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martes, 18 de noviembre de 2014

La actual comedia política argentina, las encuestas y las "caricias" porvenir.





 







“La corrupción escandalosa en este gobierno es emblemática” (Nelson Castro, periodista “independiente”)


Resulta interesante observar como “el más corrupto” de los gobiernos nacionales, conforme lo denomina la jauría de periodistas independientes, ha sido precisamente el que no solo puso fin al proceso de endeudamiento creciente de la Argentina; sino que además posibilitó una recuperación y un crecimiento económico jamás experimentado a lo largo de nuestra historia. En contraste con ello, los gobiernos “menos corruptos” -y solo por citar a dos que le antecedieron: Menem y De la Rúa por ejemplo- no sólo condujeron al país al borde del abismo social con todo lo que semejante situación implica; sino que además acrecentaron el endeudamiento externo a niveles insostenibles despojando, a su vez, al erario público de todo su patrimonio.
Por cierto, mucho más llamativo resulta el modo en que el actual gobierno (y siguiendo con la “interpretación independiente” que diariamente nos ofrecen los Majul, Lanata, Leuco, Solá, Longobardi , los Castro y los Bonelli) se empeña en “comprar voluntades” para que luego apoyen las políticas oficiales. Lo curioso es que, al parecer, se encuentran “tan bien pagos” que el grado de adhesión ya merodea en las proximidades del 50%, hecho éste que resulta por demás “preocupante”. Al fin de cuentas, si “el gobierno más corrupto de la historia” cuenta con ese elevado nivel de adhesión ciudadana; no es descabellado afirmar (al menos, por carácter transitivo) que la ciudadanía argentina se caracteriza por tener una fuerte propensión a la corrupción.
Claro que ninguno de los “oficialistas pagos” va a andar expresando por la calle su marcada predisposición corrupta y, por el contrario, han de ser extremadamente cautos en no dejar indicio alguno que revele esa férrea inclinación. No obstante, y como en todos los órdenes, habrá una ínfima minoría que seguramente no estará contaminada y será “la excepción que confirma la regla”. Por suerte, y conforme sostiene el ejército de “moralizadores independientes” el 50% antikirchnerista (sí, sí, al parecer ha desaparecido la “ciudadanía independiente”; según ellos se es K o anti k. Además, el término “independiente” es exclusivo de este círculo de periodistas, pues, los demás son “comprados”) representa “la Argentina de la moralidad”. Claro que, necesariamente, en esta franja se ubican los “probos” representantes de la década de los 90, los simpatizantes de los fondos buitres, los empresarios que en el coloquio de IDEA expresaron de puño y letra sin prurito alguno que era “razonable” ofrecer una coima a cambio de una prestación, los políticos de la oposición,  los medios opositores, “la gente” (concepto que, como es obvio, no “alberga en su interior” a quienes simpatizan o se muestran condescendientes con el oficialismo) y nuestros queridos  “periodistas independientes” que para nuestra suerte hace más de 40 años que monopolizan la comunicación mediática, de lo contrario, “los niveles de inmoralidad” serían espeluznantes. ¿Se imaginan ustedes como sería la sociedad argentina si estos  divulgadores de “la verdad” y de “la ética” no nos ofreciesen a diario la información indispensable para salir de la ignorancia?
Y a propósito de la ignorancia, he allí la fuente en la que abrevan la mayoría de los seguidores de este gobierno. Alguno de estos “comprados seguidores” podrá decir que este es el gobierno que más presupuesto educativo destinó a la educación y que en virtud de ello, se produjo un notorio incremento de las escuelas y universidades públicas. Claro que quien esboza este argumento, no repara en que eso se hizo al solo efecto de “invisibilizar” la corrupción. Pues, si no hiciesen esas cosas, la corrupción sería extremadamente ostensible.
Pero aun así, y para sostener estos niveles “extremos de corrupción”, el gobierno ha tenido que instalar desde el poder “un régimen nazi” de tal modo que, reforzando su concepción autoritaria, sancionó la polémica ley de medios audiovisuales. Borrando, a través de ella, “las voces opositoras” en los medios de comunicación; y dejando al parecer solo “unos pocas” como para revestirse de una imagen democrática y no despertar sospechas en la población. Posteriormente, avanzó “escandalosamente” -recurriendo al mismo término que empleo el conocido CEO del “Grupo Clarín” en cierta ocasión; “Grupo” que por otra parte, financia el accionar de una conocida franja de “periodistas independientes”-  sobre el Poder Judicial -“evitando” el procesamiento de sus funcionarios-  y, muy especialmente, sobre la Corte Suprema de Justicia que también, para no dejar al desnudo su incondicional grado de sometimiento al “régimen”, sancionó una serie de fallos adversos a los intereses gubernamentales al solo efecto de encubrir su genuflexión.
