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jueves, 21 de junio de 2012

Moyano y el sindrome del poder


 









Resulta difícil comprender la situación política argentina; solo si se la analiza bajo la influencia de lo que podríamos denominar el síndrome del poder podría ser parcialmente comprensible. Lo que acontece, hoy día, con la postura adoptada por el titular del Gremio de Camioneros, Hugo Moyano, es una muestra más de lo que estamos afirmando.
En un mundo donde lo que se visualiza es la instrumentación de políticas neoliberales y la variable de ajuste es, esencialmente, el salario; es por demás ininteligible observar como, en nuestro país, uno de los sectores mejor remunerados de la economía, decide realizar un paro en aras de reclamar un aumento mayor al ofrecido oportunamente. Si bien, ahora acordada la mejora, se mantiene de todos modos la  medida en reclamo a la supresión del impuesto a las ganancias.
Nadie, que siga con detenimiento las vicisitudes del proceso político argentino, ignora que “el conflicto salarial" es, en los hechos, el velo que cubre la encarnizada embestida de Moyano contra el gobierno nacional.
El problema tuvo su origen en la denominada “causa de los medicamentos” que salpicó al hombre de camioneros y arrojo como resultado la detención de algún sindicalista histórico por manejos fraudulentos, luego continuó con el pedido de informes de la justicia suiza que a través de un exhorto intento indagar sobre la persona y el patrimonio del líder sindical; y finalmente, con los roces surgidos como consecuencia de la imposibilidad de colocar más hombres de su confianza (ver nota del 16/12/2011) en las listas de candidatos a legisladores nacionales.
Posteriormente la acusación de Moyano -con ciertas aristas de verosimilitud-, haciendo referencia a que algunos miembros del gobierno intentaban desplazarlo de la Secretaría General de la CGT, fue enrareciendo el clima hasta llegar a la actual situación; donde el líder de camioneros, en su irrefrenable propósito de pretender acumular poder, se pone en sintonía con la tenebrosa lógica de las corporaciones. Esto es: intentar condicionar al gobierno en ejercicio de sus funciones para preservar sus intereses.
Alarma observar como alguien que tiene aspiraciones políticas (no olvidemos que Moyano dejo entrever sus deseos presidenciales y anunció la formación de un nuevo partido político) actúa tan irresponsablemente.
Cuesta entender -y más allá de los errores del gobierno para tender puentes en su debido tiempo- que quien fuera uno de los pocos dirigentes gremiales que se opuso al modelo neoliberal, ahora se abrace con quienes hasta no hace mucho han sido sus más enfáticos detractores y que gozan en su haber todo un historial al servicio de las políticas de ajuste.
Pero mucho más incomprensible es que se empeñe en desatar una crisis para perjudicar a un gobierno, que guste o no, ha sido el que más beneficios le aportó a la clase trabajadora durante las últimas cuatro décadas.
Cuando un dirigente de cualquier índole hace prevalecer sus intereses por encima de los intereses del país; en ese preciso momento ha dejado de ser dirigente para convertirse en un espurio representante sectorial o individual.
Es dable reparar que las acciones no se miden simplemente por la audacia o por el valor que puedan simbolizar; sino por las consecuencias que han de producir sobre el conjunto de la población que constituye la esencia de un país. No basta reclamar un mejor salario para mejorar el bolsillo de los representados; sino se tiene en cuenta el contexto nacional e internacional en que se transita. De ahí que quien desconoce estos aspectos no tiene fibra de dirigente; tampoco la prepotencia es un rasgo digno de elogio.
No es cuestión de jactarse como lo hizo uno de sus hijos: “Nosotros no vamos a acatar las resoluciones del Ministerio de Trabajo”; cuanta similitud con el proceder de otra corporación que se niega a adaptarse a las disposiciones de la ley en materia de medios.
No es esa una actitud muy democrática a decir verdad; sin embargo, el gobierno no esta exento de errores al respecto. No debería haberse llegado a esta instancia; por acción o por omisión algunos fogonearon las divergencias.
Lo decíamos en el artículo del año pasado cuando vislumbrábamos el rumbo de una posible confrontación, y la imperiosa necesidad de atemperar las aguas:
“Por eso debemos ser muy prudentes en nuestro accionar y en nuestras opiniones y no prestarnos a satisfacer a quienes, con extremado deleite, saborearían un recrudecimiento de las posiciones, especulando con una virtual ruptura a futuro entre la CGT y el gobierno.
No es casualidad que los más enconados opositores al gobierno ahora se encuentren “respaldando” con sus declaraciones, en la mayoría de los medios privados de radio y televisión, la figura de Moyano”.
Hoy las aguas están por demás agitadas, será preciso aplacarlas. Pero evidentemente es muy complicado hacerlo, máxime si observamos que la respuesta de Moyano, al enterarse en un estudio de televisión (TN) que el gobierno recurriría a la justicia para evitar el bloqueo forzado que están ejecutando los adjuntos a su gremio, fue automática: haremos un paro general. Al parecer, ni necesito consultarlo con sus bases; tal vez  lo haya hecho con los voceros del grupo Clarín que, en ese instante, eran los encargados de entrevistarlo; y dicho sea de paso es notorio observar como se ha convertido en el invitado habitual en todas las emisoras del Grupo. Si hasta podríamos afirmar que; lejos de representar fielmente a los trabajadores, ésta mucho más próximo a coincidir con quienes intentan -al igual que el multimedio y los notorios "dirigentes" del agro- destituír al gobierno; sino, como explicar su triste frase "parece que estaríamos en una dictadura militar".
La historia universal esta plagada de ejemplos donde la irracionalidad de unos pocos hace retroceder los logros alcanzados por una comunidad luego de muchos años de esfuerzo y sacrificio. Hoy nos encontramos ante un caso de estas características; ojalá la disputa se vaya desinflando hasta tornarse inexistente. Sería, extremadamente, lamentable que por la sola avidez de poder, el hasta hoy, secretario general de los trabajadores termine formando parte de otra página negra de nuestra historia.

