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martes, 5 de agosto de 2014

El "virtuoso" fallo de Griesa






 

 





Si alguna virtud posee el arbitrario e injustificable fallo del juez del distrito neoyorkino, Thomas Griesa, es el de poner al desnudo el verdadero rostro (léase interés) de una vasta gama de periodistas, economistas y dirigentes políticos locales que se esfuerzan, cotidianamente, en socavar los criterios de soberanía y de defensa de los intereses nacionales.
Paradojalmente, y como contrapartida de lo que estamos manifestando, nos encontramos con qué una significativa franja del periodismo especializado y de economistas de notoria envergadura del propio país del norte, Estados Unidos, cuestionan durísimamente semejante decisión judicial; a tal punto de llegar a calificarla de completamente absurda y desprovista de criterios de racionalidad.
Curioso panorama es el que se presenta: en el país del magistrado sentenciador se alzan voces de reproche frente a una decisión arbitraria; entre tanto, en el país perjudicado por la sentencia (Argentina) se encuentra una interminable fila de “personajes” que, a través de los medios dominantes, se empeñan sistemáticamente en ser “más buitristas que el buitre” y predican el sometimiento a la decisión judicial. Esto es solo comprensible en virtud del odio que profesan ciertos y determinados actores sociales que, en su deseo de ver sucumbir a un gobierno, apuestan al hundimiento de la Argentina; lo que, en definitiva, pone en evidencia su escaso amor por la patria.
De este modo hemos podido observar desde periodistas que redactan una “carta abierta al juez Griesa” (concretamente, Alfredo Leuco) dejando sentado, a través de sus líneas, que la posición del gobierno no representa a los argentinos y disculpándose ante “Dear Mr. Griesa  porque este es un país donde los fallos adversos no se respetan, y a los jueces independientes se los destituye”. Si bien esta flamante adoración por el juez que condena a la gran mayoría de la población argentina a décadas de padecimiento -sentando un precedente nocivo, a lo largo del tiempo, para los países endeudados- no es privativa del mentado “periodista”; no deja de causar indignación y vergüenza el saber que, en “los papeles”, el remitente de la citada carta es un “ciudadano argentino”.
Por suerte, las recientes encuestas contradicen sus afirmaciones, ya que casi el 60% de la ciudadanía apoya la actitud asumida por el gobierno; lo que, a su vez, puede significar dos cosas: o que poca gente lo escuche o que directamente no se identifiquen con lo que sostiene. No obstante, lo más probable y alentador específicamente, es que concurran ambas cosas a la vez.
Otros, quizá un poco menos vergonzantes pero no menos condescendientes, exigen que nuestro gobierno “se ajuste a derecho” lo que implica, lisa y llanamente, que cumpla con la sentencia dictada, sin reparar en las nefastas consecuencias que (aunque conociéndolos, sí han reparado y por eso lo exigen) eso puede desencadenar sobre el presente y futuro de nuestro pueblo. Precisamente, en este proceder se observa otro elemento paradojal, pues, quienes más fervorosamente reclaman que el gobierno argentino actúe conforme “a derecho” son los “periodistas” que trabajan en los grandes corporaciones mediáticas (especialmente, Clarín y Nación). Corporaciones estas que durante años se han caracterizado por soslayar las decisiones de la justicia vernácula y no ya en primera instancia –como es el caso del juez neoyorkino- sino hasta aquellas que han sido dictaminadas por la propia Corte Suprema. Como vemos, la hipocresía es otro de los ingredientes característicos del ejercicio periodístico en estos tiempos; especialmente cuando ese ejercicio se desarrolla a través de los medios dominantes.
Por otro lado, no es fruto de la casualidad que American Task Force Argentina (ATFA), el grupo de tareas que ejerce presión en favor de los fondos buitres, publique sus solicitadas a través de Clarín y la Nación (recordemos aquella conocida frase de la diputada Carrió: “defender a Clarín y La Nación es defender a la Patria misma”) y que estos mismos diarios se esfuercen por presentar una “buena imagen” de los demandantes (buitres) y del juez de Nueva York. Menudo “patriotismo” el que profesan estos medios.  
Lo cierto es qué, reclamar la aplicación de una sentencia que vulnera los más elementales principios de racionalidad es, ni más ni menos, que pretender consagrar una injusticia. Máxime, a sabiendas, que el cumplimiento de la misma trae aparejado el incremento exponencial de una deuda que condenará a un elevado número de generaciones de argentinos al hambre y al empobrecimiento; en contraste con el enriquecimiento de unos pocos que sin el menor de los escrúpulos, y en base a especulaciones financieras, vienen diezmando a vastos sectores de la humanidad.
Lo concreto es que, más allá de aciertos o de errores en materia de procedimientos, la indoblegable postura del gobierno argentino de no ceder ante las exigencias de la inequidad de un sistema financiero internacional, configurado para satisfacer la avidez de los detentadores del poder económico, es una actitud verdaderamente gratificante. No así, el incomprensible accionar de ciertos políticos opositores que, en su afán por perseverar en coincidir con el mensaje de los conglomerados mediáticos, salen a cuestionar la firmeza del gobierno frente al fallo.
Es verdaderamente lamentable contemplar como un espectro muy amplio de dirigentes de la oposición, muchos de ellos futuros aspirantes a la presidencia, se suman a formular críticas y/o a reclamar el dócil sometimiento a la sentencia. Otros, los que no tienen nada que aportar, prefieren resguardarse en el silencio; actitud, por cierto, nada elogiable ya que silenciar voluntariamente la voz ante una injusticia es, ni más ni menos que, convalidar la materialización de la misma.
Afortunadamente  la posición nacional ha sido ampliamente respaldada por los países de la región, por el Mercosur, por la Celac, por las naciones integrantes de los BRICS, por destacados economistas internacionales, por importantes naciones europeas, y hasta por el propio parlamento británico. Sí, sí, leyó bien, británicos. Pese a que algunos sectores de la oposición política local y economistas del establishment intenten desacreditar al gobierno aduciendo de qué trata de “malvinizar” la cuestión de la deuda.
La cuestión es que el apoyo internacional ha sido contundente; hecho éste que despierta mayor asombro cuando en nuestro país, basta encender la televisión (y contemplar cualquier programa político, los de TN por citar un ejemplo) o sintonizar ciertas radios para escuchar voces que contradicen ese relevante apoyo.
Como se podrá apreciar, ser argentino es algo más que portar una simple ciudadanía. No obstante, y al parecer, una buena franja de quienes se dicen argentinos todavía no se han dado cuenta de ello.

