fuere, para los seres verdaderamente "humanos", siempre es motivo de rechazo; pero ésta en partícular, era por demás dolorosa por la supresión de una vida, por de quien se trataba, por las implicancias que semejante pérdida podía tener para nuestro pueblo y para el futuro de la patria y hasta por el futuro de la región.
Otra vez la fortuna abandonaba a nuestra nación, otra vez los buitres iban a estar al acecho, dispuestos a despedazar el cuerpo de la patria e interrumpir el progreso de nuestro pueblo. 
La incognita para muchos de nosotros se cifró en la ineludible pregunta: ¿Como va a reaccionar Cristina? ¿El inmenso dolor llegará a paralizarla? ¿Como procederá ahora en la soledad de las decisiones?
La continuidad de ésta historia ya la conocemos; no poníamos en duda las cualidades de Cristina, todos sabíamos que -al igual que Néstor- era (y lo es) un excelente cuadro político; pero claro, no es fácil sobreponerse a semejante golpe. Ni tampoco creemos que uno pueda sobreponerse definitivamente. 
La profundidad del dolor que la inoportuna desdicha asesto sobre la humanidad de nuestra Presidenta resultó inconmensurable. Sin embargo, su fuerza y su compromiso para con su compañero de vida y, obviamente, para con su pueblo morigeraron el dolor y continuó transitando la senda que conduce al engrandecimiento del país. Y logró, con su accionar, que recordemos a Néstor no con nostalgia; sino con una inmensa alegría. 
Quienes concebimos a la política como aquella herramienta que posibilita la transformación de la sociedad  orientada en sentido de justicia, vamos a estar eternamente agradecidos a Néstor y Cristina.
Somos conscientes de las limitaciones humanas, reconocemos nuestra condición de mortales; pero tambien sabemos que hay ciertas personas que han sido capaces de derrotar esa condicion.
Y Néstor ha sido, sin ninguna duda, uno de esos hombres que derrotó a la muerte!!

Hace un año con lágrimas en los ojos escribíamos la nota siguiente y, en aquel entonces,  algunos de los editorialistas del diario La Nación ya se refregaban las manos a la espera de "un cambio". Un año despues, nos alegra saber que el "cambio" que ellos propiciaban no llegó, ni va a llegar!! Y por cierto, el legado se hizo realidad!!