lunes, 4 de junio de 2012

El dólar y los trastornos colectivos



                                                            
  





Se dice que la Argentina tiene uno de los índices más altos de graduados en psicología con relación a su densidad demográfica. Sin embargo, y a pesar de ello, nuestro comportamiento colectivo lejos de carecer de trastornos psíquicos, presenta un número significativo de los mismos que podríamos calificar de típicamente argentinos. Claro que estas “patologías autóctonas” no son identificadas plenamente por “la conciencia social”; lo que nos lleva a la reiteración de conductas signadas por la aparición de ideas y sentimientos discordantes. El problema se agudiza merced a que el “catalizador electrónico” (entiéndase televisión) se encarga de brindar sistemáticamente la dosis diaria a “los teledirigidos” para estimular los comportamientos contradictorios.
Lo que acontece hoy día con el dólar en nuestro país es una de las tantas muestras de los mencionados trastornos. Por un lado, anhelamos gozar de una economía sana que se mantenga dentro de los carriles del crecimiento y, de esa manera, seguir sorteando los perniciosos efectos que la crisis internacional despliega sobre cada una de las naciones. Pero por el otro, actuamos de manera desaconsejable para garantizar esas premisas, dejándonos influenciar por las corporaciones mediáticas -voceros e integrantes del poder económico- que aspiran a debilitar al gobierno para, de ese modo, reinstalar en la Argentina un modelo económico que les procuró ingentes beneficios; mientras el conjunto mayoritario de la población se vio reducido a la desesperación y a la lucha por la subsistencia.
Sería verdaderamente interesante estudiar a fondo (si bien existen trabajos al respecto) hasta que punto los medios de comunicación masiva -para el caso, concretamente la TV- logran anular la capacidad de análisis de los televidentes. Obviamente, para ello se acude a un conjunto de técnicas que, entre otras cosas, suprimen intencionadamente aportar datos que induzcan a la reflexión, o bien se proporciona información sesgada a los efectos de imposibilitar el razonamiento o, en su defecto, para arribar a conclusiones erróneas, se prescinde del cotejo y comparación de situaciones similares para evitar que el televidente opte por el camino discursivo (por ej. no se informa fehacientemente de lo que acontece en Europa y, mucho menos, de las medidas que desencadenaron la crisis europea), se oculta la historia en forma deliberada para que el espectador no saque provecho de experiencias anteriores, se miente descaradamente a sabiendas que la mayoría de los televidentes no se tomará el trabajo de corroborar la información, etc.,etc. Esta última postura es más que ostensible en los canales de televisión privada en nuestro país.
Otro de los inescrupulosos recursos a los que se solía (y aun se suele) apelar para preservar el orden conservador  ha sido la creación de “periodistas estrellas” con sus adláteres habituales los “economistas estrellas”. Un logro no poco significativo, si tenemos en cuenta que sus expresiones son escuchadas, por una franja importante de la población, más por su carácter de luminaria de la TV que por la solidez de sus argumentaciones. Por el contrario, en más de una ocasión han pronunciado argumentos tan banales y desprovistos de conocimiento que, parafraseando a Schopenhauer, podríamos decir que “Algunos periodistas son como las luciérnagas, necesitan de la oscuridad para brillar”. 
Un párrafo aparte se requiere para hablar de los denominados “economistas estrellas” que desarrollaron el rol de vedette durante los años noventa.
Se trata del staff de economistas del establishment que suelen visitar reiteradamente los canales privados de la TV con el deliberado propósito de pronosticar siempre “un nefasto futuro económico”, mientras no se apliquen las salvadoras medidas neoliberales que ellos propugnan.
Lo cierto es que se trata de “los hombres de amianto”, pues, han prendido fuego la estructura económica argentina en la década de los 90 (algunos de ellos funcionarios del gobierno menemista) con sus frecuentes elogios al, por entonces, modelo reinante; han desacertado desde el 2003 en cada una de sus estruendosas profecías, y sin embargo, siguen profetizando como si la certeza los acompañase inexorablemente como su sombra. 
Claro que uno no sabe si estos tecnócratas (Broda, Melconian, Prat Gay, Redrado, etc.) se equivocan recurrentemente de “buena fe”, por ignorancia o premeditadamente lo hacen a instancias de engañar a la población para confundir a la ciudadanía y obstaculizar el normal desempeño del gobierno nacional. Lo que sí podemos aseverar es que su accionar no se centra en defender los intereses de la mayoría de la población; sino el de un círculo muy reducido de integrantes del sector agro-financiero-mediático para quienes trabajan. Sinceramente, es una verdadera pesadilla tener que soportarlos a diario, merced a que los medios de comunicación hegemónicos se encargan de sobredimensionar sus pronósticos, cual si fuesen la verdad revelada.
Ahora se encargan de vaticinar la llegada de un dólar alto en nuestro país, generando un clima enrarecido para perturbar a nuestra población y orientarla hacia la compra de la moneda estadounidense. Por otro lado, y a expensas de ignorar lo que acontece en el mundo, se esmeran por sugerir “políticas de contención del gasto” (no utilizan la palabra “ajuste” porque está muy desgastada en el ámbito local) con el propósito de frenar el desarrollo del mercado interno. Lo cierto es que, pese a lo que pronostican estos gurúes de la decadencia, en Argentina rige un tipo de cambio denominado de flotación administrada; que sufre modificaciones graduales conforme a la política económica establecida por el Banco Central.
Últimamente, para evitar la salida de divisas de nuestro país el gobierno nacional ha adoptado una serie de medidas, de carácter precautorio, tendientes a restringir las vías de escape de la deteriorada, pero aun deseada moneda. Medidas éstas saludables ya que apuntan a preservar el nivel de divisas que nuestro país requiere y evitar la remisión indiscriminada de la moneda extranjera, sea por parte de las sucursales de las multinacionales con destino a sus casas matrices; o bien, por parte de aquellos que procuran orientar la salida de capitales rumbo a paraísos fiscales.
Ahora bien, una vez establecidas estas restricciones, algunos sectores comenzaron a presionar para impulsar la suba del dólar y, de ese modo, generar una transferencia de recursos en beneficio de los sectores vinculados al comercio exterior y a expensas de provocar una pérdida del poder adquisitivo de los asalariados. Esto redundaría en una suba exagerada de los precios internos provocando una compresión del consumo local y con ello un desaceleramiento de la economía. Lo que traería aparejado, a  su vez, el descontento de la población despojando, de esa manera, al gobierno del único sostén en que se afirma para profundizar un modelo de equidad e inclusión social.
Variante más, variante menos, son los mismos grupos que produjeron a mediados de los ochenta la desestabilización del gobierno del ex presidente Raúl Alfonsín, los mismos que aplaudieron el reinado de Menem a posteriori, los mismos que fogonearon los propósitos de destituir al gobierno en la llamada “crisis con el campo”. Los mismos que se empeñan en ocultar la historia para poder volver a repetirla. 