martes, 29 de julio de 2014

Las víctimas de Gaza, y el recuerdo de Gramsci






 







Asombra observar como la terrible matanza de civiles en la Franja de Gaza no despierta el repudio generalizado de la humanidad en su conjunto. Cuán lejos estamos de aquella sentencia vertida por Terencio: “Nada de lo humano me es ajeno”.
Es lamentable contemplar como las voces más representativas de Occidente (excepto, un sector minoritario) se han resguardado en las “cuevas del silencio” legitimando, de esa manera, la matanza indiscriminada de palestinos. Seguramente, cuando el bombardeo cese, y una multitud de cadáveres de niños, de mujeres y de ancianos cubran esa estrecha franja de tierra, saldrán de su interior para inducirnos a reflexionar sobre las bondades de la paz. Claro como de costumbre “la paz de los cementerios”, esa que llega una vez que esta todo arrasado, donde ya ni las espigas encuentran espacio para florecer.
Pero puesto que los líderes de las potencias occidentales nada realizan para detener la masacre; pues, donde están “los medios de comunicación” de Occidente, esos adalides de la libertad. ¿Donde se encuentra esa presunta herramienta “al servicio de la humanidad” para poner freno a los absolutismos?, ese instrumento capaz de efectuar “denuncias universales” cuando se trata, supuestamente, de no reconocer derechos de los opositores en Cuba o Venezuela, o en los denominados ahora países populistas; pero que rara vez se ocupa de las muertes provocadas irresponsablemente en Medio Oriente, Irak, Afganistán o en algún rincón de África.
Tal vez la inhumación de la concepción humanista en el Viejo Continente, haya contribuido a  que en otras regiones, surgiesen “líderes” como Netanyahu qué, desprovisto del más mínimo espíritu de humanidad, conduce a su pueblo –maliciosamente, por cierto-  a una guerra eterna que solo tendrá fin con el exterminio del más débil.
Curiosa paradoja de la historia, una comunidad que otrora dio al mundo grandes humanistas: Spinoza, Buber, From, Arendt, Einstein, Chomsky -por solo citar algunos-; que fue objeto de persecución y exterminio a lo largo de los siglos hoy se ha convertido en verdugo de una porción de la humanidad: los habitantes de Gaza.
Y no vamos a tomar por serio el pueril argumento del gobierno israelí, ese que aduce que su respuesta militar es consecuencia de una “legítima defensa”. ¿Acaso es legítimo bombardear a un territorio que carece de ejército y que, por lo tanto, no posee medios para defenderse? ¿Que no posee aviones, ni helicópteros, no ya para conflictos bélicos, ni siquiera para custodiar sus fronteras? Donde el poder de fuego de Hamas es -por suerte- extremadamente insignificante para ocasionar daños irreparables al estado hebreo; máxime teniendo en cuenta que, como contrapartida, Israel goza de uno de los ejércitos más poderosos del planeta. Las cifras son más que elocuentes: 1230 palestinos muertos, más de 7.000 heridos  y 215.000 desplazados; contra 45 soldados israelíes muertos y 7 civiles.
Es curioso que cada vez que se quiere llegar a un entendimiento y no por voluntad del gobierno de Netanyahu, surja inesperadamente un hecho que “justifique” la confrontación. Desandando todo el camino transitado en dirección a la Paz.