                                       La muerte y el legado de Kirchner








Es inevitable que cuando ocurre un hecho de esta naturaleza aquellos que hemos sido militantes políticos intentemos reflexionar sobre lo acontecido situados desde la perspectiva del pasado con el propósito de comprender, en alguna medida, el rumbo del devenir político de nuestra nación.
Y observando la historia reciente de nuestro país, esto es remontándonos a solo dos o tres décadas atrás, percibimos que la realidad política de la Argentina es susceptible de ser dividida en un antes y un después de la llegada de Néstor Kirchner a la más alta magistratura.
Aquellos que en la década del 80, por primera vez ejercíamos el sufragio universal  fuimos asistiendo, sin solución de continuidad, a una sucesión de frustraciones que socavaron nuestra fe democrática y terminaron haciéndonos creer que en la Argentina solo había lugar para perpetuación de una “democracia formal” valorizada por cierto, pero incapaz de dar respuesta a las demandas populares.
Esto trajo como corolario el paulatino descrédito de la política y el reclamo unánime de la ciudadanía coreando “que se vayan todos, que no quede ni uno solo”.
Corría el año 2001, era la época en que, a pedido de la gente, se debían ir “todos los políticos” de este país porque declamaban una cosa desde la tribuna y desde el gobierno ejecutaban medidas “de ajuste y austeridad” que no tenían otro propósito que restringir el salario, la educación, la salud y los derechos de la mayoría de la población.
La política se había convertido en una suerte de “balsa desideologizada” que, orientada por la brújula provista por el FMI, posibilitaba la cómoda “supervivencia” de unos pocos mientras el resto del país se hundía estrepitosamente en el fondo de las aguas, en lo que podíamos calificar como “el diluvio argentino”.
La “danza de la lluvia” que desencadenó el mentado diluvio fue promovida por los sectores dominantes y tristemente representada  por “destacados” políticos del siglo pasado que al compás de la Orquesta del Liberalismo Económico no cesaban de bailar la Sinfonía del Libre Mercado.
Paradojalmente, y luego de sucederse tres presidentes en un año, en el 2002 uno de los más “sobresalientes danzarines”, el Sr. Eduardo Duhalde, se hizo cargo del gobierno en forma transitoria, específicamente, hasta la convocatoria de un nuevo llamado a elecciones.
Una vez efectivizada la contienda electoral, solo dos contendientes quedaron en carrera para asumir la presidencia de nuestra vapuleada República: uno, quien había sido promovedor directo de la gran catástrofe nacional Eduardo S. Menem y, el otro, era el gobernador de la Provincia de Santa Cruz, Néstor Kirchner, quién no era suficientemente conocido para aquellos desvinculados al ámbito de la militancia política.
Lo cierto, es que la suerte nos jugo a favor en aquel entonces. Y ese hombre flaco de mirada desorientadora y de cuerdas vocales no muy aptas para el ejercicio de la oratoria que, para algunos especialistas en marketing político, no podía llegar a visitar tan siquiera la Casa Rosada; no solo llegó sino que cambió el frustrante curso de la historia nacional para conducirnos por un derrotero promisorio.
Si uno centra la mirada en la Argentina anterior a la asunción de Kirchner y, luego, la compara con la Argentina “ex post” se dará cuenta de lo que estoy hablando.
Y pensar que algunos ilusos por entonces veían a Néstor como la futura marioneta de Duhalde; son los mismos que hoy critican por izquierda a un gobierno que paulatinamente viene recomponiendo el tejido social en la Argentina e integrándola, simultáneamente, a eso que hemos dado en llamar la Patria Grande.
Sin duda, falta mucho por hacer, pero también ha sido mucho lo que se hizo, especialmente, en dotar de contenido a la democracia y romper con el discurso dominante donde nada era posible: ni enjuiciar a los militares por sus crímenes, ni confrontar con el FMI, ni rechazar el ALCA, ni desterrar las políticas monetaristas, ni suprimir las relaciones carnales con USA, etc.,etc.
Kirchner demostró que se podían romper esos límites y en esa tarea no estaba solo, su esposa por aquel entonces legisladora nacional era –y, obviamente, lo es- un cuadro político excepcional que acompañó en todo momento al ya popularizado “Pingüino” e, inexorablemente, incidió en buena parte de la toma de sus decisiones. Contrariamente, a lo que nos quieren hacer creer, deliberadamente, hoy los medios de comunicación en la Argentina.
Son los mismos medios que, en vida de Néstor se ensañaban contra su persona diciendo que era un “autoritario”, que “fomentaba el divisionismo social”, que “crispaba a la sociedad”, “que no buscaba el consenso”, etc. etc... Ahora resulta ser, según ellos, que era un estadista y que su ausencia “ha dejado un vacío de poder” que no podrá llenar la Presidenta.  
Lógicamente, la intencionalidad oculta de este discurso es convencer a los distraídos que la Presidenta no esta a la altura de las circunstancias para gobernar; excepto –como lo han manifestado dos deleznables opinólogos del establishment Joaquín M. Solá y Rosendo Fraga- que cambie de orientación política. Es decir que termine con lo que ellos califican como “modelo populista”.
No existen dudas que Néstor Kirchner era lo más cercano a un estadista, forjado al calor de aquella militancia que concebía a la política como una actividad totalizadora; por ende, no podía dejar de contemplar la realidad desde un análisis y una visión ampliamente abarcativa que es lo que caracteriza a un verdadero hombre de estado.
Y, precisamente, un estadista no desconoce que en el desarrollo de su accionar la estrategia y la táctica política son herramientas indispensables al momento de procurar determinados logros para su pueblo.
Y así fue dando las correspondientes batallas oportunamente, tanto durante su gobierno como durante el gobierno de Cristina; al fin de cuentas estamos hablando de un mismo proyecto político corporizado tanto en cabeza de Néstor como en la persona de nuestra Presidenta.
Así se anularon las leyes de obediencia debida y de punto final, se reestructuró la deuda externa, se reestatizaron los fondos del sistema previsional, se sancionó la ley de matrimonio civil igualitario, la asignación universal por hijo, la ley de servicios de comunicación  audiovisual; medidas todas éstas inimaginables si Néstor o Cristina no hubiesen sido nuestros presidentes.  
Por eso, los cuestionamientos que desde ciertos sectores autodenominados “progresistas” se le hicieron a los Kirchner son verdaderamente infantiles; la vida no se constituye merced a un conglomerado de abstracciones, sino en virtud de un conjunto de actos concretos que la van modelando.
Y han sido esos actos concretos lo que posibilitaron durante el gobierno de Néstor y Cristina que, en nuestro país, la política vuelva a ocupar el lugar que le corresponde, que la juventud vuelva a interesarse por lo que acontece, que de a poco el pueblo procure ser protagonista principal de la historia argentina, que los sectores más marginales comiencen a sentir que, por primera vez en años, un gobierno los tiene en cuenta y no, exclusivamente, en el momento de necesitar sus votos.
Sería demasiado extenso enumerar la cantidad de cosas que se fueron haciendo a lo largo de estos últimos años, tanto en materia de derechos sociales y civiles. Y no hace falta hacer mención de los avances obtenidos en materia de derechos humanos.
Muchas veces ingenuamente se concebía a “los procesos sociales como productos inexorables del devenir histórico” minimizando, o en su defecto no ponderando lo suficiente, el papel que podían desarrollar los líderes políticos en la vida de los pueblos.
No hay cambio posible en ausencia de liderazgos, y la actualidad nos demuestra como se vienen realizando grandes cambios en Latinoamérica en virtud de la existencia de líderes sobresalientes en la región.
Los argentinos hemos perdido uno, tal vez el más importante de estos últimos tiempos. Nos queda Cristina que no es poca cosa y, no debería sorprendernos que, con su brillantez, termine demostrándonos que es una estadista más.
La tarea no será fácil, son muchos los condicionantes que en la concreta realidad deberán sortearse, pero el país ya no es el mismo y eso potencia la posibilidad de consumar la obra.
Y ese cambio que hoy experimentamos, nos permite imaginar la construcción de un nuevo país, que no hubiera sido posible sin la llegada de los Kirchner al poder.
Fueron ellos los que edificaron el puente para que la sociedad se reencuentre con la política y, fruto de ese mismo reencuentro, surgió el interés de los jóvenes por el quehacer político. Y eso, el establishment no se lo va a perdonar jamás a los Kirchner; al fin y al cabo, si los jóvenes sienten la política como propia que difícil les resultará preservar a lo largo del tiempo el “Status Quo”.
De ahí, que quienes crean que los Kirchner han hecho poco, revelan un profundo desconocimiento de la experiencia proporcionada por la historia.