Algún ingenuo podrá argüir que éste gobierno, a diferencia del nazismo, no persiguió a nadie políticamente, que tampoco optó por reprimir las protestas opositoras, que no suprimió la actividad parlamentaria, que no conculcó los derechos y garantías permitiendo la continuidad del Estado de Derecho, que no violentó ni el más elemental artículo la Constitución y que, como es obvio, jamás promovió el exterminio de grupo humano alguno; lo cierto es que, en los hechos, y conforme a la interpretación que entre líneas nos brinda “el periodismo independiente” esas argumentaciones no son más que simples “menudencias discursivas” a las que apelan los partidarios del “régimen” para ocultar su verdadero rostro signado por la esvástica.
¿O acaso se olvidan de la amenaza que sufrieron “los periodistas independientes” que vieron peligrar sus vidas por “difamar”, perdón digo por difundir sus “verdades”? ¿No fue el mismo Daniel Sabsay quien, recientemente, bajo su condición de judío estableció un símil entre el régimen nazi y el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner?  No van a creer ustedes que el serio “constitucionalista”, tan proclive a frecuentar los programas de la prensa “libre e independiente”, va a estar dispuesto a banalizar un hecho tan repudiable y costoso a la humanidad como lo fue el nazismo.
Y si bien es cierto, que muchos otros miembros de la colectividad han salido a repudiar sus expresiones, lo más coherente es  que no se les haya prestado atención a estas voces  (tal cual lo hicieron los “medios informativos independientes”); ya que seguramente han de ser “colaboracionistas pagos” del gobierno K.
Por otro lado, el hecho de que ciertos y determinados periodistas no hayan sufrido ni un rasguño, ni padecido siquiera un conato de agresión, no significa que estén seguros frente al “régimen”. ¿O acaso no es todo posible en la dimensión del futuro? En cuanto al pasado y el presente, si bien debemos reconocer que no ha sucedido nada,  deberíamos afirmar que, definitivamente, ha sido merced a la suerte.
La misma suerte que tuvo este gobierno para verse beneficiado durante todos estos años con el inesperado “ viento de cola” que, sin dudas, trajo aparejado cierto bienestar económico para una amplia franja de la población. ¿O alguien supone puerilmente que las decisiones políticas son capaces de modificar la realidad? Quien sería capaz, estando  en su “sano juicio”, de llegar a creer, por ejemplo: que la recuperación económica argentina tiene que ver con la instrumentación de políticas contrarias a las sugeridas por el neoliberalismo. Pues, alguien puede afirmar a ciencia cierta que la  asignación universal por hijo no es fruto del” viento de cola”. O que la ley de compensación obligatoria en materia de jubilaciones y pensiones no es consecuencia del “azar eólico”; o que la renovación ferroviaria que posibilitó dejar atrás más de 50 años de rieles y maquinarias vetustas no ha sido merced a ese ininterrumpido y milagroso soplo ventoso.
¡¡Argentinos a reflexionar un poco!! De esa forma comprenderemos que el “fracaso” de las políticas de Martínez de Hoz , Alemann, Roque Fernández, Cavallo, Machinea, Lopez Murphy (aplaudidas y acompañadas por “celebridades notables” como: Melconian, Redrado, Prat Gay, Broda, y tantos otros) ha sido consecuencia, pura y exclusivamente, por la falta de predisposición del “Dios Eolo” que, abandonándose al ocio, se empeñó en no soplar los vientos que necesitábamos para dar impulso a nuestro desarrollo. Hecho éste que nos lleva a sospechar cierta predisposición de ese dios pagano orientada a favorecer a “los dictadores elegidos democráticamente”, que al parecer hoy se abroquelan en el Cono Sur.
