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viernes, 28 de agosto de 2015

Macri, Cavallo, la oposición, el fraude y las enseñanzas de la historia




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Lord Byrón gustaba decir que “el mejor profeta del futuro es el pasado” y cuánta razón le asistían a esos dichos. Sin embargo, aunque no lo parezca, existen muchísimas personas que, en la actualidad, desisten conocer el pasado  como si éste no proporcionase utilidad alguna. “El pasado ya fue” se acostumbra a decir, y como tal, forma parte de la historia. Y la historia, según algunos, no resulta demasiado relevante, ni, al parecer, brinda ningún provecho. Claro que “pensar” de esa manera –si bien es una afirmación que tiene sus raíces en lo impensado- es la actitud natural de quienes gustan transitar los caminos de la incomprensión.
Como solía enseñar un filósofo danés:  “La vida tiene que ser comprendida retrospectivamente. En cambio, hay que vivir hacia adelante. Una ley que cuanto más se medite más confirma que la vida nunca puede comprenderse del todo en la temporalidad”. He ahí lo significativo de la historia, pues, nos ayuda a comprender la vida de las sociedades y en cierta forma, como bien lo advierte el poeta inglés, a profetizar el futuro.
Por ejemplo, observemos algunos pequeños detalles del pretérito. Pues, podemos recordar que hace escasos dos años el ministro de Educación porteño presento su proyecto de eliminar la materia Historia Argentina de 5° año del secundario y hacer optativa Historia Latinoamericana en 4°.  Sin duda, semejante propuesta no ha sido fruto de una decisión al azar; por el contrario, si la materia en cuestión no fuese un verdadero estímulo para facilitar la comprensión de la realidad presente, pues el ministro de Macri no hubiera tenido intenciones de suprimirla.
Actitud semejante podemos apreciar en estos días, donde se han alzado algunas voces que, al calor de la llegada de un nuevo mandatario, sugieren dejar atrás el pasado y reclaman una falaz  “reconciliación” entre las víctimas de violaciones a los derechos humanos y los autores de tamañas atrocidades.
Una de las “prestigiosas” instituciones educativas que pugna por esa supuesta “reconciliación”, en la que curiosamente los victimarios no se arrepienten de sus aberrantes vejaciones, es nada menos que la Universidad Católica Argentina (UCA). Que como bien lo expresa Eduardo de la Serna “es, ni más ni menos que, el claustro universitario del Pro” (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-279975-2015-08-23.html, nota de Verbitsky). Más allá de que bajo la fachada reconciliatoria, la idea central consista en aventar el temor de que los procesos por violaciones a los derechos humanos no se circunscriban exclusivamente a los militares involucrados y, por el contrario, se extiendan a los promotores civiles. Lo cierto es que no han sido pocas las veces que desde ese claustro universitario se ha levantado la bandera de la “reconciliación”; eso sí, atendiendo reiteradamente a la opinión de una sola de las partes que, vaya paradoja, nunca se corresponde con el pensar de las víctimas. Como vemos, procederes de esta índole son fáciles de encontrar si se indaga mínimamente en el pasado.
También resulta sencillo descubrir cuál es la ideología dominante en  sus tradicionales y difundidos seminarios económicos. Pues, al parecer, los disertantes más asiduos a las aulas de la UCA  suelen ser los más acérrimos representantes del pensamiento neoliberal. De ahí que los informes que se elaboran -a través de su Observatorio de Deuda Social- o las conclusiones a las que arriban sus encuentros académicos, terminen ineludiblemente cuestionando la política económica desarrollada en esta última década.  
Pero lo bueno de conocer la historia es que desenmascara el rostro oculto de quienes lo encubren para que no lo identifiquen con el pasado. Por ejemplo: ¿Puede alguien ignorar  lo que sostenían los economistas del Pro (entre ellos: Melconian, Sturzenegger, Espert, Broda por citar solo unos pocos) durante el período dictatorial, la fiesta menemista y el gobierno de Fernando de la Rúa? Sin olvidar que muchos de ellos se desempeñaron perniciosamente como funcionarios de alguno de los gobiernos mencionados. Pues, lo cierto es que han demostrado ser  excelentes discípulos de Don José Alfredo Martínez de Hoz y de Domingo Felipe Cavallo, dos de los ministros más devotos a esa mítica y perversa abstracción conocida como “El Mercado”.  Claro que cuando hablamos del “mercado” en concreto, la cuestión se torna por demás visible, ya que en los hechos no solo se materializa reduciendo a la mínima expresión la capacidad del Estado para intervenir en la vida económica; sino que es un excelente constructor de la desigualdad, el desempleo, el empobrecimiento generalizado, la pérdida de soberanía, la desatención social, la marginalidad y la concentración de la riqueza en manos de unos pocos.