JRC

lunes, 24 de octubre de 2011

La muerte de los agoreros y el resurgir de la esperanza











Y finalmente llego el día esperado. Tras largos anuncios apocalípticos, en los que se presagiaba la catástrofe que iba a azotar al país en virtud de la “mala administración” kirchnerista que conduciría, inevitablemente, al descontento social y con ello al “esperado” derrumbe de su gobierno; el día llegó.
Y para sorpresa de los aprendices de Nostradamus, no solo no hubo catástrofe, ni derrumbe; sino por el contrario, se exteriorizó la alegría de todo un pueblo que salió a la calle a festejar la reelección de un gobierno que, con muchos más logros que carencias, ha puesto de pie a un país que durante décadas tenía por costumbre arrodillarse.
Es curioso, pero los profetas de las tinieblas, ni siquiera repararon que ha quienes iba a envolver la tenebrosa oscuridad era nada menos que a ellos.
Así pudimos contemplar que los pronosticadores de lo irreal -Carrió, Duhalde, De Narváez, en ese orden- que anticipaban “la muerte de un modelo” de conducción política, ignoraban que la Parca Política se dirigía en su búsqueda orientada nada menos que por las voces del pueblo.
Tal vez pensaron que su alianza con los “medios hegemónicos” de comunicación era suficiente como para proveerles de cierta inmunidad y, por ende, iban a perdurar en el escenario político argentino “per secula seculorum”. Pobres ilusos!! Desconocen la infalible regla: Uno puede ignorar la realidad, pero esa ignorancia en algún momento se paga.
Y así fue. Hoy se encuentran frente a la ventanilla de lo real abonando sus letales costos.
Fueron incapaces de percibir que la sociedad argentina no es exactamente la misma desde que los Kirchner llegaron al poder.
No repararon en que los medios -en virtud de su confrontación con el gobierno- ya no modelan “a piacere” el pensamiento de la ciudadanía como solían hacerlo antes del 2003.
Confiaron en que las mentiras, a las cuales nos tienen acostumbrado, iban a ser percibidas como verdades y con ello, podrían debilitar al gobierno más representativo desde el advenimiento de la democracia.
Pero esta vez, la razón se impuso. Y aquí estamos festejando la derrota de los agoreros y el reverdecer de la esperanza.
Pero no esa esperanza vacía, infundada, que tiene por sustento componentes mágicos e ilusorios. No, por el contrario, es la esperanza edificada sobre los hechos, la que tiene su fundamento en la razón, la que nos permite reestablecer el autoestima nacional, la que se exterioriza en la alegría de un pueblo, la que nos permite visualizar la grandeza de nuestro país a una distancia próxima, la que nos posibilita soñar con los pies firmes sobre la tierra.
La esperanza que murmurando a nuestros oídos nos dice: “hemos encontrado el rumbo, no aflojes”. Y como vamos a aflojar, si tanto nos costo hallarlo!!
Dejemos a los agoreros perdidos por la senda de su egoísmo, dejemos que se internen en la oscuridad que ellos pregonan, dejemos que, como ha sucedido, se los devoren sus propias profecías.
Hoy estamos dispuestos a seguir avanzando, bajo la música de esa esperanza que nos devolvieron ellos: Néstor y Cristina.
Y como no hemos de estar felices, si cuando miramos hacia atrás vemos que el odio quedo a lo lejos; y la alegría, la alegría se dispuso a acompañarnos!!!

jueves, 20 de octubre de 2011

Las lágrimas de un cierre de campaña





Los argentinos hemos asistido a un cierre de campaña pocas veces visto. No, no, no estoy hablando en términos genéricos; sino en términos particulares. Concretamente me refiero al acto de cierre de Cristina Fernández de Kirchner.
Una verdadera fiesta popular y no solo porque quienes asistieron al acto desbordaban de alegría; sino por lo emotivo del mismo, que termino arrancando lagrimas a todos los presentes e inclusive a aquellos que, cómodamente instalados en sus hogares, observaban las imágenes del televisor.
Como no conmoverse al ver a los protagonistas de los spots publicitarios, contemplarlos allí parados y escuchando atentamente a nuestra Presidenta.
Como no emocionarnos al observar que cada uno de ellos es un representante de la vida real (realidad que la mayoría de los medios de comunicación se empeñan en ocultar) que en la imagen publicitaria esta expresando, nada más ni nada menos, que su propia experiencia de vida.
Ese es el reflejo ineludible de la Patria. Como no reparar en que la joven científica que esta hablando en esas imágenes televisivas, estaba trabajando en Alemania y ahora esta feliz y orgullosa por encontrarse trabajando en nuestro país.
Como ignorar que a ese “flacucho” de lentes –me refiero a Ariel- le temblaban las piernas cuando recibió la medalla en las Olimpíadas Mundiales de Matemáticas sabiendo que estaba representando al país. De la misma forma que seguramente le temblaron ayer cuando los asistentes al teatro Coliseo, y luego de que Cristina hiciera mención de su presencia, comenzaron a corearle un merecido: ¡¡Dale campeón, dale campeón!!
Bastaba ver la cara de Elena, Federico y todos los que allí se hallaban para emocionarse. Esa es la Argentina real, esa es nuestra patria. Porque la patria no se circunscribe a una mera extensión geográfica, ni tiene por contenido una simple expresión simbólica como pudiera ser la bandera, la escarapela, el himno o la camiseta de la selección nacional. La esencia de nuestra patria la constituye nuestro pueblo, con su historia y su cultura. Son nuestros hombres y mujeres quienes configuran el verdadero “ser” de esta nación.
Esos mismos hombres y mujeres que pudimos ver en los spots y que son simplemente “actores” de su propia vida; y que no recibieron “bonificación” alguna por contar públicamente sus propias experiencias.
En ese lugar se construye un país, en el quehacer diario de todos y cada uno de nosotros. Allí se percibe el potencial de un pueblo.
Allí también hallamos la fuente de alimentación de nuestro orgullo. No por casualidad, estamos atravesando una de esas etapas históricas donde nos sentimos orgullosos de nuestro país.
Basta recordar como nos sentíamos cuando gobernaban los que hoy agitan la bandera de “la oposición” para percibir el notorio contraste.
Como no enorgullecernos de la gestión kirchnerista si marco un antes y un después en la historia de nuestro país.
Como no estar orgullosos, entonces, de Cristina y de Néstor si son ellos quienes nos permitieron recuperar el autoestima nacional.
Como ignorar el acto de anoche, si con solo mencionarlo se me caen las lágrimas de alegría mezcladas con el sentimiento de orgullo.
Muchas veces, los hombres y mujeres no ponderamos el momento histórico y trascendente que nos toca vivir.
Hoy los argentinos estamos atravesando uno de esos relevantes tiempos que van a pasar a la posteridad como los del despegue argentino. Hoy estamos haciendo historia, podríamos denominarla la Historia de la consolidación del autoestima argentino y  todos, de una forma u otra, colaboramos para que ello se produzca. Pero el relato de esta historia no hubiere sido lo que es; si Néstor y Cristina no hubieren llegado a la presidencia de la república.
Como no estar orgullosos de nuestra Presidenta!!!
Si cuando decimos: ¡¡¡Fuerza Cristina!!! ¡¡¡Estamos diciendo Fuerza Argentina!!!!