Y  como era lógico esperar, bajo el amparo de tamaña protección, tales gobiernos no vacilaron un ápice en desplegar una artillería de medidas demagógicas, a sabiendas de contar con el incondicional apoyo de la brisa divina. Así nos encontramos con que, durante el gobierno de “la dictadora” Cristina Fernández y del "olvidado" Néstor, se otorgaron paritarias, se subsidiaron los servicios, se financiaron programas para el desarrollo estudiantil, se otorgaron créditos para la vivienda, se regalaron notebook para los alumnos de escuelas con escasos recursos, se incorporaron millones de personas al sistema jubilatorio proveyéndoles con ello atención sanitaria gratuita, se les concedió créditos y mejoras a los miembros de la denominada “tercera edad”. En fin todo un conjunto de medidas que tuvo (y tiene, porque se siguen instrumentando) su inveterado soporte, exclusivamente, en los designios del poderoso” viento de cola”; que entre otras cosas permite, con su accionar, el desarrollo del mercado interno.
Pero al parecer, y conforme presagian los “economistas serios” y “los periodistas independientes” el dios de los vientos dejará de soplar a finales del año próximo y, a modo de un tornado imperceptible, va a dejar al descubierto los daños ocasionados sobre nuestra estructura económica-social. Hecho éste que requerirá, la adopción de medidas anti-demagógicas para subsanar los no perceptibles, pero “letales”, daños ocasionados por la “acción eólica”. Para ello se requerirá la supresión de un conjunto significativo de medidas impulsadas por el gobierno kirchnerista e implementar, entre otras, aquellas que aportan más "racionalidad", como ser: contención del gasto público, contracción de la demanda, liberalización del tipo de cambio, supresión de la actividad del Estado en algunas áreas, contención del alza salarial, etc., etc. 
Pero no es cuestión de desesperar, al fin y al cabo, “la ausencia divina” será suplantada por la menos mítica “mano invisible” que, al decir de estos “presagiadores”, todo lo resuelve y desde hace siglos.
De esa manera ya no dependeremos de los caprichos de un “Dios” -que al parecer, mantuvo estrechos vínculos con el Estado-, ni contaremos con gobernantes “afectados por el virus del nazismo” (por apelar a una expresión utilizada por ese “destacado periodista independiente”, Luis Majul, quien sistemática y orgullosamente se empeña en no observar la regla de Groucho. Me refiero a aquella que dice “es preferible permanecer callado y parecer un tonto. Que hablar y despejar las dudas definitivamente”); sino que todo dependerá de la “recta y honrosa” iniciativa privada que, desprovista de toda clase de regulaciones, retrotraerá al país a la época de bonanza por excelencia. Concretamente: la de los años 90.
Venturoso panorama describen los “periodistas y economistas independientes” respecto de la Argentina porvenir, quedarán atrás los “yerros” de Cristina y Néstor, desaparecerá “el gobierno más corrupto de la historia” (superior incluso al de Perón en el 45) que tuvo el tupé de abandonar “la ética del endeudamiento”, que no reparó en ampliar derechos (ley de matrimonio igualitario, fertilidad asistida, ley de relaciones de consumo, etc., etc.) para ocultar su condición de nazi, que distribuyó un provisorio puñado de “mejoras obtenidas” a raíz del demagógico aire proporcionado por el viento de cola.
La bienaventuranza envolverá al país, ya no con los efímeros soplos ventosos, sino con  las “sólidas caricias” y construcciones de la  mano invisible, eso posibilitará que los “inmaculados predicadores” del libre mercado sigan frecuentando los medios radiales y televisivos para anunciar las “buenas nuevas” en los “honorables programas” del periodismo independiente.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Servilismo y desintegración al servicio mediático.Elecciones 2015





 



Si hay un síntoma que se está tornando evidente en la realidad política argentina es “la fatiga informativa” -aunque a decir verdad, más realista sería denominarla “desinformativa”- causada por la exacerbación mediática que no cesa en su empeño en descalificar al gobierno de Cristina Fernández.
Sin duda, los medios han desplegado, a lo largo de los últimos años, todo su potencial para dañar la imagen de la presidenta y es preciso reconocer que, apelando no pocas veces a la descalificación falaz y al engaño, en cierta medida lo han logrado. Ahora bien, ese logro no ha sido total, sino parcial y tampoco los ha dejado indemne; sino por el contrario, han pagado un costo elevadísimo en una amplia franja de la población que comprobó, en los hechos, cuan poco creíbles resultan los medios hegemónicos al momento de difundir noticias.