Nuestro país tiene sobrados ejemplos de lo que significó la entronización del Mercado y solo quienes ignoren la historia reciente pueden dejarse embaucar por los predicadores de lo abstracto. No obstante, tan poca entidad le atribuimos a la historia que actualmente el nefasto personaje que condujo al país al borde del abismo económico y social, me refiero a Domingo Cavallo, acaba de manifestar, muy suelto de cuerpo, que “estamos peor que el 2001 y que nuestra economía esta desquiciada”. También ha manifestado que “el mejor equipo económico lo posee Mauricio Macri”, lo que revela a las claras cual ha de ser la política económica que impulsará el líder del Pro.
Hay un detalle que es más que evidente, uno de sus fieles discípulos, Federico Sturzenegger –que hoy pulula por las cámaras de los grandes medios hablando de economía- fue el encargado de acordar (junto a Cavallo)el tristemente célebre “Megacanje” operación que le costó al país más de 50 mil millones de dólares. Precisamente, a raíz de su “eficaz” intervención, en este pernicioso acuerdo, se lo procesó en nuestra querida “Justicia”, esa que se define independiente y que, con el correr del tiempo, posibilitó la prescripción de la causa. Permitiendo con ello no solo eludir la responsabilidad que, eventualmente, podía corresponderle a este personaje por el mal desempeño de su función; sino que, además, tengamos que padecer la probabilidad de que vuelva a convertirse en funcionario nacional. Y digo nacional, porque el gobierno de la ciudad lo habilitó tempranamente para ejercer funciones (en el Banco Ciudad) a pesar de esos penosos antecedentes.
Ahora bien, yo me pregunto: ¿Un gobierno que incorpora en sus propias filas a un funcionario que durante su gestión le ocasionó un daño irreparable a la economía del país, es capaz de defender seriamente los intereses de la nación? Excepto que usted crea en los “reyes magos” estimado lector, la respuesta se cae de madura.
Sin embargo, es patético observarlos, hoy se muestran como “el cambio” y hablan como si recién aparecieran en la vida política, dispuestos a captar la atención de quienes desconocen su pasado. Es evidente que si la mayoría de los argentinos conocieran la historia de estos “señores” no solo no podrían mostrarse a través de los medios -incluso en los medios para los que ellos trabajan; es decir, los pertenecientes a los grupos dominantes- sino que tampoco podrían  brindar conferencia alguna ya que serían objeto de repudio en el lugar donde se encuentren. Lamentablemente, y para desgracia de nuestro país, la historia real se ha ocultado siempre y en ello han jugado un papel preponderante los medios hegemónicos de comunicación. Los mismos medios que hoy desarrollan la campaña sucia y, al mismo tiempo, protegen minuciosamente la figura del jefe de gobierno porteño.
Sin duda, si nos remontásemos más atrás podríamos encontrar cientos de similitudes que podríamos asociar con la actualidad. Desde como los medios promovieron el derrocamiento de Yrigoyen con la complicidad de la Corte Suprema de Justicia; hasta las similitudes que existen entre las críticas a la actual presidencia con las desarrolladas al primer gobierno del Gral. Perón. También podríamos observar como la entonces Unión Democrática era un conjunto de políticos opositores (liderados por el embajador estadounidense) cuyo propósito solapado era transformar al país en una semicolonia. Sí, sí, como se acostumbra a señalar en las proyecciones cinematográficas: “cualquier semejanza con la actualidad es mera coincidencia”.  