“La paz es el estado normal de las naciones” supo decir a principios del siglo XX un destacado presidente de nuestro país; claro que en los tiempos que corren podemos observar como algunos apuestan por el “estado de anormalidad”. Incluso, un jefe de estado que ha obtenido –otra de las tantas paradojas- el Premio Nobel de la Paz.
Como vemos, uno no puede guardar silencio ante estos hechos que impredecibles consecuencias traerán para el futuro de la humanidad.
Hace ya largo tiempo, en uno de los maravillosos artículos a los que nos tiene acostumbrado nuestro querido Osvaldo Bayer, resaltaba la actitud de aquel gran intelectual italiano, Antonio Gramsci, cuando en plena juventud hacía oír su voz sobre el sufrimiento armenio. Publicando el contenido del mismo, de la siguiente manera:         
A continuación, en forma íntegra, el artículo juvenil de Gramsci sobre la cuestión armenia, publicado en El Grito del Pueblo, el 11 de marzo de 1916:
“Es siempre la misma historia. Para que un hecho nos interese, nos toque, es necesario que se torne parte de nuestra vida interior, es necesario que no se origine lejos de nosotros, que sea de personas que conocemos, de personas que pertenezcan al círculo de nuestro espacio humano.
“En Padre Goriot, Balzac hace formular a Rastignac la siguiente pregunta: ‘Si cada vez que comiese una naranja, muriera un chino, ¿desistiría usted de comer naranjas?’. Y Rastignac responde más o menos lo siguiente: ‘Las naranjas están cerca de mí, yo las conozco, los chinos están tan distantes que no sé si realmente existen’.
“Tal vez nunca llegaremos a dar la respuesta cínica de Rastignac. Entre tanto, cuando vimos que los turcos masacraban a millones de armenios, ¿sentimos el mismo dolor agudo que experimentamos cuando somos testigos del sufrimiento y la agonía, o cuando los alemanes invadieron Bélgica? Es una gran injusticia no ser reconocido. Eso significa quedar aislado, cerrarse en el propio dolor, sin posibilidad de contar con el apoyo de afuera o de la comparación. Para una nación significa la desintegración lenta, la anulación progresiva de los lazos internacionales. Significa ser abandonado, quedar indefenso frente a los que no tienen razón, pero sí tienen espada  y dicen cumplir un deber religioso a través de la destrucción del infiel. Así, en sus momentos más dramáticos, Armenia solamente recibió unas pocas expresiones verbales de conmiseración y de repudio a sus ejecutores.
Es interesante destacar que después del padecimiento armenio, solo transcurrieron dos décadas, para que se produjese el trágico Holocausto del pueblo judío.
Por cierto, el artículo en cuestión era mucho más extenso y, finalmente, Don Osvaldo terminó diciendo:
                  Hasta allí Gramsci. Siempre un adelantado. Siempre con los que sufren. Los argentinos, en los organismos internacionales, debemos luchar para que Turquía reconozca su genocidio en todos sus detalles. Nosotros, que en nuestro territorio ocurrió el nefasto método de la “desaparición de personas”, uno de los peores crímenes masivos de la historia de la humanidad, la llamada “muerte argentina”, tenemos ese deber de conciencia.
Cuánta razón Don Osvaldo, el mismo deber de conciencia que hoy nos exige reclamar por la paz y por los derechos del pueblo palestino.