Pero éste conflicto entre el poder ejecutivo y el poder corporativo, nos ha provisto de un aditamento más que interesante: ya nadie en su sano juicio puede suponer que tales medios actúan desinteresadamente. Obviamente, no estamos en condiciones de discernir quién ha ganado la pulseada si nuestra Presidenta o los “medios dominantes”. En todo caso, el tiempo nos develará quién ha salido airoso de la contienda. El problema finca en que si a futuro descubrimos que los “medios” han de ser los vencedores; no será precisamente la presidenta la derrotada, sino la ciudadanía en su conjunto, si bien es probable que buena parte de ella no se percate de las consecuencias que puede traer aparejada la misma.
Lo que sí es evidente que, si la presidenta no hubiere recibido tamaña agresión mediática su popularidad sería muchísimo mayor de la que cuenta hoy en día y muchas de sus realizaciones serían ponderadas desde una perspectiva más beneficiosa en relación con el desarrollo de nuestro país.
Pero claro, pretender la objetividad mediática es, ni más ni menos, que anhelar un imposible; esto es que los medios no persigan la acumulación de riqueza.
Desde luego, en el sistema en que vivimos no es reprochable pretender acumular riqueza; lo repudiable es hacerlo a expensas de engañar a “la gente” ocultando información, o falseando información para ampliar sus negocios o preservar los que ya se tiene. Y a quedado demostrado que si para ello deben difamar a un gobierno democrático, pues, "bien vale el proceder".
Lo cierto es que en el afán por sembrar el descontento los medios están replanteándose si es suficiente su poder de fuego; no en vano, no se mostraron muy proclives a difundir la marcha del cacerolazo del 13 de noviembre; al fin de cuentas, sus "miedos" se vieron corroborados, pues, la convocatoria no fue para nada relevante y la asistencia se vio escasamente nutrida de gente de los alrededores, en su mayoría de avanzada edad. Difundir la mentada marcha, con el riesgo de quedar asociado a la convocatoria, hubiere debilitado un poco más su declinante imagen.
Por otra parte, si bien es cierto que a los medios hegemónicos les preocupa la concreta posibilidad que el oficialismo obtenga un triunfo en las elecciones del año próximo (la luz de alerta se encendió con el triunfo de Dilma Rousseff , en la república hermana de Brasil quien padeció un proceso similar de agresión mediática), la preocupación está lejos de convertirse en traumática debido a que Cristina Fernández no puede ser reelecta. Por ende, si bien la agresión no ha cesado, hoy en día están más abocados a instalar a solo tres de los eventuales candidatos como posibles presidenciables ignorando de ante mano el resultado de las primarias.
Es lógico que actúen de este modo, después de todo dos de ellos responden directamente a sus intereses (Macri y Massa) y el tercero (Scioli), paradójicamente del Frente para la Victoria (FPV) es alguien que no solo no brinda garantías suficientes para profundizar la política ejecutada por el kirchnerismo, sino que ha mostrado más de una vez estrechos vínculos con los dueños del poder mediático argentino. Así las cosas, el panorama para sus designios no se presenta, en absoluto, amenazador.
Es notable contemplar cómo, a pesar de que el grado de subordinación del conglomerado político opositor ha sido unánime, algunos no han obtenido la aprobación para seguir en carrera. De esta forma observamos cómo, a pesar de la profesión de fe realizada por este “voluntariado servil” al poder mediático, algunos están al borde de ser excluidos. Y esto a raíz de una estrategia que, al momento de ser adoptada, no repara en el exceso de servilismo para premiar a los voluntarios, sino en los intereses de la corporación.
Así por ejemplo, ante la eventualidad de que las primarias modifiquen la situación dentro del oficialismo y surja otro candidato que no sea el gobernador de la provincia de Buenos Aires, la presión mediática procura reducir al máximo la cantidad de aspirantes a la más alta magistratura.
Es una manera “apropiada” de evitar que los votos se dispersen entre los distintos candidatos, eliminando de ese modo (al menos en teoría) la posibilidad de que el oficialismo obtenga un triunfo en primera vuelta. En relación a esto, no resultaría extraño que la principal aliada del grupo Clarín, la diputada Elisa Carrió, haya trabajado fructuosamente en dinamitar la estructura de Frente Amplio Unen (FAUnen) a los efectos de reducir la oferta electoral con vistas al 2015. Obviamente, los “conductores” de FAUnen han dado muestras más que suficientes de su incapacidad política para fortalecerse, quizá por la mediocridad que reina entre los integrantes de su agrupación que, en el afán de satisfacer los reclamos de los medios, fueron capaces de juntar “salames con zapallos” y los resultados están a la vista.