Claro que los opositores de hoy son absolutamente “republicanos”, tan republicanos que no soportan perder en los comicios. Pues cuando pierden es porque “existe fraude”. Se diferencian de los republicanos (conservadores) del siglo XX que reivindicaban el fraude como método y hasta se dieron el lujo de pronunciar en el Congreso de la provincia de Buenos Aires la conocida frase: “Bendito sea el fraude”. Frase que no hubieren dejado de utilizar los “republicanos de hoy” de haber tenido eco sus falaces denuncias. Un fraude como el que denuncian en Tucumán con 14 puntos de diferencia es en los hechos difícil de creer. Pero al parecer seguirán agitando el “fantasma del fraude” no solo porque carecen de propuestas -y con algo hay que tapar esa ausencia- sino porque están dispuestos a acompañar toda tentativa deslegitimadora de los gobiernos surgidos por el voto popular.
Y otra vez volvemos a la historia, en las décadas de los 60 y 70 en el mapa sudamericano podíamos observar como los derrocamientos de los gobiernos populares estaban a la orden del día y bendecidos por el Consenso de Washington. El mecanismo utilizado fue “el golpe de estado” y por su intermedio fueron desapareciendo los gobiernos populares. Con la llegada de los 80 y el fin de la “guerra fría”, las democracias fueron ganando su espacio y la política de preservación de los derechos humanos fue tomada como bandera por los países centrales. Claro que este cambio de actitud, internacionalmente hablando, respondió directamente a ciertas necesidades geopolíticas de las naciones dominantes que por otro lado, consiguieron imponer durante esa etapa el pensamiento único (el neoliberal).
Obviamente esto posibilitó que en el ámbito internacional fuesen vistos con cierto rechazo los gobiernos no democráticos instalados en Asia y, muy principalmente en Medio Oriente, lo que en cierto modo brindaba “el pretexto” (o el consenso) necesario para las “expediciones punitivas” que perseguían otra clase de intereses que nada tenían que ver con el fomento de la democracia real . Pues ahora, resulta curioso contemplar el surgimiento de estas “promovidas marchas” tendientes a deslegitimar los denominados gobiernos “populistas”.
Pues lo hemos visto en Ecuador, Brasil, Venezuela, Argentina, y muy probablemente, en cualquier otro país donde las políticas diseñadas contrasten con el neoliberalismo. Esperemos, y como es de desear, que no sigan expandiéndose, aunque si ello ocurre es de esperar que las grandes mayorías nacionales se movilicen para garantizar la auténtica democracia.
Como es dable apreciar siempre es saludable recurrir a la historia; al fin de cuenta los acontecimientos históricos siempre son de mucha utilidad para mejorar nuestra visión de la realidad.

jueves, 13 de agosto de 2015

El nerviosismo de algunos y la especulación de otros.



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Finalizadas las primarias abiertas y obligatorias (PASO) es notorio observar el grado de nerviosismo que se ha adueñado de los “conspicuos portavoces mediáticos”. La alteración nerviosa bajo la que se encuentran estos “lamentables personajes” –entre otros: Lanata, Longobardi, Nelson Castro, Bonelli, Majul, Morales Solá, y los Leuco; por solo citar a unos pocos integrantes del “periodismo independiente”-defensores a ultranza de los intereses de las grandes corporaciones- obedece directamente al frustrante resultado obtenido por su principal candidato: Mauricio Macri. Es que al parecer, estos  verborrágicos comunicadores solo han tenido oídos para aquellos electores que comulgan con los supremos mandamientos del neoliberalismo ignorando las voces de apoyo a las políticas gubernamentales que, a lo largo de estos últimos doce años, se han ejecutado en la Argentina. De allí su enorme frustración.
Asi observamos que “la gente”, a la que tanto alude la anfitriona de los suculentos almuerzos, brindó un significativo respaldo, a través de los votos, (¡¡Vaya paradoja!!) a los representantes de lo que ella califica como “dictadura”. Seguramente la señora, Mirta Legrand, estará sollozando de angustia merced al resultado de las elecciones primarias, quizá porque todo hace suponer que de ser fiel a su promesa deberá, luego de los comicios de octubre, cruzar el Río de La Plata y establecer su domicilio real en la República Oriental del Uruguay.