lunes, 21 de mayo de 2012

Neutralidad y Status Quo



            










En los últimos días, en las pantallas de televisión se ha dado una suerte de discusión en torno a la denominada “neutralidad” que algunos representantes del mundo actoral o periodístico suelen adoptar en la disputa que se viene llevando a cabo entre el gobierno nacional y la más grande corporación mediática (Clarín) del país. Obviamente, quienes aducen no poseer simpatías ni por un bando, ni por el otro; manifiestan, con cierta jactancia, adoptar una posición “imparcial” respecto de la disputa. Asignándole a esa postura equidistante un valor en sí mismo como si se tratase de una expresión de mesura, ajena a la generación de disputas antagónicas, y portadora de un supuesto equilibrio que, al estar despojado de consideraciones ideológicas, permitiría apreciar la realidad en su justa dimensión. 
“Yo lo puedo decir porque no estoy con uno, ni con el otro”, es la premisa mayor a la cual recurren los autodenominados neutrales. Como si bastáse carecer de simpatías o vínculo alguno (sea éste económico, axiológico, político, de parentesco, laboral, etc.) para arrogarse la calidad de arbitro imparcial en una disputa entre distintas partes.
En el terreno jurídico, no existen dudas que la imparcialidad de los jueces es condición necesaria para intervenir en un litigio; pero es dable destacar que, en un conflicto legal el juez interviniente se aboca a un estudio minucioso de los hechos acaecidos, intenta desenmarañar el móvil que determino la conducta de los involucrados, indaga sobre las distintos elementos probatorios que se presentan en la causa, presta oídos a las distintas partes en pugna y luego de verificar y contrastar los hechos con las disposiciones legales vigentes emite la sentencia respectiva.
No es este, precisamente, el proceder de los denominados “jueces de opinión” que vierten lo que “piensan” sobre un conflicto sin reparar en los orígenes de la disputa, los intereses en pugna, la legitimidad para actuar; o como en esta ocasión, si existe (o no) abuso de posición dominante, si se utiliza la cadena de medios para manipular o distorsionar el contenido de la información, etc., etc. Es decir, emiten un parecer sin ahondar en las circunstancias del caso; como si el individuo estuviera facultado para captar, a simple vista, la realidad de manera directa e inmediata.
Ya los antiguos pensadores griegos quinientos siglos antes de Cristo establecían una persistente distinción entre el camino de la verdad y el camino de la creencia u opinión. Pues, éste último no requiere de esfuerzo cognitivo alguno, ni si quiera exige conocer las causas que configuran el entramado de un conflicto; solo se transita vertiendo opiniones ligeras que -con escaso o nulo fundamento reflexivo- podemos exteriorizar desde una visión simplificada de la realidad.
Por supuesto, no faltan aquellos que suponen, que si a una mera opinión le añadimos el calificativo de “neutral” es como si se cerrase el círculo de “la veracidad”. Sin embargo, contrariamente a lo que se cree, nada más lejos de ella.
Tal vez en algo tenía razón Oscar Wilde cuando afirmaba: “Solo se puede dar una opinión imparcial respecto de las cosas que no nos interesan. Por eso las opiniones imparciales carecen de valor”.
Es preciso reconocer que, la neutralidad absoluta solo existe en el terreno de las abstracciones; ni aun aquellos que decidieron transitar “el camino de la verdad” están exentos de incurrir en apreciaciones subjetivas. Nuestra experiencia de vida, nuestra formación, nuestros valores o disvalores, nuestras creencias, nuestra cultura y hasta nuestro lenguaje, inciden en la manera de ver las cosas. Es decir, exigir absoluta objetividad a un Sujeto, es como exigirle un mínimo de reflexión a un Objeto. De ahí que jamás podríamos ser absolutamente neutrales u objetivos; solo quienes carecen de historia podrían asumir esa condición. Y, sin lugar a dudas, los humanos somos sujetos históricos.
A propósito de historia veamos, suscintamente, como se origina la disputa Gobierno vs Clarín. Esta confrontación tuvo lugar a partir de que el gobierno adoptara medidas que atentaban contra el nivel de ingresos del multimedios; que abusando de su posición dominante monopolizaba -y en cierto modo, aun lo sigue haciendo- el mercado de la información política y deportiva.