Se podrá argüir que nadie concienzudamente podía esperar algo serio de una agrupación que sumaba a un “desertor oportunista”, con un “peronista renegado” y un “socialista” que confunde el ideario de Marx con el de Adam Smith. Aunque a decir verdad, Binner está más cerca de Von Hayek que del respetable Smith; si bien, observando al candidato, siempre cabe la posibilidad de que no haya leído a ninguno de los tres. Pero lecturas aparte, podríamos decir que FAUnen está más cerca de la “nada” que del “ser”. Obviamente, la disgregación de este grupo nada cambia en términos sustanciales; después de todo repartirán sus simpatías entre el PRO (Macri) y el Frente Renovador (Massa) lo que pone al desnudo que se trata de una expresión más “moderada” de la derecha.
Si bien todavía “resta fluir mucha más agua bajo el puente”, lo cierto es que recién a fines de marzo podremos vislumbrar las distintas posibilidades que se le ofrecerá a la ciudadanía ante las eventuales primarias. Hoy, con diferencias de grados, solo conocemos los candidatos de “la derecha”; y si bien izquierda y derecha son posiciones antropocéntricas (pues, no se está a la izquierda si no se tiene a alguien a la derecha) no deja de preocuparnos la situación futura.
Algunos amigos, me dicen que el gobernador de la provincia de Buenos Aires (sin olvidar que existen otros dentro del oficialismo más afines al "modelo", entre ellos: Taiana, Uribarri, Randazzo, Aníbal Fernández) ha de estar controlado por el partido y será imposible cambiar el rumbo, al menos en materia de ampliación de derechos. Tal vez tengan razón, sin embargo no dejo de recordarles que en 1999 lo mismo decían los “alfonsinistas” de De La Rúa y la historia me exime de comentarios. Puede que sean situaciones incomparables, pero alguna vez alguien dijo que “sabio es quien sabe sacar provecho de las experiencias ajenas”.
Por lo pronto, a la ciudadanía solo cabe esperar la realización de las primarias bajo la esperanza de que, a través de ella,  surja un candidato de convicción firme; capaz de no abandonar la pulseada hasta saber que los medios desistan definitivamente de su inveterada idea de controlar la política para beneficio propio.

miércoles, 29 de octubre de 2014

La idea de Sabsay y la decisión de la Corte






 





Alguna vez alguien dijo que “El Derecho era la voluntad de la clase dominante elevada a la categoría de ley” y, si bien hay otras acepciones del derecho, nadie puede dejar de reconocer que cierto grado de veracidad encierra la definición en cuestión. 
Existen sobrados ejemplos que corroboran que semejante afirmación no es para nada descabellada. Por el contrario, en nuestro país hemos tenido períodos en donde “la voluntad de la clase dominante” era la fuente de inspiración exclusiva para que nuestros legisladores sancionaran todo tipo de leyes. Un breve repaso por la década de los 90 nos permitiría constatar lo que estamos aseverando.
No obstante, y a pesar del transcurso del tiempo, esto que parece ser un mero ejercicio de la memoria, no esta tan distante del futuro próximo en nuestro país. Las recientes repercusiones del foro más representativo del establishment en materia económica, nos referimos al “Coloquio de IDEA” desarrollado en Mar del Plata, ponen de manifiesto la intencionalidad de este sector por retornar a la Argentina de los años noventa.
Nadie desconoce qué IDEA (Instituto para el desarrollo empresarial de la Argentina) es la usina del neoliberalismo en nuestro país; y que, como tal, reivindica todo lo actuado durante el reinado del “libre mercado” instalado por el gobierno de Carlos Menem a finales del siglo XX. Partiendo de esta premisa, no veo porqué la sorpresa que manifestaron algunos periodistas al conocer que en el curso del mentado coloquio, al realizarse una encuesta entre los empresarios que asistieron al mismo, donde se les preguntó si era lícito ofrecer coimas, el 47% de ellos consideró aceptable semejante procedimiento. Es evidente, para que exista “cohecho” deben existir dos partes: quien la acepta y quien la ofrece. Ninguna de ellas está exenta de responsabilidad al momento de consumar el delito; sin embargo, distintos serían los niveles de corrupción si el número de oferentes de dádivas o sobornos no fuese tan significativo.
Lo cierto es que, ha quedado en evidencia que una buena franja de los adherentes a la lógica del libre mercado manifiesta un absoluto desprecio por los valores morales. Eso sí, al momento de efectuar críticas a un gobierno que no se ajusta a sus deseos, en forma inmediata se erigen en paladines de la moral pública.