Resulta cuando menos curioso el contraste. Cuando en la Argentina la supresión de derechos, la conculcación de las libertades individuales y la desaparición de personas eran moneda corriente en nuestro país, la promotora de los mencionados almuerzos se hallaba fervorosamente a gusto con lo que a su juicio -aunque dudo que lo tenga- era sencillamente un gobierno “de facto”.
 Claro que, con el advenimiento de la democracia, la mentada anfitriona se encargó de descalificar al entonces presidente, Raúl Alfonsín, de haberla proscripto debido a que el canal oficial (en aquel momento ATC) se atrevió a no contratarla para continuar con sus exuberantes reuniones gastronómicas.  La historia de la Sra. Legrand revela su falta de afecto a determinados gobiernos democráticos y su enorme ignorancia en materia de conocimiento político –si bien no es lo único que desconoce- lo que la lleva a verter una serie de disparates en cada una de sus apariciones televisivas; pero eso sí, se expresa con la seguridad propia de los que vociferan desde la perspectiva del no saber.  No obstante, lo concreto es que, a una persona que está a punto de cumplir un centenar de años, no podemos exigirle que se exprese con criterio; máxime considerando que ese no ha sido jamás uno de sus atributos.
Pero no fue  la “célebre” señora la gran perdedora de estas elecciones. A decir verdad, el gran derrotado fue ni más ni menos que “el Gran Fabulador”. Nos referimos a Jorge Lanata que a escasos días de los comicios realizó un espectácular montaje para mancillar la figura de Aníbal Fernández e inducir al electorado bonaerense a votar contra el candidato en cuestión. Los guarismos finales del escrutinio, ponen de manifiesto la escasa credibilidad de la que goza el mentado “periodista” en la ciudadanía bonaerense. Logro por demás significativo si tenemos en cuenta que previamente a la llegada de los Kirchner al gobierno, eran precisamente los medios quienes “programaban y diseñaban” la manera de ver la realidad en vastas franjas de la ciudadanía.
Queda claro que el poder manipulador, ejercido por los autodenominados “periodistas independientes”, ha mermado sustancialmente y los hechos así lo demuestran. Si bien no todo lo deseable, ya que todavía poseen un alto poder de incidencia sobre aquellos incautos que creen a rajatabla todo lo que dicen. Sin embargo, no deja de ser edificante observar el grado de nerviosismo que manifiestan por estos días; pues, basta escuchar a Lanata en su programa radial para contemplar como los nervios lo condujeron a agredir a sus propios oyentes. Pues  una vez conocido el resultado de las elecciones, no reparó en decirle a sus radioescuchas que “no sirven para una mierda” y que “todos los que escuchan su programa jamás hicieron algo políticamente hablando por el país”. Obviamente, el sayo también le corresponde a los políticos de la oposición que no solo escuchan su programa y se prestan a ser entrevistados; sino que además repiten las falacias que semejante comunicador se encarga de propalar.
Otro “independiente” afectado de nerviosismo ha sido Marcelo Longobardi, quien intentando limar diferencias entre el PRO y los partidarios de Masa entrevistó a Felipe Sola, y viendo que el candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires por el Frente Renovador no suscribía esa tentativa, pues, optó por dar por finalizada la entrevista.   El propio Longobardi, entonces, les recriminó a los políticos opositores su ineptitud para oponerse al actual gobierno, aduciendo además que” Jorge Lanata hizo mucho más que toda la oposición junta”.
La pregunta que un observador  neutral debería hacerse ante estos reproches es: ¿Si la oposición es  “tan inepta” como ellos manifiestan, porqué entonces pretenden que alguno de ellos llegue a la presidencia?
La respuesta es muy simple, porque una vez instalado cualquier opositor en el sillón de Rivadavia los que toman las riendas del poder estatal son los dueños de las corporaciones. Es decir, los mismos que les pagan a “los periodistas independientes” suculentas sumas de dinero por defender, a través de los medios, sus espúreos intereses.
Como vemos la hipocresía mediática no es un detalle menor, de ahí que el principal candidato que apoya este conglomerado de farsantes es nada menos que Mauricio Macri. El mismo que hoy aparece en los grandes medios expresando su preocupación ón por “los más vulnerables” , mientras que durante su gestión, como jefe de gobierno de la ciudad, se encargaba de enviarles a los muchachos de la UCEP (Unidad de Control de Espacios Públicos) para que “palos mediante” desocuparan los espacios públicos.