domingo, 9 de octubre de 2011

La supuesta reelección y el lenguaje opositor


      




Se aproximan las elecciones de octubre y los candidatos despliegan todas “sus destrezas” con el afán de ganar votantes. Claro que muchas de esas destrezas, en vez de lograr sus propósitos, terminan ahuyentando a los ciudadanos que, asombrados por tantos talentos, terminan apresurándose a recoger la boleta de Cristina Fernández (única candidata seria) para, llegado el momento, depositarla definitivamente en la urna.
Más allá de la absoluta carencia de proyectos por parte de la oposición y del incoherente comportamiento desarrollado a lo largo de estos últimos años; si nos limitásemos a observar las expresiones discursivas durante estos días de campaña podríamos calificarla, a riesgo de quedarnos cortos con el apelativo -y como ya lo dijéramos en uno de nuestros antiguos artículos- de verdadero mamarracho.
Pero veamos algunas de éstas expresiones a las que hacemos alusión para sostener lo que estamos diciendo. Comencemos por la devaluada “pitonisa mediática” que ya causa pena en virtud de sus ininterrumpidos desaciertos; pues, ahora ha salido a decir “que se ha cerrado un Pacto de Olivos II entre Binner y la Presidenta con el propósito de garantizar una futura reforma constitucional a los efectos de posibilitar la reelección de Cristina Fernández en el 2015”. Como vemos, la pobreza de su oferta programática la lleva a ofrecer su fuerza partidaria para obstaculizar acontecimientos futuros (que, por otra parte, solo se desarrollan en su torcida imaginación) similares al mencionado “Pacto de Olivos” de Menem-Alfonsín  que, curiosamente, ella respaldo con fuerte énfasis en el seno de la Cámara de Diputados en aquél momento. Tal vez, la ausencia de memoria es lo que motorice su “vocación predictiva”, ya que al no recordar sus propios actos y sus "predicciones anteriores" puede continuar formulando denuncias inverosímiles sin siquiera sonrojarse por lo que expresa.
Pero dejemos de lado los delirios de la pitonisa Carrió y pasemos al aspirante a segundo puesto: Hermes Binner. Éste es otro candidato que comienza a desenfundar discursos de campaña que ponen de manifiesto su verdadera esencia, pues, pregona un “socialismo de derecha” que, en última instancia, poco tiene de socialismo y, por cierto, mucho de derecha. No por casualidad, el monopolio mediático más importante del país bendijo su candidatura.
Sus recientes expresiones confirman lo que estamos diciendo: “El crecimiento del populismo no es bueno para ningún país del mundo. No hay hecho del populismo que haya significado un avance cierto, real y constructivo de un país mejor”.
Este señor no solo ignora la historia de los pueblos latinoamericanos en general; sino también la nuestra en particular y se enrola, automáticamente, en la corriente de opinión de los ultra-conservadores que se empeñan en descalificar a buena parte de los gobiernos latinoamericanos con el apelativo de populismo. Es que en el fondo, expresan un rechazo irreprimible por todo aquello que posea la impronta de lo popular. Lo paradójico de estos "dirigentes lights" es que conciben al término socialismo desvinculado del concepto de pueblo. Y al igual que como acontece con algunas señoras de la pantalla de televisión, prefieren hablar de “la gente”, concepto abstracto que hace referencia a cualquier persona desprovista de identidad y no hablar de “pueblo”, término que se enlaza con un sujeto histórico colectivo con identidad propia.
Lo cierto es que el oficialismo no tiene interés alguno en realizar pactos con el lider del Frente Amplio; tan amplio que alberga en sus filas las más contradictorias posiciones. Hecho que demuestra cuanto valor le dan a sus convicciones; pues, si desde su origen ya conviven ideas inconciliables, que se puede esperar para el futuro. Y respecto de lo señalado cabe formularse el siguiente interrogante: ¿estará dispuesto Hermes Binner a que nuestro país continúe siendo miembro del MERCOSUR o le causará alergia establecer acuerdos con los mandatarios "populistas" latinoamericanos?
Por otro lado, tenemos el nuevo acuerdo del tándem De Narváez-Rodriguez Saá donde juntos tratan de desplegar una estrategia común para conquistar votos.
La actitud del hombre nacido en Colombia y que aspira a la gobernación de la provincia de Buenos Aires es de una versatilidad inaudita. Pues, hace menos de dos meses anunciaba una alianza con la UCR, apareciendo en todos los medios con Alfonsín; ahora y viendo el escaso nivel de adhesión del candidato radical, luego de las elecciones de agosto, se muestra con el gobernador de San Luis para mejorar sus chances electorales.
En cierto modo es comprensible el proceder del "Colorado" De Narváez, si bien reprochable desde el punto de vista ético, que se dio cuenta tarde de que el "lider" radical es más mediocre que él para perfilarse como dirigente. Si hasta por momentos parece inimputable "el lider" de la UCR; recordemos sus declaraciones y sus expresiones gestuales, cuando la Presidenta hablo en la asamblea de la ONU, que solo son imaginables en un ser absolutamente carente de lucidez.  
No obstante, y volviendo a lo que nos ocupa, de acuerdos programáticos o de comunión de ideas mejor ni hablar. Ya que, como se dice en el barrio, a ninguno de los mencionados candidatos se les cae una idea. Excepto la de criticar al gobierno, la mayoría de las veces infundadamente; pero, al parecer y conforme a sus comportamientos, criticar al gobierno es la consigna.
Y sino veamos las declaraciones del candidato a primer diputado de la UCR y, en ciertos aspectos vocero de Alfonsín, Miguel Bazze: “Es malo para la democracia tratar de desgastar a los otros partidos de la oposición” adujo con referencias a las críticas formuladas por Rodríguez Saá al radicalismo. Al parecer y apelando a esta línea argumental no es malo para la democracia  intentar desgastar, mentiras mediante,  al oficialismo durante la gestión de gobierno. Como vemos una concepción de la democracia muy particular.
Concepción muy parecida a la que expresan cuando suelen hablar del ponderado “respeto a las instituciones”; como por ejemplo el “respetuoso” de Eduardo Duhalde cuando dice: “Es un país donde el que gobierna no respeta las leyes, las instituciones y aprieta con miedo a los que piensan diferente”.
Nada menos que Duhalde!! Que fue vicepresidente y gobernador durante el reinado de Menem. Con una Corte Suprema de Justicia subordinada, en aquél entonces, absolutamente a la gestión oficial y con miembros de nula jerarquía respecto de la mayoría de los miembros que hoy honran a la prestigiosa Corte.
Como vemos la mendacidad y la ausencia de ideas abundan en la oposición. Lo único que debemos lamentar esta vez, es que la Presidenta cumplirá su nuevo mandato y retornará a su casa. Porque con opositores como estos, sería necesario no solo que se respeten las instituciones -por otra parte, como se viene haciendo- sino respetar la voluntad mayoritaria del pueblo argentino; cosa que estos opositores no hacen.
Gracias a Dios, al azar o a las circunstancias históricas que todavía tenemos una dirigente de la talla de Cristina Fernández. Esperemos que para el 2015 se supere la mediocridad que anida en la llamada "oposición"; porque con esa clase de dirigentes, necesitaríamos la reeleccion indefinida. 