En línea con esta lógica, y continuando con el publicitado coloquio, el abogado “constitucionalista” (me cuesta llamar de ese modo a alguien que no distingue un gobierno democrático de una dictadura), Daniel Sabsay, no reparó en  diatribas descalificantes hacia la investidura presidencial  y arremetió contra el ministro de Relaciones Exteriores al que calificó de “un ser indigno” por haber llevado adelante el acuerdo con Irán para indagar a los acusados por el atentado a la AMIA.
Es curioso que este personaje mediático opositor se indigne tanto contra Héctor Timerman por la firma de un convenio multilateral y no se le mueva un pelo por las víctimas del bombardeo sistemático al pueblo palestino de parte de un gobierno que no es el mejor ejemplo de dignidad imperante en el mundo. Pero aun así, y dejando de lado los juicios de valor, es significativo observar como estos personajes declaman la moral del prójimo y prescinden de practicar la moral en primera persona.
Como vemos la práctica de la “doble moral” sigue reinando en vastos sectores de los simpatizantes del libre mercado. Al fin de cuentas, la medida para determinar que es “lo bueno” y que es “lo malo” -o lo que es lícito o ilícito- no está dada por los preceptos morales; sino sencillamente por el bolsillo.
Y hablando del “bolsillo” cuesta mucho comprender la relación que la Corte Suprema de Justicia estableció, en su reciente decisión de extender la medida cautelar que hace más de diez años beneficia al periódico “La Nación” sobre un tema impositivo, con la “libertad de prensa”. 
Lo concreto es que el periódico en cuestión mantiene una deuda desde el año 2003 con el fisco y que ronda los 280 millones de pesos; sin embargo, en virtud de una medida cautelar viene postergando su pago por más de una década. Esto tiene su inicio en el año 2001 cuando en pleno desarrollo de la crisis que azotó a la Argentina (y que al parecer algunos han olvidado, aunque como es ostensible el mentado diario no olvida los decretos que se sancionaron en aquella época por más que se hayan derogado en el 2003) el gobierno de aquél entonces sancionó un decreto que permitió tomar los aportes patronales efectuados sobre la nómina salarial como crédito fiscal en el IVA. Para ingresar a dicho beneficio se exigía la preservación de las fuentes laborales (empleos) y el congelamiento del precio de tapa de los diarios y que, al parecer, no fue cumplido en su totalidad.
Si bien algunos medios periodísticos una vez derogado el decreto regularizaron sus deudas, otros como “La Nación” y “Perfil” se cobijaron bajo el amparo judicial. Hecho éste que posibilitó que dichos medios no se hagan cargo de sus obligaciones.
¿Donde habrá quedado el principio constitucional de “igualdad ante la ley”?, es dable preguntarlo. Tal vez Sabsay pueda sugerirnos algo al respecto; pero como “podemos apreciar” la Corte de un “gobierno autoritario” (Sabsay dixit) respalda automáticamente las decisiones políticas. Aun a expensas de ignorar el viejo criterio jurisprudencial de que “las cuestiones políticas no son judiciables”.
Fuera del sarcasmo es un deber señalar que de los cinco jueces que hoy integran la Corte, Zaffaroni se abstuvo de acompañar la decisión y la Dra. Highton de Nolasco votó en contra de la decisión mayoritaria. Y si bien los votos de Lorenzetti y Maqueda eran suficientes para extender la medida cautelar; no deja de ser reprochable la actitud moral del más longevo de los supremos, Carlos Fayt, que por razones de parentesco (es cuñado de uno de los directores del diario) debía cuando menos inhibirse de actuar en esta decisión. Pero, al igual que en el coloquio, las cuestiones morales son prescindentes cuando se trata de aplicarlas por uno mismo.  
Lo cierto es que la Corte consideró que: "se encuentra en riesgo la subsistencia de distintos medios de comunicación nacionales y locales de la República y lo resuelto causa un perjuicio irreparable, que excede el interés individual de las partes y atañe a la comunidad en general, en razón de su aptitud para afectar la libertad de expresión". Sinceramente, la decisión es muy poco convincente, a excepción que se contemple desde una perspectiva más que condescendiente con los medios dominantes. Si esto es así, la definición del Derecho del conocido filósofo alemán del siglo XVIII está lejos de ser un anacronismo.