El mismo Mauricio que reivindica en su plenitud la “libertad de mercado”, la misma que rigió dominantemente en los años 90 y que posibilitó la construcción de un elevadísimo número de barrios privados que se instalaron sobre los humedales evitando, de ese modo, el normal escurrimiento de las aguas desbordadas por los ríos con las nefastas consecuencias que esto trajo aparejado  para los habitantes de la periferia. La misma libertad de mercado que no solo prioriza esos desarrollos inmobiliarios sin reparar, como es visible, en las consecuencias futuras; sino que da rienda suelta a quienes en aras de proteger sus cultivos construyen canales clandestinos (sin el correspondiente permiso y control estatal) que terminan facilitando la concentración de agua en determinadas regiones.
Por eso indigna observar como el portavoz oficial de la supresión del Estado, ahora viene a dar consejos de cómo evitar los desbordes hídricos, ocultando no solo cuáles fueron las causas internas que determinaron y multiplicaron  la tragedia de las inundaciones; sino cual ha sido la concepción política (obviamente neoliberal, que él mismo pregona) que dio lugar a que eso suceda.

 Como vemos, en tiempos electorales la hipocresía es un arma a la que suelen apelar los inescrupulosos; pero el problema no son ellos, sino los incautos que caen bajo sus cantos de sirena.   

sábado, 23 de mayo de 2015

La sinceridad mediática y la campaña electoral






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Cada vez resulta más difícil concebir la posibilidad de que en nuestro país se desarrolle una campaña política sobre el terreno de la sinceridad. Es que en el ámbito de lo político, el protagonismo mediático es de tal magnitud que condiciona, inexorablemente, el desenlace de la contienda electoral.   
Obviamente, no somos tan ingenuos para suponer que la sinceridad es un atributo inherente al sistema capitalista. No, en absoluto; pues, si así fuere muchas de las iniquidades que se perpetúan en el mundo se hubiesen desvanecido. Pero aun así es dable sostener que, en otros tiempos -tal vez en sus orígenes-, era mucho más perceptible la ausencia de sinceridad que hoy en día.
En los tiempos que corren, el principal bastión con el que cuenta este sistema para “contrarrestar” sus crisis y ocultar las arbitrariedades  -estamos hablando del capitalismo moderno- es sin lugar a dudas los medios de comunicación.
Por cierto, nos hemos referido infinidad de veces a la manera en que los medios de “información” nos muestran cómo “realidad” una distorsión recurrente de “lo real”.
Pues, detrás de esa realidad construida mediáticamente se oculta el verdadero propósito de esa construcción que no es otro que resguardar e incrementar el poder de los sectores dominantes.
No por azar la concentración económica se ha desarrollado, históricamente hablando, de manera simultánea con la concentración mediática. Sin acudir a tiempos muy lejanos, es suficiente observar nuestra propia historia para visualizar como el proceso concentrador avanzó paralelamente. Por un lado, los fuertes vínculos que supo establecer la prensa hegemónica con la dictadura (recordemos, entre otros, el caso de papel prensa) y, posteriormente, su proceso de expansión ininterrumpida, acaparando espacios en el ámbito radial y televisivo, durante el gobierno “privatizador” de Carlos Menem. Entre tanto, en esos mismos períodos, se puso en marcha el mayor proceso de concentración económica sufrido en la Argentina bajo la tutela  de José Alfredo Martínez de Hoz y de Domingo Felipe Cavallo.
Ya en fechas más recientes, y como consecuencia del debate que tuvo lugar en los momentos previos a la sanción de “la ley de medios”, quedó al descubierto el poder de concentración que en materia de comunicación  tienen ciertos grupos privilegiados -principalmente “Clarín”- y su notable injerencia en distintas áreas institucionales (en especial en el ámbito del poder judicial y en una amplia franja de legisladores de la oposición) que, en teoría, no debieran estar a su alcance. Pero como bien sabemos la teoría corresponde al plano de lo hipotético y de las probabilidades; en cambio, la práctica corresponde al plano de lo real y concreto.