jueves, 22 de septiembre de 2011

El factor humano y nuestra Presidenta







Bajo el rótulo de “Manzanitas”, el diario página 12 publicó (22/9/2011) estas perlitas pequeñas, que sin ser –en apariencia- informaciones relevantes en lo que al acontecer político se refiere; sí son trascendentes para comprender algunos detalles que hacen al perfil humano de la Presidenta de la República y al papel que viene desempeñando la Argentina en el concierto internacional.
En el primero de los casos (el perfil humano de la Presidenta) es dable preguntarse cuantas veces nos olvidamos de la inmensa carga que lleva sobre sus espaldas Cristina Fernández de Kirchner. Sin lugar a dudas, la mayoría de las veces, pasamos por alto un sinnúmero de factores que al parecer resultan irrelevantes para las consideraciones políticas; y sin embargo, son un fuerte condicionante para quienes, como en este caso, desempeñan el ejercicio de la más alta magistratura. La magnitud del esfuerzo que realiza la presidenta teniendo en cuenta no solo el rol que desempeña, ya de por sí inconmensurable; y la presión emotiva que pesa sobre su conciencia como resultado de rememorar, inexorablemente, la imagen de su ex marido en ámbitos que compartieron en un pasado inmediato, es una situación solo digna de ser soportada por un ser verdaderamente titánico.
Es muy común en estos tiempos hablar de la multiplicidad de factores desencadenantes del stress; todos, en mayor o menor medida, hemos padecido alguna sintomatología vinculada directa o indirectamente con situaciones de esta naturaleza. Sin embargo, y aun habiendo mediado sobre nosotros alguna experiencia personal,resulta prácticamente imposible ponderar el esfuerzo que nuestra Presidenta realiza cotidianamente en el cargo que ocupa. Tal vez si intentásemos, imaginariamente por cierto, ubicarnos en ese lugar podríamos comprender a lo sumo, mínimamente lo que estamos afirmando.
No faltaran, por cierto, aquellos que manifiesten que esa es su función y como tal debe asumirla. Y es lógico que así sea, pero atendiendo a las circunstancias particulares que le tocó afrontar a nuestra presidenta (pérdida de su marido y pérdida de su futuro y anunciado nieto) y observando los resultados de su gestión no queda menos que ponernos de pie y aplaudirla en reconocimiento de su entereza y a su inmensa y destacada labor.
En cuanto al segundo de los casos (el papel que desempeña Argentina en el Concierto de las Naciones) es evidente que nuestro país se ha convertido en una nación respetada y escuchada en todos los foros internacionales. Ya lo hemos manifestado en más de un artículo. Pese a la falacia expresada por los medios opositores al gobierno, que se empeñan en hablar del "aislamiento" que supuestamente padecemos; nuestra nación ocupa hoy un lugar de referencia dentro de la comunidad internacional. 
Lo concreto, es que jamás Argentina estuvo tan reconocida en el plano de las relaciones internacionales como se encuentra actualmente. Y no es mera casualidad que la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, de la primera potencia mundial, a la hora del almuerzo para agasajar a la totalidad de los Jefes de Estado asistentes a la Asamblea de la ONU, se haya ubicado nada menos que junto a la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Pero leamos la nota de Pagina 12 del día de hoy, para corroborar lo que estamos diciendo:

MANZANITAS



Llanto. Colaboradores cercanos marcaban que este viaje era especial para la Presidenta porque identifica a Nueva York con Néstor Kirchner. El de septiembre pasado, para la anterior Asamblea de la ONU, fue el último que hicieron juntos al exterior. Tal vez algo de eso explotó en su interior cuando Cristina Kirchner se subió al auto que la llevó anoche al aeropuerto y rompió en llanto. A la salida del hotel la esperaba un pequeño grupo de argentinos de la agrupación “La 25”, los kirchneristas que viven en el exterior, para saludarla y sacarse fotos. La Presidenta, obviamente, aceptó los halagos. En un momento, Leonardo, un joven de campera roja, la abrazó muy fuerte y se puso a llorar, agradeciéndole “todo lo que está haciendo”. La Presidenta se contagió la emoción. “No llores”, le dijo a él, pero se puso a llorar ella. Se subió al auto con su hija Florencia y se fueron en busca del Tango 01.
- Abbas. Cristina Kirchner terminó su discurso en las Naciones Unidas y siguió el camino habitual al costado del escenario, sitio donde los que terminan de hablar reciben saludos y felicitaciones varias. La Presidenta conversaba con los familiares de las víctimas del atentado a la AMIA cuando se enteró, a través del embajador en la ONU, Jorge Argüello, de que el presidente palestino, Mahmud Abbas, quería conversar con ella. Allí mismo armaron un breve encuentro bilateral en el que Abbas le agradeció el énfasis con el que defendió el reconocimiento al Estado Palestino, una movida que probablemente mañana llegue al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
- Almuerzo. Como es su costumbre, Cristina Kirchner no participó anoche del agasajo en el tradicional hotel Waldorf Astoria que el presidente norteamericano Barack Obama brinda a los jefes de Estado que visitan Nueva York para la Asamblea. Pero así como CFK –y Néstor Kirchner antes– nunca estuvo en esa cita, es una fija para el almuerzo que el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Kimoon, organiza para la jornada inaugural. Obama esta vez no almorzó, pero sí lo hizo su secretaria de Estado, Hillary Clinton, con quien Cristina Kirchner compartió mesa. Junto a ellas se ubicaron el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma; el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, y la presidenta de Finlandia, Tarja Halonen.

Como vemos estas pequeñeces y el proceder de nuestra presidenta encierran toda una verdad. Pues, y como dice aquella hermosa canción del Nano Serrat:
                  "....Cuentale a tu corazón

                        que existe siempre una razón
                        escondida en cada gesto
                        Del derecho y del revés,

                        Uno solo es lo que es y anda siempre con lo puesto....". 