Tal era el dominio absoluto que este grupo económico poseía sobre la información -y por ende, sobre “los informados”- que los gobiernos, que le precedieron a Néstor kirchner, una vez que accedían al poder político se sentaban con los directivos de la empresa (Clarín) a negociar no solo la millonaria pauta publicitaria oficial; sino a consensuar que beneficios habrían de otorgarle para que el multimedio no comenzará desde sus emisoras de TV, radios y periódicos a "difamar" al gobierno de turno y debilitarlo en el ejercicio de sus funciones. Esto posibilitó que el "Grupo" en cuestión creciera vertiginosamente con el correr de los años y la capacidad de desarrollo se vio promovida por su "poder (des)informativo". Concretamente, al monopolizar la información condicionaban la manera “de ver las cosas” por parte de la opinión pública generando -y esto más allá de los aciertos o ineptitudes de los respectivos gobiernos-, segun se acordase, una posición a favor  o contraria a los gobernantes de turno si éstos accedían, o no, a satisfacer su voracidad mercantil. Nadie desconoce aquel viejo enunciado de hierro: "Ningún gobierno resiste tres tapas adversas de Clarín".
Así el Grupo fue creciendo sistemáticamente con el correr de los años, hasta llegar a constituirse en un imperio mediático con inversiones en diferentes áreas de la estructura económica. 
Con la llegada de Néstor Kirchner al poder tuvieron una primera etapa de ausencia de conflictos; más, posteriormente, con la decisión gubernamental (durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner) de sancionar una nueva “ley de medios” de contenido esencialmente democrático y de establecer la programación masiva y gratuita de “Fútbol para todos” comenzaron las acérrimas disputas. Y era lógico preverlo, esta última decisión le arrancó al multimedio un multimillonario negocio que condenaba a los mas pobres a no poder ver los partidos de fútbol en directo sino estaban asociados a una señal de cable (Cablevisión) que requería el pago de un abono mensual, más un plus por cada partido que se decodificaba. Posteriormente, otra justa decisión del gobierno exasperó aún más los ánimos del Grupo Clarín; concretamente la de investigar "las irregularidades" bajo las cuales se hizo la venta de Papel Prensa durante la dictadura militar.
Claro que, en esa oportunidad no estuvo solo en la denominada "apropiación" de la empresa; por el contrario, fue acompañado por otros significativos socios del mundo comunicacional. Entre ellos los representantes de un centenario periódico argentino “La Nación”, que históricamente ha sido el vocero más enfático del establishment agro-financiero de nuestro país.
Lo cierto es que, en el marco de éste contexto donde la Corporación Mediática monopolizaba la información y ejercía el control del pensamiento ciudadano a través de “la opinión publicada”, condicionando de esa manera a los distintos gobernantes; se dio esta disputa merced a que un gobierno democrático osó, por primera vez en décadas, recortarle el poder a quienes se arrogaban, hasta hace muy poco, de ser “los dueños del país”.
Y aquí viene la pregunta de rigor: ¿Se puede ser “neutral” conociendo estas circunstancias? ¿Acaso la supuesta “neutralidad” no implica una toma de posición por el estado de cosas dado?
Ante una confrontación de estas características donde una Corporación privada se arroga la facultad de desobedecer a un gobierno, de intentar dañarlo recurrentemente con información falsa o distorsionada, de atribuirse estar por encima de los poderes preestablecidos en nuestra Constitución: ¿Se puede ser neutral? Creo, y más allá de la buena fe que puede motivar a quienes deciden no comprometerse en la disputa, el asumir una posición de “neutralidad” equivale a estar a favor del poder corporativo; lo que en última instancia, es estar a favor de la desnaturalización de la democracia.
Por otra parte, si ante una injusticia somos neutrales, nos guste o no, estamos reafirmando la inequidad. Si ante quienes quieren retrotraer la situación del país al momento en que el Poder Mediático manejaba a piacere  los destinos de la nación, manteniendo cautiva a la población con su monopolio informativo, nosotros optamos por permanecer ajenos a la cuestión: ¿Podemos considerarnos auténticamente neutrales?
Evidentemente no. La neutralidad en este caso sería estar a favor del Status Quo; o peor aun, estar del lado de quienes se sienten los dueños del país. Por ende, en esta ocasión no hay lugar para "la neutralidad".       