Lo cierto es qué, si bien la ley de medios resultó un avance significativo en términos comunicacionales, ha quedado demostrado que no es la panacea para evitar que estos grupos continúen distorsionando la realidad en función de su propósitos; y mucho menos cuando cuentan con la suficiente influencia para obtener del poder judicial dictámenes que obstaculicen no solo la plena vigencia de la mencionada ley, sino todo aquello que a su juicio (léase intereses) resulte inconveniente.
No es fruto de la casualidad que diarios como “Clarín” y “La Nación” realicen la defensa a ultranza de determinados miembros del poder judicial como acontece con el “supremo” Dr. Fayt (quien, generalmente, en sus fallos adopta posiciones contrarias a los reclamos del gobierno kirchnerista) o como aconteció con otros funcionarios judiciales entre otros: Bonadío, Campagnoli, Marijuan, por solo citar algunos que siguen la misma línea. Y en cambio, se encarguen de denostar a aquellos que no garanticen la perpetuidad de su “señorío”, como suelen hacerlo con la Procuradora General de la Nación o con algunos otros jueces y fiscales que desarrollan sus funciones con absoluta responsabilidad.   
Es evidente que bajo “el emblema republicano” y la supuesta “independencia del poder judicial” que aducen defender se ocultan sus verdaderas intenciones que no son otras que debilitar a aquellos gobiernos que no les son afines y, por el contrario, instalar en la casa de gobierno a aquellos gobernantes que se subordinen a sus requerimientos.
Es, precisamente, esta última cuestión la que en el curso de la semana dio lugar a la difusión de una noticia que, bajo el intento de descalificar a uno de los candidatos del Frente para la Victoria (FPV), se multiplicó en los medios hegemónicos con el claro propósito de mancillar la figura de Florencio Randazzo. Quien en su exposición frente al auditorio de Carta Abierta   (https://www.youtube.com/watch?v=3rNQZrRC-W0#action=share, en los tramos finales de este discurso podrá encontrarse la “polémica frase”) explica cómo y cuando decide ser candidato a la presidencia y que al ver la imposibilidad de ser reelecta la presidente, Cristina Fernández de Kirchner, decide hacerlo porque “el proyecto se quedaba manco”.
Dicha expresión, y quien se tome el trabajo de observar el discurso podrá percibirlo, se encuentra dentro de un contexto que solo quien proceda de mala fe puede atribuir a una actitud burlona de parte del ministro del interior. Sin embargo, los medios se ocuparon de resaltar la frase que descolgada del relato expuesto, terminó siendo la noticia mediática.
La exposición de Randazzo tiene algunos detalles interesantes, como cuando revela una conversación con Macri donde éste último explica haber actuado de determinada forma por pedido de “Clarín”, lo que pone de manifiesto cual es la “independencia” que declaman estos sectores. O cuando explica los “negocios” que se hacían a través del sistema ferroviario, pero lógico eso no suele ser relevante para estos “informadores”; pues el propósito de estos grandes multimedios no será nunca informar.  
Un párrafo aparte merece “la actuación” de Karina Rabolini en el programa de Fantino, donde simula una “suerte de llanto” por las expresiones de Randazzo. Actitud que contrasta con la asumida en otro programa televisivo donde supo mostrar una contagiosa sonrisa ante una agresiva frase de la diputada Carrió que dijo literalmente que “la diferencia entre Cristina y Scioli es que a éste le falta un brazo”. Al parecer algunas personas pueden pasar de la risa al llanto incluso en circunstancias no tan agraviantes; se ve que solo es cuestión de proponérselo.
Demás está decir que los medios ni se inmutaron ante las expresiones de “lilita” que no solo tenían un destinatario directo sino una carga peyorativa muy fuerte. Pero por sobre todo, vale resaltar “la inconfundible coherencia” de la diputada devenida macrista al momento de emitir  sus “tradicionales” -y dejando de lado sus falsas denuncias- juicios erróneos; pues, equiparar a Scioli con Cristina revela su estado de inimputabilidad.