sábado, 26 de julio de 2014

Hermenegildo y sus mensajes caricaturescos


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Más allá de la polémica desatada por la caricatura publicada ayer en el diario “Clarín” y diseñada por el octogenario dibujante Hermenegildo Sabat; es dable reconocer que la misma, no desentona con la línea editorial que profesa el panfletario periódico.
Nadie ignora la condición de “gorila autóctono” que don Hermenegildo ha sabido desarrollar a lo largo de sus expresiones caricaturescas en la mentada publicación; ni tampoco desconocemos que uno de los atributos distintivos de esta especie de “primates políticos” (“el gorila local”) es su predisposición  alergética a todo aquello que resalte o defienda el interés nacional.
De ahí que caricaturas como las que observamos, ponen de relieve la concepción política que encierran esas “inocentes” figuras. Así, bajo el título Al ritmo de la justicia de EEUU,  el célebre dibujante Sabat, en sintonía con los artículos del diario en cuestión, realza la gigantesca figura del americano juez Griesa contrastándola con la “insignificante” figura de Cristina Fernández de Kirchner. Claro que sería una puerilidad suponer que la crítica del dibujante se dirige indefectiblemente a la persona de “Cristina”; por el contrario, la fisonomía trazada no desconoce que se trata de la Presidenta de la República y, por ende, de quien representa al Estado Nacional y a la totalidad de los argentinos.
De ahí que hacer bailar –metafóricamente- a nuestra presidenta alrededor del “gigante” Griesa es, por más que algunos lo minimicen, una forma de desvalorizar nuestra visión de estado soberano y aceptar de antemano que no podemos más que someternos al ritmo y a la voluntad que nos impongan los colosos del norte.
Claro que por suerte, la realidad es muy distinta; puesto que ni Cristina es tan dócil, ni la Argentina es un Estado pigmeo que se deja avasallar por los gigantes. Obviamente, la determinación de la presidente nos mantiene erguidos y dispuestos a defender lo nuestro; y no como en otros tiempos, en donde “lo digno” era permanecer de rodillas. Claro que los cultores del “arrodillamiento” añoran aquellas épocas, a tal punto que varios de ellos se han anotado en la carrera presidencial para retrotraernos al pasado.
Desde luego, cuentan con un equipo de “periodistas independientes” que se encargan de defenestrar el presente para facilitar la operación retorno; sin embargo, aun así no pueden arrogarse la certeza de que lograran su propósito. Lo que los lleva a promocionar y festejar cualquier intento desestabilizador sea que ocurra en el terreno político u económico, ya que lo importante, para ellos, no es la nación (y cuando apelamos a éste término no estamos refiriendo al mismo tiempo al de “pueblo”); sino sus mezquinos intereses que hoy coinciden con los de “los buitres”.
Pero volviendo a la caricatura, se podrá argüir que don Hermenegildo solo se limitó a desplegar sus atributos y delinear esa representación gráfica para deleite de los “adoradores” del Estado Colonial; que por cierto, y para desgracia, abundan en nuestras pampas.
Sin embargo, lo mínimo que se le puede requerir a alguien que se nacionalizó argentino (no olvidemos que don Sabat, nació en Montevideo) es que, cuando menos, respete la investidura presidencial del país que le concedió la ciudadanía. Es cierto que trabaja para un periódico que pugna insistentemente por quebrar la vocación soberana de nuestra nación; y que además, procura manipular las noticias para anestesiar la capacidad de reflexión de buena parte de sus seguidores; pero más allá de ganarse el sustento -cosa que por otra parte, don Hermenegildo no tiene necesidad- hay límites que no se pueden trasponer. Ya con anterioridad -y en relación con el conflicto con “el campo” año 2008-se encargó de dibujar a nuestra presidenta golpeada en uno de sus ojos y con la boca cruzada. Hoy don Hermenegildo vuelve sobre sus pasos, el talento al servicio de la vocación colonial. Es innegable reconocer que existen pocos “gorilas talentosos”; lástima que, en este caso, el talento siempre este a contrapelo de nuestro interés nacional.