domingo, 13 de mayo de 2012

Slogan vs Intelligenza





 






"Gli uomini giudicano generalmente piu ad occhio che per l'intelligenza. Tutti possono vedere, ma pochi capiscono quello que vedono". (1)  Maquiavelo

Evidentemente la certera expresión, del destacado pensador italiano, carece de limitaciones temporales; por el contrario, es aplicable a todos los tiempos. Por otra parte, si los sentidos (en este caso específico, el visual) no condicionaran nuestra manera de ver las cosas y la "percepción de la realidad" fuese exclusivamente racional, seríamos cualquier cosa menos humanos. Alguno podrá decir que, en ese supuesto, seríamos: seres superiores. Tal vez, aunque el maestro Francisco de Goya nos advirtió, oportunamente, en una de sus memorables obras sobre las consecuencias indeseables del predominio absoluto de la razón(2).
Ahora bien, no solo los sentidos suelen ser un condicionante para la captación de la realidad tal cual es; sino que también existen los denominados condicionamientos (prejuicios) culturales. Es ilustrativo aquel ejemplo que indagaba respecto del "color de la cebra". Y donde un habitante de determinada región del continente africano sostenía que la cebra era un animal negro de rayas blancas; y un oriundo de nuestro continente afirmaba lo contrario, es decir, un animal blanco de rayas negras.
Lo cierto es que más allá de las disputa estéril en torno a la cuestión del "color de la cebra"; los prejuicios culturales son un verdadero obstáculo para la comprensión de la realidad mundana. 
Claro que, en no pocas ocasiones, muchos de estos prejuicios son creados artificialmente con el deliberado propósito de influir directamente sobre "el modo de pensar" de las personas. Uno de los mecanismos más recurrentes en nuestra era para lograr instalar "prejuicios culturales" en forma masiva, ha sido la utilización de los eslóganes (del inglés slogan).
El slogan o lema (sea éste publicitario o político) no es una expresión neutra a los oídos o a los ojos de las personas; si así fuere no tendría razón de ser su utilización. Sin embargo, contrariamente a lo que se cree, al ser una expresión repetitiva de una idea, termina siendo internalizada -muchas veces inconscientemente- por aquellos que olvidan someter el mensaje al filtro de la inteligencia. Ya que el propósito del slogan (al menos en términos políticos) es "revelarnos una verdad".   
Y la verdad, siempre que es revelada; no requiere del esfuerzo de buscarla, de la exigencia de hallarla. Pues, al fin de cuentas para que hacerlo, si alguien me la esta señalando. El problema radica en que quien la señale puede estar equivocado; o peor aun, no siempre obre de buena fe. Y, en consecuencia, estemos referenciando una "verdad" que no es tal.
Una clara muestra del proceder de mala fe la encontramos en la actitud asumida por los grandes corporaciones mediáticas que no reparan en distorsionar la información u ocultar la realidad a los efectos de preservar el orden económico establecido y, dentro de éste, sus mezquinos intereses. En cierto aspecto, los títulos de las notas de los grandes diarios, hoy en día, se asemejan mucho a los lemas publicitarios cuyo único propósito consiste en lograr determinados efectos sobre la representación de la realidad que puedan hacerse sus respectivos lectores.
Durante los últimos tiempos los grandes fabricantes de sloganes políticos han sido los neoliberales  quienes obtuvieron, mediante el empleo de los mismos, excelentes resultados en lo que a la instalación de prejuicios culturales se refiere.
Basta recordar algunos de sus tradicionales productos: "Achicar el Estado es agrandar la Nación", "Romper con el FMI es condenarnos a quedar fuera del mundo", "El Estado es sinónimo de ineficiencia", etc.,etc. Lo cierto es que cada una de estos lemas encerraba una gran mentira que, al ser repetida incesantemente, terminó haciendo creer a la ciudadanía que detrás de esas expresiones había un componente de veracidad.
Hoy en día su producción es mucho más limitada no solo porque padecen de una menor "capacidad creativa" resultante de la mediocridad de sus dirigentes; sino porque la inteligencia ciudadana contrastó aquellas expresiones con la experiencia vivida y, de ese modo, confirmó las falacias que encerraban cada una de ellas. No obstante, es dable reconocerles su (interesada, por cierto) perseverancia; ya que aun insisten en la reiteración de expresiones falaces.