lunes, 5 de septiembre de 2011

Las limitaciones de la justicia impuestas por el Show Mediático








A nadie escapa que la atención pública, a lo largo de las últimas semanas, se centro exclusivamente en el, triste y lamentable, suceso denominado “caso Candela”. Para desgracia de la niña y congoja de todos nosotros el caso en cuestión tuvo un final no deseado.
No obstante, hechos de esta naturaleza –y prescindiendo de los pormenores particulares del hecho- deberían inducirnos a la reflexión a buena parte de la sociedad argentina para luego, evitar en lo posible la reiteración de determinado tipo de conductas que solo conducen a prestar confusión e impedir el eficaz desarrollo del procedimiento investigativo para el esclarecimiento de casos como el de Candela. Concretamente, nos estamos refiriendo al proceder circense que adoptaron los medios televisivos para brindar la cobertura informativa ante un hecho de tamaña gravedad.
Quien haya observado el comportamiento mediático habrá percibido la inconmensurable cantidad de disparates que se vertieron en torno al caso. Por ejemplo: desde que la niña había sido capturada por una organización dedicada a la trata de personas o secuestrada por bandas que se dedican a la comercialización de órganos, que había sido retirada clandestinamente del país merced a los “flojos” controles que operan en nuestra frontera, o bien que había sido secuestrada y abusada sexualmente por un pederasta, etc., etc., etc. Sin lugar a dudas, toda “esta información” basada en supuestos (o inventada) y provista de una fuerte carga de morbosidad, tenía por objeto captar la atención del televidente mejorando el rating periodístico y generando, a su vez, una sensación de inseguridad que alcanzo a provocar en buena parte de nuestra comunidad una exaltación rayana al paroxismo.
Ahora bien, que la población se alarme en virtud de “la irresponsable cobertura mediática” es un hecho para lamentar pero, aún así, no es lo más gravoso. Lo más pernicioso de todo esto ha sido el persistente acecho mediático padecido por quienes tenían a su cargo la instrucción judicial para la resolución del caso que no solo tenían que desarrollar su tarea investigativa en base a las escasas pistas obtenidas, sino que además se encontraron con que “los medios” terminaban proporcionándole a los eventuales criminales cada uno de los pasos realizados por los investigadores tendientes a descubrirlos.
Consciente o inconscientemente, terminaron obstruyendo de forma indirecta la labor de la justicia e impidiendo la resolución normal del caso . Muestra de ello es la difusión, previamente dada a conocer en la mayoría de los canales televisivos, de los allanamientos que se procuraron realizar en determinada zona y casa por casa.
El allanamiento de morada, es una búsqueda material que se realiza dentro de un ámbito domiciliario. Obviamente, si el delincuente es alertado de la posibilidad de la realización de esa búsqueda en el lugar en que se encuentra, lo primero que va a hacer es desprenderse de los elementos materiales que pudieren hallarse en su poder y emprender la fuga.
Con coberturas mediáticas de esta naturaleza el delincuente no tiene más que encender un televisor y apelar a su “buchón electrónico” para adelantarse un paso más, respecto de quienes persiguen sus rastros. Pero además, de no haberse realizado una cobertura tan irresponsable, pues: ¿Alguien podría asegurar que el trágico desenlace final hubiera acaecido de todos modos?
No podemos hacer futurología, pero si es posible aseverar que con informadores prudentes y respetuosos de las investigaciones, los resultados a obtenerse serán mucho menos dramáticos y más propicios a la resolución feliz.
Es lamentable tener que mencionar esto pero, salvo honrosas excepciones, los medios informativos ponen de relieve nuevamente cuan mediocres son para la labor periodística. Dando una muestra cabal de que poco les interesa la verdad y la justicia; pues, lo importante para ellos es captar la atención del televidente.
Lo triste es que, a su vez, despiertan en la gente predisposiciones a hacer algo que, por cierto, no les corresponde  -más allá de la buena intención- como por ejemplo, lo es el hecho de apelar a un mecanismo que en vez de ayudar, termina complicando la investigación. Nos referimos a la buena predisposición -y esto no está en duda- de “los famosos” en atender llamadas telefónicas que hubiesen podido brindar alguna pista para la resolución de la búsqueda, como se intento en el caso Candela.
Es digno destacar que el límite entre la investigación judicial y el show mediático montado no es fácil de percibir por el televidente medio. Y, en consecuencia, eso  predispone a la gente a “participar” y máxime con tal de dialogar con "un famoso". De esta manera se reciben infinidad de llamadas que nada aportan a la causa y que, por el contrario, conducen a un sinnúmero de pistas que en el fondo terminan desvirtuando todas y cada una de ellas. Como podemos inferir el recurso ni siquiera es inocuo, sino que es contraproducente ya que complica más la investigación.
Por lo expuesto, y por cierto hay mucho más para decir, es aconsejable como bien lo propusieron algunos juristas y hombres del Derecho que se sancione un Protocolo de Acción para el comportamiento mediático o periodístico en aquellos casos judiciales de cierta trascendencia.
Claro que bajo el pretexto de la libertad de prensa saldrán a gritar las voces de siempre; que sin reparar en sus errores (no olvidemos el caso Ayacucho donde los vecinos se movilizaron ante un delito que jamás existió y los medios le dieron trascendencia) procuraran seguir informando como hasta ahora. No obstante es dable recordarles que una cosa es el establecimiento de la censura previa -cosa que no aceptamos- y otra es establecer pautas de procedimiento para garantizar el normal desenvolvimiento de la administración de justicia. No se puede obstaculizar el proceder investigativo en el orden judicial por obtener dos o tres más puntos de rating.
El rating en cuestiones periodísticas atenta contra la razonabilidad, ya que apadrina todo aquello que tenga efectos impactantes (a la manera cinematográfica de los efectos especiales) para controlar la atención pública. Curiosa manera de hacer periodismo, cuando lo correcto es indagar en la búsqueda de la verdad no para "impactar en los televidentes"; sino para que ellos perciban como se construye una sociedad sobre los cimientos de la razón y la justicia.  

lunes, 29 de agosto de 2011

La insoportable oposición a la verdad





           