Como vemos la sinceridad no es, ni ha sido, un valor de referencia para los grandes medios de información, pero en épocas electorales esa ausencia de referencia se agudiza todavía más. Si por otra parte, hasta en los programas de entretenimiento (que obviamente, son producciones de los grandes grupos) de mayor audiencia ya se ha consagrado a tres candidatos como posibles presidenciales, no resulta difícil adivinar donde se encuentran depositadas las simpatías de las corporaciones mediáticas.
Sin embargo, a pesar de ello la última decisión no está tomada y tal vez como lo señaló la actual presidenta la ciudadanía deseche “las pantomimas” y opte por las propuestas.

jueves, 7 de mayo de 2015

Cuando la moral es sustituída por la moralina.






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En ocasiones resulta complejo desentrañar algunas expresiones que, en principio, suenan “agradable” a nuestros oídos pero luego, cuando nos detenemos a pensar sobre su significación, descubrimos que nada dicen. Y no estoy hablando precisamente de “expresiones poéticas”; pues, la poesía, si bien es cierto que siempre requiere de un mínimo esfuerzo intelectual para su análisis, es siempre una fuente inagotable de interpretaciones lo que permite descubrir, a veces, hasta una pluralidad de significados.
No son esos casos precisamente a los que estamos haciendo referencia ya que, por el contrario, de lo que se trata aquí es de hallar una significación a expresiones que no la tienen.
Para ser más específicos, nos estamos refiriendo a las expresiones vertidas por el recientemente reelecto (y que al parecer aspira a la reelección indefinida) presidente de la Corte Suprema de Justicia, el Dr. Lorenzetti, que ha manifestado que “se siente cansado, no por sus funciones, sino por cansancio moral”.
¿Podría alguien con absoluta sinceridad definir de qué se trata el “cansancio moral”?
Bueno, quizá alguien se atreva a elucubrar una definición al respecto; pero para ser honesto creo que ni el propio Dr. Lorenzetti  estaría en condiciones de proporcionárnosla.
Si partimos de la premisa que la moral  tiene que ver con el proceder humano y no es otra cosa que el conjunto de obligaciones que nos imponemos a nosotros mismos, donde su nota esencial es el desinterés no solo material sino de cualquier índole; pues, que el presidente de la Corte este “cansado moralmente” no es un problema menor.
Puede que dicho “cansancio” debilite sus obligaciones morales y, si así fuere, tratándose del “supremo de los supremos” la repercusión de semejante fatiga nada bueno ha de traer para la salud de la república. Sin embargo, hay cierto atisbo de incoherencia entre la expresión de Lorenzetti y su comportamiento reciente; pues, excepto que esto que él denomina “agobio moral” se desencadene súbitamente, no se entiende el porqué, entonces, de adelantar su reelección.
Ante una situación agobiante siempre lo más aconsejable es postergar, en la medida de lo posible, la toma de decisiones que apresurarse por tomarlas. Excepto que se trate de un “cansancio selectivo”, es decir, de esos que aparecen repentinamente, en ciertos y determinados momentos. Por otra parte, si comulgamos con la concepción kantiana de la moral que, precisamente, nos enseña que todo proceder humano -moralmente hablando- debe estar desprovisto de interés alguno; pues, es lógico concluir que la determinación de adelantar una elección para el ejercicio de una tercera presidencia, nada tiene de compatible con el proceder moral, ya que hay un interés manifiesto: conservar la presidencia.
Pero no seamos tan severos, quizá, ese estado cansino tenga que ver con la nueva labor asignada al Poder Judicial -otrora atributo exclusivo de nuestra Constitución Nacional- y que el propio presidente de la Corte acaba de incorporar a través de sus dichos: “la función de los jueces es poner límites al gobierno de turno”.
Si esto es así, los aspirantes a la presidencia de la república deberían consensuar previamente sus plataformas políticas con el poder judicial; no sea cosa que efectúen promesas que luego se vean imposibilitadas de cumplir por las limitaciones que determine la “Justicia”. En fin, como podemos apreciar, la cuestión es harto dificultosa y difícil de desentrañar.