Basta escuchar a uno de sus referentes, Mauricio Macri, anunciando que "Estamos aislados del mundo" o que "Hemos instalado la inseguridad jurídica en nuestro país" y, por ende, "no vendrán capitales externos a invertir a la Argentina". Y desde luego,  mucho menos después de haber impulsado, el gobierno nacional, la expropiación de YPF.
Al respecto es dable tener en cuenta ésta última falacia. Pues, durante muchos años se nos mencionó que la llegada de inversores extranjeros promovería el desarrollo económico del país. Lo cierto es que no fue así, y con esto no estamos negando la importancia de que lleguen inversiones extranjeras a nuestra nación. Lo malo es que arribaron al país sin restricciones de ninguna naturaleza y ya sabemos que cuando al capital no se lo regula, ni se lo limita en su accionar, sus efectos terminan siendo devastadores. Al igual de lo que acontece con la Naturaleza, terminaron devastando la economía de nuestro país. Recordemos algunas de las empresas en manos del sector privado extranjero y a donde nos condujeron: Aguas Argentinas, Repsol, Aerolíneas Argentinas, por citar solo algunas.
Por otro lado, y más allá de la simplicidad embaucadora de determinadas frases o lemas,  hay que destacar que una visión fragmentada de la realidad termina ocultando la realidad misma.  Ya que confundir la parte con el todo nos conduce inexorablemente a realizar interpretaciones erróneas. Bien lo señalaba el magnánimo Hegel cuando sostenía que "La verdad está en la totalidad".
Un caso extremadamente ilustrativo de lo que estamos manifestando es la nota publicada por Alfredo Zaiat titulada "Inversiones Extranjeras" del día 12/05/2012 en Pagina 12. Allí se publica un informe de la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) donde se muestra que la inversion extranjera directa (IED) en la región, durante el año 2011, se incrementó en un 30% con relación al año anterior. Ese 30% representa la cifra de 153.448 millones de dólares para la zona en cuestión, de los cuales solo 7.243 millones recalaron en nuestro pais.
Como bien lo señala el concienzudo periodista la cifra puede resultar irrelevante a los ojos de un simple observador y, por ello, los periódicos tradicionales se forzaron por resaltarla. Ahora bien, si se analiza a su vez otros documentos cepalinos referidos a la inversión extranjera se podrá apreciar que las mismas se enderezaron a la extracción y procesamiento de recursos naturales lo que no redundo en mayores beneficios para las economías que recibieron la tan mentada inversión. Es decir que, no fueron de mucha utilidad para desarrollar sectores estratégicos, modernizar la estructura productiva, aportar mayor conocimiento o expandir y mejorar la calidad del empleo.
En cambio, si fueron de utilidad las ganancias obtenidas por esos inversores extranjeros para sus casas matrices; ya que repatriaron utilidades por sumas cada vez más crecientes. Las estadísticas de la región hablan por si solas: de 20.000 millones que repatriaron en el año 2003, pasaron a 93.000 millones en el 2008.
Como vemos, el flujo de capitales externos puede ser bueno si ingresa en justa medida y bajo ciertas normas regulatorias que lo conminen a reinvertir en el país; de lo contrario, puede ocasionar serias perturbaciones a futuro en lo que a disponibilidad de divisas se refiere. Y ya sabemos que la carencia de divisas, para cualquier economía nacional, genera una serie de trastornos sobre la estructura económica que redundan perniciosamente sobre el conjunto de la población. Si a esto le añadimos que la inversión extranjera directa a la que la Cepal hace referencia se caracterizó por:  el escaso aporte realizado, hasta el momento, en innovación y transformación tecnológica; sería bueno pensar que el criterio de "seguridad jurídica" no debe sustentarse solo atendiendo las necesidades de "los inversores". Por el contrario,  debe tener como referencia ineludible el crecimiento de nuestra economía y el bienestar general de los argentinos. De ahi que debemos precavernos de las intenciones ocultas de los fabricantes de slogan; ya que la única "seguridad jurídica" que debemos ponderar es aquella que garantiza la felicidad y el desarrollo de nuestro pueblo.