Luego de las elecciones primarias parece que retornó cierta calma en el escenario político argentino. Buena parte de la oposición se ha llamado a silencio; algunos porque demostraron ser poco representativos (Elisa Carrió, Pino Solanas, por citar solo dos); y otros, si bien siguen alardeando sobre “eventuales irregularidades” (Duhalde, Amadeo, etc.) carecen de credibilidad ante la opinión pública y, en consecuencia, sus declaraciones no son tomadas en cuenta por el conjunto de la ciudadanía.
Lo cierto, es que excepto los negadores de la realidad; nadie puede dejar de reconocer el claro y aplastante triunfo de la presidenta Cristina Fernández.
Obviamente,  un investigador social que recientemente llegase a nuestro país con el objeto de indagar respecto de la situación política en la Argentina la primera pregunta que se formularía, a nuestro juicio, sería: ¿Porqué el oficialismo obtuvo un resultado tan contundente en las elecciones de agosto?  Y la primer respuesta que recibiría de un observador imparcial, seguramente, habría de ser: “Porque ha hecho cosas”. Por ejemplo: Reestatizó el sistema de jubilaciones y pensiones, incorporó al sistema jubilatorio al 90% de las personas en edad de jubilarse, mejoró sensiblemente sus haberes; sancionó la asignación universal por hijo, aumento considerablemente los salarios de los trabajadores, promocionó el empleo y el desarrollo industrial, otorgó fuerte respaldo a la investigación científica, construyó rutas y carreteras a lo largo y a lo ancho de nuestro país, terminó la “inacabable” obra de Yaciretá, construyó más de 1000 escuelas en toda nuestra geografía, posibilitó el acceso a Internet a una importante franja de niños y adolescentes que carecían de ese privilegio, resolvió los siempre existentes conflictos sociales en forma pacífica. Promovió –conjuntamente con otras naciones latinoamericanas- la integración regional en el Mercosur y con ello se configuró una herramienta fundamental para el logro del crecimiento económico en la región, fortaleciendo a su vez nuestro mercado interno. Solucionó el grave problema de nuestro endeudamiento externo; hecho éste que determinó una mayor protección de nuestra economía ante las diversas crisis que azotan a los mercados financieros internacionales y aumentando, de ese modo, nuestros márgenes de soberanía económica; etc., etc., etc. Podríamos seguir mencionando unos cuantos logros más (drástica reducción del desempleo, nuevo marco regulatorio para la medicina prepaga, construcción de nuevas universidades gratuitas, etc.) de la presente gestión que brindarían más asidero a la respuesta del observador imparcial; sin embargo, suponemos que lo mencionado es suficiente como para justificar la misma.
Ahora bien,el mismo investigador podría preguntarse el porqué “la Oposición” obtuvo tan magro resultado en esos comicios. Y el mismo observador imparcial  debería decirle con absoluta honestidad: “Porque no propuso nada”. Aun prescindiendo de los antecedentes históricos de los eventuales candidatos opositores -que por cierto, en su mayoría, el conocerlos, para nada los beneficiaria- ninguno de ellos se atrevió a formular propuestas superadoras, ninguno de ellos estuvo dispuesto a debatir ideas, ninguno estuvo dispuesto a reconocer lo que se ha hecho bien; y peor aun, se atrevieron a exteriorizar mentiras –con la complicidad de determinados medios- con el objeto de corroer la imagen presidencial y de esa forma “llevar agua sucia para su molino”.
Es decir, la cuestión no era obtener votos en base a sus aptitudes personales, propuestas superadoras o programas de gobierno; sino obtenerlos en base a la descalificación y negación de aquello que el gobierno había hecho, incluso de aquello que se había hecho en beneficio de la población.
Este proceder casi uniforme en los referentes opositores, revela inexorablemente el grado de mediocridad existente entre los mismos y hasta que punto se hallan subordinados a los grandes grupos de poder (Clarin y sus socios de ADEA) que hasta se les negaba reconocer lo evidente: aquellas acertadas iniciativas del gobierno. Su discurso se circunscribía a descalificar a la presidenta por sus expresiones autoritarias (si bien nunca aclaraban cuales eran), por sus manifestaciones de soberbia que al parecer asociaban con su firmeza de convicciones cuando defendía tenazmente sus medidas, y el remanido argumento “de la ausencia de respeto a las instituciones”, entre ellas muy especialmente, el Congreso Nacional. Este último un argumento falaz, puesto que en ningún momento se respetaron tanto las instituciones como durante la presente gestión. Es suficiente observar el escaso número de vetos a las leyes sancionadas por el Congreso, en relación con los gobiernos anteriores, para percatarnos que ésta gestión es quien menos trabas opuso al desenvolvimiento de ambas Cámaras legislativas.; ni hablar del caso del Poder Judicial, donde en ningún momento el gobierno intento interferir en sus decisiones.
Lo paradójico de todo esto es que quienes reclaman respeto por las instituciones son los mismos que con su accionar ofenden y desvalorizan a las mismas.
Basta recordar, a modo de ejemplo, las permanentes inasistencias de De Narvaez y Macri como miembros de la Cámara de Diputados, la ausencia de proyectos presentados por ambos "dirigentes"; lo que manifiesta la escasa importancia que le asignan a la labor parlamentaria. O es suficiente recordar “el show armado por la oposición” para no aprobar el presupuesto nacional. Ni hablar de las distintas denuncias –sin olvidarnos de sus predicciones- efectuadas por la diputada Carrió, fielmente acompañada por Patricia Bullrich, que solo eran declaraciones mediáticas y que no servían en el plano de la justicia porque carecían de pruebas, por ser entre otras cosas denuncias falaces. Si hasta con el mismísimo Duhalde (hoy juntos en la oposición) tuvo que rectificarse de sus dichos, cuando aquél la demando, aduciendo que no quiso decir lo que dijo. ¿Acaso eso no es devaluar la verdad y, paralelamente, desprestigiar al parlamento por ser miembro del mismo?
Esto es un ejemplo más de la poca seriedad opositora y, en verdad, no es para alegrarnos que existan esta clase de dirigentes; por el contrario, es para preocuparnos. Cuan importante para nuestro país sería contar con opositores de talla. 
Un ejemplo reciente nos muestra como actúan estos señores –como bien lo menciono el periodista  Roberto Caballero- el dirigente de la Coalición Cívica, el diputado Alfonso Prat Gay hasta la semana anterior se la paso hablando de las "dificultades económicas y financieras" de la Argentina; como ahora la calificadora de riesgos Moody’s bajó la nota de los bancos locales (para quienes el economista trabaja) salió a contradecirse y decir que el sistema financiero nacional esta lo suficientemente sólido.
Como vemos la verdad para estos “dirigentes” solo es dable reconocerla si se acomodan a sus intereses; de lo contrario, no han de reconocer nada.
De todas maneras, confiamos que son "dirigentes de la decadencia" que quedarán en el camino y resurgirán otros que eleven la calidad de nuestro parlamento. Entre tanto, deberemos esperar el surgimiento de nuevos dirigentes en esas huestes.
Por suerte hoy son opositores. Lo lamentable sería que como en los años 90 fueran oficialistas!!