 Pero puede que la “fatiga moral” no sea el único síntoma que caracterice a esta época; parece ser que los declamados defensores del republicanismo también se ven afectados de cierto “cansancio republicano”. De lo contrario, no se explica que los legisladores de la oposición se empeñen tozudamente en no querer acordar la designación de nuevos integrantes para “restablecer” el número de miembros de la Corte Suprema. Obstaculizando, de ese modo, el normal funcionamiento de dicho tribunal y demorando aun más la resolución de las causas que se encuentran en su poder.
Es francamente contradictorio que quienes se reivindiquen como “republicanos” se den el lujo de incumplir con los mandatos constitucionales.
Y aquí otra vez volvemos a la fundamentación que respecto al proceder moral supo enseñarnos Inmanuel Kant y que, por cierto, muchos representantes de los distintos poderes debieran leer para no caer en estos persistentes raptos de incoherencia.
El célebre filósofo alemán en su conocido imperativo sostuvo: “Procede de tal manera que tu conducta se eleve a máxima universal”. Si aplicamos esta normativa moral, en relación con lo que estamos mencionando, los legisladores opositores, a través de su comportamiento, están estableciendo como “ejemplo universal” una actitud netamente antirrepublicana; lo que nos lleva a considerar qué, o bien no son precisamente lo que dicen o están afectados por cierto “cansancio institucional”. Tal vez por eso, muchos de ellos, demostraron siempre cierta predisposición a abreviar, sea como fuere, el mandato de la actual Presidenta de la República. De una forma u otra resulta coherente pronosticar que el cansancio sea “moral” o “republicano” no es para nada benigno para nuestro querida Argentina.
Otro que seguramente debería releer “Crítica de razón práctica” -la obra de Kant-, aunque no sabemos si está en condiciones de hacerlo, es el más longevo de los miembros de la Corte Suprema de Justicia, el Dr. Carlos Fayt. Ya que al contar con la edad de 97 años sería más que razonable que (salvo que pretenda ingresar en el Guinness world records) opte por retirarse de sus funciones.
 Y no se trata de poner, como lo hacen algunos funcionarios, el acento exclusivamente  en si sus “condiciones intelectuales permanecen inalteradas”; pues, aun en el mejor de los casos, y suponiendo que su “línea de razonamiento” permanezca intacta, su avanzada edad es un obstáculo para el normal desarrollo de su actividad. Hecho que, por cierto, atenta contra el requisito constitucional de buen desempeño de sus funciones. ¿Acaso un hombre de esa edad puede pasarse horas estudiando una pluralidad de expedientes y dejar sentada su opinión al respecto en una diversidad de fallos? Si así fuere, ¿por qué no asiste recurrentemente a su despacho? ¿Por qué incluso se manifiesta a través de su abogado y no lo hace personalmente?
Al parecer, preguntas de esta naturaleza no se les ocurre en lo más mínimo a los “autoproclamados” defensores de la república que suelen poner el grito en el cielo cuando se menciona la necesidad de una renuncia. Ni siquiera se atreven a proponer a alguien porque, en los hechos tendrían que consensuarlo con el oficialismo y especulan con la idea de que después de los comicios podrán designar un incondicional como futuro cortesano. Lo que deja al desnudo que no es la independencia de poderes o el funcionamiento de las instituciones lo que procuran resguardar; sino la continuidad de ciertas y determinadas personas que desde su función resulten funcional a sus intereses.
Como vemos, son muchos los que hablan de “la moral” en términos abstractos; pero a la hora de cotejarla con los comportamientos concretos que cada uno realiza individualmente, se la olvidan en el escaparate de las ideas y solo recurren a ella cuando de juzgar a "los otros" se trata. Menuda desnaturalización de la “moral” es la que se observa hoy en día.
El otrora “monitor” en el cual  uno debía observar su propio proceder para tranquilidad de su conciencia, ha sido sustituido por el arco y la flecha con la que se quiere alcanzar a los demás. La moral, al parecer, ya no consiste en juzgarse a sí mismo; se ha convertido en el medio que posibilita  juzgar a “los otros”.
Claro que en estas circunstancias “los arqueros” arrojan sus flechas ocultando sus antecedentes, porque en los hechos saben perfectamente que no emprenden estos “ataques” en defensa de “lo moral”; sino que lo hacen en nombre de la “moralina”. Que no es otra cosa que la falsa moral al servicio de unos pocos.