(1) En general los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia. Pues, todos pueden ver pero pocos comprender lo que ven.
(2) El sueño de la razón produce monstruos.

domingo, 22 de abril de 2012

Latinoamerica: Argentina y los Kirchner






  







Quienes habitamos el suelo latinoamericano, estamos asistiendo a circunstancias históricas excepcionales que, sin lugar a dudas, se verán en el futuro como el punto de partida del desarrollo integral de una región que, cronológicamente, no solo ofrece en tiempo real la posibilidad de mejorar la calidad de vida de sus habitantes; sino que nos permite imaginar el porvenir deseado para América Latina en su conjunto.
No es el caso de detenernos en las transformaciones que, durante estos últimos tiempos, se vienen produciendo en  el terreno social, económico, tecnológico y cultural en países como Brasil, Ecuador, Venezuela, Bolivia, Uruguay y, hasta la mismísima, Colombia. Transformaciones que, en algunos casos, pueden parecer imperceptibles para aquellos observadores ingenuos; pero no lo será para quienes desde el futuro procuren visualizar el origen de los cambios operados en la región. 
Obviamente, la Argentina no esta a la zaga de este proceso de reconstrucción y desarrollo regional; por el contrario, a dado muestras más que suficientes de ser uno de los principales protagonistas en el escenario político latinoamericano. No es fruto de la casualidad, que haya sido uno de los países de mayor crecimiento económico en estos últimos años; y es menester destacar, que muchas de las medidas adoptadas en ese terreno, y que fueron las que posibilitaron semejante recuperación, contradijeron rotundamente lo sugerido por “los manuales de economía” elaborados a partir de finales de los 80 y elevados a la categoría de Best Seller durante la década del noventa.
Lo cierto es que, el paradigma neoliberal que hoy es un  referente ineludible en muchos de los países integrantes de la Comunidad Económica Europea se ha tornado, para los argentinos –y en buena hora, para toda latinoamérica-, en la antítesis del estado deseado: el estado de bienestar.
La resurrección del Estado, otrora apuñalado por los fanáticos del libre mercado, posibilitó la recuperación paulatina de las herramientas necesarias para promover el proceso de desarrollo económico.
Claro que esta tarea no estuvo exenta de dificultades; por el contrario, lenta y metódicamente el gobierno tuvo que ir sorteando innumerables obstáculos que, bajo el amparo de los poderes preestablecidos, condicionaban la viabilidad de sus decisiones. Parafraseando a Ortega y Gasset podríamos decir que “El  gobierno es uno y su circunstancia”.
No obstante lo encomiable, en estos tiempos, es que surgidas las circunstancias favorables, el gobierno actuó conforme a las necesidades del país y al interés mayoritario de su población.
Existen dos destacados ejemplos –por elegir solo esa cifra- que demuestran a las claras lo que estamos manifestando: uno en el origen mismo de la llegada al poder por parte de Néstor Kirchner;  y el otro, acaecido recientemente durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner.
El primero de ellos es tan lejano que, seguramente, muchos de nosotros ya no lo recordábamos, si no fuere por la exposición que el célebre y ponderado periodista Horacio Verbitsky  desarrolló en Il Palazzo della Ragione de Padua en el curso de ésta semana en Italia.
En un tramo de su exposición explicó como se fue desarrollando el proceso político hasta llegar a la actual situación en materia de derechos humanos y, paralelamente, comentó la entrevista realizada, el mes pasado, por un semanario español al ex dictador Jorge R. Videla, donde éste sostuvo que el fracaso del ex senador Duhalde en las últimas elecciones lo determinaron a hablar ya que con ello se borró su ilusión de un nuevo acuerdo de impunidad. Al respecto Verbitsky decía: 

 La suma de estos hechos hizo concebible la anulación de las leyes de impunidad, cosa que el CELS pidió a la justicia cuando se aproximaba el aniversario 25 del golpe de 1976. Tres semanas antes de esa fecha, las leyes de punto final y obediencia debida fueron declaradas inconstitucionales y nulas y se pudieron reabrir los procesos cerrados en 1987. Esas decisiones fueron ratificadas por decenas de jueces y de cámaras de apelaciones en todo el país. Hasta los militares acusados sintieron alivio: preferían un juicio en el país, cerca de sus familiares y de la red de complicidades que los rodeaban antes que un encuentro con jueces y cárceles de España. En los casi cinco años transcurridos desde los arrestos de Videla y Massera hasta las elecciones presidenciales de 2003, por lo menos 115 represores fueron imputados ante la justicia, 19 fueron procesados por distintos tribunales y ocho condenados en primera instancia. Este avance logrado por los organismos defensores de los derechos humanos inquietó a sectores políticos y sociales. El senador Eduardo Duhalde, quien durante esos meses ocupó en forma interina el Poder Ejecutivo, indultó al coronel Mohamed Seineldín y al guerrillero Enrique Gorriarán Merlo, ambos condenados a prisión perpetua, uno por el último alzamiento en el que murieron varios militares, y el otro por el ataque al cuartel militar de La Tablada, donde además de militares y civiles muertos hubo una vez más detenidos-desaparecidos. Estos indultos debían preceder a un fallo de la Corte Suprema, revocando aquellos de primera instancia y de cámara que habían permitido la reapertura de los juicios. El obispo castrense en persona visitó a los jueces de la Corte Suprema para urgirles esa decisión. La denuncia pública de los organismos defensores de los derechos humanos consiguió demorar una vez más su firma. Ante la insistencia de Duhalde con el proyecto de olvido, el presidente electo Néstor Kirchner le pidió que le dejara manejar a él la cuestión. Pero en cuanto asumió tomó como propias las tres banderas de Memoria, Verdad y Justicia sostenidas por los organismos defensores de los derechos humanos. En pocos días demostró que hablaba en serio. Pasó a retiro a la cúpula militar, que intentaba volver a condicionar al sistema político, instó el juicio político a la mayoría automática de la Corte Suprema y, más adelante, desconoció al obispo castrense que justificaba la represión. También promovió la nulidad legislativa de las leyes de punto final y obediencia debida y pidió al Congreso la ratificación del tratado internacional que declara imprescriptibles los crímenes contra la humanidad. En marzo de 2004 ordenó descolgar los retratos de los ex dictadores Videla y Benito Bignone de la galería del Colegio Militar donde se homenajea a sus ex directores. (ver nota completa en Pagina 12: 22/4/2012)
Lo concreto es que, en aquél entonces, si Kirchner hubiera intentado acordar con Duhalde la política de derechos humanos en la Argentina, nuestro país no sería un ejemplo de justicia en el plano internacional; ni el Poder Judicial local hubiere recuperado la credibilidad de la que hoy goza ante la ciudadanía. Pero claro, Kirchner era un político de talla, había llegado al poder para "no dejar sus ideales en la puerta de la Casa Rosada". 
En otro terreno, pero atendiendo a la importancia de adoptar medidas en tiempo oportuno; porque de lo contrario, sería frustrar una decisión por proceder inoportunamente, podemos ubicar la decisión presidencial de recuperar YPF como empresa mayoritariamente estatal.
No son pocos los que critican al gobierno por no haber adoptado una medida semejante con anterioridad o por dejar que Repsol incumpliera con los contratos suscriptos. 
Cualquier lector, medianamente informado, debe coincidir en que intentar adoptar una decisión semejante, con una mayoría parlamentaria visceralmente opositora a la gestión de gobierno, como lo fue el denominado  “Grupo A” (antikirchnerista), era condenar al fracaso tan significativa medida; y peor aun, con la imposibilidad de reintentarla, al menos en lo inmediato.
Solo como consecuencia del resultado obtenido en la reelección de la Presidenta Cristina Fernández, y ya con una nueva composición en ambas Cámaras, se podía impulsar un proyecto de estas características con la garantía de verse coronado por el éxito. 
Tampoco se hubiese podido tomar medidas sancionatorias contra Repsol por cada incumplimiento contractual o deficiencia operativa; el Estado procedió -de modo pertinente- en la forma que tenía que actuar.Suficiente con las advertencias que se hicieron en su oportunidad y que Repsol decidió ignorarlas desautorizando los requerimientos gubernamentales.  Lo cierto es que, Argentina ha adoptado una decisión trascendental para su futuro desarrollo.
Es válido resaltarlo: Adoptar una medida a destiempo, puede ser mas pernicioso que no adoptarla; por ello siempre resulta relevante tener en cuenta los tiempos políticos. Ya que como es dable inferir, las decisiones políticas deben ser tomadas en el momento justo, y ese momento no se materializa con el mero transcurrir del tiempo; sino que requiere, a su vez, de un proceso de maduración que va a estar dado en la medida que se superen determinados condicionamientos externos e internos, e inclusive determinadas circunstancias azarosas que escapan, en ocasiones, a la voluntad de quien decide.
En política los condicionamientos son muchos, algunos de ellos imperceptibles para el observador común; de ahí la significativa importancia que tiene contar con gobernantes que no solo defiendan los intereses populares. Sino que, además, gocen del criterio suficiente como para obtener logros a pesar de las dificultades y obstáculos reinantes.
No quepan dudas que Néstor y Cristina Kirchner representaron y representan esa categoría de gobernantes. Del mismo modo que la representan hoy, buena parte de los presidentes latinoamericanos.
¡¡Que notoria diferencia respecto de aquellos gobernantes de la década del noventa!!
Por suerte en América del Sur, podríamos decir como Neruda: “Nosotros los de entonces, ya no somos los mismos”.